Géneros y Sexualidades

ALERTA FEMINISTA

Otra vez la noticia desgarradora

Ayer se realizó una nueva alerta feminista. Esta vez por una niña violaba y asesinada por su padrastro, un fusilero naval, en Rivera. Ya son 13 mujeres asesinadas en lo que va del 2019.

Miércoles 31 de julio de 2019

“Otra vez. Otra vez la noticia desgarradora …” así arranca la proclama que se lee colectivamente al culminar la movilización que protagonizamos las mujeres a razón de una cada 15 días. Porque esa es la estadística en Uruguay: una mujer es asesinada cada 15 días, solo por su condición de género.

En esta ocasión sentimos el dolor más agudo ya que se trata de “una de nuestras hijas”, una niña de tan solo 4 años, Anna Clara Da Silva Palombo, quien fuera abusada y asesinada a golpes por su padrastro, cuyo nombre habría trascendido y se llamaría Jonathan Alves, un militar fusilero naval de 31 años.

Ayer, como cada 15 días, nos encontramos cientos de mujeres jóvenes y no tanto, estudiantes, amas de casa, trabajadoras, militantes y no, para gritar que no queremos más mujeres y niñas muertas, que nos queremos vivas y que no vamos a parar hasta que el patriarcado caiga.

Las cifras de los feminicidios en Uruguay no solamente son escalofriantes, sino que parece que nos vamos acostumbrando. Nadie se escandaliza y por eso las mujeres salimos a las calles a denunciar que nos siguen matando.

Estado, Patriarcado y Capitalismo

Las mujeres sabemos que los hombres violentos no son casos aislados, sino que, como decimos nosotras, son “hijos del patriarcado”. Este sistema capitalista y patriarcal es quien manda a la pobreza a miles de mujeres. Las mujeres constituyen el 70 % de las personas pobres en el mundo. Somos las más precarizadas, las que tenemos los trabajos menos calificados y peor valorados socialmente. Somos las que sostenemos el trabajo doméstico, un trabajo no remunerado cuyo beneficiario es el capitalista que se garantiza – gratis – la reproducción de la fuerza de trabajo que necesita.

Y el sistema basa su dominación en el machismo y la subordinación de la mujer. Así, nos cosifican, utilizan nuestros cuerpos como objeto de satisfacción masculina, nos prostituyen, nos raptan, nos tratan, nos menosprecian y nos violentan de mil maneras. Por más que haya quien no le guste escucharlo, el feminicidio es la última de una cadena interminable de violencias que van calando hondo en nuestra subjetividad.

El problema no son los hombres, es el patriarcado, y hay que tirarlo. Por eso salimos a la calle, una vez más. Y el Estado, que es responsable, no nos escucha. Porque no ha mejorado la educación de nuestros hijos e hijas, porque sigue permitiendo que la Iglesia Católica se entrometa en ella, porque no financia la Ley Integral contra la Violencia de Género que, cínicamente votaron “para la foto” pero que está pintada y sin poder instrumentarse. Porque no nos creen cuando vamos a denunciar la violencia que sufrimos, y nos re-victimizan. Por la justicia también es patriarcal, y nos trata de locas o de provocar la violencia.

Lo vamos a tirar …

El movimiento de mujeres organizado debe replantearse cuestiones metodológicas y programáticas. Si queremos continuar movilizadas y en las calles debemos redoblar los esfuerzos para que las mujeres se organicen de forma independiente no solo del Estado sino también de los partidos políticos que tienen responsabilidad en nuestra opresión.

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¿Cómo? Colaborando para que en los sindicatos y en los lugares de trabajo y estudio puedan surgir Comisiones de Mujeres que tomen en sus manos la lucha por la igualdad y por todos nuestros derechos, en todos los ámbitos. Y si queremos tirar al sistema capitalista y patriarcal, entonces tendremos que definir como nuestra pelea estratégica la unidad con la clase trabajadora, la única que pueda darle un golpe de gracia a este re podrido sistema opresor, y la que puede construir una sociedad más igualitaria sobre bases igualitarias tanto en lo económico como en lo político, social y cultural. Y en ese mismo camino, luchar contra el machismo impregnado en los sindicatos, en las organizaciones obreras, en los centros de estudios, en las facultades, y en nuestros propios hogares.

Solo así podremos concretar nuestro anhelo de “Fuego al patriarcado”.






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