Política

EL CÍRCULO ROJO

Verdes y celestes: la estrategia del “mal menor”

El discurso de Cristina Fernández en la conferencia de Clacso y la estrategia del “mal menor” fue debatida por Fernando Rosso en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos. Completo en el audio y en texto se pueden leer los principales ejes.

Fernando Rosso

@RossoFer

Lunes 26 de noviembre de 2018 | 08:56

  •  El escándalo por los incidentes alrededor del estadio Monumental por el superclásico suspendido, las represiones en la fábrica Siam en Avellaneda y en La Matanza donde fue asesinado un militante de la CTEP o en la Ciudad por la aprobación de la Unicaba, dejaron un poco lejos el discurso de la expresidenta Cristina Fernández en el evento de Clacso. Sin embargo, esa intervención dejó abierto debates muy interesantes.
  •  La convocatoria a cierta unidad entre los pañuelos verdes que enarbolan quienes militan el aborto legal y los pañuelos celestes que levantan quienes bregan por la continuidad del aborto clandestino fue lo que generó mayor impacto y sobre eso vamos tener varias voces y -por supuesto- vamos a dar nuestra posición hoy en El Círculo Rojo. Acá sólo quiero plantear que en esa orientación hay una lógica que determina toda una política: la lógica del “mal menor” o de las contradicciones principales y secundarias. En este caso, para incorporar a una institución como la Iglesia a un “frente antineoliberal” (que es el mal mayor o el enemigo principal) desde el “progresismo” hay que resignar demandas o derechos. O peor, como afirmó María Pía López, una referente cercana a ese espacio y nada menos que en Página 12: hay que aceptar un sector que niegue un derecho elemental al otro o, en este caso, mejor dicho a las otras.

  •  Pero esta lógica no es privativa de la esfera de la pelea por el aborto. Por ejemplo, también se da o se dio en el terreno de la organización sindical. Para “construir una mayoría” hay que resignarse a incorporar a dirigentes burocráticos como Ricardo Pignanelli, el patotero de SMATA, Antonio Caló, el tibio de la UOM o Andrés Rodríguez, el “estatal” miembro de la Sociedad Rural, para dar sólo unos ejemplos. Es decir, sostener y apoyarse en un aparato sindical burocrático y totalitario y “resignar” cualquier forma de democracia sindical. A tal punto que ni la CTA -que no es lo que se dice una central ultracombativa- recibió la personería gremial.
  •  La misma lógica puede aplicarse para los gobernadores, como el Gildo Insfran, el perseguidor y asesino del pueblo Qom o el mismo Juan Manuel Urtubey, en su momento tan festejado como la esperanza blanca de Salta o Rosana Bertone, para nombrar sólo algunos. O Miguel Pichetto, jefe de la bancada del FPV en el Senado durante prácticamente toda la gestión.
  •  No es casualidad que este personal político y sindical (CGT y gremios, legisladores e Iglesia y movimientos sociales que se mueven en su órbita) terminó transformado en pilar de la gobernabilidad de la derecha neoliberal, es decir, los principales sostenes del “mal mayor” al que le abrieron el camino.
  •  Y esto es congruente también en el terreno de las coaliciones de clases sociales. Las “empresas nacionales”, la famosa “burguesía nacional” como presunta contradicción secundaria ante las multinacionales extranjeras. Entonces Axel Kicillof -al que están visitando varios referentes empresarios pertenecientes a este sector-, le dijo a la revista Forbes que no son antiempresa y no romperá con el FMI. El problema es que las empresas (nacionales o extranjeras, sí son antiobreras, ahí está el caso de SIAM) y no por una cuestión de males mayores o menores, sino por un tema intereses materiales. Y si no se rompe con el FMI, el FMI rompe el país.
  •  Para todo esto, por supuesto, hay que volver, una vez más, a dar por perimida la división entre izquierdas y derechas, una muerte que se está decretando casi desde su nacimiento en la misma Revolución Francesa. Porque en esta lógica, a la izquierda sólo puede estar la pared. Y si surge algo a la izquierda hay que cooptarlo (como pasó con organismos de DDHH u organizaciones sociales que fueron rabiosamente autonomistas en el pos-2001 como fanáticamente estatalizados cuando el poder les abrió una hendija), pero lo que no es cooptable debe ser reprimido y ahí están los ejemplos que muchos de los que hoy denuncian correctamente las represiones de Macri, prefieren olvidar: las 14 represiones de Lear, o antes Gestamp o antes Kraft, o el Casino Flotante o Mafissa en La Plata y una larga lista.
  •  Hay una lógica en esa afirmación que se consideró un error o una exageración con lo del pañuelo celeste. Y esa lógica es peligrosa en general pero mucho más peligrosa en momentos de crisis (en los que se termina la posibilidad de expansión económica y el país está bajo el yugo del FMI). Por una cuestión bastante simple: esa lógica del “mal menor” termina casi siempre convertida en el camino más rápido hacia el “mal mayor”.




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