SEMANARIO

No culpes a la correlación de fuerzas

Fernando Rosso

política
Foto: Facebook de Leandro Santoro.

No culpes a la correlación de fuerzas

Fernando Rosso

Ideas de Izquierda

En una nueva entrevista en el programa Pasaron Cosas, el candidato a diputado por el Frente de Todos en la ciudad de Buenos Aires, Leandro Santoro, volvió a deslizar una serie argumentos que viene repitiendo en la defensa de las políticas (y sobre todo de las capitulaciones) del Gobierno. Entre ellos, el principal fundamento al que recurre en la última trinchera es el de la famosa “correlación de fuerzas”.

Hay múltiples cuestiones que se pusieron sobre la mesa y que son muy discutibles o, por lo menos, problematizables, por ejemplo: ¿qué rol cumplió el ajuste —innegable y reconocido hasta por Cristina Kirchner— en la conformación de la relación de fuerzas? Porque Santoro toma como un hecho dado la derrota electoral del oficialismo como uno de los factores adversos en el nuevo escenario, pero no explica las causas de ese fracaso. O peor, al acentuar tanto que “hay que tener en cuenta que en las elecciones ganó una fuerza de derecha y otra de ultraderecha” (sic) compra –por conveniencia– el relato de los grandes medios que afirma que en las elecciones la sociedad pidió unilateralmente un giro a la derecha. De esta manera, no sólo oculta las expresiones por izquierda de una fracción de los votantes que permitieron que el FIT se constituyera como la tercera fuerza nacional, sino que obvia un dato muy relevante de las PASO: una gran parte del electorado votó –lo hizo en blanco o se abstuvo– para que pierda el Gobierno y no para que gane la derecha.

Otro argumento muy flojo de papeles es el que plantea que cualquier enfrentamiento puede desatar un “caos social” como si la situación actual (con la mitad de la población en la pobreza) no fuera un “caos social” inconcebible hasta para los parámetros promedio de la historia del país, solo comparable a las cifras catastróficas de los años 2001-2002, una de las crisis más agudas que tuvo lugar en la Argentina contemporánea.

Pero, yendo al argumento central o más general, uno de los procedimientos de su narrativa política se basa en conjeturar que la relación de fuerzas es un hecho casi natural, conformado por una estructura económica, política y social corrida a la derecha sin remedio, como guiada por un péndulo mecánico e inevitable. Es una especie de fatalismo en el sentido contrario del que profesaban las socialdemocracias históricas (y los estalinismos) que opinaban que no importaban los combates porque todos los caminos conducían al “socialismo”; en este caso, no conviene ninguna lucha porque todas están condenadas. La resultante quietista e inmóvil es la misma: no lucho porque no lo habilita la relación de fuerzas y la relación de fuerzas se agrava porque no lucho. En el argumento del “riesgo” (todo cuestionamiento o compulsa es demasiado riesgosa) opera por progresión otro razonamiento circular: el conflicto conduce a la lucha y la lucha, de manera inevitable, a muchos riesgos; para evitar el riesgo, eludamos la lucha mediante la omisión del conflicto. La historia en general y la reciente en particular, niega esto: en diciembre de 2017 las calles cambiaron la relación de fuerzas contra el macrismo (que venía de triunfar en las elecciones de medio término) y todo lo demás fue una consecuencia de aquellos acontecimientos.

Santoro arguye que quienes proponen repudiar la deuda o enfrentar al Fondo Monetario lo hacen para “quedarse con la conciencia tranquila”. Sin embargo, su relato sobre los vaivenes de la política contiene un razonamiento por demás tranquilizador y que lo absuelve de toda responsabilidad: cuando se logran avances o se conquistan derechos es por mérito de alguna voluntad política, cuando se retrocede es culpa de la sociedad. Hipersubjetivista cuando se obtienen concesiones o se imponen por conflictos y un objetivista extremo cuando las cosas se ponen hostiles. No estaría mal de vez en cuando hacerse cargo sin que culpes a la noche, a la playa, a la lluvia, a la correlación de fuerzas o a la sociedad.

El planteo tomado de conjunto conduce a la negación, no ya de alguna política “revolucionaria”, nadie cree que el Frente de Todos pueda asumir una perspectiva de estas características, sino a la negación de toda política. La política –no necesariamente la política socialista, sino la política en general–, desde Maquiavelo para acá, se define como la actividad que busca crear nuevas relaciones de fuerza y por lo tanto debe ocuparse del “deber ser”. Según el florentino, esa cualidad diferencia al político del diplomático (o del analista). El “diplomático” se reduce a relatar la “realidad efectiva” porque su actividad no tiende a generar nuevos equilibrios sino a conservarlos. No es garantía de éxito porque ninguna disputa política tiene garantizado el triunfo de antemano; en ese terreno lo único que se puede prever “científicamente” es la lucha. Cuando Santoro le contesta a Alejandro Bercovich “goberná vos”, cree que está postulando la realización de una proeza, pero si “gobernar” se reduce a dar cuenta de las relaciones de fuerza, de los límites, de los hechos consumados o de lo imposible –no como punto de partida, sino de llegada– lo más probable es que ya no estés gobernando nada y que, en realidad, estés siendo gobernado por los otros: por el FMI, por los poderes fácticos y por todo lo demás también.


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@RossoFer
Periodista. Editor y columnista político en La Izquierda Diario. Colabora en revistas y publicaciones nacionales con artículos sobre la realidad política y social. Conduce el programa radial “El Círculo Rojo” que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos 89.9.