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Red Internacional

ABUSOS DE LA IGLESIA. No es necesario leer la letra chica Sturla

Hace unos días atrás, terminábamos la semana, envueltos en declaraciones dolorosas y cargadas de un doble discurso, provenientes del arzobispo de Montevideo Daniel Sturla, en el programa "La palabra" conducido por Julio Ríos a donde fue invitado.

Miércoles 19 de septiembre de 2018 | 12:25

La entrevista tomó su curso natural hacia una temática sensible y delicada, ante la cual, el cardenal Sturla, quiso hacerse de todas las herramientas posibles para mostrar la mejor cara de una institución abusiva, y como era esperable no resultó, porque hay cosas que no se pueden maquillar más.

Últimamente, los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes hacia niños y adolescentes, se han destapado a sobremanera, no solo a nivel país, sino a nivel mundial. Nos encontramos con el caso de Pennsylvania en EEUU, donde a través de un informe se develaron los abusos cometidos durante 70 años, en manos de 300 sacerdotes, a aproximadamente más de 1000 niños.

Por otro lado ECA Global (Ending Clering Abuse, por sus siglas en inglés) ha presentado un informe donde se estima cual es el número de víctimas de pederastia clerical reconocidas en el mundo. Es importante destacar, que esta organización de supervivientes del abuso clerical, para realizar dicho informe, solamente utilizó datos de informes de comisiones estatales, de investigaciones judiciales y de comisiones internas de la Iglesia, llegando a la conclusión de que aproximadamente existen 100.000 víctimas de pederastia clerical reconocidas en todo el mundo, y esto claramente sin contar aquellas denuncias realizadas ante los medios, y sin contar, a todas aquellas víctimas que aún viven en el silencio.

Esto que ahora se destapa a toda fuerza es algo que siempre existió. Los abusos por parte de los sacerdotes se remontan a tiempos muy lejanos, donde como representantes de una institución a la que siempre se le atribuyó el carácter de "superior" y "sagrada", tenían injerencia directa sobre cuestiones políticas e incluso referidas a la vida familiar de las personas. Realmente no tan alejado de la realidad actual.

Uruguay no queda fuera de este panorama, la pederastia eclesiástica también existe al interior de nuestras fronteras, porque no hay país que escape al abuso ejercido por la Iglesia Católica.

Por lo tanto, es de esperar que con el bombardeo masivo de información, a la que hoy accedemos fácilmente, resulta más sencillo conocer este tipo de casos, que antes lograban ocultarse de forma efectiva, por lo que es lógico y esperable, que cuando el tema "niños" se pone sobre la mesa y hay un clérigo formando parte del diálogo, la conversación siempre va a derivar hacia el abuso sexual clerical.

Esto fue lo que ocurrió en la entrevista realizada al cardenal Sturla por Julio Ríos. El tema niños se puso en tela de discusión, y no faltaron las preguntas en cuanto a los abusos sexuales llevados a cabo por la institución. Lo que resultó vergonzoso fue la respuesta del cardenal quien consideró en sus propias palabras que el abuso sexual "no ha sido un tema con niños sino con adolescentes menores”, que aunque el hecho era grave de todas formas "una cosa es la letra grande y otra cosa la letra chica".

Quisiera que alguien le explicara a Sturla que si realmente no quiere quitarle relevancia ni gravedad al hecho, comience por no hacer una diferenciación entre la edad de los menores abusados. Como hacerle entender, que el abuso sexual, es repudiable a niveles generales, pero cuando hablamos de niños y adolescentes menores, ni siquiera es considerable tal distinción, estamos hablando de individuos que no han alcanzado un nivel de madurez adecuado aún, que son víctimas de la manipulación de un adulto que desde una postura autoritaria hace abuso de su falso poder y su discurso religioso para abusar de alguien, que por su edad, por la vergüenza impuesta y muchas veces por la falta de entendimiento total de la situación, incurrirá en el silencio. Estamos hablando de un daño psicológico, que no se borrará, no importa si es un adolescente menor o un niño, ambos tienen el derecho de vivir una vida plena, sin miedo, y que eso no sea arrebatado por alguien que condena el vivir del resto de la sociedad, pero que comete las mayores atrocidades escudándose en el carácter "sagrado" de una institución. No necesito leer la letra chica Sturla, la grande ya dice mucho de lo que es la Iglesia Católica.

El cardenal, se escuda en que la iglesia durante muchísimos años actuó erróneamente, pero ahora hace menos de una década que tiene "absoluta claridad de cómo debe actuar y que debe hacer", lo que además de ser una falsedad, es una gran ironía, porque aunque fuese real, jactarse de que hace menos de una década se tomó conciencia de que no se debe abusar sexualmente de niños y adolescentes ,cuando se destapan casos a diario y cuando realmente, nunca deberían haber existido tales abusos, me resulta una falta de respeto; en especial para las víctimas y sus familias.

Sturla camufladamente, sugiere que se presenta una condena social más agravada cuando los abusos son en manos de sacerdotes (al filo de victimizar a los abusadores), porque según su percepción, abusos sexuales existen en toda la sociedad pero no se le atribuye tanta repercusión. Quiero destacar en primer lugar que los abusos sexuales en niños y adolescentes especialmente, tienen un impacto importante a nivel general dentro la sociedad, al menos de parte de aquellos que consideramos que es algo digno de indignarse y no dejar pasar. Pero resulta relevante, tener en cuenta que quizás, uno condena con mayor fuerza y bronca un abuso clerical, porque la iglesia se atribuye el carácter de juez y gendarme ante las conductas que van en contra de su acotado pensamiento institucional, apoyándose en cuestiones religiosas, filosóficas y metafísicas, para limitar el libre accionar de la sociedad, por lo que resulta irónico que quienes tanto condenan al resto, quienes prohíben , quienes determinan que entra dentro de los límites de la moral y que no, cometan atrocidades de este calibre, y ni siquiera se hagan responsables como institución de reparar el daño.

Aquellos que condenan la homosexualidad, el concubinato, los métodos anticonceptivos, la infidelidad, la mentira, el aborto y a las mujeres libres (entre tantas otras restricciones que podemos encontrar solamente recorriendo los mandamientos), se creen con el poder y la impunidad suficiente para llevar a cabo todas aquellas acciones que repudian y condenan, dejando en el camino un sin fin de víctimas.

Me resultó impactante de todas formas la falta de reacción de los creyentes ante los dichos de Sturla. Considero evidente que no todos los que forman parte de la Iglesia Católica están a favor de los abusos sexuales en niños y adolescentes, entonces: ¿Por qué los creyentes no se proclaman y se oponen ante este tipo de dichos? Si yo formo parte de una institución que esta públicamente haciendo declaraciones violentas y no estoy de acuerdo: ¿No tengo la obligación moral incluso de proclamarme en contra de tal injusticia?

¿Cuál debería ser el rol del Estado?

No existe una obligación únicamente de los creyentes en lo que refiere a poner un freno ante las conductas de la Iglesia Católica, el Estado debería responsabilizarse y accionar.

Basta de tolerar los abusos cuando provienen de instituciones religiosas. La justicia debe hacer honor a su nombre y no permitir que algunos queden eximidos de condena solo porque cumplen un rol diferente a nivel social.
Basta de tolerar la injerencia de la iglesia en políticas educativas de las escuelas públicas.

Basta de ceder el poder y de permitir la interferencia de dicha institución en el material educativo que se les brinda a los alumnos en materia de educación sexual.
Es necesario recordar que la Iglesia Católica uruguaya cuenta con información vital respecto a los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar y se niega a entregar los archivos que posee, que de hacerlo sería de gran relevancia para los familiares y para la justicia con el fin de investigar el destino de los desaparecidos.

Entendamos de una vez que somos un Estado laico, y que se esto demuestre de forma integral en la práctica.

Este tipo de acciones, tanto a nivel nacional como internacional, donde vemos a la Iglesia como un grupo de presión que se moviliza para frenar la obtención de derechos, donde vemos a la Iglesia repudiando al feminismo, donde vemos a la Iglesia incurriendo en reiterados actos de violencia, me hacen pensar cada vez más en la necesidad de apostatar.

¿Qué es la apostasía?

Por definición la apostasía es la renuncia que hace una persona de sus creencias religiosas o políticas y abandono de su religión o del partido político al que pertenecía. No hay que ser realmente creyente, con ser bautizados, ya formamos parte de los fieles de la Iglesia aunque efectivamente no practiquemos la religión.

¿Por qué es importante apostatar?

● Porque muchos fuimos bautizados al nacer, sin ningún poder de decisión sobre esto y aún nos vemos atados a una institución con la cual no compartimos valores ni principios morales.
● Para no legitimar su intromisión en el sistema educativo.
● Para no fortalecer a una institución que promueve el odio y la exclusión amparándose en un discurso religioso con carácter ultraconservador. Es importante tener en cuenta que muchos de los conceptos que imperan en esta sociedad tiene una fuerte influencia por parte de la Iglesia.
● Para quitarle beneficios fiscales a la Iglesia Católica, que necesita de un número determinado de fieles, para recibir subvenciones estatales.

¿Cómo apostatar?

Es un simple trámite administrativo que se realiza presentando la fe de bautismo y una carta con datos personales en la diócesis correspondiente. Por más información se puede ingresar a Apostasía en Uruguay o a través del correo [email protected]

Es importante comprender que la apostasía no es una cuestión exclusivamente de creyentes o ateos. No implica dejar de creer en el caso de que así sea, simplemente implica ser libres y no avalar que en nuestro nombre, se discrimine, se abuse, ni se impidan progresos sociales.

¡La única iglesia que ilumina, es la que arde!




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