Cultura

8 de septiembre

Julius Fučík: el mártir en cuyo honor se celebra hoy el Día Internacional de Periodista

Militó en el Partido Comunista y fue apresado por los nazis. Antes de ser asesinado, escribió "Reportaje al pie del patíbulo". Un canto a la vida en medio de tanta muerte.

Miércoles 8 de septiembre | 08:50

Cada 8 de septiembre, por decisión de la Organización Internacional de Periodistas, se conmemora el Día Internacional del Periodista. En esta fecha, hace 78 años, era asesinado el escritor y militante comunista Julius Fučík.

Su obra Reportaje al pie del patíbulo, no representa un texto más. Su trascendencia no se mide solamente por sus innumerables ediciones, ni por haber sido traducido a más de ochenta idiomas.

Las páginas de este libro fueron escritas de manera clandestina en la cárcel de Pánkrac, durante la primavera de 1943. Su autor había sido capturado por la Gestapo y decidió dejar rastros de vida donde solo parecía haber lugar para la muerte.

Sabía que sus días estaban contados. Entonces contó.

Contó el dolor y la traición. Contó las torturas y la pérdida. Pero, sobre todo, contó la esperanza que se colaba por los barrotes, los pequeños actos de resistencia, la solidaridad entre los condenados, el amor extrañado y la conciencia de ser parte de la Historia.

Al poco tiempo de ser secuestrado, un miembro de las SS le había dicho: "No tenés corazón". "Pues lo tengo", respondió Fučík. Y, de pronto, se sintió orgulloso, porque fue "capaz de tomar la defensa de su corazón".

"Amaba la vida por su belleza y fui al campo de batalla. (...) Este es mi testamento para ustedes, camaradas, para todos aquellos que he querido. Si creen que las lágrimas borrarán el triste torbellino de la pena, lloren un momento. Pero no se lamenten. He vivido por la alegría y por la alegría muero, sería un agravio poner sobre mi tumba el ángel de la tristeza", eternizó en uno de sus papeles, poco antes de ser ejecutado, a los cuarenta años.

El manuscrito

Con las hojas y lápices que le facilitó en secreto un guardiacárcel (quien luego brindaría los originales a la viuda), Fučík trazó el camino de su calvario. Desde la reunión con camaradas interrumpida por el fuego nazi, en abril de 1942, hasta sus últimos días.

Más de una vez, tras las repetidas golpizas, los verdugos lo habían dado por muerto. Él mismo dudaba de su condición ("Siento un dolor lejano y tengo sed. Y los muertos no tienen sed").

Fueron sus compañeros de celda los que le permitieron esa suerte de "tiempo complementario". Les agradeció retratando sus acciones, sus vidas, cómo destrozaban su vestimentas -hechas harapos- para improvisar vendas. Gracias a ellos pudo escribir, sin saberlo entonces, a futuras generaciones de cronistas y militantes.

Fragmentos de un alma incorruptible y un cronista en la oscuridad

La desesperación, real y humana, conmueve. "Ni las productoras de todo el mundo han podido rodar tantos films como los proyectados por los ojos de los reos sobre el muro, mientras esperaban un nuevo interrogatorio, la tortura, la muerte. (...) He visto cien veces mi propio film, mil veces sus detalles", detallaba el hombre.

Pero lo que prima es la confianza en sus ideas. En cada interrogatorio, reafirmaba su optimismo en la victoria del comunismo. El 1° de mayo, entre las paredes de concreto, imaginaba populosas fiestas de trabajadores y trabajadoras con banderas rojas.

"¡Qué felicidad! ¡Ser una vez más, aunque solo sea por unos instantes, un periodista comunista e informar sobre el desfile de las fuerzas de combate del nuevo mundo! (...) Aquí no se pueden ver millones, ni centenares. Aquí solo se ven algunos camaradas, hombres y mujeres; y, a pesar de ello, sabés que esto no es menos importante, porque es la revista de una fuerza sometida a una prueba de fuego y que no se transforma en ceniza, sino en acero".

Nada de lo humano le fue ajeno, ni dentro ni fuera de la cárcel. Reflexionaba: "Yo he cantado durante toda mi vida y no sé por qué tendría que dejar de hacerlo ahora, justamente al final, en el momento en que vivo más intensamente".

Frente a la pretensión de ostracismo, retrucaba: "Los prisioneros y la soledad: estas dos palabras parecen inseparables. Pero es un gran error. (...) La fraternidad de los oprimidos está aquí sometida a una presión que la condensa, la robustece y la vuelve también más sensible (...) libera de la soledad que debería quebrarte".

A su querida esposa Gusta, le gritaba en silencio: "La lucha, las continuas separaciones, han hecho de nosotros eternos amantes, que no una, sino cien veces, viven los momentos más fervientes de las primeras caricias." (...) Pueden quitarnos la vida, ¿no es cierto, Gusta? Pero ¿nuestro honor y nuestro amor? No, no pueden. (...) Vos lo sabés, yo lo sé: no nos volveremos a ver. Pero, de todos modos, oigo que me decís desde lejos: ¡Adiós, querida mío! ¡Adiós, mi Gusta!".

Julius Fučík, periodista hasta el último suspiro: "El trabajo periodístico agota a menudo a su hombre; quizás lo dispersa un poco, pero lo une al lector, le enseña a crear hasta en poesía, sobre todo cuando se trata de un periodista honesto".

Julius Fučík, militante hasta el último día: "Es una carrera de esperanza con la guerra. ¿Qué llegará primero, la muerte del fascismo o mi propia muerte? (...) Yo he pensado siempre en lo triste que resulta ser el último soldado herido en el corazón por la última bala en el último segundo. Pero alguno tiene que ser ese último. Si supiera que puedo ser yo, querría serlo aún ahora".






Temas relacionados

Julius Fucik   /   Nazismo   /   Nazis    /   Historia   /   Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO