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Red Internacional

Los/as trabajadores/as tercerizados del MIDES dedicados a la asistencia de personas en situación de calle viven cotidianamente condiciones de precariedad como contratos chatarras, salarios impagos, falta de condiciones laborales, entre otras.

Viernes 30 de julio | 10:29

La realidad de los/as trabajadores/que trabajan con personas en situación de calle, bajo la órbita del MIDES, pero que desempeñan su actividad laboral bajo un régimen de tercerizaciones denota situaciones de extrema precariedad, algunas de las cuales nos fueron informadas por trabajadores/as del sector.

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La barbarie capitalista que expulsa a miles de personas a la desocupación y la miseria, también se refleja en el trato que reciben en la asistencia mezquina que presta el Estado capitalista a todas aquellas personas que caen en esa situación. La precariedad se vive en la miserable asistencia, encima tercerizada en muchos casos, que presta el Estado y en las pésimas condiciones laborales que soportan los/as trabajadores/as del sector.

Contratos precarios y en algunos casos hasta demoras en la formalización de los mismos; salarios impagos o salarios por debajo del convenio colectivo; la falta de personal en los centros, agravada por los cambios estructurales del programa calle (a partir de la política de recorte del gobierno), hace que un sólo equipo técnico conformado por trabajador /a social, psicólogo/a, enfermero /a y coordinador/a deban repartir sus horas en los diferentes centros, cuestión que genera mayor exposición a las demandas y necesidades de la población en calle y hacia los educadores que también ahora son menos en cada turno; y otras irregularidades de todo tipo (por ejemplo demoras en dar de alta en el BPS).

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Todo esto sumado a pésimas condiciones laborales, como las sanitarias, de hacinamiento, malas condiciones edilicias, falta de contención para los/as trabajadores/as que deben tratar diariamente con las profundas contradicciones y miserias de la sociedad (patriarcado, problemas de adicciones, violencia, etc.) en especial para las mujeres y disidencias sexuales, entre otras condiciones absolutamente precarias en varios casos.

Política de la miseria y miseria de la política

El sistema tercerizador que se establece desde el Estado a través del MIDES, para la asistencia social termina generando un régimen perverso, en donde el lucro de las ONG (técnicamente definidas como Organizaciones de la Sociedad Civil) termina poniéndose por encima de los derechos de los/as usuarios/as y de los trabajadores/as.

Alejado totalmente de las soluciones integrales que se les puede y se les debe brindar las personas en las situaciones más vulnerables y de las condiciones de trabajo adecuadas para que los trabajadores cumplan sus tareas de la mejor forma. Tanto unos como otros son sometidos como resultado a una política social de la miseria, sufrida por trabajadores/as y usuarios/as.

Este sistema tercerizador es una continuidad con respecto a gobiernos anteriores, modelo que se consolidó a partir de las administraciones del Frente Amplio con la creación del MIDES.

La política de precariedad no solo la sufren los trabajadores sino que también los usuarios, que también en diferentes oportunidades a través de Ni Todo Está Perdido (NITEP) se ha denunciado a la opinión pública.

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Si a todo esto sumamos la política particular del gobierno de Lacalle Pou de ajuste fiscal y de recorte o eliminación de los pocos programas en funcionamiento, además de las consecuencias sociales de la política derechista (decenas de miles de desocupados más y de miles de nuevas personas en situación de calle), el panorama tanto para trabajadores, como para usuarios es crítico.

La lucha de los/as trabajadores/as

Los/as trabajadores/as recientemente realizaron una movilización a Torre Ejecutiva denunciando toda esta situación, y cabe agregar que casi a diario surgen denuncias de salarios impagos o situaciones de precariedad en el sector.

En lo inmediato la lucha por la regularización de la situación laboral de muchos/as trabajadores/as del sector es lo que está a la orden del día, para que se cumpla el pago de sus salarios y de que se consiga que esta misma remuneración sea digna.

La unidad de los/as trabajadores/as tercerizados con los formales, junto a los/as usuarios/as, es la que podrá con la lucha revertir estas injusticias. Será un desafío para esta joven generación de luchadoras y luchadores que viene surgiendo en el sector que puedan imponerle al Estado el fin de las tercerizaciones, y de la asunción por parte del mismo Estado de programas sociales que aborden integralmente las situaciones de extrema vulnerabilidad que a diario viven miles de personas y que van más allá del simple asistencialismo que se desarrolla hoy en día. El trabajo genuino y el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, junto con el reclamo de tierra para vivir, son algunas de las soluciones necesarias para superar esta política de la miseria.




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