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TLC URUGUAY - CHINA

La apuesta del gobierno de un TLC Uruguay-China para beneficiar a un puñado de privilegiados

El objetivo anunciado por Lacalle Pou de firmar un TLC con China busca consolidar los beneficios de un puñado de privilegiados en detrimento de las mayorías trabajadoras.

Viernes 24 de septiembre | 15:45

Foto: Lacalle Pou con el embajador de la República Popular China en Uruguay

Con bombos y platillos el gobierno de Lacalle Pou anunció el inicio de las negociaciones para firmar un TLC con China, luego que esta nación le haya respondido positivamente a su propuesta en una carta formal. Con todos los partidos del régimen como actores convocados para la foto de una política de Estado, que contó incluso con la anuencia del Frente Amplio más allá que se atajaron de no dar un sí definitivo hasta antes no ver los detalles de la negociación y de las dudas presentadas a la opinión pública por parte de algunos dirigentes.

Lacalle Pou agregó además a sus declaraciones una indirecta hacia EEUU que en sus palabras EEUU no tiene “agenda concreta” para América Latina, aunque de todas formas se mostró abierto a avanzar también con los yanquis en un TLC si le llega la propuesta: “Esto no es uno u otro. Los dos, mejor. Uruguay perdió un tren en 2007, pero dos veces no lo vamos a dejar pasar”.

El anuncio generó rispideces en la interna del MERCOSUR sobre todo de Argentina que ve en esto una amenaza a su ya golpeada economía y en Paraguay que tiene relaciones estrechas con Taiwán y EEUU. Para Lacalle y su apuro remarcado por la prensa local, la ambigüedad del gobierno de Bolsonaro es una ventana de oportunidad que se cerrará una vez que éste pierda las elecciones en su país el próximo año. Incluso así, no está para nada claro que Bolsonaro vaya a impedir que Uruguay pague el costo con su expulsión del MERCOSUR si avanza en estos planes.

Toda la tramoya ya venía cocinándose desde hace tiempo de parte del gobierno de Lacalle, sobre todo luego del teatro realizado en la última reunión del MERCOSUR en donde pidió por la flexibilidad para concretar tratados comerciales, con el guiño ambiguo de Bolsonaro incluido.

Probablemente Lacalle logré antes de fin de año mostrar un estudio preliminar en conjunto con China para avanzar en este plan, lo que no garantiza que a la larga pueda definir con celeridad la firma de un TLC. En caso de hacerlo de todas formas como otros episodios de su administración como el acuerdo con Katoen Natie, no haría más que preanunciar probables consecuencias lamentables para la soberanía nacional.

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Además de la ruptura del MERCOSUR, y más allá de que recién a fin de año se dará a conocer los detalles de un acuerdo de pre factibilidad. Previsiblemente el TLC implique una mayor primarización de la economía, profundizando el modelo extractivista de la economía uruguaya, poniendo en riesgo otras estructuras productivas que no se basan en la relación comercial con China que además se verían presionadas por la competencia del gigante asiático. La asimetría en el poderío económico entre ambos países también puede involucrar una mayor subordinación a los intereses chinos, mediante el mecanismo de inversiones financieras del capital chino en la estructura uruguaya, generando mayor dependencia frente a los vaivenes y condiciones que imponga el capital chino.

El Frente Amplio ya había avanzado en esta agenda

Bajo la administración de Tabaré Vázquez en 2017 ya se había promovido la posibilidad de avanzar en un acuerdo comercial con China. Posibilidad que se vio trabada por la oposición que encontró en el MERCOSUR y dentro del mismo régimen político uruguayo con Lacalle Pou a la cabeza. Que ahora al parecer cambió de opinión o más bien, aprovecha su ocasión para el protagonismo, según la ocasión que le toque.

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Demostrando que en cuando a la agenda de liberalismo económico y apertura total a la globalización, los une con el Frente Amplio ese objetivo final, separados nada más por matices y perfilismos de los protagonistas en la escena política.

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¿A qué mundo propone abrirse Lacalle Pou?

La panacea de la globalización que se vendió durante años, para un mundo neoliberal en el que cada nación e individuo tendría su lugar para desarrollarse, terminó siendo un fracaso absoluto (en función a lo que pregonan sus apologistas), tanto en sus resultados sociales, en el saqueo agudizado de naciones enteras y también finalmente a partir de la decadencia de la hegemonía norteamericana que abrió el camino hacia la actual guerra comercial y geopolítica entre grandes núcleos de poder.

Paradigmáticamente ejemplificado en la competencia en todos los campos entre China y EEUU, anteriores aliados del viejo orden neoliberal de la globalización. El mundo al que Lacalle Pou llama a abrirse no solamente significó el sufrimiento y la miseria de millones, sino que también ya hace rato empezó a dejar de existir.

Uno de los mitos de la globalización neoliberal fue y es la implementación de los tratados de libre comercio, que cumplen la función de liberalizar el comercio entre naciones y agudizar la especialización productiva en pocas ramas.

Favoreciendo de esta manera la perpetuación de las asimetrías en las capacidades económicas entre las naciones más poderosas y las más pobres, esto significa en los hechos atraso, precariedad y miseria para millones de personas.

Lo venden como si fuera una solución a los problemas del país

Partiendo de esa quimera, se pretende presentar la “apertura al mundo” como la solución final a los grandes problemas del país, como el estancamiento de la economía, la desocupación, los bajos ingresos y la miseria en general de gran parte de la población.

Esta concepción no es solo una idea del gobierno, sino es un consenso político de todas las grandes fuerzas políticas del país, incluido el Frente Amplio. Esa es la razón de porque en principio no rechazaron la propuesta de Lacalle e incluso ellos mismo trabajaron esta línea cuando fueron gobierno como ya dijimos más arriba.

En realidad el objetivo final es “mejorar” los números macro económicos, en relación a aumento de las exportaciones (en volumen y en beneficios por baja de aranceles), crecimiento del producto bruto interno, y la expectativa de la llegada de inversiones chinas al Uruguay.

Como en otras partes del mundo el resultado será el engrosamiento de las ganancias de una pequeña elite privilegiada y la profundización de un modelo extractivista agresivo con la naturaleza, en todos los órdenes de la economía primaria, aumentando las formas de explotación más contaminantes y destructoras. Elite que siempre es la principal destinataria de todo ese aumento de riqueza, como contracara de brutales aumentos de la desigualdad y la miseria social.

El “modelo” chileno

Como ejemplo a seguir se muestra el “modelo” chileno, implementado a sangre y fuego bajo la dictadura de Pinochet, privatizador de grandes áreas de la economía, desregularización de los derechos laborales, la entrega a la especulación financiera del sistema de pensiones, desmantelamiento de la educación pública y de liberalización comercial a través de la suscripción de TLC con distintos países especialmente potencias mundiales (actualmente Chile tiene 26 tratados de libre comercio que incluyen un universo de más de 50 países).

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Los apologistas enumeran los beneficios del crecimiento y estabilidad económica, y la mejora de ciertos indicadores como el PBI per cápita.

Pero los resultados sociales quedan ocultos detrás de las numerosas estadísticas de la macro economía, con grandes contradicciones sociales y evidencias rotundas de desigualdad social expuestas en la reciente explosión del pueblo chileno en 2019 al grito de “no son 30 pesos, son 30 años”. Los grandes números de crecimiento que arguyen los apologistas, se basaron en el gran shock sobre las condiciones de vida que impuso la dictadura de Pinochet sobre millones de trabajadores, el crecimiento posterior fue en realidad la recuperación de todo lo que había destruido la dictadura.

El modelo chileno demuestra que funciona para el aumento de la desigualdad y la concentración de la riqueza en pocas manos (en Chile hay tres familias que concentran un patrimonio que representa el 12,5 % del Producto Interno Bruto). Las bases del modelo se basan en la exportación de su principal materia prima: el cobre (representando el 50 % de las exportaciones) y la elevada tasa de explotación laboral.

Lejos de representar para los trabajadores y el pueblo un ejemplo a seguir, el “modelo” chileno es un ejemplo de desigualdad y pauperización de las condiciones de vida del pueblo.

Luchar por una salida de los trabajadores

Como fenómeno mundial, del cual Uruguay no es la excepción, los sucesivos gobiernos presentan para implementar con ademanes de innovación, la repetición de viejas recetas que en su implementación han demostrado ser un mecanismo formidable para el crecimiento de la desigualdad social y el empobrecimiento y ahogo económico de las grandes mayorías trabajadores. La actual propuesta del gobierno de Lacalle Pou de firmar un TLC con China se inscribe en esta estrategia de las clases dominantes y sus políticos, repetida hasta la saciedad. Se presentan como la gran solución a los problemas estructurales del sistema económico social que ellos mismos representan.

A pesar de haber sido demostrado infinidad de veces de que la liberalización de la economía, la destrucción de los derechos laborales y sociales, nada bueno pueden traer para los trabajadores y las mayorías populares. El estancamiento económico, la descomposición social, la pobreza, la falta de empleo, las carencias más elementales de derechos sociales como la vivienda, la educación, la salud, son todos elementos constitutivos de las sociedades capitalistas.

Los trabajadores y sectores populares deben rechazar esta agenda que coloca como uno de sus buques insignias el TLC con China, a partir del cual se profundizará el ataque a los derechos laborales y sociales de la mayoría de la población, además de saquear y destruir los recursos naturales del país.

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Las grandes desigualdades y miserias sociales, solo pueden eliminarse de la mano de la lucha de los trabajadores, bajo un programa que detenga el saqueo del país terminando con la rosca financiera y el pago de la deuda externa, nacionalizando la banca y el comercio exterior, y poniendo bajo control obrero los principales recursos naturales y de producción. Bajo la perspectiva de una salida anti capitalista que ponga todos los recursos del país a favor de los intereses populares y la protección del medio ambiente, y no de la ganancia de un pequeño grupo de capitalistas nacionales y extranjeros.






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