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Red Internacional

Historia.Con un relato de ficción, el Gobierno hace una peligrosa reivindicación de los militares

Tiempo estimado 10:53 min


En un acto realizado a propósito del traslado del Archivo General de la Nación, el ministro del Interior elogió a las Fuerzas Armadas por su rol histórico. Sus dichos fueron fuertemente condenados por sectores de organismos de derechos humanos.

Domingo 14 de agosto | 10:55

Eduardo De Pedro y Jorge Taiana junto a jefes del Ejército

El martes 9 de agosto Eduardo “Wado” de Pedro participó de un acto junto a miembros del Ejército por el traslado del Archivo General de la Nación (AGN) -del histórico edificio ubicado en Leandro N. Alem 268 al actual en Rondeau 227-. En el mismo estuvieron presentes el ministro de Defensa, Jorge Taiana; el secretario de Interior, José Lepere; el director del AGN, Pablo Fontdevila; y el jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino, general Guillermo Pereda.

En este acto De Pedro reivindicó el rol histórico de las Fuerzas Armadas Argentinas. Además, entre los elogios al Ejército por el aporte al traslado del AGN, se destacó una frase que resultó una provocación para los que aún hoy luchan por memoria verdad y justicia: subrayó el rol de “todas y todos los que pusieron el cuerpo y el corazón para preservar la memoria". Sectores de organismos de derechos humanos manifestaron su repudio.

El ministro del Interior tampoco se privó de tergiversar la historia, o, en su defecto, adoptó la "historia" siempre difundida por las clases dominantes. Afirmó que: "El Ejército argentino, las Fuerzas Armadas, fueron las que pensaron y las que pusieron el cuerpo en la lucha por la independencia y ahora son las que pensaron una Argentina desarrollada, una Argentina industrial". Wado de Pedro se está refiriendo a quienes durante el siglo XX realizaron seis golpes de Estado: 1930, 1943, y los golpes gorila de 1955, 1962, 1966 y el golpe de 1976.

Desde mediados del siglo pasado estas fuerzas militares comenzaron a actuar directamente bajo las órdenes de las políticas del Departamento de Estado de Estados Unidos. Bajo estos acuerdo, Argentina −un país atrasado y dependiente del imperialismo−, firma pactos políticos y militares de subordinación con esta potencia −que reemplazó a Gran Bretaña como potencia imperialista dominante en América Latina−, como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947.

Bajo las órdenes del Departamento de Estado de Estados Unidos, las Fuerzas Armadas Argentinas estuvieron a la cabeza de la dictadura genocida que gobernó el país desde 1976 a 1983. Perpetraron un genocidio de clases para imponer el plan imperialista de saqueo y entrega del patrimonio nacional bajo el Plan Cóndor, diseñado por Estados Unidos​ para derrotar el ascenso obrero estudiantil de los años 70. Este plan fue implementado desde 1975 por las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur -Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y esporádicamente, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela-. Luego, durante la Guerra de Malvinas las Fuerzas Armadas Argentinas demostraron su cobardía y su sumisión ante el imperialismo, negándose a luchar consecuentemente contra Inglaterra, lo que implicaba haberse preparado para ir a la guerra. Después vendrá el proceso de desmalvinización, iniciado por el gobierno de Raúl Alfonsín, que consistía en imponer la idea de que al imperialismo no se lo podía enfrentar. Parte de esa política de Estado, consiste en enviar tropas de las Fuerzas Armadas a misiones de la ONU o la OTAN, algunas perduran hasta hoy.

Si repasamos el siglo XIX, nos encontramos también con unas Fuerzas Armadas con sus manos teñidas con la sangre de los pueblos. Fueron protagonistas de la masacre del Paraguay y el exterminio indígena. Más tarde, en apoyo a la oligarquía terrateniente, aplastaron las huelgas de la Patagonia Rebelde iniciadas en el siglo XX.

Continuando con las tergiversaciones históricas, De Pedro afirmó que la Fuerzas Armadas "son las que pensaron en la independencia económica, recordemos la creación de Somisa, recordemos las políticas del general Perón en materia industrial. El ejército planificó el desarrollo argentino", concluyó tras la entrega de diplomas al personal del Ejército.

La historia es muy distinta: Somisa -Sociedad Mixta Siderurgia Argentina- fue una empresa siderúrgica estatal creada durante la presidencia de Juan Domingo Perón, en 1947.

Privatizada durante el gobierno peronista de Carlos Menen, quién llevó adelante las tareas de entrega del país que comenzó la última dictadura militar. Fue también, bajo el último gobierno de facto, que la deuda externa creció exponencialmente. Pasó de 8,2 mil millones en 1976 a 45 mil millones en 1982. Un aumento del 449 % que se debió, en gran medida, por que el Estado financió a grandes empresarios, y que luego estatizaron esa deuda privada. La estatización de la deuda externa privada estuvo a cargo de Domingo Cavallo, en ese momento al frente del Banco Central. El mismo que luego será el ministro de Economía de Carlos Menen cuando bajo su gobierno se entregaron las empresas de servicios esenciales a manos de las grandes multinacionales. Lamentablemente la historia de entregar y sumisión ante el imperialismo -sean a través de gobiernos de facto o constitucionales dirigidos por peronistas, radicales o macristas- es demasiado larga para abordar en este artículo.

La historia de las Fuerzas Armadas continuó escribiendose: la capitulación de las Fuerzas Armadas ante el imperialismo inglés en la Guerra de Malvinas y la lucha de Madres de Plaza de Mayo y otros organismos de familiares que denunciaron el genocidio desde un primer momento, hirieron de muerte al Partido Militar que durante el siglo XX tuvo el poder de intervenir en la política nacional.

Esa debilidad del Estado -con Fuerzas Armadas repudiadas y desprestigiadas- intentó ser resuelta por todos los gobiernos constitucionales hasta la fecha. Para recomponer a estas fuerzas militares y contener el reclamo de juicio y castigo a los responsables de los 30.000 detenidos desaparecidos es que el gobierno radical, a cargo de Raúl Alfonsín llevó a juicio a los jefes de las tres primeras Juntas Militares, que condujeron el “Proceso de Reorganización Nacional”, acusados por violaciones a los Derechos Humanos. Bajo la teoría de los dos demonios -igualó los crímenes de Estado con organizaciones populares- condenó a los jefes de las organizaciones políticas armadas, mientras exceptuó, por medio de un decreto, los crímenes de la Triple A. Luego vendrán las Leyes de Punto Final, Obediencia Debida; los indultos del gobierno de Carlos Menem, hasta la anulación de estas normas jurídicas que dieron inicio a los juicios de lesa humanidad que comenzaron en el año 2006.

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Cárcel efectiva a los jerarcas que dirigieron el genocidio de clase fue un gran triunfo que lograron con su movilización los que no se reconciliaron, no olvidaron y no perdonaron. Luego vendrá la entronización de César Milani como jefe del Ejército, y tras ello la lucha de la madre del soldado Alberto Ledo, desaparecido cuando hacía el servicio militar bajo las órdenes de Milani. Marcela Ledo no estuvo sola, fue acompañada por un amplio sector, en la mayoría nucleados en el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, que repudiaron la decisión de Cristina Kirchner de nombrar a Milani. Oscar Schaler, Alfredo Olivera, Verónica Matta, fueron algunas de las víctimas de Milani que también denunciaron ante los estrados judiciales.

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Milani fue absuelto en las causas que se juzgaba la desaparición de Alberto Ledo, y el secuestro de Pedro y Alfredo Olivera, que estuvieron detenidos desaparecidos y torturados, hasta que fueron liberados.

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Desde el 2006 se juzgaron principalmente a los jefes militares, pero se mantuvieron cerrados los archivos de la dictadura para mantener a salvo al Estado capitalista. Los archivos podrían arrojar pruebas sobre la participación de más de 150.000 militares, de numerosos empresarios, jueces, fiscales, miembros de la jerarquía eclesiástica en el genocidio y aquellos funionarios civiles proveniente, mayoritariamente, de la UCR y el Partido Justicilaista, que fueron colaboracionista del plan genocida. Podrían conocer, además, el destino de los 30.000 compañeras y compañeros detenidos desaparecidos y los más de 400 niños y niñas robados.

Si Menem logró disciplinar a los carapintadas que se alzaron para pedir una absoluta impunidad, el gobierno de los Kirchner fue el que más avanzó en el propósito de reconciliación de las Fuerzas Armadas. Intentó demostrar que luego de los Juicios y de más de 30 años de democracia capitalista, se había avanzado en su depuración y una nueva generación poblaba las fuerzas castrenses. Por su parte, el macrismo puso en entredicho la lucha por los derechos humanos ante los crímenes de la dictadura. No buscó atajos en la reconciliación con las Fuerzas Armadas, sino que lo hizo intentando que juegue un rol en la seguridad interior, no lo lograron, pero instalaron la amenaza de un enemigo interno. La desaparición de Maldonado y el asesinato de Nahuel son una prueba de esto.

Declaraciones de repudio

Un conjunto de organizaciones de derechos humanos nucleados en el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia publicó una declaración donde expresó su repudio por las alabanzas del ministro del Interior que deliberadamente no mencionó, ni siquiera la última dictadura militar. También expresaron su indignación por tratarse de un nieto recuperado. Subrayaron también, que "en vez de sus elogios inmerecidos y repudiables, mejor haría De Pedro en exigirles a las FF.AA. la entrega de todos los archivos de la dictadura y del terrorismo de Estado que aún conservan en su poder".

Graciela Ledo reposteó un texto del historiador Rubén Kotler. En su cuenta de Facebook, la hermana del soldado Alberto Ledo -desaparecido en junio de 1976 cuando cumplía el servicio militar, y estaba bajo las órdenes de César Milani-, mostró su repudió ante los dichos de Eduardo “Wado” de Pedro.

Recordar cuál fue la verdadera historia de las Fuerzas Armadas es para mostrar que el genocidio llevado adelante por la última dictadura militar, no son una cuestión del
pasado, sino que nos muestran el rol que juegan en todo Estado burgués. Son el brazo armado de la clase dominante, y serán utilizados cuando los trabajadores y sectores populares cuestionen masivamente este régimen de explotación.

Como sostiene la publicación de Kotler: "El descontento social por ahora está contenido pero vamos camino a ir destapando poco a poco la olla a presión y cuando la tapa salte por los aires, allí tendremos a los uniformados para sumarse al proyecto nacional y popular."

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