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ELECCIONES 26J

¿Por qué Sánchez no hará presidente a Iglesias si hay “sorpasso”?

El líder de Podemos espera que el “sector sensato” del PSOE se imponga y pacte con Podemos un gobierno de coalición. Pero Sánchez ya ha dejado claro que "Iglesias no va a ser presidente del Gobierno".

Diego Lotito

@diegolotito

Martes 21 de junio de 2016 | 19:32

Foto: EFE

Los socialistas se niegan a admitirlo, pero sondeo tras sondeo, la odiosa hipótesis del “sorpasso” –odiosa para ellos, claro está– se ha vuelto cada vez más verosímil. A esta altura del partido, sus únicas esperanzas están puestas en la reaccionaria ley electoral. Aunque Unidos Podemos supere al PSOE en votos, podría no hacerlo en escaños. Con más escaños que Unidos Podemos, va de suyo que el PSOE no va a “prestar” ni un solo diputado para hacer presidente a Iglesias. Así fue después del 20D. Pero, ¿y si Iglesias obtiene más diputados que Sánchez?

En las filas moradas no ven otro escenario que ganar en votos y escaños. Su candidato a la Presidencia del Gobierno, Pablo Iglesias, declaró este martes, una vez más, que le consta que hay “muchos sectores muy sensatos” en el PSOE que estarían dispuestos a llegar a un acuerdo con su formación. Iglesias confía en que esa postura sea la que se imponga en el partido socialista. Demasiado optimismo.

Sánchez se pasó la precampaña negando que Iglesias vaya a ser presidente, pero por el simple hecho de que no admitía ninguna posibilidad de sorpasso el 26J. Pero ese discurso cambió este lunes, cuando Sánchez reconoció abiertamente que no apoyaría a Iglesias en ningún caso.

En una entrevista en Onda Cero, el candidato socialista dijo que “No vamos a apoyar ningún Gobierno que fragmente la soberanía nacional de España, ni que cuestione la viabilidad económica y social del Estado de Bienestar”, requisitos básicos que Unidos Podemos “no cumple”. “Pablo Iglesias no va a ser presidente del Gobierno”, dijo Sánchez, y punto pelota.

Quizá haya sido por estas declaraciones que Pablo Iglesias se apresuró, una vez más, a reafirmar este martes que para él “no hay líneas rojas” y sugerir que no insistirá en la realización de un referendum sobre la independencia de Catalunya como condición para formar un Gobierno con el PSOE.

En las palabras de Sánchez resuena la tradición de la “vieja guardia” socialista. “Con el coleta en la vida” dijo el expresidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, cuando pidió a los socialistas un cierre de filas en torno al secretario general para que “no cometa errores, para que no piense que está pendiente de un hilo, para tener tranquilidad, para decirle al coleta: no, no vamos a pactar contigo en la vida”. El “mal menor”, para los Barones socialistas, es obviamente permitir que gobierne el PP –que presumiblemente volverá a quedar primero en las elecciones-, a que lo haga el “coleta”.

Para el PSOE el entuerto, sin embargo, no es fácil de resolver. Los últimos sondeos sitúan al PSOE en la disyuntiva: facilitar un nuevo gobierno del PP, hacer presidente a Iglesias o bloquear y forzar un crítico tercer round electoral. ¿Hay acaso alguna otra variante? Puede que sí.

Obviamente no puede descartarse que si Unidos Podemos supera al PSOE en escaños se imponga el pragmatismo de los barones y el PP siga en la Moncloa mediante algún tipo de “gran coalición”. Esta salida, no obstante, tendría un altísimo costo para el PSOE. Las posibilidades de “pasokización” del partido fundado por el otro Pablo Iglesias se multiplicarían por mil de darse ese escenario, ya que sería vista por una amplia mayoría social como lo que es, un contubernio conservador. Y si acaso los sectores más conservadores de los votantes socialistas –es decir, los que Sánchez no perdió con Podemos- estuvieran dispuestos a tragarse el sapo y las justificaciones que oportunamente hiciera el PSOE, la formación morada ya se encargaría de darle un marco interpretativo al cierre de filas del establishment.

Por el contrario, aunque sería un giro radical en relación al autismo político de defensa del aparato que viene caracterizando a Sánchez, hipotéticamente tampoco puede descartarse que el PSOE permitiese un gobierno de Podemos sin entrar en una coalición, con la esperanza que de que rápidamente Podemos se queme entre las imposiciones de la Troika y se su propia estrategia política para dar lugar a un renacimiento del PSOE. Esta variante, de todos modos, me resulta la más improbable.

Pero entre facilitar un nuevo gobierno del PP y que gobierne el “coleta”, Sánchez puede intentar buscar variantes. ¿Una coalición en la que Ciudadanos juegue un inesperado papel central? ¿Un gobierno técnico con un independiente a la cabeza? Se podría seguir especulando, aunque en cualquier caso estas salidas implicarían ponerle el cascabel al gato del PP y que Rajoy bendiga el pacto.

Como sea, aunque Sánchez se empeña en ser lo más abstracto posible en cuanto a su política de alianzas, lo que está claro es que mantiene su estrategia: formar cualquier gobierno del que no forme parte Podemos. Y si esto implica que en último término gobierne el PP, puede que así sea.

La pregunta es, ¿por qué? Lejos de toda la propaganda maliciosa de la prensa sobre Podemos, la formación liderada por Iglesias está lejos de ser un "populismo radical", como lo tilda el PSOE, o de buscar instalar en España "un modelo como el de Venezuela" como dice el PP. Podemos no es un partido radical que pretenda cuestionar las reglas de juego. Pero tampoco es un partido del establishment. Aunque quiera serlo, no es del “club” y no merece confianza.

Podemos es una formación, concediéndole a Errejón el uso del concepto, con cierto aire “plebeyo”, a pesar de todos sus esfuerzos por actuar como un partido serio y moderado, con “responsabilidad de Estado” como le gusta decir a Iglesias. Su fuerza radica en ser la expresión distorsionada de una amplia ilusión social de millones que buscan una salida a años de padecimientos, aunque esta sea una ilusión cada vez más devaluada.

En última instancia, esto es lo que preocupa al PSOE. Un aparato que en las últimas cuatro décadas sufrió una metamorfosis extraordinaria, para dejar de ser un partido socialdemócrata y convertirse en un partido social liberal representante del establishment y los intereses capitalistas del imperialismo español.

Al PSOE no le preocupa sólo que una coalición con Podemos pudiese acelerar el camino de su decadencia y que Iglesias se transforme en el nuevo representante de una “socialdemocracia renovada”, controlando los principales resortes del Estado capitalista. También le desvelan las expectativas sociales que pudiese generar un gobierno reformista y, aún más, que esto pudiese cuestionar, aunque sea mínimamente, sus privilegios y los de su clase. Como todo aparato conservador, el PSOE prefiere que todo siga más o menos como estaba. El problema es que eso ya no es posible.

Lo trágico de todo esto, sin embargo, no es que el PSOE no vaya a hacer presidente a Iglesias. Sino que Podemos (junto con sus socios de Izquierda Unida) consideren como un aliado para formar un “gobierno del cambio” a un fiel representante de la dictadura del capital como es el Partido Socialista.

De este modo, como decimos en la declaración política de Clase contra Clase ante las elecciones del 26J, frente a las distintas variantes de “restauración conservadora” del Régimen político que barajan sus distintos representantes políticos, Podemos también encarna la posibilidad de una restauración, sólo que de tipo “progresista”. No es algo que nos sorprenda. Es la forma política que adquiere una estrategia que ha abdicado de toda posibilidad de transformación revolucionaria de la realidad y considera la conquista de las instituciones de la democracia liberal como la vía para humanizar el capitalismo.

Aunque, como decía hace unos días en un interesante debate organizado por “No Hay Tiempo Que Perder” en Madrid entre representantes de distintas organizaciones de la izquierda anticapitalista y revolucionaria española, un proyecto “progresista” junto con el PSOE es, por lo menos, un poco raro.






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