Géneros y Sexualidades

Con otros ojos

Tomar el tiempo en nuestras manos

Queremos una sociedad donde no haya más relojes. Por eso, mientras tanto, luchamos por más horas para nosotros y menos para engordar el bolsillo de los capitalistas.

Andrea D'Atri

@andreadatri

Lunes 9 de agosto | 08:30

Los capitalistas inventaron el cronómetro para atrapar nuestro tiempo y transformarlo en sus ganancias.

Y entonces, los tiempos del café del amanecer y la sopa del crepúsculo se trituraron en la licuadora de los turnos rotativos para terminar sin gusto a nada.

Los cíclicos tiempos de nuestras hormonas se escabulleron bajo los beneficiosos efectos de los analgésicos y los higiénicos apósitos, que nos regulan y estabilizan para amoldarnos al tiempo impertérrito de las máquinas.

El tiempo expectante de las nueve lunas se transformó en litigio y negociación de licencias o despidos.

Infinitos minutos para el calor y los sabores fueron robados y transferidos a los fríos e insípidos horarios de fabricar alimentos industriales. Conversadas horas de hilos y agujas fueron expropiadas y reconvertidas en tiempos de telares rechinantes que tejen las prendas que abrigan a otros.

Las horas de los juegos, de las lecturas, del aprendizaje, del arte, del paseo; las de compartir secretos, mesas, cumpleaños, caricias; las horas de las lágrimas y de las risas, de los nacimientos y las muertes, de las enfermedades y las pasiones, de la complicidad y los debates, hasta las horas del sueño se las robaron los capitalistas.

¡Ya tienen suficiente de nuestro tiempo! No queremos más horas iguales a sí mismas, viendo cómo nuestro verdadero tiempo se escurre entre sus cronómetros, sirenas, tarjetas, timbres, molinetes y campanas.

Nuestras vidas valen más que sus ganancias.

Hace dos siglos dijimos que catorce horas eran demasiado y conseguimos que nos robaran sólo doce. Un siglo después, nos persiguieron, nos enjuiciaron y nos ahorcaron con su policía y su justicia cuando dijimos que ocho horas eran suficientes; pero igual las conquistamos.

Sólo la sed de ganancias de la clase que inventó los cronómetros impide que sean aún menos las horas que dedicamos a ganarnos nuestro pan.

Queremos trabajar menos, porque queremos trabajar todas y todos. Y nosotras queremos el pan, pero también queremos las rosas. Por eso luchamos por tomar el tiempo en nuestras manos.

Publicado originalmente en La Izquierda Diario el 27 de abril de 2017






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