Política Venezuela

INTERVENCIONISMO IMPERIALISTA

La primera medida de Trump contra Venezuela: sanciona al vicepresidente Tarek El Aissami

Contrario a lo que esperaba el Gobierno de Maduro, Estados Unidos impuso este lunes sanciones económicas al vicepresidente ejecutivo del país, Tareck El Aissami, por "jugar un papel significativo en el tráfico internacional de narcóticos".

Martes 14 de febrero de 2017

Además de la sanción al Vicepresidente del país, el Departamento del Tesoro estadounidense sancionó también al empresario Samark José López Bello, por ser, según explicara este lunes un alto funcionario de Estados Unidos, el "testaferro" de El Aissami y proporcionar "material, apoyo financiero, bienes y servicios en apoyo de actividades de tráfico internacional de narcóticos" o actuar "en nombre de El Aissami".

De acuerdo a lo que difundiera el funcionario norteamericano, citado por la agencia periodística EFE, la imposición de estas sanciones "no es una reacción" a su nombramiento como vicepresidente en enero pasado, aclaró la fuente. Agregando que "Es el resultado de una investigación de años relacionada con el narcotráfico", insistiendo en aclarar que “estas sanciones no son una represalia diplomática contra el Gobierno de Venezuela” sino que se dirigen a dos individuos "exclusivamente" por sus vínculos con el narcotráfico.

"Esto muestra que investigamos hasta el final, independientemente de qué cargo tenga la persona", agregó. Las sanciones implican que se bloquean los activos de Tarek El Aissami y Samak José López bajo la jurisdicción estadounidense y que los ciudadanos estadounidenses no pueden hacer transacciones con ellos.

La inclusión de un miembro del Gobierno de Venezuela en la lista de sancionados del Tesoro de Estados Unidos "no significa que el Gobierno en sí mismo está también bloqueado", precisa el Departamento en un comunicado de su web, agregando que “sin embargo, los ciudadanos estadounidenses deberían ser cautos en sus tratos con el Gobierno (venezolano) para asegurarse de que no están involucrados en transacciones, directas o indirectas, con una persona de la lista".

La semana pasada, congresistas de Estados Unidos habían pedido a Trump intervenir en Venezuela con más agresividad que Obama. Se trataba de un total de 34 legisladores encabezados por la diputada Ileana Ros-Lehtinen, republicana por Florida, expresidenta del Comité de Relaciones Exteriores, y el senador Robert Menendez, demócrata por New Jersey, el miembro de alto rango del subcomité de relaciones exteriores que supervisa América Latina.

En su pedido a Trump, los legisladores mencionaban directamente a Tareck El Aissami, recién nombrado vicepresidente ejecutivo por Maduro, sosteniendo que éste “le pone en fila para posiblemente convertirse en el próximo líder de Venezuela, lo cual es extremadamente preocupante”, de acuerdo a los legisladores por “sus demostrados vínculos con el narcotráfico".

El pasado 4 de enero, Maduro anunciaba como nuevo vicepresidente de su gobierno a El Aissami, quien hasta ese momento se desempeñaba como gobernador del estado Aragua. Pocos días después delegaba a El Aissami 15 de sus atribuciones, entre ellas dictar decretos relacionados a traspasos presupuestarios, expropiaciones y el nombramiento de viceministros, atribuciones que ningún vicepresidente había tenido ni bajo los mandatos de Hugo Chávez como en los tres años que va del gobierno de Maduro.

Por lo que se ve, el gobierno de Trump no se hizo esperar frente al pedido de los legisladores, actuando con la rapidez que se lo solicitaban, y golpeando bien alto al gobierno de Maduro, al tocar directamente al vicepresidente del país. Es de destacar que es la primera vez que el gobierno de Estados Unidos sanciona a un funcionario de tan alto rango en el país, que sólo tiene arriba de él al propio Maduro. La sanción al vicepresidente de la República se sigue al decreto de Obama en el que considera al gobierno de Venezuela una amenaza a la seguridad de Estados Unidos, decisión que, dicho sea de paso, Trump mantiene.

La política canallesca de Maduro con respecto a Trump se le vino abajo

Hasta el momento Maduro ha venido adoptando una política canallesca con respecto a Trump, cuando éste está llevando adelante medidas tan intervencionistas y agresivas como las de Obama o incluso peores, que incluyen deportaciones, la construcción del muro con México, la prohibición del ingreso a ciudadanos de países de mayoría musulmana, como Irán y Siria a quienes Maduro considera sus aliados, para citar solo algunas. Incluso sosteniendo que "No me sumo a las campañas de odio contra Donald Trump que hay en el mundo”, declaración de la que no ha retrocedido, incluso la ha mantenido mientras el repudio a Trump crece dentro de Estados Unidos como en otros países, pensando que con ello no estaría “en la mira” del nuevo mandatario estadounidense.

Pero la supuesta “cautela” de Maduro no ha tenido el más mínimo efecto, cayéndosele en la propia cara el creer que el gobierno de Trump podría ser un imperialista benevolente. Maduro ignoró lo que el ahora secretario de Estado Tex Tillerson ya había afirmado sobre su política hacia Venezuela durante su audiencia en el Congreso para ser confirmado, al sostener que “Hay que seguir denunciando las prácticas antidemocráticas del gobierno de Maduro, pedir la liberación de los presos políticos, y hacer cumplir las sanciones contra los violadores de derechos humanos y narcotraficantes venezolanos”.

Más aún Tillerson era enfático. Ante una de las preguntas, “Si se confirma [en el cargo], ¿defendería usted que los Estados Unidos continúen responsabilizando a los funcionarios del gobierno venezolano, especialmente teniendo en cuenta los agudos niveles de impunidad en ese país?”, Tillerson respondía: “Sí. Cumpliré todas las sanciones impuestas por el Congreso, incluidas las medidas del Acta de Extensión del 2016 para la Defensa de los Derechos y de la Sociedad Civil de Venezuela”, que ha sido aprobada por el Congreso hasta 2019. Y del dicho al hecho, con la medida del Departamento del Tesoro de este lunes, era claro que Tillerson no hacía declaraciones simplemente para buscar la aprobación en el Congreso, o que sus afirmaciones no estaban en consonancia o en acuerdo con Trump.

A pesar de lo que anticipaba el secretario de Estado, Maduro buscaba el paraguas ruso para no estar “en la mira” de Donald Trump por las buenas relaciones de éste con el gobierno de Vladimir Putin, incluso entre éste y Tex Tillerson a quien el líder ruso en el 2013 había condecorado al entonces jefe de ExxonMobil con la Orden Rusa de Amistad.

En un artículo del 3 de febrero, sosteníamos que “las esperanzas de Maduro de que Trump vaya a ser favorable hacia Venezuela, y aprovecharse de la relación con Rusia, quedan en el aire. Incluso ya hay analistas que han alertado que Trump puede tener “una aproximación más agresiva a la crisis en Venezuela”, y Tillerson estaría para confirmarlo”. No nos equivocamos, no por alguna perspicacia política, sino justamente por tratarse de un país imperialista, y que no hay imperialistas buenos o imperialistas malos, como ha venido pretendiendo Maduro hacer creer al pueblo venezolano.

Rechacemos el intervencionismo y la injerencia imperialista

Repetimos textualmente lo que escribimos en nuestro artículo del pasado 9 de febrero cuando los congresistas pidieran a Trump aplicar sanciones contra Venezuela, por guardar plena vigencia:

Desde estas páginas hemos venido planteando el rechazo abierto a la escalada injerencista del imperialismo yanqui, con sus sanciones incluidas, que se mueve cínicamente hablando de derechos humanos cuando es el país más violador de cualquier derecho elemental en decenas de países, incluso fronteras adentro, además de ejecutor de guerras intervencionistas con sus masacres de pueblos enteros.

Hemos sostenido que este rechazo a la injerencia imperialista estadounidense no implica avalar en modo alguno al gobierno de Maduro, que lejos de tomar medidas que ataquen los intereses del imperialismo y sus socios venezolanos, frente a la crisis económica que atraviesa el país ha tomado medidas que afectan a los trabajadores y el pueblo pobre mediante medidas de ajuste. Peor aún, hoy lo vemos una vez más, con su canallesca política con respecto al gobierno de Trump, con su silencio, mientras éste arremete contra decenas de países.

Lo decimos, una y mil veces más, las cuentas con las violaciones de los derechos democráticos y humanos, con los corruptos funcionarios del gobierno nacional y sus actos de represión -que caen siempre con más saña sobre la clase trabajadora-, las habrá de ajustar solo el pueblo trabajador venezolano, no los gobiernos de la burguesía imperialista estadounidense ni de otros países. Ajuste de cuentas que también el pueblo trabajador hará con los golpistas proimperialistas de la oposición que se aglutina en su mayoría en la MUD, que fueron perdonados por el propio Chávez en 2007, y con los empresarios que han robado millones de dólares, y chantajeado y jugado con el hambre del pueblo.






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