Política Uruguay

¡No al Pacto Social con el gobierno y los empresarios!

El gobierno viene amenazando con suspender la ronda de los Consejos de Salarios y congelar las discusiones hasta julio de 2021. Pero, ¿no era que “urgente es la gente”? El PIT-CNT debe impedir que nos roben el salario mientras miles están en el seguro de paro.

Jueves 18 de junio | 08:50

Marcelo Abdala, Pablo Mieres y Pablo Durán. Fuente La Diaria

El gobierno se ha posicionado durante toda la pandemia a favor de los empresarios: una de las primeras medidas fue habilitar el envío al seguro de paro especial, sin importar cuánto las empresas habían sido afectadas por la crisis sanitaria y la paralización económica del primer mes de aislamiento social voluntario. Así, muchas de ellas se aprovecharon y mandaron a la totalidad de su plantilla al seguro, hoy con pocas expectativas de que todo el personal retome sus actividades.

Para el sector más vulnerable de la sociedad, aquellas familias que reciben las prestaciones del MIDES, el gobierno atinó a incrementar en un porcentaje los magros ingresos, que son menos que paliativos y parecen más una miseria.

Y para los cientos de miles – se calculan entre 300 y 400 mil personas – de trabajadoras y trabajadores informales, el gobierno entregó una partida de $ 1.200, a la que luego se sumó otra partida por el mismo valor, en una actitud cínica y denigrante para quienes de un momento a otro perdieron todo.

También implementó compulsivamente un recorte en los salarios de los empleados públicos que superaran los 120.000 pesos nominales, mientras que mantuvo la ganancia de los empresarios. Toda una muestra de “solidaridad de clase”, con la clase empresaria.

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Pérdida de salario real para los privados

El ministro de Trabajo, Pablo Mieres, anunció la propuesta del gobierno: suspender los Consejos de Salarios previstos para este año y topear el aumento de salarios hasta mediados del 2021. Un nuevo regalo para las patronales.

El gobierno propone un “período puente” de un año en el que se fijará un aumento de un 3 % al 10 de enero de 2021, prorrogable al 1° de abril para los sectores más afectados por la emergencia sanitaria. Este magro aumento es consecuencia de descontar la caída de la economía (PIB) y constituye una pérdida de salario real ya que la inflación, a la fecha, asciende al 11 %.

Frente a esto, se plantea nuevamente la necesidad de pelear por el salario, no solamente para que no se vea reducido sino para que aumente en función de la (verdadera) inflación. El PIT-CNT debe cuidar el salario y no rifarlo en pos de la mantención de los puestos de trabajo.

¿Empleo o salario?

Nuevamente el gobierno nos pone en la falsa dicotomía entre mantener el empleo a costa de reducir el salario, o mantener el salario a costa de despedir masivamente. Pero esta dicotomía es falsa, porque la clase trabajadora no puede mantener el empleo a cualquier costo, es decir, no puede elegir mantener el empleo a costa de reducir sus ingresos o de flexibilizar sus condiciones de trabajo, cuestiones que no son otra cosa que un aumento de la precarización laboral (largas jornadas de trabajo por un sueldo de miseria, y pésimas condiciones laborales).

Sin embargo, este no parece ser el razonamiento de los principales dirigentes sindicales del PIT-CNT. El Secretario General, Marcelo Abdala, que además es dirigente del Partido Comunista, mencionó en su discurso de cierre del Paro Parcial del pasado 4 de junio, que “compartir el tiempo de trabajo con el tiempo de seguro de paro (rotación), reducir la jornada de trabajo para que nadie quede afuera, aumentar los tiempos y montos de subsidio de seguro de paro, generar inversión en nuevos lugares de trabajo es esencial", y que "Hay que hacer todos los esfuerzos para que se mantengan los vínculos laborales de los trabajadores y trabajadoras con las empresas”.

Pero la rotación con el seguro de paro redunda en una reducción salarial, por más que se aumenten los porcentajes, nunca es al 100 % del salario (además de que un porcentaje del mismo lo paga el Estado, o sea, todos los trabajadores y trabajadoras que pagan sus impuestos). O sea que las empresas reciben subsidios, exoneraciones, posibilidad de no pagar la totalidad del sueldo a su plantilla, mientras que las trabajadoras y trabajadores reciben un salario recortado, y tienen que arreglárselas sin chistar … ¡¡y encima esto es visto como un triunfo!!

Por supuesto que la clase trabajadora debe luchar por mantener el empleo, pero no a costa de cobrar una miseria. Si no, veamos lo que sucede en los sectores donde la precarización laboral ha avanzado a lugares insospechados, como en McDonald’s, que mantiene el vínculo con sus jóvenes trabajadores y trabajadoras, pero a costa de pagarles un promedio de $ 2.000 por quincena, ya que flexibiliza al máximo la jornada de trabajo manteniendo los ritmos extenuantes que impone para brindar el servicio de comida rápida. La empresa multinacional mantiene el vínculo laboral pagando una miseria y, cínicamente, no despide a su plantilla ni tampoco la manda al seguro de paro, ya que ni siquiera se podría calcular cuál es el salario nominal por la permanente fluctuación de la jornada laboral.

La reducción de la jornada laboral

No solo Abdala planteó la reducción de la jornada laboral. También lo hizo el Presidente del PIT-CNT y dirigente de la Agrupación Gerardo Cuesta, Fernando Pereira quien, con motivo del paro pasado, afirmó ante la prensa que "estamos dispuestos a bajar la jornada laboral para mantener los puestos de trabajadores". Pero esta reducción, ¿es con reducción del salario? ¿A quién le sirve que se reduzca la jornada laboral cuando también se reduce el salario, y el trabajador o trabajadora verá mermado sus ingresos?

Esta es la puerta de entrada para la precarización laboral ya que, para completar un ingreso digno que permita llegar a fin de mes, los trabajadores y trabajadoras deberán rebuscársela abaratando el valor de su fuerza de trabajo.

No podemos permitir una reducción salarial – y menos en tiempos de pandemia – y, en todo caso, debemos luchar por la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial, y así promover que se abran nuevos puestos de trabajo y repartirlo entre todas las manos disponibles. Esta sería una verdadera reivindicación obrera para combatir la pérdida salarial y la desocupación, una medida básica por la que debería luchar el PIT-CNT a través de la concreción de un plan de lucha escalonado y una huelga general hasta imponerla. Esto es lo contrario a lo que proponen Abdala y Pereyra.

¿Y si ajustamos a los empresarios?

Las crisis son descargadas sobre las espaldas de quienes viven de su trabajo, pero, ¿qué pasaría si ajustáramos a quienes viven del trabajo ajeno? Empresas multinacionales instaladas en el país han venido enriqueciéndose a partir de la precarización de la masa laboral y de la superexplotación y la intensificación de los ritmos de trabajo. La multimillonaria McDonald’s, por ejemplo, con posiciones en más de 100 países a nivel mundial, obtiene por día ingresos del orden de los U$S 62 millones por sus ventas.

Un reclamo del PIT-CNT debería ser el de aplicar mayores impuestos a las ganancias de los capitalistas, en vez de permitir que se ajuste el salario obrero.

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El Pacto Social no es salida para la clase trabajadora

Abdala, en su discurso, mencionó la idea de bregar por un “Pacto Social”. En el mismo sentido van las frases y alusiones a que “de esta crisis salimos entre todos” y otras similares, que fomentan la idea de una “unidad nacional” contra el Coronavirus y por la defensa de la economía nacional.

Pero los empresarios se salvan a ellos mismos, ayudados por los gobiernos de turno – y hoy toca uno totalmente afín a sus intereses – a costa de hundir en la miseria y la pobreza al conjunto de la clase trabajadora (aún manteniendo el empleo). El aumento de la productividad, la intensificación de los ritmos de trabajos, la flexibilización laboral, la precarización, los contratos basura y otras iniciativas, solo sirven para aumentar las ganancias de los capitalistas a costa de una mayor explotación de la masa laboral.

En este sentido, cualquier Pacto Social con los empresarios – y con su gobierno afín – solo servirá para llevar a la clase trabajadora a confiar en quienes la quieren ver arrodillada, es decir, a un callejón sin salida.

Ni Pacto Social ni Unidad Nacional. Por una salida obrera a la crisis actual

Más allá de la reactivación económica que pueda venir luego de la emergencia sanitaria, los empresarios querrán contratar a menos personal, aumentar los ritmos de trabajo y flexibilizar la mano de obra.

Frente a este panorama, la clase trabajadora debe luchar por imponer su propia salida, una que venga de la mano de un plan de lucha, ya que, si no luchamos, serán los empresarios quienes impongan una relación de fuerzas a su favor.

Una salida obrera a la crisis parte de defender el trabajo y el salario, y luchar por un aumento generalizado de los salarios a nivel de media canasta familiar, y un salario de emergencia de $ 30.000 para quienes hayan perdido todo ingreso debido a la informalidad de su trabajo.

Una salida obrera debe defender los puestos de trabajo, impidiendo que las patronales despidan injustificadamente. El empleo y el salario se defienden luchando por el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, sin reducción salarial.

Una salida obrera debe partir de enfrentar la precarización laboral, que hoy padece centralmente la juventud que no tiene derecho a organizarse, ni a pelear por un salario digno, y que debe soportar horarios rotativos y ritmos de trabajo extenuantes que dañan su salud física y mental.

Será necesario plantarse frente a los cierres de fábrica y los despidos masivos, y promover la ocupación de los lugares de trabajo y puesta a producir bajo gestión obrera, para preservar la unidad productiva, y bregar por su estatización, para que sea utilizada para satisfacer las necesidades populares y deje de regirse por la sed de ganancia de los capitalistas.

Tiene que haber un monopolio del comercio exterior, para regular las exportaciones y la circulación de capitales, para evitar la especulación tanto de las empresas del agronegocio como de los fondos de inversión financiera.

Estas y otras medidas mínimas son las que deberían estar al frente de la pelea de la clase trabajadora y de su central sindical.






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