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Petroleros de Irán organizaron las mayores huelgas desde la Revolución de 1979

Desde hace más de 20 días los petroleros iraníes protestan organizando manifestaciones y huelgas salvajes en respuesta a una grave crisis económica y sanitaria acentuada por las sanciones estadounidenses.

Santiago Montag

@SalvadorSoler10

Viernes 16 de julio | 12:25

La huelga nacional de petroleros contratados en Irán por mejores salarios y condiciones laborales, se ha ido extendiendo desde el 19 de junio a 112 empresas de petróleo, gas y petroquímicas en al menos ocho provincias. Se trata del mayor movimiento huelguístico desde fines de 1978, cuando pusieron de rodillas al régimen del Sha respaldado por Estados Unidos.

De fondo está la situación abierta de profunda crisis política, económica y social desde la imposición de sanciones de Estados Unidos. El gobierno de los ayatolás descargó esa crisis económica sobre las clases populares, que se rebelaron en las mayores protestas nacionales en noviembre-diciembre de 2019, desencadenadas por un aumento de la noche a la mañana en los precios del combustible y las dificultades económicas generalizadas por una inflación que supera el 50%. Esas protestas fueron reprimidas con sangre por la Guardia Revolucionaria de Irán. Al menos 1.500 personas murieron, 2.000 resultaron heridas y 7.000 fueron arrestadas durante la represión del gobierno. En continuidad con esto,durante el 2020 la clase obrera comenzó a utilizar métodos de huelgas salvajes en las refinerías. Este año volvieron a irrumpir en la escena política sobre la base de aquella experiencia.

El nacimiento de la huelga salvaje

Todo comenzó en Assaluyeh, una ciudad en el sur de Irán donde la temperatura alcanza los 50 grados. Allí el polvo se pega a los ojos, la nariz y la boca. Los trabajadores de la construcción tienen que entrar en ciudades de tuberías incandecentes largas horas durante 20 días consecutivos hasta que consiguen su merecido (pero inadecuado) descanso.

Después de cada día bajo el sol intenso, como relata un trabajador, los dormitorios no son un refugio sino una fuente adicional de sufrimiento. Son campamentos extensos superpoblados de trabajadores, que viven con poca agua y sin espacio privado por un escaso salario que apenas asciende a 200 dólares al mes. Ellos viven en estos barrios, separados de sus familias, que rara vez las visitan porque es demasiado caro viajar a sus hogares lejanos y además carecen de días libres.

Por esto, 10,000 trabajadores que viven en condiciones similares a un campo de concentración dijeron ¡basta! El 20 de junio, lanzaron una huelga salvaje en las refinerías y plantas petroquímicas de la región. Las redes sociales como Twitter, Telegram y WhatsApp facilitaron la propagación de la huelga, y pronto se unieron el resto de los centros petroleros en Juzestán, Isfahan, Ilam, Teherán y Azerbaiyán Occidental.

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El comienzo de la huelga coincidió con el triunfo en las elecciones presidenciales de Ebrahim Raisi, el candidato de línea dura elegido a dedo por el líder supremo de la República Islámica de Irán, Ali Khamenei. Pero en contraposición, se dieron las tasas más bajas de participación electoral de la historia, acompañadas por una campaña de boicot de trabajadores y activistas, en una expresión de rechazo generalizado a la casta política iraní.

Las manifestaciones generalizadas subrayan las crecientes presiones económicas que se ejercen sobre un país que vive bajo las paralizantes sanciones estadounidenses y que enfrenta la quinta ola de la pandemia. En el último mes, más de 120.000 trabajadores, en su mayoría subcontratados, participaron en el paro, que incluyó manifestaciones y huelgas de hambre.

Las demandas incluyen un aumento de salarios al ritmo de la inflación, que se paguen los sueldos adeudados; mejores condiciones de trabajo, mejores estándares de salud y seguridad, y libertad de asociación y expresión. Pero además apuntan al corazón de la economía privada: terminar con el subcontrato, prohibir los despidos, reincorporar a 700 trabajadores despedidos por protestar y abolir las zonas económicas especiales, que permiten a los empleadores eludir las protecciones laborales.

También luchan por la organización independiente de la clase obrera en todos los lugares de trabajo donde las condiciones son igualmente precarias: no tienen protección médica, seguridad laboral, y hay persecución ideológica y sindical. Dado que los sindicatos independientes no están reconocidos en Irán, las acciones son coordinadas por comités de huelga, incluido el Consejo para la Organización de Protestas de Trabajadores Petroleros por Contrato, que organiza a 41.000 contratados en la industria petrolera. Los trabajadores, principalmente andamistas, montadores, soldadores y electricistas contratados, han anunciado que no volverán a sus tareas a menos que se cumplan sus demandas.

Los petroleros han desempeñado un papel histórico en la política iraní al mantener una posición estratégica en el corazón de la economía del país y la principal fuente de divisas del gobierno. Ahora irrumpen en la escena nacional de manera categórica, utilizando métodos como las huelgas salvajes, para enfrentar la profunda crisis económica causada por el bloqueo imperialista estadounidense y por el régimen clerical que representa los intereses de la élite gobernante iraní. Estas acciones radicales podrían convertirse en un punto de inflexión en la historia de los trabajadores contra los ayatolás instaurado en 1979.

Esta es la continuación de una oleada de huelgas que tuvo lugar en los campos petroleros de South Pars el verano pasado. Aquella vez se obligó a los empresarios a mejorar los salarios y las condiciones de vida, pero un año más tarde, cuando la crisis social en Irán se ha agravado y una nueva administración se prepara para tomar el poder, las huelgas se ampliaron tanto en extensión y radicalización a escala nacional.

Un panorama nacional de las huelgas

Hasta ahora, miles de trabajadores han paralizado parte del corazón palpitante de la economía iraní. Sus acciones han despertado a varios sectores del movimiento obrero para sumarse, bautizando las acciones coordinadas como la “Campaña 1400” (el año 2021 en el calendario persa).

Pero aún no han llegado a la Compañía Nacional de Petróleo de Irán, de propiedad estatal, donde unos 200.000 trabajadores, que tienen la producción central del petróleo en sus manos, reciben salarios tres veces más altos que los contratistas y disfrutan de mejores protecciones bajo la ley laboral iraní. Estos trabajadores “permanentes” u “oficiales” además de recibir más privilegios, están bajo el estricto control estatal.

Con una política de "divide y vencerás", el régimen iraní ha dejado de contratar trabajadores permanentes en muchos campos petroleros a medida que miles se jubilaban. Estos puestos fueron reemplazados por trabajadores jóvenes contratados de forma temporal, con salarios hasta ocho veces menores que uno de planta permanente. Esta práctica de estratificación laboral se extendió a las empresas petroleras y de la construcción pequeñas ubicadas en zonas económicas especiales, donde tienen el permiso de invalidar leyes laborales nacionales. Aunque la propiedad estatal del petróleo fue una conquista de la Revolución Iraní de 1979, el estado clerical actuó en nombre de los intereses empresariales privados y de la Guardia Revolucionaria para erosionar todos los logros populares.

¿Cuál es la situación económica de la clase obrera? La terrible situación económica que enfrentan está agravada por el aumento de la inflación, que supera el 50 %. Los precios de los alimentos aumentaron al 70 % en los últimos 12 meses y la moneda nacional se ha depreciado ocho veces desde 2018. Muchos iraníes dicen que no pueden pagar los alimentos básicos y el 60 % de los 90 millones de habitantes están siendo empujados a la pobreza debido a los bajos salarios.

Según el Banco Central de Irán, vivir en la capital, Teherán, cuesta 110 millones de riales (440 dólares) al mes, en otras ciudades cuesta 100 millones de riales (400 dólares). Mientras tanto, el salario mínimo para los trabajadores subcontratados es de alrededor de 25 millones de riales (100 dólares) al mes, y su salario máximo es de poco más de 40 millones de riales (160 dólares).

Las raíces de estos problemas económicos se remontan a las sanciones de "máxima presión" impuestas en 2018 por el ex presidente Donald Trump tras la retirada del Acuerdo Nuclear firmado por las principales potencias mundiales en 2015. El objetivo de las sanciones criminales era el cambio de régimen en Irán. Joe Biden asumió el cargo con la idea de volver al Acuerdo para pacificar la situación, pero las sanciones penales y la retórica agresiva han continuado. Hasta ahora, los diplomáticos han luchado por resucitarlo, pero es motivo de disputas internas dentro del círculo de asesores de política internacional norteamericana.

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Por otro lado, la nueva administración iraní es contraria a volver al Acuerdo, por esto la vuelta de Irán pende de un hilo. Mientras tanto la pandemia de coronavirus sigue asestando golpes a la economía. Muchos empleadores, incluso a entidades estatales, han estado con dificultades para pagar los salarios. Por eso, en los últimos meses Irán fue testigo de decenas de protestas diarias en varias ciudades e industrias por cuestiones salariales, de jubilación y de pensiones.

Este activismo obrero subraya las crecientes presiones económicas que sufre el país en su lucha por librarse de las aplastantes sanciones del imperialismo, y fueron esporádicas debido a la antigua prohibición de organizar a los trabajadores independientes en Irán. Sin embargo, la huelga nacional de los trabajadores del petróleo ha dado un nuevo peso a estas acciones obreras.

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Las perspectivas de las huelgas petroleras

La huelga de los trabajadores petroleros ha despertado una enorme simpatía por parte de otros sectores laborales del país. Trabajadores de la salud, maestros, trabajadores automotrices y camioneros han expresado su solidaridad. Muchos de ellos también luchan por separado, como los trabajadores agropecuarios, pero los petroleros tienen la capacidad de hegemonizar a todos estos sectores. Su extensión puede tener un efecto rápido y paralizante en todo el país al atraer la solidaridad de otras ramas industriales.

El apoyo público a la huelga lo expresaron varios sindicatos importantes, como el Sindicato de Trabajadores de Haft Tappeh, el Sindicato Libre de Trabajadores Iraníes, el Sindicato del Departamento de Pensionistas y los jubilados del Consejo de Irán, y familias que buscan justicia para los asesinados durante las protestas de 2019. Otros sectores sociales, como estudiantes, intelectuales y activistas que participaron activamente en 2019 en Irán, han compartido el lema "Los trabajadores están siguiendo la voz de noviembre".

Muchos petroleros permanentes han expresado su solidaridad con los trabajadores subcontratados. Algunos organizaron una huelga por sus condiciones laborales, pero la terminaron por presión del Ministerio de Petróleo. Si los trabajadores permanentes se declararan en huelga con toda su fuerza, las alarmas comenzarían a sonar para el gobierno, ya que tienen el poder de afectar el proceso de producción en la estratégica industria petrolera.

El presidente Hassan Rouhani y el ministro de Petróleo, Bijan Namdar Zangeneh, ya están prometiendo aumentar los salarios de los sectores oficiales y estatales de la industria petrolera en un esfuerzo por evitar la propagación de las huelgas. El presidente entrante de Irán, Raisi, una figura del poder judicial que ha sido responsable de perseguir, encarcelar y torturar a toda la oposición al régimen, incluidos los líderes sindicales, podría adoptar una postura aún más firme.

Por otro lado, Raisi tiene buenos vínculos con los jefes de los contratistas, y su estrategia puede pasar por hacer algunas concesiones cuando asuma el cargo en agosto para calmar las protestas y perseguir a los líderes de la huelga. Es probable que Raisi cuente con que las inestables conversaciones nucleares en Viena concluyan lo antes posible para que se puedan levantar las sanciones estadounidenses, liberar los activos congelados y las exportaciones de petróleo puedan volver a los niveles anteriores.

De cualquier manera, la República Islámica se enfrenta a una posición cada vez más precaria, lo que lleva a muchos comentaristas políticos a especular si la República Islámica comenzará a colapsar durante una conjunción similar a la del régimen del Sha en la década del ‘70. La clase obrera que paralizó la economía iraní en 1978 demostró su capacidad política de liderar a la sociedad de manera revolucionaria. De tal forma que, los petroleros especialmente siguen siendo temidos por el régimen burgués islámico, dada su posición estratégica tanto dentro de la economía iraní como en la mundial.

¿Porqué? Las luchas por salarios y condiciones laborales en 1978 llevaron a los trabajadores petroleros, junto con otros sectores de la clase trabajadora, a construir organismos de autoorganización: las shoras. Luego de tomar el poder, le tomó años al régimen clerical-militar disciplinar y reprimira la clase trabajadora que cumplió un rol central en esa gesta revolucionaria.

El malestar actual entre los trabajadores del sector energético no coincide con la intensidad de las protestas de hace 42 años, cuando un movimiento revolucionario masivo que ya estaba en las calles dio a los trabajadores petroleros permanentes la confianza en sí mismos para ir a la huelga por decenas de miles politizando rápidamente las huelgas. Pero el descontento generalizado con el liderazgo político del país refleja el de la década de 1970. La legitimidad del régimen está en su punto más bajo desde la revolución, como lo demostró la baja participación electoral en junio de este año.

Al mismo tiempo, los sectores que se despertaron para luchar sin descanso durante las dos recientes oleadas de lucha de clases, en 2017-18 y 2019-2020, siguen siendo políticamente activos a pesar de que sus líderes son perseguidos y encarcelados por la Guardia Revolucionaria de Irán. Estas luchas populares, como resultado del descontento generalizado con la liberalización económica y el régimen de sanciones, han cuestionado la explotación y la opresión de un régimen clerical-militar neoliberal y las condiciones económicas provocadas por las sanciones imperialistas

La batalla de los trabajadores petroleros contratados refleja la creciente hostilidad a la miseria generada por el neoliberalismo entre amplios sectores de las clases trabajadoras en Irán y en otros lugares. Como lo refleja una pancarta que desplegaron estudiantes en diciembre de 2019 en Teherán para apoyar las protestas a nivel nacional: “Irán, Francia, Líbano , Chile… La misma lucha. Abajo el neoliberalismo ”. Y como dijo un trabajador petrolero: "Con suerte, nuestras voces se escucharán en todo el mundo".

Para que la lucha avance, es clave establecer la unidad entre los trabajadores contratados y permanentes que tienen el poder de frenar totalmente la producción. Si los petroleros permanentes se unieran a las huelgas, entonces tendrían la fuerza para asumir demandas más amplias que afectan a las masas populares en Irán frente al régimen clerical-militar y las sanciones imperialistas impuestas por Estados Unidos. Al mismo tiempo, será necesario que los trabajadores avancen en una dirección independiente de todos los sectores políticos que buscan inmiscuirse en esta huelga para sus propios intereses, como el expresidente conservador Mahmoud Ahmadinejad, o quienes intentan negociar rápidamente con el régimen sin desarrollar esta lucha hasta el final.

La huelga petrolera ha dado pasos importantes en este sentido, siendo un factor fundamental para hacer un puente entre las revueltas y una revolución. Su triunfo podría ser un gran golpe para el régimen. Pero además, podría inspirar a los pueblos oprimidos de Medio Oriente que luchan contra el capitalismo y el imperialismo, que ha ahogado a la región en guerras fratricidas mientras explota sus recursos. Como dice un trabajador entrevistado: “La moral es increíblemente alta y tienen la voluntad de continuar la huelga hasta el final. Nosotros ganaremos. No tengo dudas."






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