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Red Internacional

Conflicto educativo. Primeras conclusiones de esta importante lucha

Aunque aún hay sectores en conflicto y medidas de lucha que se están implementando,lo conseguido no es suficiente, pero fue la excusa de muchos para levantar la huelga . Los problemas estructurales de la educación siguen siendo los mismos, la masividad de las protestas muestran que hay fuerzas para seguir la lucha por cambios profundos.

Sábado 22 de octubre | 22:01

Luego de un gran pico de medidas y movilizaciones durante la discusión presupuestal en el Parlamento, varios gremios decidieron no continuar por ahora con sus medidas más profundas como las huelgas y ocupaciones.

Más allá de esta resolución es innegable que el conflicto mostró en estos meses el surgimiento de un importante activismo, nuevas generaciones de estudiantes que dieron todo en estas luchas, con ocupaciones y movilizaciones masivas que marcaron la escena política en este segundo semestre.

La Intergremial Universitaria y los gremios que la integran (FEUU, ADUR y AFFUR) resolvieron hace poco más de 10 días que la huelga no se continuaba, y lo mismo sucedió en Secundaria; llevando a que el conflicto bajara su intensidad y masividad y se continuara con medidas más puntuales (marcha de la Integremial del 12 y el 19 de este mes, paros de 24 o 48 horas, la ocupación por algunas horas del Ministerio de Educación y del Codicen la semana pasada entre otras)

En su presentación en el parlamento el rector Rodrigo Arim había señalado que se necesitaban 500 millones de pesos, aunque en el pedido realizado en junio la UdelaR había solicitado 1500 millones. El gobierno se comprometió a un incremento de 160 millones y a compensar la pérdida de ingresos por el retiro del adicional del fondo de solidaridad; sin embargo, a pesar de lo modesto de los logros, prevalece la postura de levantar la huelga.

Recortes y reforma curricular

El conflicto educativo que vivimos desde hace algunos meses se desarrolla con el trasfondo de los escándalos que sacuden al gobierno: El pasaporte de Marset, el nombramiento en la embajada Argentina de un amigo de Lacalle condenado por narcotráfico y más recientemente el escándalo de Astesiano muestran que lejos está el discurso de los hechos en el gobierno de la coalición. La corrupción, los acomodos, el clientelismo político son intrínsicos al régimen podrido que gobierna el Uruguay, más allá de los discursos de los gobernantes de turno y las poses “republicanas” de honradez y austeridad.

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Con este trasfondo en la situación política nacional el conflicto estuvo centrado en un primer momento en la resistencia a la reforma curricular y la “transformación educativa” que impulsa el gobierno.

Gremios de formación docente y estudiantes liceales comenzaron medidas de lucha contra el proyecto mercantilista y pro empresarial de Lacalle y compañía que implica un ataque a la calidad de la educación de las y los hijos de trabajadores y las pérdidas de horas docentes para distintas asignaturas.

El gobierno previamente había desactivado otras áreas de conflicto con algunos incrementos salariales para magisterio y funcionarios públicos.

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Con la Rendición de Cuentas entró en escena la Udelar, cuando docentes, estudiantes y funcionarios ganaron las calles contra los recortes presupuestales y el ajuste que se intentaba imponer.

Desde ese momento se suceden ocupaciones de facultades y masivas marchas de la educación, con alta participación de estudiantes, docentes y funcionarios universitarios, que logran gran repercusión y colocar el problema de la educación en la agenda política del país.

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Un primer balance

Sabemos que para derrotar los planes del gobierno es necesario contar con una masiva participación de todos los actores de la educación; la derecha tiene entre sus principales objetivos el ataque a la educación pública (siempre buscando ponerla al servicio de las necesidades empresariales) y la vez retacear lo más posible el presupuesto educativo. La comunidad educativa necesita fuerza, masividad y movilización para estar a la altura de poder enfrenta con éxito estos planes neoliberales.

Creemos que todo este proceso de luchas y conflictos deja enseñanzas importantes para quienes no nos contentamos con cambios cosméticos que en definitiva dejan pasar lo central del proyecto de la derecha.

Masivas movilizaciones, ocupaciones de centros de estudios, cortes de calle y otras medidas muestran que hay disposición a la lucha y que el rechazo al ajuste y los recortes ha calado hondo en la comunidad educativa y la población en general.

Además, en los momentos más álgidos se desarrollaron asambleas masivas de estudiantes en algunas Facultades de la UdelaR como Psicología y Ciencias Sociales, en liceos como el IAVA, y de estudiantes de formación en educación como en el IPA, entre otros. Con incipientes e interesantes casos de coordinación y votación de delegados con mandatos, entre los centros en lucha como el caso del sector de formación en educación en Montevideo e Interior del país.

Esta disposición a la lucha choca contra la política de las direcciones que encabezan el conflicto:
Décadas de predominio de una izquierda reformista que ha pasado a formar parte del régimen político han instalado la idea de que solo se puede luchar en función de los “tiempos” de las instituciones:

Pareciera que la lucha es válida en determinados momentos, contentándose con obtener solo una parte de los reclamos y renunciando a que se puede ir por todo.

Así se suceden los conflictos cuando se acerca la rendición de cuentas, aumentan periódicamente las esperanzas cuando se aproximan las elecciones nacionales o se sobreentiende que no pueden haber conflictos en años preelectorales porque en ese periodo no puede haber aumentos presupuestales.

Las reivindicaciones y reclamos también tienen un techo adaptado a lo que permite el régimen; para estas direcciones, vinculadas centralmente al Frente Amplio, se trata de regatear y negociar pequeñas mejoras, en donde el parlamento tiene un rol central y las movilizaciones y otras medidas de lucha son meros factores de presión para que el sistema político “escuche” los reclamos populares.

El posibilismo, el malmenorismo son parte de esta concepción política; los cambios profundos son pura utopía irrealizable y la “correlación de fuerzas” nunca alcanza para derrotar verdaderamente los planes de la derecha o el gobierno de turno.

El conflicto de este año mostró como nuevas generaciones de estudiantes se sumaban a la lucha, hacían sus primeras experiencias militantes, luego de años de pandemia con centros de estudiantes y gremios vacíos y un activismo reducido a su mínima expresión.

Estas concepciones políticas que terminan siendo “guardianes del orden” y se oponen a cualquier radicalización que pueda cuestionar las bases del régimen son el principal escollo para que estas nuevas camadas de estudiantes, docentes y trabajadores derroten los planes educativos de Lacalle y compañía.

Desde La Izquierda Diario y Pan y Rosas hemos intentado intervenir con otra perspectiva opuesta:
Frente a la fragmentación que se intenta imponer desde algunos sectores nosotres creemos que hay que coordinar verdaderamente a todos los sectores en lucha, que la reforma curricular no es ajena a los recortes y ajustes en la Universidad, ni a la falta de presupuesto de la educación en general. Se trata de unificar todos los reclamos en un pliego común de reivindicaciones que cuestione al sistema educativo de conjunto y que plantee claramente que los recursos para la educación se logren afectando la ganancia capitalista y con una visión de educación en función de las necesidades populares y no de las necesidades de los empresarios.

Para derrotar a la reforma y los planes regresivos del gobierno, hace falta una profunda unidad y organización desde abajo; donde las medidas y el programa surjan de una intensa discusión democrática y en asambleas de base y no de lo que definan algunas personas encerradas entre 4 paredes.

Se trata de unificar todos los reclamos en un pliego común de reivindicaciones que cuestione al sistema educativo de conjunto y que plantee claramente que los recursos para la educación se logren afectando la ganancia capitalista y con una visión de educación en función de las necesidades populares y no de las necesidades de los empresarios.

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