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Red Internacional

Elecciones 2025. Conocé a Tom Máscolo, el único candidato trans a legislador de la Ciudad

Hombre trans, candidato a legislador porteño por el PTS en el Frente de Izquierda Unidad, no es suficiente con enunciar la propia sexualidad: en estas elecciones lo que lo representa va más allá de la identidad, se trata de qué proyecto político representa, defiende cada uno. Su historia de vida y lucha emana las razones que lo empujaron a integrar las listas del FIT-Unidad junto a Vanina Biasi y Luca Bonfante.

Martes 15 de abril de 2025 Edición del día

Una llamada interrumpe la entrevista. Alguien necesitaba charlar con el sobre la entrevista que le hará al día siguiente a Laura Azcurra de Actrices Argentinas. De pibe nunca imaginó que se convertiría en periodista. Hoy, y desde el 2014, abraza el oficio, lo mastica desde una perspectiva militante y lo amasa para convertir a La Izquierda Diario en la voz de millones. Justo a tiempo se dio cuenta que la abogacía no era lo suyo. Hoy, además de su labor de periodista lo define su militancia firme en el movimiento LGTBI. Se define como un “chico, trans, puto, trosco, curioso”. Y cada vez que tiene a alguien enfrente, le gusta dejarlo tecleando.

"Quiero generar incomodidad, que la gente se pregunte sobre las cosas, que no dé nada por sentado, que se incomode, que piense", afirma.

Empezó a militar en el PTS a los 19 años, su primera marcha fue el 8 de marzo en el Día Internacional de la Mujer junto a la agrupación de mujeres Pan y Rosas que fue fundada por Andrea D’Atri y es de carácter internacional.

Tom es candidato a legislador porteño junto a Vanina Biasi y Luca Bonfante proponen ser la tercera fuerza que enfrente al ajuste para que "no nos roben el futuro", dijo.

El género anfibio

Todo tal vez empezó -o al menos, así le sugieren sus recuerdos-, cuando de niño le decía a su abuelo “quiero ser tanguero”, y entonces el lo peinaba. También lo llevaba a pescar, quizás fue él, su abuelo, el primero en conocer a ese Tom que el mundo conocería años después. Y así, entre bodegones y whisky, juegos de billar y bares, se sentía un galán cuando le pedían que cante Cafetín de Buenos Aires. “De chiquilín te miraba de afuera”, me tararea.

Llegamos a los años ’90. Los laburos escaseaban y su madre biológica tuvo que rastrearlos de barrio en barrio. Mientras Tom, yiraba y yiraba de colegio en colegio, por seis en total. En la última escuela a la que asistió, a los pibes les daban clases de mecánica y a las pibas de corte y confección. No se adaptó mucho.

Tom tiene 19 años. Camina por las calles rosarinas, de la mano con otra piba. Pasa un colectivo. La mirada de todos los usuarios y todas las usuarias del transporte gira 180 grados. Descubre otro tipo de sexualidad, que todo el cuerpo es erógeno, que los tabúes no sirven más que para oprimir a los jóvenes (y también a los adultos). Atraviesa su primer aborto, y se lee de un tirón el libro Pan y Rosas.

Yo no quiero ser esa mujer que me quieren imponer, femenina, madre, que tenga una familia, yo no me siento identificado con eso y dije bueno capaz no sea lo que se espera que una mujer sea.
Sí, identidad rebelde.

Pero tampoco le convenció ser otro tipo de mujer, quería ser un pibe. Piba o pibe siempre rebelde nunca inrebelde.

Una amiga le habló de la teoría queer y llegó a sus manos un libro escrito por un “tipo trans”: “Ey, yo soy esto”. La frase resumía el final -o tal vez el comienzo- de la búsqueda de saber quién quería ser. La ecuación vagina=mujer, ya no tenía ningún sentido. En ese tiempo, comenzó su amistad con el filósofo Blas Radi y Rodrigo Rotpando, con quienes también empezó a criticar el posmodernismo porque se dio cuenta que la salida no era individual, sino colectiva.

Las “estrategias que uno teje”. Entre la precarización y la doble identidad

Empecé a laburar en un carrito a los 20, año 2007…

Antes de que se conquistara la Ley de Identidad sexual, Tom ya había decidido ser Tom, y había dejado atrás el nombre que lo identificaba como mujer. Pero el presente macabro repite el pasado. Año 2011, Tom empieza a trabajar como cadete. Pero no puede ser él libremente. Para los ojos y oídos de compañeros y jefes, él era ella. De vez en cuando se animaba a ponerse ropa asociada al “estilo varonil” y la gente lo miraba extraño. Usaba vendas para las tetas.

Uno tiene que ser como es, pero el sistema tampoco te deja ser quien vos queres ser. Si tenía que ir a una entrevista de trabajo, tenía que ir como decía mi DNI, o no me tomaban.

Las vidas de quienes rompen con la heteronorma, de la diversidad sexual, son todo, menos una historia color de rosa. Al principio, simulaba una voz más grave, lo hacía para sobrevivir en un mundo hostil, donde la heteronorma se impone y pesa, pesa mucho. Los golpes del odio homofóbico, recibidos en carne propia, intentaron acallar su grito de rebeldía.

Allá por el 2014 , llegó a la city porteña. Recorrió call centers siendo lesbiana y siendo Tom. La doble identidad como escudo en una ciudad que se dice “gay friendly”. A los 3 meses terminaba el periodo de prueba y lo echaban. Los insultos vomitados sobre su orientación sexual lo hartaron.

Llegó un momento en el que yo dije bueno basta: quiero ser Tomás. Y para ser Tomás, tenía que laburar en negro, primero fui bachero. Lo más explotado, gastronomía.

Y así, laburó de bachero en Don Julio, la parrilla que hace unas semanas apareció en los grandes diarios por encontrarse entre los 50 mejores restaurantes del mundo. La “meca del asado” le dicen. Los vinos de la carta llegan a los 100.000 pesos. Ningún pibe como Tom, como la mayoría de la juventud, podría pisar un lugar así, si no fuera con el único objetivo de lustrar sillas de cuero con un cepillo de dientes. El secreto mejor guardado de Don Julio tal vez sea, el pago de salarios en negro. Pero Tom se la bancaba, porque para poder ser Tom no le quedaba otra opción.

Pero estaba a la defensiva, estaba todo el tiempo con miedo a que algo me pase. Es muy viril todo y yo tenía que ser así para subsistir frente a eso.

Aborto legal en el hospital...también para pibes trans

Blum! quedo embarazado. Tom tenía 19 años cuando se realizó su primer aborto. El horror de la clandestinidad se tradujo en un quiebre en su vida: empezó a activarla, el aborto tenía que ser libre, seguro, legal y gratuito. Sus primeros pasos en la militancia feminista fueron en los Encuentros Nacionales de mujeres.

Tucumán, que era una ciudad gigante con un montón de iglesias, que cada una hora daban campanazos terribles. Estábamos todas juntas con las pibas de Pan y Rosas. Fue la primera vez que dije, “che, soy re parte de esto”. Nos peleamos en los talleres, habían viajado madres de Plaza de Mayo, había viajado Elia Espen.

El peso de la clandestinidad puede aplastar. No fue el caso de Tom. Como un pulpo estiró sus mil brazos para llegar a cada rincón con otra voz, su voz. Y alcanzó las aulas del Acosta, del Faderr, en Berisso, Lugano. Las realidades y la juventud eran diversas. Pero algo en común resaltaba: los pibes y las pibas no tenían educación sexual porque no hay aulas, no hay tiza para el pizarrón. Los pibes y las pibas se organizan en sus centros de estudiantes para que la Ley de Educación Sexual se aplique en las escuelas. La pelea por educación sexual como algo educativo, algo estructural.

La identidad como piso

Cuando empezó a militar en la juventud trabajadora descubrió que las luchas identitarias no eran suficientes. Miró el documental “Memoria para reincidentes” y de pronto se reveló ante él parte de la historia de la sexualidad de la clase obrera argentina: en los ’70 en las asambleas los trabajadores discutían que no se les paraba por los extenuantes ritmos de trabajo.

El binarismo de género te lleva a crear hombres viriles, que piensan que su labor en la vida es traer el pan a su casa y que la mujer es una incubadora humana. El marxismo me permitió ver un sistema que nuclea todo, un capitalismo que necesita a la familia como institución, que impone una forma de sexualidad que le es funcional.

Si vos trabajas 13 horas por día, en una fábrica con una máquina al lado que hace bum! bum! bum! Y la verdad que no te va a permitir explorar mucho tu deseo. Si a eso vos le añadís, todos los prejuicios que existen…

Las duras realidades de las fábricas, le revelaron la opresión sexual y al mismo tiempo la cuestión de clase. Una de las razones por la cual milita: para que el movimiento obrero abrace la causa de la liberación sexual, y para qué suceda lo mismo en la dirección opuesta. El mejor ejemplo sea tal vez, lo que relata la película Pride, cuando un grupo de gays y lesbianas recaudaron fondos para las huelgas mineras en Inglaterra porque tenían enemigos en común, Margaret Thatcher (la dama de hierro), el Vaticano y la Policía.

El orgullo en el cuerpo y el hilo rojo

Una esperaba que luego de una pregunta como ¿qué es el orgullo? para una persona como él, la respuesta vendría de la mano de un sentimiento, de una sensación de libertad, también de triunfo. Pero no. El orgullo para Tom va seguido de verbo, de acción.

En un escenario político marcado por la demagogia vacía, el marketing electoral y el seguidismo a los planes del FMI, Tomás Máscolo emerge como una alternativa real desde la izquierda anticapitalista y disidente. Como único candidato abiertamente trans a legislador en la Ciudad de Buenos Aires, su presencia en las elecciones no es solo simbólica, sino profundamente política: representa una voz que no se acomoda al status quo, ni al progresismo tibio de figuras como Leandro Santoro ni al cinismo reaccionario de referentes como Adorni.

Mientras los grandes partidos disputan quién gestiona mejor el ajuste, Máscolo plantea una ruptura de fondo con el FMI, entendiendo que no puede haber derechos reales para la diversidad sexual en un país atado a la miseria planificada desde Washington. Las identidades disidentes no viven del marketing ni de las declaraciones de ocasión, sino que necesitan trabajo, salud, vivienda, educación y una vida libre de violencias. Y eso solo es posible poniendo nuestras necesidades por delante y organizandonos en todos los lugares de estudio y de trabajo.

Por eso, su llamado a marchar este 1 de febrero (1F) cobra fuerza: no se trató solo de resistir una medida puntual, sino de señalar que toda la deuda es con el pueblo, no con el Fondo. En la calle, en el activismo y también en las urnas, Tomás Máscolo se posiciona como una alternativa necesaria para que la Ciudad tenga una voz que defienda, sin medias tintas, los derechos de la diversidad y la clase trabajadora.