SEMANARIO

La Historia del trotskismo americano de James P. Cannon

Roberto Bordón

La Historia del trotskismo americano de James P. Cannon

Roberto Bordón

Ideas de Izquierda

La obra recoge doce conferencias de uno de los dirigentes más importantes del trotskismo norteamericano sobre el surgimiento de la corriente en Estados Unidos y sus primeros años.

¿Cómo se afronta un periodo de fuerte lucha de clases desde la perspectiva de un grupo pequeño de revolucionarios? ¿De qué forma debe encararse la construcción del partido que se propone tomar el poder? ¿Qué importancia tienen el contexto y los factores objetivos en las tareas y tácticas de la organización revolucionaria? Estas y otras preguntas se desarrollan a lo largo de las doce conferencias que James P. Cannon dio como balance de los primeros diez años del trotskismo en Estados Unidos. Una serie de valiosas lecciones recogidas en el libro La Historia del trotskismo norteamericano publicado por Ediciones IPS en Argentina - Ediciones Izquierda Diario del Estado español y que supone una importante referencia para las nuevas generaciones que se acercan a las ideas revolucionarias.

Desde la perspectiva de la crisis social y económica generada por la pandemia del Covid-19 y el hecho de que en general pueden preverse nuevos estallidos de lucha de clases, resulta evidente la necesidad de armarse teórica y políticamente. En el próximo periodo, los distintos grupos de la izquierda anticapitalista y de los trabajadores verán su programa juzgado por la fuerza de los hechos. A continuación, se proponen una serie de puntos por los que merece empezar el año leyendo a este clásico del marxismo revolucionario.

¿Qué elementos son esenciales para construir un partido revolucionario?

A lo largo de las conferencias el dirigente trotskista plantea una serie de elementos que determinan el éxito o fracaso de cualquier organización política, entre ellos la importancia del programa político:

“El destino de todo grupo político- si es para vivir y crecer, o degenerarse y morir- se decide en sus primeras experiencias por el modo en que responde a dos cuestiones decisivas. La primera es la adhesión a un programa político correcto. Pero esto solo no garantiza la victoria. La segunda es que el grupo decida correctamente cuál será la naturaleza de sus actividades y qué tareas se propondrá realizar, teniendo en cuenta el tamaño y la capacidad del grupo, el periodo de desarrollo de la lucha de clases, la relación de fuerzas en el escenario político y otras cosas por el estilo” [1]

Para Cannon, es clave que los trotskistas norteamericanos mantuvieran desde el inicio una gran preocupación por los problemas teóricos-políticos, algo expresado en la importancia que le daban al programa y en su forma de educar a sus cuadros y militantes. Esto es lo que les permite crecer desde una situación de absoluta marginalidad hasta los números que alcanzarían posteriormente, donde tendrían una posición de dirección en huelgas de carácter nacional como la de Minneapolis en 1934. Una preocupación que se extiende a la firmeza con la que defienden una perspectiva internacionalista en su programa desde los inicios de la corriente.
La importancia del internacionalismo aparece como un balance de por qué no habían podido inicialmente pelear contra la degeneración de la Internacional Comunista desde sus posiciones como sección norteamericana de la Tercera Internacional.

Cannon hace una referencia explícita a que debido a que el grupo inicialmente no había seguido los debates “rusos”, es decir, la situación interna de la Unión Soviética, eran incapaces de comprender la batalla que se estaba dando dentro de la Internacional Comunista. Se habían limitado a aceptar el resultado de estos debates de forma unilateral, comprando la versión del estalinismo, sin la menor lectura crítica de qué se proponía.

Esto llevó a una autocrítica, en la que destacaban la importancia que le dan a debatir y clarificar sus posiciones constantemente dentro del grupo y hacia fuera sobre eventos como el destino de la Revolución Rusa tras la muerte de Lenin, a temas como la Revolución Española o la China, como una forma de evitar caer nuevamente en este tipo de errores.

Los trotskistas norteamericanos se distinguían del resto de grupos de la izquierda estadounidense en tanto que buscaban pensar el programa desde una visión internacionalista, desde la idea de estar construyendo las fuerzas para una Revolución Mundial y no desde una visión nacionalista o provinciana más pendiente de ganar posiciones en su respectivo Estado burgués. Como explica Cannon, esta insistencia en una aplicación teórica y práctica del internacionalismo desde los inicios de la construcción de su grupo se debe tanto al enriquecimiento político que supone aprender de lo sucedido en otros procesos ajenos a la realidad nacional, como una cuestión de ser consecuente con estar construyendo un proyecto de destrucción del capitalismo a nivel global.

Este punto, si bien parece obvio cuando se habla de marxismo revolucionario, es uno de los motivos más interesantes para leer el libro en pleno 2021, tras unas décadas donde muchos grupos que se reivindican formalmente herederos del bolchevismo han dedicado el conjunto de sus fuerzas a la construcción de proyectos que se concentran en ocupar posiciones en las instituciones de sus respectivos Estados, ya sea con estrategias abiertamente reformistas o subordinándose a proyectos de este tipo. Cannon nos explica que el internacionalismo debe entender a los partidos nacionales como secciones de un proyecto a nivel global, y que por tanto debe impregnar a las estructuras nacionales de dicha perspectiva en la formación política de sus cuadros y militantes.

Otra lección importante que nos ofrece el dirigente norteamericano se refiere al rol que debe de tener la dirección de un partido revolucionario en identificar correctamente las tareas del periodo concreto en que se mueve. Entendiendo que lejos de ser un esquema mecánico, el tiempo y los factores objetivos de cada momento son clave para determinar qué hacer:

“En el curso de estas conferencias he hecho hincapié repetidamente en que las tácticas de un partido le son impuestas a este por factores políticos y económicos fuera de su control. La tarea de una dirección política es entender qué es posible y necesario hacer en una situación dada, y qué no. Esto puede decirse, es la clave de una dirección política. Las actividades de un partido revolucionario, es decir, de un partido marxista, están condicionadas por las circunstancias objetivas. Estas, a veces imponen derrota y aislamiento sobre el partido, independientemente de lo que puedan hacer la dirección y los militantes. En otras situaciones, las circunstancias objetivas crean posibilidades de éxito y avances, pero al mismo tiempo las limitan. El partido siempre se mueve en un marco de factores sociales no determinado por él, son rasgos del proceso de desarrollo de la sociedad”. [2]

Como vemos, una cuestión para tener en cuenta es la importancia de saber leer la situación de la lucha de clases a la hora de preparar las tareas de un periodo por parte de un grupo revolucionario. Ya que no se trata de repetir mecánicamente una serie de tácticas independientemente de qué esté ocurriendo alrededor, sino precisamente pararse a observar para variar el trabajo dependiendo de qué escenario se esté produciendo.

¡Tenacidad, tenacidad, tenacidad!

Las conferencias de Cannon nos dan una perspectiva de lo difícil que puede llegar a ser construir una corriente política revolucionaria en un periodo de reacción como fueron los años de la degeneración burocrática de la Internacional Comunista. En un contexto de crisis capitalista como fue la Depresión del 29 que aisló a un pequeño grupo de militantes (llegando a ser literalmente tres, de ahí el apodo de los tres generales sin ejército) de las grandes masas a la vez que afrontaban la más absoluta pobreza y furibundos ataques por parte del estalinismo. Y cómo la capacidad de afrontar los retos desde una línea política correcta, así como la habilidad de ir modificándola según se transforman los escenarios de la lucha de clases, puede permitir el surgimiento de un partido revolucionario y de unos militantes bolcheviques.

El dirigente norteamericano nos recuerda lo complicado que puede llegar a ser construir militantes bolcheviques, ya que estos no nacen ni aparecen por generación espontánea, como puedan pensar algunos, sino que resulta un proceso de lucha, pruebas, estudio, discusión y sacrificios personales; pero el éxito de dicho proceso da la mayor de las recompensas, ya que, si se consiguen los suficientes bolcheviques, como afirma Cannon, se puede hacer una revolución y por tanto, cambiar el mundo. Este libro aporta lecciones que nos pueden ayudar a las nuevas generaciones de militantes a recorrer dicho proceso y por tanto transformar la sociedad en la que vivimos y que nos oprime a diario.

Como recuerda en una de sus conferencias, la construcción de un partido revolucionario incluso en los peores momentos de crisis debe visualizarse desde el lema afianzado por Trotsky en los periodos reaccionarios de la burocracia soviética: ¡Tenacidad, tenacidad, tenacidad! Un lema que debe recordarnos que incluso a contracorriente, los grupos que aspiran a la construcción de un partido revolucionario de la clase obrera deben ser capaces de resistir la presión externa e interna que la sociedad burguesa y sus actores políticos ejercen sobre ellos.


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Roberto Bordón

@RobertoBordon13
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