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Lxs desobedientes de Nadir Medina, el grito político como motor creativo

Entrevista

CINE
Foto: María Aparicio

Lxs desobedientes de Nadir Medina, el grito político como motor creativo

Javier Gabino

Ideas de Izquierda

Conversamos con Nadir Medina, director de Lxs desobedientes, que se estrenó este jueves 11 de agosto en el Cine Gaumont. Presentada como una película de ciencia ficción con material de archivo, trata de una conductora de trolebús cordobesa que accidentalmente se ve comprometida en una rebelión en contra de un régimen despótico y totalitario que asola la ciudad. A partir de un misterioso crimen, Alicia se une a un grupo conspirador de desobedientes y se enfrenta a las fuerzas de seguridad. Archivo y ficción crean una bifurcación, construyen una realidad posible donde las luchas obreras del Cordobazo se fusionan con la marea feminista y las disidencias.

Fotos: producción Lxs desobedientes

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Lxs desobedientes es una película bella y rara para nuestro último cine. Trabajada sobre múltiples planos de lectura, en ella lo accidental, lo azaroso, parece traer embrionariamente algo de “lo consciente”. Un accidente abre potencialmente posibilidades extremas de transformaciones personales y sociales, pero también creativas. Es un poco el camino de Alicia (Alicia Vissani), la conductora de trolebús que termina envuelta en una rebelión planificada, que parece adoptar como un camino natural aunque lleno de peligros. Y quizás sea un poco también el camino que tomaron Nadir Medina y su equipo en el proceso de realización que, como nos cuenta en esta entrevista, trabajó a lo largo de dos años construyéndola a partir de “un guión abierto” donde inevitablemente el azar es llamado a la cita. Una serie de páginas que delineaban la estructura narrativa del personaje principal, a partir del cual fueron chocando y fusionando ficción y archivo del Cordobazo, hasta crear un mundo propio más cercano a la actualidad que al pasado. Porque Lxs desobedientes se siente como una realidad alternativa pero posible.

Fotos: producción Lxs desobedientes

La película es autorreflexiva pero no abandona por esto la trama que avanza narrativamente y con dinámica. La autorreflexión se manifiesta entre otras maneras como mensajes cifrados del autor (¿o los autores?) como al inicio, donde se expresa “el miedo de hacer una película” seguida del interrogante “¿cómo se hacen las películas?”. Una variante de la pregunta nodal del cine militante del siglo XX que fue en realidad “¿cómo se hacen las películas políticas?”.

Lxs desobedientes responde a este problema de la mejor manera, intentando unir forma y contenido con evocaciones al modo de representación militante que de esta manera, lejos de estar clausurado por la historia, se muestra vital y actual. De alguna forma se invoca ese potencial olvidado como un standard crítico para juzgar el presente. Y este rescate formal ayuda a la trama ficcional de la película, afirmando al mismo tiempo que las posibilidades “descartadas” de la historia del cine, como las posibilidades sociales, pueden aún desempeñar un papel decisivo en la narrativa actual. Un juego que, consciente o no, entronca con la misma radicalidad política de la película: la rebelión organizada como posibilidad y deseo.

Nadir Medina nació en Córdoba, en 1989. Es director de cine y teatro, y director de fotografía. Realizó la Dirección de Fotografía de las películas Primero Enero (2016), Mochila de plomo (2018), Mañana tal vez (2020), Bandido (2021), Paula (2022). En teatro dirigió Flores Nuevas sobre un texto de Federico Falco y Proyecto Migrantes de Ignacio Tamagno, entre otras.

Lxs desobedientes es su tercera película como director; antes había realizado El espacio entre los dos (2012) e Instrucciones Para Flotar Un Muerto (2018). Sin medias tintas y sin muchas vueltas decidió en su tercer film dar un giro frontal, como él dice “un grito”, para “decir un montón de cosas”, “sin sutilezas”.

Hay una primera pregunta obligada ¿de dónde surge la idea de Lxs desobedientes?

La película surge como combinación de varias cosas, pero hace tiempo que tenía ganas de hacer algo en relación al Cordobazo. Un poco por una cercanía personal, mi viejo era sindicalista, estuvo en el Cordobazo. Después fue preso en el 76, entonces en mi casa hubo siempre relación con los procesos de lucha y las gestas populares de los 60 y 70. Tenía ganas de hacer algo con eso, pero no venía encontrado la forma, yo principalmente hago ficción, entonces mi forma de acercarme al material siempre fue a partir de una ficción, y además yo sabía que quería trabajar con material de archivo. Y entonces mi forma de empezar a pensar la película fue a partir de una ficción posible y de un modo ensayístico. Y así encontramos la estructura de la película, más relacionada a un ensayo de ficción principalmente, que a una película clásica.

Fotos: producción Lxs desobedientes

Hiciste referencia en algunas entrevistas a que no había tampoco un guión clásico, sino unas siete páginas escritas que eran como una guía de trabajo. Que iban trabajando en común con la montajista, Lucía Torres Minoldo, y los actores. ¿Hay también algo del proceso de trabajo que rompe con la idea clásica de la ficción?

A partir de esta idea embrionaria de mezclar material de archivo con una ficción. Y con una “ficción extremada” porque es una especie de realidad paralela. Empezamos a pensar una posibilidad de acercamiento a una mecánica de laburo mucho más libre. Una dinámica más parecida a la del teatro independiente que a la del cine clásico. Yo empecé a dirigir teatro hace unos cinco años y algo de esa escritura colectiva, de ese desarme del texto que se va dando durante los ensayos, y esa “dramaturgia” en escena quería aplicarla un poco al proceso de la película. Y pasó eso.

Lxs desobedientes es una película que surge sin guión, a partir de una serie de ideas, que por una cuestión de producción hubo que estructurar un poco. Y ahí aparecen estas siete u ocho páginas, donde está delineada la estructura narrativa de lo que es el personaje de Alicia, la protagonista. Y después la película se filmó durante dos años. Filmando tres o cuatro jornadas y frenando tres o cuatro meses. En el tiempo que frenamos íbamos montando. Íbamos viendo con Lucia Torres Minoldo cómo comenzaba a convivir este material de archivo con esta ficción. Y empezamos a encontrar cuál era el código de la película. Porque nos enfrentamos a la instancia de rodaje sin saber mucho lo que estábamos haciendo. Haciéndonos cargo de esta experimentación. Y a partir de ese material montado reflexionábamos, también nos juntábamos con las actrices y actores e íbamos tomando decisiones de cómo seguir filmando.

Como anécdota: la primera escena que filmamos de la película es la represión en la fiesta. Por una cuestión fortuita… la productora justo se casaba y dijo “filmemos en mi fiesta de casamiento”. Que suena una locura, pero mientras ella se casaba en el civil nosotros fuimos antes al salón y empezamos a filmar esas imágenes. Y a los meses hicimos la digitalización de las primeras latas en 16 mm del Cordobazo. Esa escena nos dio una guía estilística.

En esa escena hay algo de las luchas del presente, en el sentido de la “marea verde”, las “disidencias”, les jóvenes con glitter. Por otro lado la película toma otro punto de contacto con la actualidad que es la rebelión de las colectiveras, las conductoras del trolebús de Córdoba. Son dos anclajes reales al presente a partir de los cuales te permite abrir a una realidad paralela posible, no un pasado, sino un presente posible alternativo.

Sí, ese era uno de los objetivos: que ese material de archivo del Cordobazo, de los 60 y 70, parte del Cordobazo y del Viborazo, no funcionara como un flashback, sino que conviva con el material de la ficción en una especie de superposición de temporalidades y que se generara una especie de presente continuo. En el cual todo era parte de la narración. Esa fue una especie de consigna que tuvimos a la hora de montar la película y sobre eso desarrollamos diferentes estrategias.

El acercamiento a la película no es histórico sino que tiene que ver con una resonancia. Cómo resuenan las luchas de los setenta en las luchas actuales. Y desde dónde nosotros como realizadores nos paramos para narrar desde lo contemporáneo.

Cuando empezamos a pensar la película fue justo en 2017, que fue el gran paro de la UTA en Córdoba, donde un poco las trolebuseras fueron la cabeza visible de esas manifestaciones. Ahí aparece la decisión de dar para adelante con las protagonistas trolebuseras. Y por otro lado pensar hoy una rebelión sin el colectivo de mujeres, sin las disidencias, dentro o a la cabeza de esas luchas es un poco impensable. Es hoy uno de los movimientos más revolucionarios que tiene la Argentina y el mundo, el movimiento de mujeres y el feminismo con conciencia de clase, sobre todo.

Esto me lleva a otra pregunta que tiene que ver con la idea de la rebelión, la revolución, la insurrección, para ponerle algunos nombres, y que me sorprendió en la película. Pensándola desde la imagen, ¿cuáles fueron las referencias que tuviste? Siento que hay algo de Mayo 1969, caminos de la liberación, de Rodolfo Khun, Humberto Ríos, Subiela, Nemesio Juárez, entre otros. O algo de Las 3A son las tres armas, del Cine de la Base en las reuniones, lo conspirativo. También de Invasión de Hugo Santiago. ¿Quizás algo de Octubre de Eisenstein, por los mapas insurreccionales desplegados sobre la mesa?, algo de Godard… Hay mucho del “imaginario” del cine revolucionario ¿apelaron a eso?

Me sirvió para estructurarme, pensar un “sistema de citas”. Casi todos los textos y muchos de la construcción, un montón de decisiones de la película, maneja un sistema de citas hacia el cine político y el cine militante de los 60 y los 70. Hay una intención de recuperar esa tradición. Hay muchas citas de películas y de textos.

¿Cuáles?

Por ahí la más obvia es Invasión de Hugo Santiago, que por ahí es la película menos militante, con toda la secuencia del estadio, pero también hay algo de Los hijos de Fierro de Pino Solanas. Sin dudas el cine militante estadounidense, Robert Kramer. Por ejemplo, la escena donde se lee el manifiesto de la agrupación militante, es un texto casi calcado de una película de él de 1969 que se llama Ice. Hay sin duda algo de Godard, y también referencia a un cine más contemporáneo, como el cine de Adirley Queirós con esta idea de la ciencia ficción sobre bases históricas. Y ciertas herramientas para construir ficción de un modo político.

Y después, desde los textos, hay mucho de Didi Huberman, hay como pequeñas citas y textos robados de un montón de lados. Que sirvieron mucho para pensar la película y fueron dando una base de sustento para poder avanzar.

Volviendo a las relaciones con “el contenido”, me gustaría volver a la cuestión “frontal” que tiene la película. Hay una frase de Godard que habla de ir “contra un cine que se cree liberado, para el que nada es tabú, excepto la lucha de clases”. Y Lxs desobedientes rescata la lucha de clases desde una forma no distópica, sino utópica. En Lxs desobedientes se siente que la rebelión puede triunfar, hay mucho imaginario en este sentido. Y también la existencia de la clase trabajadora como un factor, ¿por qué lo traes?

Un poco es desde donde surge la película. Es una necesidad de gritar contra el avance de la derecha fascista en el mundo y también en Argentina. Y también para pensar Córdoba. Que es la del Cordobazo, y es también la Córdoba conservadora de la Docta (barrios cerrados exclusivos de la ciudad). En una provincia donde gana Macri, pero que hace treinta o cuarenta años se vivieron gestas populares, hay algo que me parecía interesante pensar. Todo surge a partir de una pregunta: ¿qué queda hoy en la actualidad, en esta Córdoba, de esa chispa revolucionaria de los 60 y los 70? Porque todos los cordobeses decimos “somos hijos del Cordobazo”, vamos a una marcha y lo cantamos. Pero después si el 70 % vota a Macri…hay algo que empieza a chocar.

Entonces la idea era intentar hacerse esa pregunta, ¿dónde está la chispa revolucionaria?, y establecer un diálogo con nuestra propia historia. Por eso la película no habla sobre el Cordobazo a partir de una rigurosidad histórica sino que intenta establecer un lazo, o un diálogo sensible y poético con esa posibilidad y ese horizonte de lucha de los 60 y los 70. Y me parece que hay algo de eso que funciona, que te posibilita pensar las necesidades de la rebelión y la desobediencia desde otro lugar.

Hay algo que sucede en las salas; nosotros acá en Córdoba estrenamos en mayo y las discusiones eran muy interesantes. Sobre todo con los jóvenes, pibes de veinte o veinticinco años que no tienen idea del Cordobazo. Nacieron en democracia, yo también, pero tengo un link directo por ser “hijo de los 70”. Un pibe vio la película y me dijo “parece Ciudad Gótica”, como una imposibilidad de saber que sucedieron esas cosas. Una chica me dijo “me hace pensar qué estamos haciendo nosotros los jóvenes para intentar cambiar algunas cosas”. Volver a traer esas reflexiones que están muy perdidas.

¿Y por qué? yo vi tus películas anteriores. Por ejemplo Instrucciones para flotar un muerto trata el tema del duelo y la amistad, son más intimistas…

Mis anteriores películas no tienen nada que ver (risas).

Claro, independientemente de pensarlo como un “giro programático” en tu obra, como si dijeras “ahora voy a hacer un vuelco político”. Que si así fuera es muy interesante por su relación forma contenido, lo que es un desafío mucho mayor. Hacer películas políticas pensando políticamente la forma, que además es la única manera de hacerlas en serio. ¿Por qué un cambio ahora?, ¿cómo lo sentís vos?

No es del todo consciente. Identifico un cambio de registro con mis películas anteriores. Aunque a mí siempre me interesó pensar políticamente las películas. Las anteriores son más intimistas, pero siempre pensando la micropolítica en determinadas cosas, ciertas sutilezas. Y creo que esta surgió más como un grito. Un poco desde: “quiero decir un montón de cosas” , “basta de la sutileza”, “necesito gritar un par de cosas”. Al nivel de juntarnos y decirle a la montajista “acá va una placa con consignas”. O sea: basta. Y hacerse cargo un poco de eso. Porque hay algo en esto de la grieta, y de la política partidaria, y del cine, y de “la obra”. Y un “que la obra ideologizada”, como todo ese miedo a esas cosas. Respondida con un “bueno, dale, vamos, perdamos ese miedo, salgamos a gritar. Si nos chocamos de frente, nos chocamos de frente”. Lxs desobedientes es un resultado de una necesidad personal y también de un montón de películas que venía viendo, cansado de un tipo de películas y por eso empezando a revisitar películas anteriores.

Volviendo a la idea de las citas, hay una muy fuerte en la película: “la desobediencia como el más sabio de todos los deberes”.

Eso es claramente una cita, sacada de un catálogo de una muestra que curaba Didi Huberman que se llamaba Sublevaciones. Es una consigna de un panfleto.

Fotos: producción Lxs desobedientes

FICHA TÉCNICA: LXS DESOBEDIENTES

Guión y Dirección: Nadir Medina
Elenco principal: Alicia Vissani, Elisa Gagliano, Eva Bianco, Santiago Zapata y Daniela Trakál
Dirección de Fotografía: Nadir Medina
Dirección de Arte y Vestuario: Florencia Wehbe
Maquillaje y peinado: Melina Araya
Montaje: Lucía Torres Minoldo
Dirección de Sonido: Juan Manuel Yeri Racig
Música: Esteban Favaro
Productora: Punto Cine
Producción Ejecutiva: Natalí Córdoba, Nadir Medina
Duración: 62 minutos.
Formato: 4:3. Blanco y Negro.

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Javier Gabino

@JavierGabino
Nació en Santa Rosa, La Pampa, en 1972. Grupo de Cine Contraimagen. Codirector, guionista y montajista de La internacional del fin del mundo (2019), la serie Marx ha vuelto (2014), Memoria para reincidentes (2012) y diversos materiales audiovisuales sobre revoluciones y luchas obreras.