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Red Internacional

Orquestó cientos de crímenes, participando personalmente en muchos de ellos. El radicalismo y el peronismo le dieron impunidad por dos décadas. Fue la lucha de sobrevivientes, organismos de derechos humanos y la izquierda la que logró anular las leyes del perdón y llevarlo a juicio. Desde entonces cosechó varias prisiones perpetuas. Pero él, hasta su muerte, no dejó de reivindicar lo que hizo. En esta serie de artículos podés conocer la historia de uno de los símbolos del horror de la dictadura cívico-militar-eclesiástica.

Daniel Satur@saturnetroc

Sábado 2 de julio | Edición del día

En la mañana de este sábado 2 de julio murió en una clínica de Merlo el genocida Miguel Osvaldo Echecolatz. Fue un símbolo de la maquinaria de exterminio que hizo desaparecer a 30.000 luchadoras y luchadores obreros y populares además de instaurar un régimen de terror para aplicar políticas económico-sociales en favor de las corporaciones, tanto nacionales como internacionales, con el aval de la Embajada de Estados Unidos y el establishment político.

El PTS (partido miembro del Frente de Izquierda) lleva décadas siendo parte de la lucha incansable por memoria, verdad y justicia protagonizada por sobrevivientes, familiares de víctimas y organismos de derechos humanos. Durante los 90 y la primera parte de la década siguiente, fue una bandera inclaudicable el combate por anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos promovidos por los gobiernos radicales y peronistas.

Finalmente el Congreso (que había votado esas leyes) y la Corte Suprema de Justicia (que las había avalado) se vieron obligados a anular esas normas que garantizaron la impunidad de Etchecolatz y sus secuaces por años.

Bastaron esas anulaciones para que el exjefe de Investigaciones la Policía de la Provincia de Buenos Aires comenzara un derrotero que lo sentó reiteradas veces en el banquillo de los acusados y lo convirtió en uno de los primeros represores en obtener condenas por haber cometido sus crímenes en el marco del genocidio perpetrado en Argentina durante los 70 y principios de los 80. En muchos de esos juicios fue protagónico el rol jugado como parte de las querellas del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), organismo impulsado por el PTS y fundado, entre otres, por la actual diputada nacional Myriam Bregman.

Sin embargo, el mismo sistema político-judicial que lo había dejado libre hasta la anulación de las leyes de impunidad le permitió que se lleve a la tumba toda la información que tenía sobre el destino de Jorge Julio López, el albañil de 77 años de Los Hornos, víctima de su accionar en dictadura, testigo clave en el juicio de 2006 y nuevamente desaparecido (el 18 de septiembre de ese año) a horas de conocerse aquella histórica sentencia. “Hay que preservar la gobernabilidad de la fuerza”, fue parte de la explicación del gobierno peronista de entonces para justificar su nulo avance en la investigación sobre la Policía Bonaerense, educada en la “escuela” de Ramón Camps y Etchecolatz y principal sospechosa de la segunda desaparición de López.

La Izquierda Diario te invita a ver y leer una serie de artículos publicados en los últimos años donde se pinta de cuerpo entero quién fue y qué hizo Etchecolatz.

Myriam Bregman: “Fue un genocida consciente de lo que hizo hasta el final” (2022)

El testimonio de la hija de Etchecolatz: “Repudio a mi padre genocida” (2017)

Perpetua para Etchecolatz y Garachico, quien seguirá con prisión domiciliaria, por Redacción La Plata (2022)

Procesan a Etchecolatz por torturas y abusos a personas trans en la dictadura, por Pablo Herón (2022)

Etchecoltaz: "La sentencia que recibiré es la medalla de honor al deber", por Valeria Jasper (2022)

Mariana De Marco: "Gracias a Julio López supe que mi mamá pensó en mí hasta el final", por Valeria Jasper (2021)

Alfonso Dell´Orto: "Tengo el derecho de saber qué pasó con los restos de mi hija", por Valeria Jasper (2021)

Etchecolatz, de La Noche de los Lápices a la desaparición de Julio López, por Claudia Ferri (2021)

El día que Etchecolatz quiso matar a la ciencia (y el tiro le salió por la culata), por Daniel Satur (2020)

Otra perpetua para Etchecolatz: "Señor Jesús, si me condenan es por haber defendido tu causa", por Redacción La Plata (2020)

Habló Etchecolatz: “Ya no me lastiman las condenas que me den”, por Redacción (2020)

Genocidas de Brigada de San Justo serán juzgados también por delitos sexuales y homicidios, por María Luz Santos Morón (2019)

La Corte Suprema revocó el beneficio de prisión domiciliaria a Etchecolatz, por Redacción (2018)

El alegato de Myriam Bregman en la histórica condena a Etchecolatz, por Rosa D’Alessio (2018)

La desaparición de Julio López: el crimen que el kirchnerismo se negó a investigar, por Daniel Satur (2018)

¿Qué fue y cómo funcionó la tenebrosa Brigada de San Justo?, por Andrea López y Daniel Satur (2018)

Revocaron la prisión domiciliaria de Etchecolatz y vuelve a la cárcel, por Redacción (2018)

La Plata: miles movilizados contra la domiciliaria al genocida Etchecolatz, por Redacción La Plata (2018)

Impunidad: Etchecolatz deambula por Mar del Plata sin custodia uniformada y sin esposas, por Redacción Mar del Plata (2018)

Sombras de Etchecolatz (un comentario al libro El otoño de los genocidas), por Daniel Satur (2018)

Mar del Plata se moviliza en repudio a la domiciliaria al genocida Etchecolatz, por Redacción Mar del Plata (2018)

Los genocidas Etchecolatz y Von Wernich piden quedar libres con el “2x1”, por Eric Soñis (2017)

Maldita década ganada, por Daniel Satur (2016)

Nilda Eloy: “Los Gobiernos permitieron sostener la impunidad en el caso de Julio López”, por Redacción La Plata (2016)

Carolina Vilchez: “La causa de Julio López está paralizada porque se decidió no investigar”, por Maine García (2016)

Benefician con domiciliaria a Etchecolatz: amplio repudio, por María Luz Santos Morón (2016)

Jueces prestos a dar domiciliaria a Etchecolatz y pasivos frente a la desaparición de López, por Myriam Bregman (2016)

El represor Etchecolatz amenaza apelando al nombre del testigo desaparecido Jorge Julio López, por Rosa D’Alessio (2014)




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