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Red Internacional

Mientras los índices bursátiles registran recuperaciones históricas de grandes firmas en plena pandemia, la pobreza y el desempleo se acumulan en el otro extremo de la pirámide social.

Lautaro AdrianoTrabajador de la educación pública e integrante de la agrupación magisterial y normalista Nuestra Clase

Viernes 26 de marzo de 2021 | Edición del día

Firmas como Tesla, Amazon y Zoom aprovecharon la pandemia para enriquecerse y alcanzar puntas históricas durante el 2020. El índice S&P 500 demoró nada más que cinco meses para recuperarse de sus grandes pérdidas que acontecieron en los primeros meses de la pandemia por Covid, cuando sus registros tuvieron una bajada también histórica al caer 35 por ciento en sólo un mes.

Otros índices bursátiles reflejan el mismo desempeño positivo para los grandes capitales. Forbes indica que el Dow Jones se disparó un 76% en el 2020, Nasdaq un 95% y Rusell 2000 hasta 126% en el mismo año. De esta última, el caso más sonado fue GameStop, cuando en enero jóvenes usuarios de Reddit “conspiraron” para subir las acciones de la compañía de videojuegos hasta en un 700 por ciento.

También quien experimentó un alza fue el petróleo de Texas que, a pesar de que su precio cayó a 23.36 dólares hace un año debido al parón económico por pandemia, hoy su valor de cambio es casi tres veces superior. Sus índices de recuperación han alcanzado hasta 160 por ciento, no obstante un desempeño de altibajos.

Sin embargo, es dudoso saber si estas cifras por ahora tranquilizadoras se puedan sostener en el tiempo. Y más cuando gran parte de las firmas consiguieron su recuperación sobre la base de la especulación financiera, aprovechando los subsidios y estímulos estatales o reduciendo su plantilla y horas productivas (o una combinación de las tres).

No se puede creer que de la mano de la recuperación bursátil la economía real podrá avanzar viento en popa. Sobre todo si tomamos en cuenta que vivimos una época signada tanto por la baja inversión productiva que ya precedía al covid como por la estratosférica deuda empresarial, cerca de su máximo histórico.

Como sostiene el economista Michael Roberts: “en el año de la pandemia, la rentabilidad del capital en las principales economías alcanzó mínimos históricos. Esta es la rentabilidad media de todo el sector. Sí, el pequeño grupo de empresas de tecnología, los FAANGS [Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google], nunca ha estado mejor. Pero su enorme aumento de beneficios no se corresponde con el del resto del sector empresarial.”

Es imposible que pocos ganen sin que la mayoría pierda

Como decíamos arriba, la gran apropiación de riqueza de estas firmas selectas contrasta contra la gran pobreza que se sigue acumulando en esa otra franja del 99 por ciento de la población mundial. Se estima que durante la pandemia se perdieron más de 255 millones de trabajos en el planeta, ensanchando la franja entre pobres y ricos.

Esta desigualdad debe ser combatida lo más antes posible por medio de la intervención urgente de la clase trabajadora, pues a pesar de la eventual recuperación de las principales firmas de Wall Street y de los estímulos de los gobiernos de las principales economías, la crisis que ya existía y que la pandemia profundizó continuará, pues todos los pronósticos oficiales arrojan cifras de crecimiento muy inferiores a las que se tenían antes de la crisis del 2008.

Frente a los planes de recuperación y ajuste de la mayor parte de las empresas que, insistimos, se basan en el despido y la reducción de salarios, debemos oponerle la disminución de la jornada laboral a seis horas al día, cinco días a la semana y manteniendo el salario, repartiendo las horas entre empleados y desempleados para solucionar tanto el desempleo como el cansancio laboral por exceso de trabajo. Expropiar a toda empresa que despida o cierre, poniéndola bajo gestión de sus propios trabajadores.

Al mismo tiempo, la unión de la clase obrera en todo el globo puede imponer la liberación de las patentes de las vacunas. La oposición de la OMC a esta medida y de las potencias mundiales sólo ejemplifica que su interés no es la salud de los millones de seres humanos, sino el dinero.

Otro futuro es posible si los trabajadores de todo el mundo combatimos la desunión que el capitalismo fomenta a través del machismo, la xenofobia y el racismo. Trabajar menos, trabajar todos, redistribuir la riqueza y expropiar a los explotadores es el único camino. Avancemos hacia un gobierno de los trabajadores.




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