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Red Internacional

La muerte del expresidente y líder frentemplista generó un profundo dolor y muestras de pesar entre los simpatizantes del Frente Amplio. A pesar de su origen obrero, proveniente de una familia trabajadora del Barrio La Teja, cabe preguntarse que representó Tabaré en la política uruguaya y su relación con los cambios que se fueron dando en el Frente Amplio en los últimos 30 años.

Lunes 14 de diciembre de 2020 | Edición del día

La muerte del líder del Frente Amplio generó una profunda tristeza en filas frenteamplistas así como masivas muestras de pesar. La llegada del cuerpo al cementerio de La Teja, dejó ver como sectores del pueblo trabajador despedían al ex presidente con señales de reconocimiento y admiración.

Seguramente esa multitud sentía que Tabaré era uno de los suyos, alguien que perteneció a una familia obrera y se crió en un barrio popular. Tabaré encarna también las ilusiones de aquel Uruguay batllista, una sociedad más integrada donde había trabajo y oportunidades y era posible soñar con el ascenso social en base al esfuerzo personal.

La figura del expresidente representa exactamente esa posibilidad, ese hombre que luego de una infancia con necesidades y privaciones logra lentamente ir progresando socialmente hasta convertirse en un empresario exitoso y también en un líder político.

Los saludos que llegaron de todo el sistema político , incluidas figuras conservadoras y aristocráticas como Sanguinetti o Lacalle dejan ver como al realzar la figura de Tabaré se recrea también el mito de un Uruguay único y excepcional donde todos podemos triunfar.

Al ver la realidad social actual, con su desigualdad, exclusión y marginación el ejemplo de Tabaré termina siendo útil no solo para fomentar ese imaginario de igualdad sino también para trasmitir un mensaje sobre el propio sistema político: Tabaré no solo fue un ejemplo de ascenso social sino también de integración y asimilación al régimen político.

Cuando los analistas destacan que es la imagen con la que se puede identificar los triunfos del Frente Amplio en los últimos 30 años no podemos dejar de contrastar su figura con lo que era la izquierda en los 60 y 70. De esa izquierda radicalizada, con fuerte componente obrero, que actuaba colectivamente y enfrentaba y desafiaba en las calles al régimen se llega, dictadura mediante a este Tabaré Vázquez ejemplo de mesura, diálogo y respeto por las instituciones.

Si bien Líber Seregni también era un personaje ajeno a las clases populares, su liderazgo se dio en una época en que el Frente Amplio planteaba, al menos en lo discursivo, un mensaje radicalizado y “antisistema” (reforma agraria, nacionalización de la banca, antiimperialismo, etc.).

Tabaré expresa a otro Frente Amplio, el que emergió y se consolidó luego de la feroz dictadura, para terminar transformándose en un pilar de este régimen político heredero del Pacto del Club Naval, el que alterna pacíficamente en el gobierno con los otros partidos tradicionales, que continúa ,o al menos acepta sin dificultades, los dogmas neoliberales que se han hecho moneda corriente de los 90 en adelante.

La creación del Encuentro Progresista, momento en que también se consolida el liderazgo de Tabaré a costa de desplazar a Seregni, expresa esta estrategia política de “ensanchar” a la izquierda incorporando al centro político; es decir que hay que volcarse hacia el centro, tanto en el discurso como en el programa para tener posibilidades de éxito electoral.

En las entrevistas inéditas realizadas al expresidente en 2011 por Gabriel Pereyra esta idea fue nuevamente planteada. En esa charla Vázquez habló del Movimiento Ceibal, Centro de Izquierda de Base Artiguista Latinoamericanista como una alianza que incluyera a sectores blancos y colorados, para consolidar un frente de centro izquierda.

El abandono de los ideales de transformación social fue algo explícito en Tabaré, quien hablaba mucho de renovación, actualización y aggiornamento para referirse a los cambios que según él necesitaba el Frente Amplio. Esta fue la posición que impulsó en la interna frentista y con la que también actuó desde el gobierno.

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Gentileza M.C.

Tabaré presidente

Simpatizantes de Tabaré han resaltado especialmente en estos días su primer gobierno (2005-2010) para destacar las obras y reformas implementadas.

El contraste con la situación catastrófica de la crisis del 2002 agranda los éxitos y las mejoras en la situación social, porque se venía de unos años especialmente duros y cualquier avance logra resaltarse por contraposición.

Evidentemente estos progresos se dieron en un contexto de “vacas gordas” de una situación económica internacional totalmente favorable para el Uruguay. Aun así la clase trabajadora estuvo lejos de llegar al nivel de vida pre-dictadura y ninguno de los pilares neoliberales que lograron imponer los partidos tradicionales en la década de los 90 fueron revertidos o cuestionados.

La precarización laboral, las tercerizaciones, los contratos chatarras y los privilegios que se les otorgó al sector empresarial nunca se modificaron, ni en ese primer gobierno ni en los dos siguientes que tuvo el Frente Amplio.

Para valorar cabalmente los gobiernos de Vázquez podrían analizarse sus dos periodos en conjunto para ver que cuando hay un contexto económico favorable se viabilizan mínimas mejoras (ninguna profunda o de tipo estructural) mientras que cuando la situación económica del país se vuelve más negativa, aparece el Vázquez que decreta la esencialidad en la educación y emite el decreto antipiquetes, para amenazar y controlar al movimiento popular. O el que implementa medidas de ajuste sobre los trabajadores, pero se desvive por cuidar a los empresarios o atraer inversiones extranjeras a cualquier costo.

No parece necesario en este balance profundizar en la visión de Tabaré sobre el medio ambiente y la ecología. La industria forestal, los agrotóxicos, los agronegocios la depredación sistemática de los recursos naturales tendrán una consecuencia negativa en la salud innegable, y de un alcance que aún hoy es difícil estimar. En su desesperación por captar inversiones no tuvo inconvenientes en poner en riesgo a la población.

¿Qué izquierda necesitamos?

La izquierda que representa Tabaré Vázquez no es la que necesitan los trabajadores y sectores populares.

En contraposición a esta izquierda “responsable” que se propone gestionar el capitalismo de manera ordenada y no apunta más allá de alguna reforma parcial hay que poner en pie una verdadera alternativa para los trabajadores que se anime a cuestionar el capitalismo y terminar con este sistema social.

A diferencia de los políticos que nos quieren hacer confiar en las instituciones del régimen y que básicamente nos proponen que los cambios se logran votando en las elecciones cada 5 años, se hace imprescindible recuperar las calles, porque la organización popular y la movilización son las herramientas con las que contamos los trabajadores para lograr cambios estructurales.




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