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Red Internacional

En una rueda de prensa el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha anunciado esta noche que abandona todos sus cargos y se retira de la política activa, después de haber asegurado en la campaña que “venía el fascismo”. Crisis total en Podemos.

Martes 4 de mayo | Edición del día

Hace dos meses, Pablo Iglesias anunciaba que dejaba su cargo de vicepresidente para dar una “batalla épica” contra el “fascismo” en Madrid. Esta noche, después del triunfo arrasador de la derecha del Partido Popular –que gobierna en la Comunidad de Madrid hace 26 años– el líder de Podemos ha anunciado que se retira de la política. Insólito.

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La decisión no puede ser más desconcertante para muchos de sus votantes que en estas elecciones apoyaron a la formación morada. Si lo que estaba en juego era la lucha entre “democracia” o “fascismo”, ¿cuál ha sido el resultado? ¿Ha triunfado el “fascismo”? ¿Y entonces cómo puede ser que el dirigente de Podemos abandone la política justo en este momento? Para el PP y para VOX no hay mejor regalo para terminar el día de hoy: ahora pueden decir, no solo que han ganado las elecciones, sino que han logrado una derrota aplastante sobre Podemos y que encima han acabado con la carrera política de su líder.

Pablo Iglesias llegó a la política hace siete años con un proyecto que prometía “asaltar los cielos” para terminar con la “casta política” del PP y el PSOE. Rápidamente, su programa neorreformista se fue moderando, pegando un salto en este camino cuando Podemos entró en la gestión de los gobiernos capitalistas de grandes ciudades del Estado español. Pero el momento de mayor adaptación al Régimen llegó hace un año, con la integración de cinco ministros de Unidas Podemos al gobierno español, liderado por el PSOE.

Esta noche, Pablo Iglesias cierra un ciclo político. Después de haber logrado recomponer al PSOE como uno de los pilares del régimen político español, se retira de la política. “Servicios prestados”, le podría decir algún personero del régimen. En medio, Pablo Iglesias ha sido cuestionado por los métodos bonapartistas utilizados dentro de Podemos contra los sectores opositores, por su pragmatismo electoralista, siempre dispuesto a conceder algo para llegar al gobierno. En estas últimas elecciones, sin embargo, muchos creyeron que “volvía” un Pablo Iglesias de los orígenes, con un discurso “antifascista” y que se dirigía a los barrios obreros. Pero ha sido todo un fraude. Tan solo una estrategia electoral para evitar una caída catastrófica de Podemos, que ya estaba anunciada. La presencia de Pablo Iglesias en las elecciones logró mantener a la formación dentro de la Asamblea de Madrid con un 7% de los votos, aunque quedando en último lugar.

El devenir de Pablo Iglesias, como el mejor “bombero” del Régimen del 78 ha cerrado un ciclo político. Pero no es hora de “llorar” por el triunfo de la derecha, ni mucho menos de retirarse como una salida individual (que seguramente resulta placentera para aquellos que pueden hacerlo en un chalet de Galapagar).

Es hora de luchar por una mayor organización de los trabajadores y trabajadoras en sus lugares de trabajo, de luchar por poner de pie al movimiento estudiantil y a la juventud precaria, contra las consecuencias de una crisis que los capitalistas quieren hacernos pagar otra vez. Es momento de avanzar con decisión para construir una izquierda anticapitalista y de clase que supere la bancarrota del neorreformismo.




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