IMPUNIDAD

Manini Ríos y su negacionismo de los derechos humanos

La nueva cruzada insignia de Manini es su proyecto de ley para derogar la ley interpretativa de la ley de caducidad, para reinstalar la impunidad de los criminales de lesa humanidad de la dictadura. Embanderado en un discurso soberanista y negador de la imprescriptibilidad de los crímenes contra la Humanidad

Martes 18 de agosto | 21:45

El procesamiento y en algunos casos la condena, de criminales de lesa humanidad durante la última dictadura, motivó al ala más reaccionaria del régimen uruguayo con Manini Ríos a la cabeza, a desplegar una nueva ofensiva a favor de la impunidad.

El Senador de Cabildo Abierto primero se reunió con Lacalle Pou, y posteriormente informó sobre el contenido de la conversación con el presidente. En particular confirmó que le hizo el planteo para la derogación de la Ley interpretativa de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. De forma de que vuelva a quedar vigente nuevamente el contenido de impunidad de la mencionada Ley de Caducidad.

Cinismo y mentiras

En declaraciones textuales Manini Ríos reiteró todas las falacias reaccionarias en torno a este tema. Desde decir que “seguir encarcelando gente con dudosos testimonios, con dudosas pruebas y probadamente falsas, le hace mal al estado de derecho y creo que no es propio de un país como Uruguay” y agregando además que los magistrados actuantes cometen el delito de prevaricación (o sea que las decisiones que toman serían arbitrarias). Hasta repetir la perorata acerca de los dos pronunciamientos electorales que mantuvieron la citada ley, sin olvidarse tampoco de la frase bandera de la impunidad: “hay que dar vuelta la página”.

Manini, que fue un oficial activo del Ejército durante la dictadura cívico militar, para defender a sus camaradas genocidas se respalda en la pura mentira acusatoria, pero sabemos que la mentira es una característica de Manini, como cuando les mintió a los familiares de desaparecidos.

Como si las pruebas del accionar represivo sistemático de la dictadura no fuera de público conocimiento (con innumerables publicaciones documentales y fallos judiciales históricos) y ratificado por el testimonio detallado de víctimas y testigo de estos delitos de lesa humanidad. El dedo acusatorio de Manini no es más que demagogia que no presenta ni una sola prueba, ni contra los procesos judiciales llevados a cabo, ni contra los magistrados responsables, lo que también convierte la acusación de Manini en una difamación contra esos funcionarios.

Habla sin vergüenza de la violación del estado de derecho, cuando pide la restauración de una ley que se caracterizó por violar el mismo estado de derecho que ahora dice defender, estableciendo el privilegio de impunidad para los represores que también él defiende. Habla de violación del estado de derecho para defender a los más grandes violadores del mismo en la historia del país, empezando por el golpe de Estado de 1973.

No hace falta ser un abanderado de la democracia liberal ni del estado de derecho, para entender el cinismo de Manini Ríos que como en todo se pone incluso por encima del mismo como si fuera una autoridad suprema.

Demagogia soberanista para defender el terrorismo de Estado

El centro de sus “argumentos” es apelar al uso de “principios del derecho” como la prescriptibilidad y la agitación de razones soberanistas en contra de la “injerencia” de “intereses foráneos”, apuntando sobre todo contra el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso Gelman.

Manini y su agrupación de facinerosos niegan con esto que los delitos de Lesa Humanidad, en primer lugar no prescriben y en segundo lugar están consagrados nacional e internacionalmente. Ninguna argumentación rebuscada puede refutar ese hecho, incluso si las imputaciones y condenas son posteriores a la ratificación local, los delitos de lesa humanidad rigen desde hace muchas décadas internacionalmente, aunque Manini y su sector simulen no darse por enterados por ser parte interesada.

También repite el discurso acerca de “los pronunciamientos populares” como si un sector de la población pudiera decidir sobre los derechos humanos del resto sin consecuencias, o el “dar vuelta la página” es la continuación del histórico discurso de la derecha para sostener la impunidad de los genocidas.

Otro “argumento” que intenta imponer es el mito de la “persecución” a “inocentes”, negando las pruebas de la justicia e intentando revivir el discurso de los “excesos” de algunos elementos como Gavazzo, para relativizar las razones de la dictadura cívico militar y el real contenido sistemático del terrorismo de Estado en el marco del Plan Cóndor.

Las razones de Manini para la reactivación de esta agitación nostálgica no solo pasan por la defensa corporativa de sus camaradas de la casta militar. También buscan justificar el terrorismo de Estado durante la dictadura, al presentar los hechos históricos como accidentales y “manipulados”, negando el componente sistemático de la represión genocida.

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Los aliados de la impunidad

Aunque no de forma unánime los legisladores del partido de gobierno, encabezados por el herrerismo dejaron la puerta abierta para actuar a favor de la propuesta de Manini. En palabras del jefe de bancada Gustavo Penadés: “Lo vamos a analizar y vamos a pensar en las eventuales salidas. Y sin lugar a dudas trabajaremos sobre la misma senda (…) Margen siempre hay”.

Como si fuera algo incuestionable que el Uruguay se permitiera simplemente pasar por encima de los derechos humanos más básicos, respaldándose en una simple interpretación de los principios jurídicos y de nuevo omitiendo que los crímenes de lesa humanidad son imprescriptibles.

Incluso más allá de las posteriores y ambiguas declaraciones presidenciales, Manini se encargó de confirmar que el presidente no le negó su proyecto sino que “Me dio la impresión de que lo iba a estudiar seriamente".

El Partido Nacional ha sido un defensor histórico de la impunidad de los crímenes de la dictadura, no es sorpresa esta confluencia con Manini por parte del herrerismo, que al igual que las alas conservadoras del del Partido Colorado, fueron partícipes y promotores de la misma dictadura.

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¿Por qué y a qué vino Manini?

En 2019 Manini Ríos fundó Cabildo Abierto, un partido que reunió a buena parte de las sensibilidades de la derecha “dura” que antes se alojaba en los partidos tradicionales. Con un discurso nacionalista y militarista, Manini en su pasaje a la política partidaria y al asumir su candidatura expresó la necesidad de intervención en política por parte de una fracción de las Fuerzas Armadas y de la familia militar, con un sentido de preservación de los privilegios de casta de los militares y de lo que creen, constituye una persecución contra sus camaradas de armas que tuvieron participación en la última dictadura.

La imagen del general con un discurso artiguista, social, de defensa de los más frágiles, le dio a Manini la posibilidad de acceder a una base votante plebeya, que ve determinadas certezas en su figura paternalista y que puede ser una solución a los pedidos de mano dura, que en los últimos años fue creciendo en la sociedad muchas veces alentado por los medios de comunicación. Manini y Cabildo Abierto vienen a llenar un vacío de representación política, aprovechándose con su discurso demagógico del hartazgo y desencanto que la política tradicional expresada en los partidos blanco y colorado ya no estaba pudiendo contener.

El pasaje entre ser un fenómeno social desde su puesto en las FFAA a ser un fenómeno político, responde a la estrategia que adoptan estas nuevas derechas radicales, que, apelando a máscaras republicanas, acceden a posiciones en los parlamentos y en los estados y, desde allí, imponen temas de su interés en las agendas políticas. Estos fenómenos de la ultraderecha en Europa el historiador italiano Enzo Traverso lo denominó “posfascismos”, en diferenciación de los fascismos tradicionales cuya estrategia se caracterizaba por el golpe de estado como método y la guerra civil contra la izquierda y el movimiento obrero.

Los ataques constantes a la justicia y esta propuesta de restauración de la totalidad de la Ley de Caducidad forman parte de esta línea de conducta de Guido Manini Ríos y de toda su formación política.

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Derrotar a la reacción en las calles

Con estos anuncios, el régimen de la impunidad muestra su vigencia y es una advertencia para aquellos distraídos que pensaban que se había derrotado con los pocos tímidos avances de los últimos años. Los mismos que también son responsables del surgimiento de Manini y su grupo, a partir de las décadas de régimen de impunidad, relativización de los crímenes de la dictadura y los mismos discursos de reconciliación que no son un invento de Manini sino tomados de otros “actores” del régimen político.

Este ajuste de cuentas reaccionario hacia el pasado que intenta restaurar totalmente la impunidad e imponer una mitología chovinista contra supuestas “injerencias foráneas” a través de los derechos humanos, Debe ser, como toda acción reaccionaria, respondida y combatida en las calles, de forma contundente por los trabajadores y las fuerzas populares, que son los reales objetos de ataque de esta embestida.






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