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Red Internacional

Opinión. El factor CABA: ¿cómo impacta el resultado de la elección apática sobre el tablero político nacional?

La elección estuvo marcada por una bajísima participación y apatía. La Libertad Avanza ganó la interna de la derecha pero apenas los votó el 15 % del padrón. El PRO profundiza su crisis con una dura derrota en su bastión histórico. El peronismo no logró su objetivo de ganar y su opción por la moderación y la municipalización contribuyó a la apatía y a la falta de entusiasmo. La izquierda enfrentó un escenario adverso a pesar del cual logró ser una de las únicas cinco listas que consigue entrar a la Legislatura, en una campaña desigual, sin espacios gratuitos en los medios, contra los aparatos millonarios de los poderosos. Luca Bonfante avanzó como nuevo referente.

Fernando Scolnik

Fernando Scolnik @FernandoScolnik

Domingo 18 de mayo de 2025 Edición del día

Finalmente, el clima apático que se percibía en las calles durante las últimas semanas se verificó en una elección con bajísima participación electoral.

Con apenas el 53 % de participación, fue la elección legislativa con menor concurrencia histórica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, continuando la tendencia a la baja participación observada en las últimas semanas en elecciones como las de Salta, Jujuy, Chaco, San Luis o Santa Fe.

Inscripta dentro de la dinámica de un sistema político que viene de la crisis de su régimen de partidos anterior y del intento de La Libertad Avanza por consolidarse, la elección “municipal” estaba instalada desde el comienzo como un test de importancia nacional. El mismo ya se veía como preparatorio para los comicios de octubre que marcarán un antes y un después para un gobierno nacional que, atravesado por múltiples debilidades, se juega una parada importante en la batalla por no ser derrotado y sumergirse en una gran crisis o bien salir fortalecido en la pelea por intentar conquistar mayor capital político para la segunda parte de su mandato, en la cual se propone aplicar más reformas estructurales y ajustes, bajo el régimen del FMI al cual el país se encuentra cada vez más sometido.

En ese sentido, la apatía, quizás la verdadera “ganadora” de la elección, da cuenta del ya no más del régimen de partidos anterior y del todavía no de la consolidación de uno nuevo, expresando, parcialmente, el hastío y la falta de entusiasmo de gran parte de la población, tras años de crisis y fracasos políticos de espacios de distintos colores.

Desde este domingo por la noche, una nueva batalla comienza por la interpretación de los resultados. El triunfalismo exhibido por La Libertad Avanza al conocerse los resultados, parado sobre el primer lugar conquistado y por haber triunfado en la interna de la derecha contra el PRO, busca esconder, sin embargo, un dato sobresaliente: a pesar de haber contado con todo el aparato del Estado (y un apoyo indisimulable del FMI para rescatarlo en su peor momento), y de haber jugado con todo a Milei y a importantes ministros en la campaña, la lista ganadora fue votada por apenas el 15 % del padrón habilitado para sufragar, dando cuenta también de una elección caracterizada por una gran fragmentación del régimen político, en la cual se presentaron 17 listas y la derecha fue fuertemente dividida. Dicho de otra forma: por una razón u otra, el 85 % de los habilitados para votar, o bien no concurrieron o bien optaron por una lista distinta de la ganadora. Son datos indispensables para tener en cuenta, contra todo impresionismo. Un dato adicional: no estamos ante un crecimiento de la derecha (comparando con las elecciones anteriores de la ciudad), sino ante una redistribución de los votos entre las distintas derechas que tienen peso en el distrito.

El otro factor a tener en cuenta, sin dudas, es que el oficialismo se encuentra intentando sostener precariamente una situación económica a fuerza de endeudamiento que se presume difícil de mantener en el tiempo, y que aún así no logra aplacar el malestar social, como se ve en los crecientes reclamos por temas salariales o jubilaciones, entre otros. Es difícil separar los largos años de crisis y ajustes de la apatía frente al régimen político.

Todo eso no quita que el oficialismo consiguió dos objetivos importantes este domingo, que son la imagen de victoria sobre sus oponentes y el haberse impuesto por paliza sobre el PRO, en la batalla de fondo por hegemonizar a la derecha argentina.

A la inversa, el PRO, que decidió por voluntad propia desdoblar y adelantar la elección, así como jugar fuerte a la figura de Mauricio Macri en el último tramo de la campaña para apoyar a Silvia Lospenatto, sufrió una derrota histórica en su bastión de origen, la Ciudad de Buenos Aires, perdiendo por primera vez una elección en casi 20 años. Si había especulaciones en las últimas semanas respecto de que podía capitalizar la caída del proyecto de "Ficha Limpia" en el Senado, eso claramente no ocurrió. El partido amarillo, que habia acumulado en los últimos años los fracasos del gobierno de Cambiemos, la emergencia de Javier Milei como competidor por derecha y la ruptura de referentes históricos como Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, es el gran derrotado de la elección y queda en muy malas condiciones para discutir con La Libertad Avanza la estratégica elección de la provincia de Buenos Aires. No hay que descartar que en los próximos días se conozcan nuevos “saltos” de dirigentes del PRO hacia el partido de Milei.

Por su parte, el peronismo, al cual muchas encuestas daban como ganador y que hizo campaña con esa posibilidad "histórica", no logró su objetivo de aprovechar las divisiones de la derecha y quedó en el segundo lugar., De esta forma, no consiguió un cambio cualitativo respecto de sus guarismos históricos en el distrito, y mostró que la estrategia de moderación total de Leandro Santoro, el amigo de Alberto Fernández, apostando a una municipalización y despolitización de la campaña casi en estilo "larretista", y postulando la idea de hacer del peronismo porteño un nuevo "cordobesismo", es decir, un peronismo autónomo, de centro o de centroderecha, separado de las internas nacionales, fue un fracaso. Ante un gobierno como el de Javier Milei que se radicaliza por derecha, la campaña moderada de Santoro no despertó entusiasmo y es una de las causantes de la apatía general a la cual contribuyó, al tratar de evitar que la bronca se transforme en acción. El resultado se evidencia aún más agridulce para el espacio por este motivo: tras el fracaso del Frente de Todos y la moderación de Alberto Fernández que llevó a una desilusión de toda su base y al incumplimiento de las promesas de campaña, el peronismo eligió repetir el mismo camino en la CABA. Las disputas en la provincia de Buenos Aires entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, sin que se evidencien diferencias programáticas sino tan solo disputas de poder, mientras dejan correr los planes de Milei apostando tan solo a un recambio en 2027, son parte también de este cuadro, al igual que la complicidad de la CGT.

En este escenario complejo, la izquierda tiene el orgullo de haber hecho una campaña hecha a pulmón, sin espacios gratuitos en los medios de comunicación para difundir sus ideas, enfrentando a aparatos millonarios y con listas compuestas y bancadas por trabajadores, luchadores de la juventud, del movimiento de mujeres y de derechos humanos.

En estas condiciones adversas, el Frente de Izquierda Unidad logró ser una de las únicas cinco listas que ingresa a la legislatura porteña. Vanina Biasi entra como legisladora y luego rotará con el resto de las fuerzas del FITU. Y un dato de relevancia es que Luca Bonfante, si bien no se logró el objetivo de que ingresara como segundo legislador del espacio, emergió como un nuevo referente en su primera campaña electoral y habiendo surgido de un movimiento de lucha como el de la universidad contra los ajustes a la educación pública. Su rol en las calles no solo con sus compañeros y compañeras estudiantes, sino también con los jubilados sufriendo la represión y apoyando cada lucha de los trabajadores, marcan un camino de lucha muy distinto del de los partidos tradicionales.


Fernando Scolnik

Nacido en Buenos Aires allá por agosto de 1981. Sociólogo - UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001.

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