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Walter Benjamin (II): Contra el goce de la miseria, y por la conquista de colaboradores para la revolución

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Walter Benjamin (II): Contra el goce de la miseria, y por la conquista de colaboradores para la revolución

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En el anterior artículo, se buscó problematizar en las características contenidas en la escritura de “tendencias” como referenciaba Benjamin, al carácter de clase que asumía el escritor sobre su trabajo, atravesado por la lucha de clases, y en este caso en el contexto de un creciente avance del fascismo, principalmente en Alemania.

En este segundo artículo se busca problematizar en sus diferencias con corrientes literarias de su tiempo, que para el autor son propiamente “burguesas”, en el caso del “Activismo” o la “Nueva Objetividad”. Y por otra parte la potencialidad alcanzada en esta contradicción, como posibilidad para el desarrollo de la escritura proletaria, en permanente enfrentamiento con la sociedad capitalista, y en particular el fascismo.

Dos corrientes literarias puestas a prueba en la lucha de clases

Como se refiere más arriba, para el crítico alemán hubo dos corrientes artístico-literarias que tomaron bastante peso desde comienzos del siglo XX.
El “Actvismo” por una parte, impulsado por el escritor y periodista judío-alemán Kurt Hiller, nace como una corriente influenciada por el expresionismo – en tono pacifista- criticando los sucesos acontecidos durante la primera guerra mundial. Sin embargo los zig zags de Hiller, entre su apoyo –y también desencanto- por el Partido Socialista Alemán (SPD), arraigado en un revisonismo socialista, distanciado del materialismo de la lucha de clases, demostrará la raigambre pequeñoburguesa de una corriente, idealista, sustentada en un socialismo utópico.

Por otra parte la “Nueva Objetividad” con la cual Benjamin es demoledor, corresponde a un movimiento que no termina de constituirse, emergiendo como una reacción al expresionismo preponderante, influenciado fuertemente por el dadaísmo, y distintos trabajos provenientes de la Unión Soviética, siendo referentes, novelistas como Alfred Döblin. Un grueso de su trabajo buscó desenmascarar a la sociedad burguesa de su tiempo, la casta política y el desarrollo militarista. Sin embargo la crítica de Benjamin apunta al rutinarismo de su arte, como contenido relegado a dormitar en los recovecos de la prensa burguesa, con un mensaje social y progresista.

El desarrollo de ambas corrientes mostrarán un límite concreto para el filósofo y crítico literario alemán, al no terminar de romper con la barrera de clase determinante respecto a su actividad literaria, fotográfica y artística en general como “intelectualidad de izquierdas”, en lo que él define como “alimentar un aparato de producción sin modificarlo”.

“Tenemos aquí un ejemplo drástico de lo que se llama alimentar un aparato de producción sin modificarlo. Modificarlo hubiese significado, derribar una de esas barreras, superar una de esas contradicciones que mantienen encadenada la producción de la intelectualidad. En este caso, la barrera entre escritura e imagen. Lo que tenemos que exigir a los fotógrafos es la capacidad de dar instantáneas el pie de foto que las arranque del consumo, y del desgaste de la moda, otorgándoles un valor revolucionario. Pero nosotros, los escritores, plantearemos esta exigencia con más fuerza que nunca el día en que nos pongamos a fotografiar. También aquí el progreso técnico se constituye para el autor, entendido como productor, en la base de su progreso político”.

El autor como productor: fundición entre producción y tendencia

Así, para Benjamin, “El autor como productor experimenta –al experimentar su solidaridad con el proletariado- la inmediata solidaridad como productores que antes no significaban nada ara él”. Y es más, para el crítico alemán, esta “falsificada” personalidad creadora proveniente de las distintas corrientes literarias pequeño burguesas no proliferará, por ejemplo, en el Estado Soviético. [1]

Es por tanto, que para Benjamin el factor productivo en el que emergen las obras -y los escritores finalmente- es fundamental, pero también en su contenido, el cual no ubicará en un sentido meramente organizativo, cualitativo de su función organizadora -característico de la propaganda- ya que para él “la tendencia sola no basta”, sino en su combinación.

“Claro que las opiniones importan mucho, pero la mejor de ellas no sirve de nada si no hace de quien la tenga alguien útil. La mejor tendencia es falsa, si no enseña la actitud con la que debe ser seguida. Y dicha actitud solo la puede enseñar el escritor cuando hace algo: A saber, escribiendo. La tendencia es la condición necesaria, pero jamás suficiente, de una función organizadora de las obras. Esta exige, además, un comportamiento orientador e instructivo por parte del que escribe. Y eso hay que exigirlo hoy más que nunca. Un autor que no enseñe a los escritores no enseña a nadie.”

En este sentido, el propósito del escritor que busca romper con las ataduras a la clase burguesa que le proporcionan lo medios para publicar su contenido, es hacer de este puñado de espectadores, una maquinaria sistemática de colaboradores.
Benjamin se referirá al teatro épico del dramaturgo Bertolt Brecht como una expresión artística que buscará proponer por medio de la tensión, reflexiones en las que el espectador se cuestionará y problematizará sobre distintos debates de carácter público. [2]

El escritor “traidor” y las plumas al servicio de la revolución proletaria

Es así como Benjamin haciendo un recorrido por la tendencia política de la escritura, dentro de un sistema social y productivo dividido en dos clases sociales -la burguesía y el proletariado- el “intelectual de izquierdas” se verá presionado por la lucha de clases misma, a decidir al servicio de quien dispone su actividad literaria. Sin embargo lo distintivo –y a la vez formidable- de Benjamin, es que identificará el carácter progresivo del sujeto, no sólo en la calidad del contenido social expuesto, sino en la ruptura del autor, con un sistema en el cual le es cómodo descansar, ya sea como democracia capitalista u en otro sentido, en el fascismo. Y para Benjamin la respuesta es clara, el intelectual revolucionario, debe ser en cierta manera un “traidor” a su origen de clase pequeño burgués, y el medidor de fuego, es hacer de los más atentos espectadores, colaboradores al servicio de la revolución por parte del proletariado.

“Cuanto más adecuadamente sea capaz de orientar su actividad a esta tarea –la revolución proletaria- más justa será su tendencia y, por tanto, necesariamente, más elevada su calidad técnica. Y, por otro lado: cuanto con mayor exactitud conozca de este modo su puesto en el proceso de producción, menos se le ocurrirá pensar en hacerse pasar por un ‘intelectual’. Este espíritu, que se hace perceptible en nombre del fascismo, debe desaparecer. Y el espíritu, que se enfrenta al fascismo con la confianza de su propia fuerza milagrosa desaparecerá. Porque la lucha revolucionaria no se juega entre el capitalismo y el espíritu, sino entre el capitalismo y el proletariado”.

Leninismo: Agitación, periodismo y escritura de combate

A propósito de la “escritura de tendencias” en Benjamin, y la necesidad de forjar nuevos colaboradores revolucionario que pudieran romper con el acomodamiento pequeño burgues de su actividad, uno de los principales dirigentes bolcheviques, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin), dedicó gran parte de su actividad militante en cómo construir un periódico revolucionario que fuera capaz de ocupar el rol de un organizador político y agitador de masas, ganando y formando colaboradores, quienes estén dispuestos a duras pruebas de la lucha de clases. Lenin señala en el “¿Qué hacer?”:

“La revolución misma no se debe imaginar como un acto único (como por lo visto la conciben Nadezhdin), sino como una rápida sucesión de estallidos más o menos violentos, que alternan con períodos de calma más o menos profunda. Por lo tanto, el contenido capital de las actividades de la organización de nuestro partido, el centro de gravedad de estas actividades debe consistir en una labor posible y necesaria tanto y durante el período del estallido más violento como durante el de calma más completa, a saber: una labor de agitación política unificada en toda Rusia, que arroje luz sobre todos los aspectos de la vida y que se dirija a las grandes masas. Y esta labor es inconcebible en la Rusia actual sin un periódico destinado a toda Rusia y que aparezca muy frecuentemente. La organización que se forme por sí misma en torno de este periódico, la organización de sus colaboradores (en la acepción más amplia del término, es decir, de todos los que trabajen para él) estará dispuesta a todo, desde salvar el honor, el prestigio y la continuidad del Partido en los momentos de mayor “depresión” revolucionaria hasta preparar, fijar y llevar a la práctica la insurrección armada de todo el pueblo”.

Y en un sentido, para Lenin la combinación entre denuncia política, agitación de masas (pocas ideas para muchas personas) y campañas, ocupa una función preponderante:

Las denuncias políticas son precisamente una declaración de guerra al gobierno, de la misma manera que las denuncias de tipo económico son una declaración de guerra al fabricante. Y la importancia moral de esta declaración de guerra es tanto mayor cuanto más amplia y vigorosa es la campaña de denuncias, cuanto más numerosa y decidida es la clase social que declara la guerra para empezarla. En consecuencia, las denuncias políticas son, ya de por sí, uno de los medios más potentes para disgregar las filas enemigas, para apartar del adversario a sus aliados fortuitos o temporales y sembrar la hostilidad y desconfianza entre quienes participan de continuo en el poder autocrático."

Es precisamente esta conexión entre un análisis materialista de la escritura en Benjamin, y la función agitativa hacia las masas en Lenin, que queda demostrada una necesaria responsabilidad por parte del autor, quien permanentemente está tensionado por las clases sociales que se encuentran en disputa. Por lo que hay una ligazón indisociable entre “tendencia literaria” y la construcción sistemática de nuevos colaboradores. Y esto lo hace el autor, quien en el camino de su actividad cotidiana como artista o como escritor, debe romper con su intencionalidad pequeño burguesa, como quien ilustra salvajemente una realidad que no está dispuesta a transformar. Y que en lo concreto es forjar un ejército de escritores, para pulverizar este miserable sistema de explotación y opresión.

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NOTAS AL PIE

[1Benjamin hará un hincapié central en el Estado Soviético, principalmente en la prensa, no sólo como “tendencia literaria” sino también, en el desarrollo de la escritura dentro de las condiciones productivas de su época, y sobre todo en la capacidad del autor de forjar nuevos colaboradores, que en definitiva será la brújula que condensa una “tendencia literaria” adecuada con la actividad revolucionaria de los escritores. Para Benjamin: “En tanto que lo literario gana en alcance lo que pierde en profundidad, empieza a distinguirse entre autor y público, distinción que la prensa burguesa mantiene en pie de manera convencional y que se extingue, en cambio en la prensa soviética.”

[2Una buna parte de la conferencia de Benjamin de “El autor como productor”, tratará sobre el aspecto progresivo que ve el crítico alemán en la obra del dramaturgo alemán, Bertolt Brecht, específicamente en el teatro épico. La experimentación, a través de la interrupción en la acción, y en el descubrimiento de nuevas situaciones, donde el espectador debe tomar una postura, manifestada a su vez en la que el actor debe tomar un papel, lo que para Benjamin expresa también una función organizativa.
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