SEMANARIO

Homenaje a Enrique González Rojo Arthur (1928-2021)

Carlos Gómez Carro

Myriam Rudoy

TRIBUNA INVITADA

Homenaje a Enrique González Rojo Arthur (1928-2021)

Carlos Gómez Carro

Myriam Rudoy

Ideas de Izquierda

Publicamos a continuación este homenaje al escritor Enrique González Rojo Arthur, recientemente fallecido, a base de una serie de sesiones sobre su pensamiento y obra en la Universidad Autónoma Metropolitana; Rojo Arthur incursionó en lo que él denominó el "poeticismo".

Mi sueño dorado:
dinamitar las entrañas
del sentido común, dar escopetazos
a la razón apoltronada en el trono del príncipe,
destruir a pisotones las brújulas embusteras
que transforman en promiscuos los puntos cardinales...
EGRA

 [1]
 [2]

La poesía, como la música, nace del silencio; del silencio que precede a la actividad creadora. De la conciencia de ese silencio que es irrupción súbita de la palabra. Irrupción del ser en el ser de la palabra. Conciencia del ser de la palabra y su don magnífico, la poesía. Conciencia que, en el caso de Enrique González Rojo Arthur, se convierte en conciencia crítica de su tiempo; de su ser social e individual. Conciencia del devenir del universo mismo −en constante recreación− que llama infinito. Infinito, pues el ser del universo es de continua metamorfosis que necesita de la poesía parta culminarse en su obrar. Como si un dios magnífico necesitará de su espectador para reconocerse en la dimensión de un logos incesante.

Pero no se piense que el lector encuentra a un poeta ensimismado en la contemplación de la armonía del lenguaje. Para el escritor no es suficiente pensar a la poesía como causa y fin en ella misma, sino también la advierte en la tarea dialéctica de sus efectos. Una poesía que se encuentra lejos de estar al servicio del solo lenguaje ─tentación sublime del siglo XX─, de sólo nombrar; sino una poesía de fogonazos corrosivos que sirva para denunciar la podredumbre que empaña al mundo, al mundo inmundo. Una poesía y un poeta capaces de ensuciarse las manos y de manchar los versos para encontrar el vértigo de la realidad misma y no sólo los privilegios de la vista y del oído.

Lo decía en sus primeros libros, deletrear el universo, sí, pero ser parte protagonista de ese deletreo activo, a partir de la poesía:

Mi poesía no pretende únicamente poseer una actitud contemplativa y teórica. Desea emprender el infinito. Ser, en una palabra, tan infinita como el infinito mismo. [3]

Inventor del poeticismo, movimiento que aún examinamos en sus alcances, González Rojo Arthur concibe, del mismo modo, a la poesía como un ejercicio de lucidez capaz de verse a sí misma en el acto creador y en sus consecuencias: su poeticismo consiste en dejarnos ver la fábrica y los versos en ella creados, en el centro de sus pasiones y desde la periferia de sus razonamientos. La poesía en el acto de mostrarnos la realidad que recrea.

En algún momento, Octavio Paz se acercó a González Rojo Arthur (en aquel tiempo, joven poeta perteneciente a una de las genealogías literarias más destacadas del Anáhuac) para invitarlo a ser su secretario particular ─proximidad que, como es fácil de advertir, le hubiera abierto muchas puertas─. Dijo no: alegó diferencias ideológicas insoslayables ─ciertas, sin duda─. Así era y así fue nuestro poeta: impecable en su clara concepción de sí mismo y de su trabajo creador. González Rojo Arthur quiso que su vida fuera consistente con su poesía (muy probablemente lo consiguió) y congruente, en particular, con una visión de mundo ─cosa curiosa, en consonancia con cierta idea de Paz que éste no siguió al pie de la letra; especialmente en sus últimos años─ que al poeta de Mixcoac le parecía indispensable para la independencia creativa del artista: mantenerse alejado del Príncipe, en lo personal y en lo económico; pauta que, como José Revueltas o su abuelo Enrique González Martínez, Enrique González Rojo Arthur siguió sin excusas, como escritor y como persona. Esto lo define como un poeta que supo distanciarse del poder y en ello fincó su poesía: a la poesía, pero también a la crítica que, en especial como filósofo, empleó desde sus inicios como escritor. Fiel a su concepción ética del mundo. Fiel a su percepción poética y crítica.

Si para Lukács, la totalidad proviene de la relación dialéctica entre sujeto y objeto, donde su síntesis dialéctica es su mímesis (la identidad entre pensamiento y realidad); para Enrique, el ser del poeta consiste en producir esa mímesis dentro del lenguaje poético y con ello hacer aparecer, en su fugaz imagen, la realidad-mundo-infinito. Cercano al Revueltas de Los errores y de Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, ejerce una crítica poética al realismo crítico y socialista. Se trata no de elevar, mediante la poesía o el arte en general, al proletariado a una supraconciencia de la realidad material, sino de hacer bajar de su pedestal al poeta y al crítico al nivel de la gente. Y con ello, concebir una crítica de sí mismo y de su pluma. De la iluminación de los errores.

De este modo, su poeticismo no radica, como en el realismo crítico, en su transformación en un ser consciente, vía la educación social, sino en la transformación dialéctica del poeta mismo en lo que aspira. Pues sólo de esa manera el poeta cumplirá con su tarea básica de ser la voz de la tribu y resolverá la contradicción insalvable entre el intelectual ensimismado en su nube o su torre de marfil y la gente. Con ello, en lugar de fungir como un intelectual guía de las masas, en ser uno más de la masa, de la muchedumbre. Se transforma, por ello y a condición de ello, en una voz verdadera que, como la de cualquier hijo de vecino, se transfigura a sí mismo, por artificio de la poesía, en la voz activa de la tribu. Y en ello, la alquimia de convertir el plomo en oro y el infinito en verbo. Y sí, con el poeta en el filo de su poesía, en el principio fue la palabra.

En González Rojo Arthur, la poesía tiene una misión, la de hacer transparente el mundo en su rotación infinita; deletrear sus procedimientos mediante la palabra y, en su propósito final, no sólo hacer visible al mundo, sino también transformarlo a partir de su propia conversión, de la pluma de un esquivo Enrique en palabra de poeta, en efectiva voz de la tribu.

Y el poeta se escurrió en un mundo de palabras, a imagen y semejanza del infinito.

Homenaje a Enrique González Rojo Arthur: Primera sesión

El homenaje al gran poeta, filósofo, maestro y humanista Enrique González Rojo Arthur (1928-2021), por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco (doctor Honoris Causa por la UAM, 2016), se desarrolló en dos sesiones. Los días 30 de abril y 6 de mayo de 2021. Participaron en la primera jornada, el prestigiado crítico literario y poeta Evodio Escalante, la maestra Graciela González Phillips, hija del poeta, el narrador y notable versificador Roberto López Moreno, y el laureado y célebre escritor y cronista Juan Villoro. Cuatro ponencias que se complementaron, felizmente. La doctora Beatriz García Castro, Secretaria Académica de la Unidad Azcapotzalco de la UAM, dio inicio a la ceremonia, con el recuerdo imperecedero de un hombre, Enrique González Rojo Arthur (EGRA), quien mantuvo siempre en alto una ética insobornable de su quehacer humano, anotó la Dra. García Castro, dentro del magisterio, la creación literaria y filosófica y su activismo político de toda la vida. En un principio, y, como aderezo, el organizador del homenaje, el maestro Carlos Gómez Carro explicó por qué al homenaje se le había dado el título de la "finitud del infinito". Y es que el grueso de la obra de EGRA se encuentra agrupada en el título general de su obra poética: Para deletrear el infinito. La preposición inicial "para", denota una finalidad y un propósito de vida: convertir (en una alquimia poética que EGRA llamó, en un bello oxímoron, "la lógica poética") en lenguaje (finito por naturaleza); hacer finito y comprensible lo que es, por naturaleza, inabarcable. Puesto que, para el caso, "infinito" es un sinónimo de universo. ¿Cómo se consigue tal portento?, se pregunta el lector. Mediante la tarea de "deletrear", pues al hacer lo infinito un juego verbal, tal tarea es proponerse metamorfosear, transformar, lo infinito en un mecanismo de palabras: en palabra poética. Ceñir a los límites del lenguaje lo inconmensurable. Propósito, en sí, asombroso. Lo que él llamó el poeticismo. Lo infinito se hace finito al deletrearlo, convertido en verbalización poética.

Evodio Escalante, primer participante de la mesa, evocó los años de fundación de la UAM en los que participó junto con EGRA y otros entusiastas académicos, la creación, invención, de la UAM. Especialmente, junto a la enorme figura filosófica de Luis Villoro. La polifonía de la voz de Enrique tejía el entusiasmo con el que era seguido en los pasillos universitarios, mientras demandaba transformar el mundo (y no solo describirlo) mediante una inusual erótica poética. Recordó su célebre poema acerca de un José Revueltas azuzando a un improvisado grupo de perros indecisos, reunidos en el Parque Hundido, a la revuelta generalizada, a la liberación de las cadenas (o collares) del amo (Discurso de José Revueltas a los perros en el Parque Hundido), hasta que una traviesa perra, con su olor en celo, dispersara la endeble conciencia de clase de los perros ahí reunidos. La nostalgia comenzaba a inundar la sesión.

Graciela González Phillips desarrolló una imagen que difícilmente aparece en los libros. El EGRA padre, generador de empatías familiares, voz perpetua de los también infinitos avatares hogareños del poeta. El ser de carne y hueso. El que, afable, conminaba a contagiarse de su gran acervo cultural a los hijos mediante la charla amena y el ejemplo, su ternura indeclinable y su afán de que el hogar mismo fuera una trinchera del cambio futuro. Y también, en una postura desusada, la elección por parte de EGRA, visto desde la memoria de su hija, del amor libre como premisa, pues si el amor no es libre no es amor.

Guillermo González Phillips, abordó la relación que, a través de la música, establecieron él y su padre. Lo recuerda como un marxista iconocastla, en un principio con cierta visión eurocéntrica, pero en los últimos años, generó un interés hetorodoxo, que se pudo reflejar en sus gustos por el minimalismo, compositores norteamericanos como John Cage, Aaron Coplan y, por insistencia del también hijo músico, tuvo un acercamiento a Frank Zappa. En el intento por musicalizar alguno de sus poemas, Guillermo entregó un primer resultado, a partir del poema "Oda a la goma de borrar". Sin duda, la faceta melómana de Enrique González Rojo Arthur, resulta ineludible.

Roberto López Moreno, encomiable poeta y narrador, cómplice de aventuras de EGRA, recorrió los estratos que siguió el homenajeado a lo largo de su vida literaria. Sus complicidades en la creación, especialmente poética. Sus experimentos, su conocimiento erudito de los entretelones de la forma poética para después, gozoso, destruirlos en la dialéctica que destruye para construir, y construye para destruir, dialécticamente, edificios de porcelana y azufre. De métricas y versos libres; de verbo encomiable y luchas ideológicas y mágicas. En los parajes en donde cada uno de nosotros habremos de alcanzar la dignidad de ser poetas.

La primera jornada concluyó con la intervención del cronista, narrador y ensayista de bien ganada celebridad universal, Juan Villoro. Alumno de Enrique en la UAM Iztapalapa, no dejó de configurar la estampa del docente que cree en el diálogo y lo estimula. El diálogo como puerta al conocimiento. La mayéutica del maestro que es, a la vez, exigente e indulgente. La glosa de Villoro no dejó de tocar cada una de las facetas del sabio al que homenajeábamos. La creencia firme y convencida del poeta en el diálogo como el modo idóneo para generar nuevo conocimiento. Para saber lo que en verdad se sabe. La modesta forma como EGRA abordaba los propios cursos que impartía, sobre todo, para aprender. Enseñar como la actividad primaria del aprendizaje. No saber a ciencia cierta lo que se va a decir, sino hasta el momento sublime de la creación de su mundo de palabras entrelazadas con la de sus discípulos. La creación de mundos primigenios. Un recorrido inolvidable, rico en evocaciones y en el porqué un maestro se convierte en un monumento de sí mismo a través de la tarea cotidiana de ser fiel a sí mismo, a la poesía y al magisterio. A una ética a la que no se claudica. Un hombre que siempre supo guardar distancia del Príncipe. Un remate formidable del primer día del homenaje.

Segunda sesión de: “La finitud del infinito”, dedicada a Enrique González Rojo Arthur

En una atmósfera cálida, íntima, inteligente, amena e ilustrada, se llevó a cabo la segunda sesión de “La finitud del infinito” dedicada a la obra y trayectoria del recientemente fallecido Enrique González Rojo Arthur, en la cual, varios discípulos y nietos del poeta, filósofo, profesor universitario y luchador social, se dieron cita para expresar su sentir sobre él, como mentor, maestro, intelectual, poeta, abuelo y amigo.

El Dr. Saúl Jerónimo Romero, jefe del Departamento de Humanidades, en representación de la UAM Azcapotzalco, expresó su beneplácito por el evento, y glosó y reconoció el talento de González Rojo Arthur como observador de la realidad social de México, para mirar el presente de nuestro país y anticipar algunos hechos futuros con la claridad meridiana que lo caracterizó; esto es, de manera libre, crítica y razonada.

Acto seguido, ocho jóvenes: varios poetas, una directora de teatro, una actriz, y un músico, lo recordaron tanto a través del trato cercano que tuvieron con él, que fue cordial, amable y cercano, como por medio de la lectura de su obra literaria, filosófica y, principalmente, como ejemplo de un hombre comprometido con la realidad del país y con las luchas políticas en favor de la igualdad social.

La idea principal del evento fue que cada uno de los participantes transmitiera a la audiencia su imagen personal del maestro y amigo: Carmen Zenil, poeta, seleccionó poemas del libro antológico, El viento me pertenece un poco, para ilustrarnos el tránsito de la voz del autor desde 1972 a 2008 y lo que ella recuperaba de cada uno de ellos. Citó un poema que le transmitía la idea y la “realidad del amor eterno”, a través de una frase donde el poeta se pregunta: ¿quién cerrará los ojos del otro cuando el primero muera? Eso, porque ella sabe que, en su vida, el poeta ha sido congruente con lo que escribe y en su caso, sí, es verdad lo que escribió.

Hiram Barrios, escritor, traductor, crítico literario y docente, eligió varios poemas del libro: El quíntuple balar de los sentidos, texto con el cual nuestro homenajeado obtuvo el premio Xavier Villaurrutia en 1976. Destacó que allí descubrió lo que era “un poeta”, le gustó el texto por su tinte autobiográfico. La manera en que a través de los sentidos se va construyendo el mundo. Por la percepción se acerca uno “al monstruo” porque la bestia, el animal, “tiene por entrañas, toda la infinitud de la materia”. Compartió también que su cercanía personal con González Rojo Arthur le ayudó a afianzar su vocación. El ponente nos informó que el apoyo del maestro promovió que él tomara la decisión de dedicarse a la literatura, cosa que le agradece mucho.

Julián González Frank, músico precoz y nieto del poeta, nos hizo escuchar un fragmento de una hermosa pieza dedicada a su abuelo, a través de un video que él elaboró, donde incluyó un poema y una dedicatoria final sobre lo que ha representado el padre de su padre en su vida.

Diego Arredondo, sociólogo, etnomusicólogo, guionista cinematográfico y poeta, nos transmitió que él percibe, a través de un poema de EGRA, que éste le transmite que el hombre puede acercarse a lo divino desde su propia “terrenalidad”. También, considera que un poema es valioso cuando conserva su vigencia, algo que siente muy presente en la obra de González Rojo Arthur. Arredondo, nos cuenta que nuestro poeta nos pide: “escarbar en mis versos ustedes mismos”, así, nos dice, está pensando en un lector activo, para que se dé la comunicación completa entre lector y escritor, esto es, descubrir y volver propio lo que estamos leyendo y así funcionar como vasos comunicantes.

Natalia Bustamante, historiadora por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y poeta, hizo un llamado a través de su voz reflexiva y poética, y haciendo eco de las enseñanzas que recibió de EGRA, consideró que González Rojo Arthur suponía que el poeta es un trabajador como cualquier otro, pues lo importante es que debe ser auténtico y expresar lo que piensa y en lo que cree, por ejemplo, que lo que está mal, sí se puede cambiar, tiene que dejar de ser solamente un sujeto individualista, complaciente y superficial porque esta es la postura egoísta de la sociedad actual, sólo la poesía comprometida puede ayudar al cambio social.

Arturo Álvar, sociólogo y maestro en literatura mexicana contemporánea por la UAM Azcapotzalco, es gestor cultural en la CDMX y en el Estado de México. Ha sido impulsor de las bibliotecas: Enrique González Rojo Arthur (en Ecatepec) y Carlos Montemayor (en Azcapotzalco) y participante en colectivos. Al conocer al poeta y tratarlo, sintió una honda cercanía, porque se encontró con una persona que tenía conciencia política, filosófica y estética; pero, además, realizaba activismo político. Para él, se convirtió en una figura ética, y lo considera su “joven abuelo” personal. Se enamoró de la poesía que describe la vida cotidiana de EGRA, que exalta no sólo a “la” belleza que todos conocemos, sino también, a la de la flor cuando se marchita. Sí, en la poesía de González Rojo Arthur, hay un constante acento en describir la finitud, la caducidad de todo lo que nos rodea, del hombre, de los fenómenos atmosféricos, de los objetos; esa perspectiva, le parece a Arturo Álvar, es una manera de desmontar los discursos dominantes y acercarse más hacia lo verdadero.

Las últimas dos expositoras son de las nietas del poeta, se trata de Lúa González Frank y Cecilia de León; por supuesto que ellas lo admiran y lo consideran un ejemplo a seguir, y ambas tienen la sensibilidad estética de la familia, al fin, son nietas, bisnietas y tataranietas de poetas. Evidentemente, pertenecen a una estirpe especial. Primero, se dieron a la tarea de mostrarnos lo que ellas consideran que aprendieron de él, como ser humano y abuelo y de su figura intelectual, de libre pensador y de su poesía y ensayos. Lúa se ha dedicado a las artes escénicas, en tanto que Cecilia tiene formación como actriz. Ambas, a pesar de su juventud, ya tienen bastante trabajo hecho, por lo cual, y como un reconocimiento a su abuelo, decidieron aprovechar una Lisístrata, escrita por González Rojo Arthur, ubicada en algún lugar del Sureste mexicano, donde las mujeres de un pueblo imitan a la Lisístrata griega de Aristófanes, recordemos que fue una comedia antibélica escrita contra la demagogia de los gobernantes atenienses que le pedían al pueblo ir a la guerra, pero en este caso, lo que estas mujeres desean es que los hombres de dos pueblos cercanos diriman sus rencillas y no continúen matándose los unos a los otros.

Para finalizar consideramos que es muy reconfortante descubrir, en estos jóvenes, el interés por compartir el legado de Enrique González Rojo Arthur desde sus propias lecturas e interpretaciones con otras audiencias, pues es un acicate para que otros busquen y se informen más sobre los valiosos maestros e intelectuales que hay en México.

Si está interesado en saber más de lo que acaba de leer, lo invitamos cordialmente a visitar la página web: facebook.com/UAMAzcapotzalcoOficial/videos/458131441943450 y asistir como espectador a esta sesión.


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NOTAS AL PIE

[1Carlos Gómez Carro: Departamento de Humanidades, UAM Azcapotzalco

[2Myriam Rudoy: Editora.

[3“Cuando la pluma toma la palabra”, en El antiguo relato del principio. En: http://www.enriquegonzalezrojo.com/pdf/ELANTIGUORELATODELPRINCIPIO..pdf (p. 254).
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