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MUERTE DE NISMAN Y CAUSA AMIA

Rabbani, uno de los iraníes imputados en la causa AMIA, afirmó que a Nisman lo mataron

Fue entrevistado el viernes en un programa radial, allí acusó a Estados Unidos e Israel por inducir al ex fiscal de la causa para que acusara a Irán. Opinó que lo mataron o lo indujeron al suicidio por “tener las manos vacías”.

Mirta Pacheco

@mirtapacheco1

Sábado 11 de enero

Estas declaraciones radiales tuvieron tanta repercusión en estos momentos por la crisis desatada en Medio Oriente por el asesinato a manos de Estados Unidos del segundo hombre más importante de Irán -en territorio iraquí- Qassen Soleimani, a lo que le siguió la respuesta iraní (en una proporción mucho menor) del bombardeo a una base ocupada por militares yankis).

Moshen Rabbani fue agregado cultural iraní en Argentina cuando sucedió la trágica voladura de la sede de la AMIA en 1994. Dio la entrevista para el programa “Mañana Sylvestre” que se emite por Radio 10, su intención probablemente fue hacer propaganda a favor del régimen iraní.

Allí afirmó que Irán no tiene nada que ver con el atentado y se preguntó: “¿quién lo mató cuando tenía que ir a la Asamblea Nacional de Argentina (NdeR.: Congreso Nacional), por qué no quieren investigar?” . Aceptó también que pudo tratarse de un suicidio inducido, al no tener pruebas “tenía las manos vacías”.

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Rabbani es uno de los 8 acusados iraníes -en su mayoría ex funcionarios del régimen del país persa- por ese atentado, que hoy tienen notificaciones rojas de Interpol (solicitud internacional de esa organización de búsqueda para su detención).

Esa acusación fue hecha por Alberto Nisman, basada en sus propias deducciones e “informes” que le entregaban servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel (CÍA, FBI y Mossad) vía el ex agente de la por entonces SIDE, Jaime Stiuso. Nisman fue encontrado muerto en la madrugada del lunes 18 de enero de 2015.

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Ese día tenía que presentarse en la Comisión de Legislación Penal del Congreso (presentación que había acordado con quien dirigía en aquel entonces esa comisión: la ex ministra de Seguridad del gobierno de Macri, Patricia Bullrich), para explicar su otra denuncia, el supuesto encubrimiento de la responsabilidad de los iraníes por parte de Cristina Kirchner mediante el memorándum de entendimiento con ese país.

Por la firma de ese memorándum (siguiendo la misma línea del ex fiscal de responsabilizar a los iraníes sin ninguna prueba concreta) el juez Claudio Bonadio le dictó a la actual vice presidenta Kirchner la prisión preventiva, en un fallo que tuvo todo de político y nada de jurídico. Ese fallo fue revocado en diciembre último por el Tribunal Federal número 8.

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Nisman estuvo involucrado en la investigación de la voladura de la mutual judía desde 1997, cuando se sumó como tercer fiscal de la causa. Los otros dos eran los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia. Juan José Galeano era el juez.

Tanto Mullen y Barbaccia como Galeano -que fue destituido por todas las irregularidades cometidas en esta causa-, después fueron condenados en el juicio por encubrimiento, junto con ex funcionarios del gobierno de Carlos Ménem, como también el ex titular de la DAIA, el banquero Ruben Beraja.

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Esto fue así porque se descubrió cómo el juez que debía investigar y arribar a la verdad, con los fiscales que no podían desconocer el hecho, le entregó plata al desarmador de autos Telleldín (dinero facilitado por quien fuera el titular de ex SIDE en aquella época) para inculpar a policías bonaerenses.

Eso pasó en el llamado “primer juicio” iniciado en 2001. Allí a medida que transcurría, los testimonios daban cuenta de esos delitos cometidos por quienes debían encontrar a los culpables. El resultado fue la absolución de todos los acusados y recién en el 2015 comienza el “segundo juicio” por encubrimiento, para juzgar todas las irregularidades que saltaron en el primero y ahí fueron dictadas las condenas.

Nisman, que trabajó codo a codo con esos fiscales, fue el “sobreviviente” de un juicio edificado a base de pagos ilegales, pistas armadas y un sinfín de delitos. A partir de ese bochorno judicial es nombrado por Néstor Kirchner, titular de la fiscalía AMIA (2004).

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De esta manera quien basó su carrera en las relaciones con la Policía Federal y servicios de inteligencia, muy afecto a los flashes y medios de comunicación, era el hombre que debía llegar a la verdad.

A partir de ese momento se apoya en Stiuso que insistía, por sus lazos con los servicios de las agencias de investigación extranjeras que operaban (y operan) el país, en la autoría de la República islámica de Irán.

Los mismos familiares de las víctimas del atentado con el transcurrir del tiempo fueron dándose cuenta de que el ex fiscal armaba conclusiones y luego buscaba desesperadamente pruebas que las confirmaran. Cuando debería ser al revés.

Un solo hecho, entre tantos, confirma esta afirmación. A un año de haber asumido el cargo Nisman afirma que ya sabía quién manejaba la trafic con explosivos que hizo volar la AMIA. Se trataba, según él, de un miembro del Hezbollah: Ibrahim Berro (dato que le había dado Stiuso, basado en informes de inteligencia del FBI y del Mossad).

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Viaja a Estados Unido para entrevistar a los hermanos de Berro que en todo momento negaron alguna conexión de su hermano con la organización libanesa -que tiene vínculos con Irán-. Es más, afirmaban que el joven había muerto en el sur del Líbano por un bombardeo israelí. Pero como mostraron cierta simpatía con Hezbollah, para el ex fiscal eso fue suficiente para inculpar a Ibrahin.

Lo anunció a la prensa con bombos y platillos. Uno de los hermanos Berro es entrevistado por esos días, en radio Continental y vuelve a ratificar que su hermano murió en Medio Oriente y que no sabía de quién era la foto que le habían mostrado en el interrogatorio. Ese hecho, en el mundo periodístico se lo llamó irónicamente “la ensalada de Berro”. Fue la primera decepción de los familiares de las víctimas con Alberto Nisman.

Transcurrieron diez años más, siempre buscando “pruebas” que confirmaran sus hipótesis. Y siempre guiado por los intereses que representaban las agencias del imperialismo yanky e israelí, que buscaban inculpar a su “enemigo público número uno”: Irán. Porque ese país, como ahora, representaba una amenaza a la hegemonía yanky en aquella región del mundo.

Para acusar a Rabbani por ejemplo, a Nisman le bastó una foto (sacada por personal a cargo de Stiuso) del iraní entrando a una concesionaria de la zona del barrio porteño de Flores, preguntando por camionetas o alguna trafic. Esa sería la “prueba” que determinó que el ex agregado cultural fuera imputado como uno de los autores intelectuales del atentado.

El trasfondo de todo esto es el alineamiento con Estados Unidos que siguieron los gobiernos de Argentina en el caso AMIA. Recordemos tan solo que, a las pocas horas de producida la explosión cables de ese país ya daban por sentada la autoría de Irán, sin que nadie en el mundo se atribuyera el atentado.

Los gobiernos kirchneristas también siguieron esa línea, hasta que Obama cambia su política con respecto al país persa y propone el convenio de desarme nuclear.

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Su giro pragmático se debió a la comprensión de que llevar al extremo una confrontación con Irán, cuando las intervenciones en Afganistán e Irak habían debilitado mucho al imperialismo, solo podía resultar en una mayor debilidad de su hegemonía.

De ahí surge la idea del famoso memorándum con Irán. Cristina Kirchner supo leer ese giro y se adelantó con esa negociación, que a los fines de saber la verdad sobre qué pasó con la AMIA no tendría nunca ningún efecto. Pero sí continuaba preservando la impunidad del Estado argentino. Se trató de una movida política que no tendría por qué haber sido judicializable.

Es en ese momento que Nisman se enemista con el ex gobierno kirchnerista y el ex fiscal empieza a armar la acusación de encubrimiento. Se había pasado años llenando de hojas un expediente que inculpaba, en base a información de los servicios, a los persas y ahora le decían que era necesaria la colaboración de ellos para saber la verdad.

Flojo de papeles, Nisman apoyado (y presionado) por el ex Gobierno macrista, lanza mediáticamente la acusación de encubrimiento y se compromete a ir a la Comisión parlamentaria.

Después sobrevino su muerte. A cinco años todavía no se sabe qué pasó realmente.

Lo único comprobable es que ningún gobierno accedió a la apertura irrestricta de los archivos de inteligencia de la ex SIDE y de la Policía Federal, ahí está la información para poder avanzar hacia la verdad del brutal atentado a la AMIA.

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Todo lo demás, es preservar la impunidad del Estado.






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