Política

EDITORIAL

Que la cuenten como quieran, pero se llama ajuste

Está en curso una operación discursiva que luego de desenganchar salarios y jubilaciones de la inflación, pretende “desenganchar” el discurso de la realidad y llamar de mil maneras a un proceso que tiene un solo nombre: ajuste. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 22 de noviembre de 2020 | 22:30

  •  Estamos presenciando una operación política o político-discursiva que puede resumirse así: se está aplicando un plan de “austeridad” (como le dicen en Europa) con la retórica de la lucha contra la austeridad. Un ajuste que se lleva adelante en nombre de la pelea contra el ajuste. Para que tenga éxito se combina con poner en el centro debates sobre medidas –algunas absolutamente justas y necesarias– en el terreno de los derechos democráticos (hablamos del aborto, esencialmente, pero también la legalización del cannabis para uso medicinal, distintos tipos de cupo etc.).
  •  En este mismo espacio planteé el domingo pasado la metáfora del árbol de algunas medidas, frente al bosque de los lineamientos generales del plan económico. La discusión se da más o menos así:
  •  Uno dice: pero, fíjate, está en curso un recorte sobre los salarios y las jubilaciones, consolidando pérdidas anteriores con paritarias a la baja y recortando recomposiciones futuras por la nueva fórmula. Porque, a ver, los datos son datos. El último fundamento para defender lo indefendible de la nueva fórmula para el cálculo de haberes es que “hay que medirla en el largo plazo” (cuestión que ya es bastante perversa en sí misma: pedirles a personas que están atravesando las últimas etapas de su vida que piensen “en el largo plazo”). Pero la nueva fórmula que desengancha los futuros aumentos de la inflación y los ata más a la evolución de los salarios, en lo inmediato implica aumentos sustancialmente menores. A eso que lo dibujen como quieran, pero en el bolsillo de los jubilados y jubiladas se llama ajuste.
  •  Uno agrega que además, están recortando ayuda social en el peor momento de la crisis, con una inflación muy alta e índices de pobreza e indigencia a niveles de los peores que se recuerdan en la historia argentina.
  •  Y la respuesta a todo esto es: pero, mirá se votó un aporte solidario por única vez y se envió el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo.
  •  O no se quiere ver y se tiene una ceguera a prueba de balas o se es parte de la operación, porque son medidas de registros completamente distintos. O, más precisamente, funcionan en un sentido muy claro: unas se impulsan para hacer menos costosa la aplicación de lo otro.
  •  Uno insiste, además, que la presencia del Fondo Monetario Internacional es para ordenar el plan económico, para marcar sus lineamientos y, como lo hace, lo hizo y lo hará en todo el mundo para que ese plan sea austero con las grandes mayorías. Entonces ahí viene la cuestión del “nuevo Fondo”, de las contradicciones, que hizo una experiencia, que sacó conclusiones. Todas afirmaciones no necesariamente falsas de conjunto, pero que como dijo uno de los representantes argentinos ante el organismo, Sergio Chodos:"El Fondo no se va a convertir en una organización de beneficencia”. El Fondo es el actor principal de la política argentina y no le interesa la forma en que se ajusta, la cuestión es que se haga. Que la cuenten como quieran, pero el Fondo está para garantizar un ajuste.
  •  Ya si no entran los argumentos lógicos o históricos, uno va a los números y plantea que la canasta básica alimentaria aumentó 6,6 % en octubre y acumula una suba de casi del 46 % en el año. Esta es la inflación impacta mucho más en pobres e indigentes. Una familia de cuatro integrantes necesitó $ 50 000 para superar el umbral de pobreza en octubre: 5,7% más que el mes previo. Entonces dicen que se dio un aumento del 5 % a jubilados que no alcanza ni para cubrir un solo mes de los últimos tres meses que abarca ese mismo aumento. Que la cuenten como quieran, pero eso se llama ajuste.
  •  Después hay definiciones o eufemismos generales: por ejemplo, el secretario de Economía Social, Emilio Pérsico le dijo al diario La Nación que “se ha puesto de moda esa palabra, pero no creo que sea así. Hay que medir lo que fue el gasto del Estado durante el año y ahí uno ve que fue un periodo muy expansivo por la pandemia. Lo que sí hay ahora es un cambio de prioridades”. Otros comunicadores hablan del “fantasma del ajuste”, del “supuesto ajuste” y hasta de la “mentira del ajuste”. Les pasa frente al Gobierno un poco como al narrador de ese gran cuento de Eduardo Sacheri obnubilado por Maradona (Me van a tener que disculpar): como a ese tipo frente a Diego, su juicio crítico se detiene ante el Gobierno y lo dispensa.
  •  Entonces aparece Claudio Lozano, prácticamente un funcionario del Gobierno y dice: “Estamos frente a una fórmula que privilegia el sostenimiento de las cuentas fiscales antes que el poder adquisitivo de los haberes jubilatorios. La razón es simple. Está pensada en clave de FMI antes que en función de las necesidades que hoy exhiben la mayoría de nuestros jubilados". Cuando en el terreno de la crítica tu justificación periodística queda por detrás que las declaraciones políticas de funcionarios del Gobierno, deberías repensar todo seriamente y hacer de nuevo las cuentas.
  •  Ahí es cuando viene el último recurso: “Estás diciendo lo mismo que Clarín”. Y en ese mismo acto subestiman a la gente, subestiman al interlocutor y subestiman a Clarín. No por casualidad ganó la guerra y tuvieron que ir a pedir con la bandera blanca en ese lapso que fue del “Clarín miente” a “Héctor no me deja mentir”.
  •  Pero hay un argumento más que es irrefutable: hay “ajustados” que son un poco cabeza dura y se niegan a creer que no están frente a un ajuste. Por ejemplo (y sólo como ejemplo): los telefónicos que vienen de un paro nacional; los ferroviarios que se movilizan contra el paupérrimo aumento ofrecido en paritarias, los municipales de Córdoba que también toman medidas de fuerza, los trabajadores y trabajadoras de la salud a lo largo de todo el país (con una movilización fuerte en la Ciudad de Buenos Aires) o los choferes de la UTA.
  •  Este mesianismo político o mesianismo discursivo no es para nada nuevo, se repitió una y mil veces en la historia en general y en el periodo reciente en particular. Pero, lo que nunca pasó es que por cambiar las cosas en el papel o en el discurso cambien en la realidad como por arte de magia.
  •  La realidad les puede decir: que la cuenten como quieran, pero se llama ajuste.




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