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Red Internacional

Animación japonesa. Prefiero ser un cerdo a ser un fascista: A 30 años de Porco Rosso de Hayao Miyazaki

Este 18 de julio se han cumplido 30 años de una de las obras fundamentales del director japonés. Una clara denuncia del culto al fascismo que se venía gestando desde la posguerra, entre guiños históricos y escenarios formidables que cruzan el mar Adriático.

Edson Elgueta VergaraPsicólogo y Magíster en Cine y Artes Audiovisuales

Lunes 18 de julio | Edición del día

Cuando Miyazaki habla de Porco Rosso, en el documental “10 años con Hayao Miyazaki”, el director y animador, se refiere a esta, como una película “insensata”, principalmente por realizar una película para un público de “mediana edad”, y no para niños, una línea temática que atraviesa prácticamente la totalidad de su carrera con estudio Ghibli. Sin embargo, si es que profundizamos aún más, podríamos decir que la película pareciera atípica, no sólo por aquello mencionado por Miyazaki, sino porque en sí, el contenido planteado pareciera ir a contracorriente del escepticismo que se vivía por aquellos años, a escala internacional. El advenimiento del posmodernismo con su “fin de los grandes relatos”, la desintegración de la Unión Soviética un año antes, y la restauración burguesa en aquellos países caracterizados como “socialismos reales”, son parte de esta desilusión.

¿De qué trata Porco Rosso?

Porco Rosso, es un largometraje animado de 1992, dirigido por Hayao Miyazaki (Mi Vecino Totoro, El Viaje de Chihiro), y cuya realización forma parte de una adaptación del manga del mismo autor, titulado “La Edad del Bote Volador”. Primeramente se le pidió al creador de Nausicaa, realizar un cortometraje para una aerolínea japonesa, el cual finalmente terminó convirtiéndose en una película de 94 minutos.

La película cuenta la historia de Marco Pagot, un ex aviador de combate italiano de la primera guerra mundial, quien junto con ver la muerte de su amigo en combate, sufre una terrible maldición que le hace convertirse en un ser antropomorfo entre cerdo y humano. Posteriormente a dicho acontecimiento decide retirarse del ejército, convirtiéndose en un cazarecompenzas que desbarata sistemáticamente los planes y acciones llevadas a cabo por los piratas del mar adriático. Es así como los piratas Mamma Aiuto, contratan a Donald Curtis, un actor y experimentado piloto que tiene como propósito acabar con Marco, el “Porco Rosso”, y reclamar el amor de Gina, cantante y amiga de Porco, quien ha estado enamorada del protagonista, durante años.

Sin embargo Porco sabe que esta vez, la idea de acabar con él viene en serio, y por eso tiene que realizar una serie de compras y encargos, momentos en los que se encuentra con una serie de personajes diferentes, entre ellos el señor Piccolo, dueño de una empresa de reparación de aeronaves, y Fio, la nieta de Piccolo, quien se encarga de diseñar su hidronave. A su vez, el mismo régimen italiano lo seguirá permanentemente hacia los distintos lugares que frecuenta, con el estigma de ser un vulgar “traidor a la nación”.

Sobre la animación

En lo que refiere a este punto, y como es característico en las producciones de Ghibli, nos encontramos con una animación deslumbrante, en la que tanto el diseño de los fondos, como ciertos fragmentos, se encuentran formidablemente construidos en la composición de las distintas capas y añadiduras estéticas. El retrato de la sociedad italiana en pleno auge del fascismo de Mussolini, los paisajes que traviesan el mediterráneo hasta el océano adriático, la arquitectura de los edificios, y la construcción magistral de los aviones queda absolutamente de manifiesto. Ejemplo de esto son las secuencias de los connotados animadores Shinya Ohira (Kill Bill, Animatrix), y Yoshinori Kanada (Galaxy Express 999, Harmageddon); El primero en la prueba del motor de Porco, en el taller del viejo Piccolo; y el segundo, en el despegue de Porco en camino al enfrentamiento con Curtis.

Sobre la música

Como también es recurrente en la carrera de Miyazaki liderando el estudio Ghibli, la banda sonora se encuentra a cargo del gran pianista y maestro Joe Hisaishi, destacando dos canciones en particular “Les Temps de Cerises”, una canción cuya letra proviene de las entrañas de las y los combatientes de la Comuna de Paris, la primera experiencia de un gobierno obrero en el mundo. Mientras que el otro tema, corresponde a “Kaerazaru Hibi” (The Bygone Days), el cual es interpretado de distintas maneras a lo largo de la película.

Sobre lo político

Como se señaló al comienzo, una película como “Porco Rosso”, parece totalmente impensada por las características del tiempo en el que se produce, donde la ideología dominante posterior a la denominada restauración burguesa, y un “aparente triunfo” del capitalismo como consenso global, parecía dinamitar todo proyecto de izquierda a nivel internacional, en el que la solidez del marxismo, el socialismo, y el comunismo se colocaba en cuestión.

Es sabido que Porco Rosso es una de las películas más personales y más conflictivas de Miyazaki en lo que refiere a realizarse algún tipo de autocrítica. Una película que pareciera albergar una serie de aspectos problemáticos para el autor, pero al mismo tiempo una cierta forma de compromiso con su propia historia.

Ya en una entrevista realizada en 1994, Miyazaki se refería a su distanciamiento del marxismo, del cual se sintió bastante cercano en su juventud, cuestión que ya habría comenzado durante la producción de Nausicaa del Valle del Viento. Esto, no es menor, considerando que su periodo en Toei Animation a finales de los años 60’s y 70’s, convergió con una serie de importantes fenómenos políticos en Japón, tanto en el movimiento obrero, pero sobre todo en el movimiento estudiantil. Incluso llegando a formar parte de la directiva del sindicato de Toei, junto a su gran amigo y cofundador de Studio Ghibli, Isao Takahata.

De todas maneras, la crítica al sistema capitalista y al individualismo, como una ideología perversa y antagónica al respeto con la naturaleza y las relaciones humanas, que permanecerá vigente durante toda su obra.

En el caso particular de Porco Rosso, cuya producción se da a comienzos de los 90’s, Miyazaki se vio tremendamente afectado por los sucesos acontecidos en la Guerra de los Balcanes, cuyo centro del conflicto se situaba en la ex Yugoslavia. Incluso distintos escenarios de la película transcurren cerca de aquella zona, como la guarida en la que se refugia Porco, instalada en una pequeña isla localizada en una costa de Croacia.

Pero más allá de estos aspectos generales, y más allá de su renegación del marxismo, resultan evidentes las distintas formas en que se presenta la historia marcada por la guerra y la lucha de clases, en aquel año de 1929. Se visualiza, en la propaganda obrera, socialista, y comunista que se ve en los recorridos de Porco, y que contrasta directamente con el entusiasmo que despiertan los militares, mientras se agitan banderas del régimen fascista italiano, junto con festividades y actos masivos en las calles. Un entusiasmo al que Miyazaki muestra su absoluto rechazo, dando pie a una de las citas más recordadas de su filmografía “Prefiero ser un cerdo a ser un fascista”.

Para concluir

Más allá de los juicios de Miyazaki sobre su propia labor en Porco Rosso, sin duda esta, constituye hoy, una las grandes obras, no tan sólo de la animación japonesa, sino de la animación en su conjunto. En esto acuerdan diversas revistas especializadas sobre cine, pero también seguidores de la animación. Un ejemplo de esto, es el premio a la mejor película en haber ganado el "Cristal du long métrage" en el Festival de Annecy, el principal premio, del festival de animación más importante del mundo.

Una película que conjuga elementos expresamente históricos y políticos, junto con una propuesta audiovisual increíblemente emotiva, y a ratos melancólica. Y es que más allá de los debates y diferencias que puedan presentarse sobre la solidez narrativa, que parece desajustarse en ciertos momentos del film, esta es ciertamente ínfima, al compararse con la cadencia de los diversos componentes que configuran cada plano, como el despegue de Porco junto Fio desde el río de Milán, o el cementerio de aviadores que surcan el cielo en la visión traumática del protagonista.

Hoy, en que la animación se encuentra en un momento de redescubrimiento a escala global, y en que las iconografías del anime (aunque Miyazaki diga que sus películas no lo son) han logrado sobrevivir a la imposición de los clásicos patrones de la industria norteamericana, películas como Porco Rosso, nos dan cuenta de un compromiso con la historia, con un claro mensaje antibélico, producto de la barbarie capitalista, junto con sus guerras e ideologías de ultraderecha. Pero también la historia que se presenta entre narraciones, cartas y mitos. Las aventuras de Porco Rosso (o Marco Pagot) surcando los cielos del mar adriático, y planeando sus audaces maniobras sobre el Folgore. De aquellos “días que se fueron”... y hoy son recuerdos.




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