La crisis de ANCAP y la interna frenteamplista

La crisis política abierta a partir de la descapitalización de ANCAP sigue dando que hablar. El jueves 4 de febrero se filtraba en el Semanario Búsqueda la intención de Vázquez de remover a la cúpula del ente. Es que tanto los partidos tradicionales, como el Frente Liber Seregni (FLS) fueron quienes más exigían la medida a cambio de la ley de capitalización votada a principios de enero. El resultado fue la renuncia de José Coya a la presidencia y la caída del resto de los directores.

Lunes 15 de febrero de 2016 | 07:38

Una interna complicada

La situación generó un nuevo simbronazo a la interna del bloque gobernante. A los sombríos números económicos y necesidades del régimen y el empresariado de ajustar las cuentas estatales (esto a costa del bolsillo de los trabajadores), el Frente Amplio (FA) debe lidiar con problemas que le abren nuevos “flancos”. El mes pasado fueron las cartas públicas entre Mujica y Astori, y ahora son los entredichos entre Mujica y Esteban Valenti. Detrás de estas escenas “carnavalescas” están en juego los intereses del “Grupo de los 8” y el FLS. Es que el ministro Astori no deja pasar la oportunidad para cobrarle las cuentas a Sendic por el escándalo de Pluna que debilitó al “astorismo” y vetó de la política a un hombre del riñón del ex-vicepresidente como Fernando Lorenzo. Además, el Frente Amplio como partido de gestión de estado se disputa porciones de poder a partir de la relación con éste. Es por este motivo que el FLS va a la caza de la joya preciada por todos: la caja de ANCAP.

Además, la interna desatada por ANCAP deja claramente heridas las aspiraciones presidenciales de Sendic, cuestión que parece fortalecer coyunturalmente al FLS. Sin embargo, la contradicción estratégica es que se debilita el FA de conjunto, planteando no tan buenas perspectivas para 2019. No solo por el hundimiento de Sendic, sino porque Daniel Martínez, el otro “presidenciable”, aparece gobernando Montevideo con un presupuesto pactado con el derechista Novick, y con un Partido Socialista fraccionado incapaz de apuntalarlo en la disputa de la interna frenteamplista. Además, Martínez también participó en la administración de la empresa en el primer gobierno de Vázquez, lo que también lo hace partícipe directo del problema.

Paradójicamente lo que catapultó a Sendic a ser el líder del sector más votado en las internas del FA, y a construir su imagen de “gerente exitoso”, es lo que está erosionando cada vez más su credibilidad en la opinión pública.

Una aventura pagada por los trabajadores

En la olla destapada en ANCAP hasta el momento podemos ver sobrecostos, obras mal planificadas y ejecutadas, contratos de publicidad dudosos, e inversiones guiadas por afinidades políticas y económicas. Lo que pone de manifiesto que la forma, el método, y el programa defendido por Sendic y la plana gerencial de la empresa dista de un modelo de empresa pública al servicio de las mayorías populares. En lo esencial es una forma de administrar las empresas públicas que no contiene diferencias cualitativas con respecto a los partidos tradicionales. Por si fuera poco, el costo de este despilfarro burocrático es trasladado a los precios, y por ende a engrosar los números inflacionarios que impactan sobre el pueblo trabajador. No solo a través de la tarifa de los combustibles, sino también utilizando otros entes estatales para la recaudación mediante el aumento de las tarifas de la luz y la telefonía. El “tarifazo” que la dirigencia del PIT-CNT intenta negar.

Una reunión para entregar el petróleo “por las dudas”

En medio de las disputas entre ese complejo entramado denominado “mujiquismo” (donde se encuentran la fracción Olesker-Civila del PS, el MPP, la 711, y hasta el PCU), y el “astorismo” por las responsabilidades en el déficit de más de 800 millones de dólares, Tabaré Vázquez aparece en escena con su propuesta de reunir a los ex-presidentes para “discutir una política de Estado” en materia petrolera. O, dicho con otras palabras “para convenir la entrega del petróleo en caso de existir”. Para esta tarea, el presidente convoca a Sanguinetti-Batlle-Lacalle-Mujica intentando mostrarse como un “dialoguista”. Vázquez se vale de la estabilidad del sistema de partidos para pactar con todas las alas del régimen una política de entrega nacional, donde en caso de que las exploraciones arrojen resultados positivos, multinacionales como la francesa Total vendrán a comenzar la rapiña. Una de las cuestiones que quedaron más claras es que ANCAP no se hará cargo de la explotación petrolífera. Aprovechando la pésima imagen de la empresa y la nula tecnología con la que cuenta para extraer hidrocarburos, todo el espectro político parece abonar con su discurso una futura privatización al menos de algunas ramas del ente.

Por otra parte, de haber reservas del “oro negro” en nuestra plataforma marítima y/o continental no garantiza tener superávit energético. Basta ver los ejemplos cercanos de Argentina y Brasil, con crisis energéticas crónicas. La explotación petrolera tampoco garantiza romper con el atraso y la dependencia de las economías centrales, sino que refuerza estos lazos.

Una crisis de etapa para el FA

Más allá del resultado que arroje la comisión investigadora, la crisis de ANCAP pone en evidencia elementos de descomposición del bloque de gobierno como producto de su relación con el estado. A su vez, esta situación provoca que una coalición como el FA, históricamente anclada en los “movimientos sociales” (con centro en la clase obrera), adquiera cada vez más rasgos de partido directamente burgués, por sobre sus características históricas de frente policlasista. Esto inevitablemente genera crisis y tensiones dentro del partido de gobierno, y fenómenos nunca vistos en la tradición política uruguaya , ya que en esta “transición” debe enfrentarse con su propia base social y sus aspiraciones.

Ante la dinámica política y económica regional desfavorable para los llamados gobiernos “posneoliberales”, que llegaron al comando de los estados para recomponer la autoridad estatal frente a la crisis del paradigma neoliberal (Ecuador, Bolivia, Argentina y Venezuela), o para prevenir fenómenos más convulsivos (Brasil y Uruguay), el FA se debate entre giros a derecha y problemas internos, producto de su propia “transición” de “partido de la contención” a ser cada vez más un “partido del orden”.






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