Política Uruguay

Manini Ríos y la fragmentación del sistema de partidos

La destitución de Guido Manini Ríos como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas continúa siendo el tema dominante de la palestra pública en nuestro país. La decisión tomada por el Poder Ejecutivo y respaldada por el conjunto de los actores del arco político deja al ex militar a un paso del ingreso a la arena política y con ello surgen varios interrogantes.

Martes 19 de marzo | 22:56

El hecho de la destitución en sí no es parte de la campaña electoral. Sin embargo, sus implicancias sí pueden impactar en el terreno de lo electoral y en un cambio del sistema político. Algunas de las preguntas que surgen son: ¿La eventual entrada de Manini Ríos en política fragmenta el sistema de partidos? ¿Hay lugar para un partido de ex oficiales? ¿A qué se debe la reacción de Sanguinetti? ¿Es Manini un caudillo militar? ¿Por qué creció su figura?

Quien primero se aventuró y se arrojó sobre la granada fue el ex presidente y pre-candidato Colorado Julio María Sanguinetti. En declaraciones a Carve luego del pasaje a retiro de Manini Ríos, planteo: "El sistema político uruguayo felizmente todavía sustenta tres estructuras políticas institucionales". Y luego agregó: "Si usted quiere agrandar a Manini sanciónelo y va ser Manini- de repente- un caudillo político. Si usted quiere generar un caudillo, bueno persígalo porque va a agrandar cada vez más el sentimiento de rechazo en el Ejército y más adhesión al excomandante, ahora como figura política".

La preocupación de Sanguinetti y las advertencias sobre Manini Ríos tienen raíz en una lectura de la experiencia brasileña reciente. En la última elección en el vecino país, el dato relevante fue el hundimiento político de los dos partidos históricos de la centro-derecha brasileña. El PMDB y el PSDB, quienes cosecharon el 2 y 4% respectivamente. Ambos partidos fueron golpeados también por la operación Lava Jato y fueron identificados por la población como los principales sostenes del gobierno de Michelle Temer. Este fenómeno es uno de los que explica el surgimiento de Jair Bolsonaro.

En la política local el líder Colorado vio en Novick una primera amenaza de fragmentación de la oposición y un intento de montar una estructura externa a los partidos fundacionales. La política de Sanguinetti como guardián del sistema de partidos se enfoca en cuidar éstas estructuras tradicionales, que junto con el Frente Amplio, generan los balances necesarios para mantener la gobernabilidad y la estabilidad en el país. Sus intentos por evitar la fragmentación en el arco derecho del sistema político también responden a un problema importante: no puede haber un eventual gobierno de coalición que dependa de tantos partidos.

Por estas razones, el modelo de Sanguinetti para procesar a los “outsiders” de la política parece ser el de la metabolización de éstos fenómenos por dentro de las mismas estructuras tradicionales, como Sartori en el Partido Nacional y el propio Ernesto Talvi en el Colorado. 

La “antipolítica” y la figura de Manini Ríos

Desde hace algún tiempo en nuestro país (y como parte de una tendencia general), se constata en encuestas de opinión pública la cada vez menor valoración de los uruguayos con respecto a la “democracia” como sistema político y de convivencia.

El descreimiento en la política como instrumento para cambiar a las sociedades no es un fenómeno que comienza en Uruguay. A nivel regional tuvimos el reciente ascenso de Jair Bolsonaro y en Argentina desde 2015 administra el Estado un hombre que proviene del mundo empresarial. La “antipolítica” como fenómeno también se expresó en Estados Unidos en la elección de Donald Trump, o en Europa con la ola de formaciones de ultraderecha que accedieron a importantes votaciones. Algunos ejemplos son: Lega Norte en Italia, Frente Nacional en Francia y recientemente Vox en el Estado Español, entre otros. El eje común del discurso antipolítico empatiza con un sentimiento de hartazgo por parte de sectores importantes de la sociedad con el establishment y las formas “políticamente correctas” (se recomienda leer El Establishment, de Owen Jones). Es la crisis del “extremo centro” y sus partidos conservadores y social-liberales que dominaron la escena europea desde la posguerra y aplicaron políticas neoliberales a partir de la caída del Muro de Berlín. En este sentido, la “antipolítica” en Europa y EEUU es hija de la crisis capitalista que comenzó en 2008 y de las crisis orgánicas que recorre a los estados.

En los últimos años se han dado situaciones que fueron minando la credibilidad en la política tradicional de nuestro país. Como la crisis que generó el caso Pluna, con avales otorgados a López Mena de forma irregular para participar en una subasta irregular (lo que le costó la carrera política a Fernando Lorenzo). O lo sucedido, primero con el déficit y posterior capitalización de ANCAP y luego con la crisis desatada a partir del no título del ex Vicepresidente Raúl Sendic y la utilización de las tarjetas corporativas mediante su gestión en la empresa estatal. Por el lado de la oposición paralelamente a la trama Sendic se destapaba el tarro del Intendente blanco Bascou y las estaciones de servicio, el edil nacionalista de Maldonado Rodrigo Blas y sus maniobras de defraudación tributaria, y la fuga de Francisco Sanabria, uno de los dueños del Cambio Nelson y financista del Partido Colorado.

Estas situaciones, sumado a una marcha mediocre de la economía en el último quinquenio, donde no se visualizan tiempos mejores, fueron cargando con una connotación negativa sobre “la política”, y por lo tanto, sobre los políticos y en parte, sobre los partidos del sistema. En sectores minoritarios pero “intensos” la figura de Manini Ríos y el ejército intentan presentarse como de “salvador providencial” o como dijo en su video de despedida, de “reserva moral de la nación”.

En una encuesta publicada por Latinobarómetro, da cuenta de que el 62% de la población tiene una visión positiva sobre las Fuerzas Armadas y solo un 29% de los políticos. Suponiendo que la medición pueda tener alguna distorsión o intencionalidad, aunque esa visión positiva sea del 50%, la ventaja sobre las demás instituciones y los políticos es un dato importante. En el represtigio de las Fuerzas Armadas el gobierno del Frente Amplio tuvo una parte importante. Llevando adelante un discurso que buscaba la “reconciliación” y limpiaba de cualquier responsabilidad a las fuerzas por los hechos del pasado. Se les adjudicó un nuevo rol social ante las catástrofes naturales, o en la ayuda a pintar muros o escuelas.

En esa dinámica, Manini Ríos a partir de sus intervenciones públicas fue apareciendo como referente de un sector minoritario pero importante de la opinión pública. En la ayuda del ejército a los inundados, o en la propuesta de re-educar a los jóvenes Ni-Ni se fue ubicando como alguien que desde las FFAA proponía soluciones a problemas que concitan la atención de la sociedad. Su postura de defensa de la corporación frente a la reforma de la Caja Militar con un discurso de defensa de la tropa, lo hizo aún más respetado entre esta y la oficialidad. Y ante cada extralimitación de sus funciones, cada polémica o cada apercibimiento por parte del Poder Ejecutivo fue presentado (para el sector social que lo respalda) como una víctima de ataques de los políticos “por decir verdades”.

Cuando llegó el cese, Manini se encontraba en una posición consolidada de “caudillo” militar. Lo que Sanguinetti intenta evitar por estas horas es la consolidación y el pasaje a caudillo político.

¿Partido militar?

En la década del 60’ los políticos de los partidos tradicionales estaban implicados en “la rosca financiera”, o delitos como la “infidencia”. La crisis económica, social y política de la época, y el auge de los movimientos obrero y estudiantil iba erosionando cada la credibilidad en el sistema político. Y frente a esa crisis, los militares aparecieron con sus comunicados 4 y 7 criticando al sistema político y planteándose como alternativa, como esos “salvadores providenciales” de la nación y como “reserva moral”. El desenlace de la historia ya lo conocemos.

El Partido Cabildo Abierto ha lanzado la semana pasada una propuesta para que Manini Ríos encabece la candidatura a la presidencia por ese sector. En las últimas horas también el Partido Nacional le ofreció cobijo al General retirado.

Manini no ha contestado aún la propuesta de Cabildo Abierto. Ante la polarización de Sanguinetti que lo planteaba como un “partido militar”, tanto Manini como Domenech han respondido que el partido contiene tanto a civiles como a militares.

Cabe recordar que el sistema político uruguayo en su historia moderna pos 1904 se ha caracterizado por la hegemonía de los “doctores” al mando de los partidos políticos y del Estado. Sin embargo, existieron presidentes constitucionales de origen militar como Alfredo Baldomir u Oscar Gestido, ambos colorados. En las elecciones de 1971 fue Aguerrondo quien lideró el ala herrerista del Partido Nacional. Y en ese 1971 era Líber Seregni quien nacía a la vida política de masas junto al recientemente fundado Frente Amplio.

Nestor Bolentini en 1984 a la salida de la dictadura intentó un “partido del proceso”, la Unión Patriótica, que a pesar de la repentina muerte de Bolentini, cosechó unos escasos 308 votos.

Esta crisis confirmó la necesidad que están teniendo los militares de intervenir en la vida política del país. Con el peligro que esto representa tanto por los valores reaccionarios en lo que respecta a temas de la cultura y la sociedad, como en sus visiones de acerca de la dictadura y su defensa de la impunidad.

Lo que sí ya se ha confirmado es la vuelta del Diario La Mañana, un histórico de la familia Manini Ríos que se editará como semanario en formato papel y a diario de forma online. Las próximas horas ayudarán a echar luz sobre ciertas cuestiones y se podrá visualizar mejor el alcance de esta crisis y su impacto en el sistema de partidos y la discusión política nacional.






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