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Red Internacional

En este artículo nos proponemos realizar un balance crítico con las posiciones que tomaron los partidos más representativos de la izquierda y durante la Guerra de Malvinas en 1982 como también posiciones de intelectuales posteriores al conflicto.

Ezequiel SilvaHistoria-UBA

Viernes 7 de mayo | Edición del día
Marcos Kazuo

Hacia marzo de 1982 la dictadura transitaba su sexto año con un gran desgaste. El plan económico de Martínez de Hoz, que favoreció la penetración imperialista y el ataque a las conquistas obreras, mostraba sus límites. La deuda externa que había crecido considerablemente, las sucesivas devaluaciones y la "bicicleta financiera" hicieron que la economía entre en crisis. La desocupación, la inflación y el aumento del precio de los alimentos empezaron a quitarle base social a la dictadura.

La dictadura había fundado su poder sobre la derrota del movimiento obrero y popular de las décadas de 60 y 70, aniquilando a su vanguardia y estableciendo el terrorismo de Estado. Sin embargo, los trabajadores se opusieron desde el principio a la dictadura. El punto más alto de esta resistencia se da el 30 de marzo de 1982 con una gran movilización convocada por la CGT Brasil hacia Plaza de Mayo y que se replica en las principales ciudades del país.

Ante esta situación de movilización y descontento, sumado a la pérdida de su base social en las clases medias ante la situación económica desfavorable, los militares deciden usar un reclamo legítimo como el reclamo sobre las Islas Malvinas apelando a la “unidad nacional” apoyada por los principales partidos como el PJ y la UCR. El 2 de abril de 1982 se produce el desembarco en las islas. Esta aventura militar no tuvo ningún interés real en enfrentar al imperialismo inglés y la dictadura lo usó como una maniobra para recuperar legitimidad, fue una acción improvisada que no tuvo ningún tipo de preparación. El plan de la junta militar era ocupar las islas y negociar con Gran Bretaña con una mediación de los EE.UU.

Mientras que Gran Bretaña atravesaba una fuerte crisis económica, y predominaba el descontento por las políticas de disminución del gasto público, privatizaciones de las empresas estatales, entre otras, que implementó desde 1979 Margaret Thatcher generando inflación y desempleo. Es en este escenario donde cada gobierno utilizó la Guerra de Malvinas y donde la izquierda tuvo que definir una posición ante la guerra donde se enfrentaba una potencia imperial contra un país semicolonial que tenía en un gobierno de facto.

PC y PCR: dos variantes de subordinación al patriotismo militar

Para entender la política del Partido Comunista (PC) frente a la guerra tenemos que partir de la caracterización que hizo de la dictadura militar. La política que sostuvo el PC planteaba que en Argentina no había una dictadura sino un proceso disputado por dos tendencias [1] . Por un lado, los “moderados” entre los cuales se encontraban Videla y Viola y los “pinochetistas” o “fascistas” que buscaban imponer un “verdadero” baño de sangre. Ante este análisis, el PC buscó proponer el apoyo “táctico” a los primeros y el llamado a construir una “convergencia cívico militar” con vistas a una futura normalización institucional. Esta posición frente a los militares en el gobierno fue sostenida durante prácticamente toda la dictadura. La propuesta de gobierno cívico militar y la caracterización de que existía una corriente democrática en las Fuerzas Armadas con capacidad para encabezar el proceso político, será sostenida hasta fines de 1982. Recién se hará una autocrítica en el congreso XVI de 1986.

A diferencia del PST, PO, PCR y el PRT-ERP que fueron prohibidos e ilegalizadas sus actividades, el PC fue considerado por la dictadura militar como partido "parlamentario", no _subversivo_ y solo se le suspendieron sus actividades [2]. Otro aspecto relevante fue que, al momento de la guerra, la última dictadura - siendo un bastión del imperialismo estadounidense en la región y en toda América Latina, por su alcance represivo a nivel interno y que exportó sus métodos represivos a otros países del continente particularmente en Centroamérica - fue socio comercial de la Unión Soviética. Esto fue importante ya que se dio en el contexto del bloqueo estadounidense al comercio cerealero del mundo occidental con la URSS a causa de su intervención en Afganistán.

Desde el principio de la guerra, el PC se pronunció a favor de la ocupación militar de las islas. Si bien en su apoyo a la guerra alega que la recuperación del archipiélago es una causa justa en la liberación nacional contra el imperialismo, de este pronunciamiento se desprenden dos aspectos elementales. El primero es plantear que la recuperación de las Malvinas es una causa para la totalidad de la nación, contradiciendo sus argumentos en relación a una lucha contra el imperialismo. Negando la independencia política de la clase trabajadora que es la única que puede liberarse de las cadenas de la opresión imperialista.

El segundo aspecto a tener en cuenta se desprende de lo ya mencionado anteriormente. La política del PC fue un apoyo explícito al Proceso de Reorganización Nacional. En el informe conocido como Malvinas: Batalla por una nueva Argentina que realiza el entonces secretario general del partido, Athos Fava, al comité central el 5 de Junio, plantea lo siguiente:

(...)el secretario general establece que el PC apoya la defensa de la soberanía realizada por el PRN frente a los embates de Reagan y Alexander Haig, asimismo acompañan la posición negociadora del PRN en los fueros internacionales y los discursos y palabras vertidas por el Canciller Costa Méndez y el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri. [3]

Por otro lado, el PC también tuvo una política pacifista frente a la guerra. Una de sus formas de militancia con relación a este posicionamiento fueron las misas por la paz, peregrinaciones llevadas adelante por la Unión de Mujeres Argentinas (UMA), agrupación amplia impulsada por este partido. Estas actividades ya eran promovidas desde el conflicto entre Argentina y Chile durante la navidad de 1978 y se intensificaron durante la Guerra. [4] La máxima expresión de esta política fue el apoyo a la visita del Papa Juan Pablo II por la paz hacia el final de la guerra que buscaba, como hizo la iglesia católica, de sostenimiento de la dictadura. Todas estas políticas seguían los pasos que tuvo la dictadura a lo largo de la contienda. Luego del desembarco, la línea de la dictadura fue la negociación. En lugar de llevar hasta el final una política de enfrentamiento con el imperialismo, el PC se adaptó a cada paso tomado por la dictadura.

En esta misma línea pacifista el PC realiza, una profunda defensa del rol de la URSS respecto a la Guerra de Malvinas. Promoviendo a Moscú como el principal promotor de las políticas de descolonización, la liberación de los países oprimidos presentándola con una posición consecuente de paz, de apoyo a la soberanía y de aliento a la negociación pacífica. [5]

En el caso del maoísta Partido Comunista Revolucionario (PCR) su posición fue la de unión nacional contra la agresión imperialista. Esto exigía la más amplia y profunda movilización del pueblo para que éste tomase en sus manos la defensa de la patria. Este “patriotismo” no se llevaría adelantes ni desde la Junta Militar, ni desde la mayoría de las direcciones sindicales y políticas se empuja realmente la organización de las masas para la guerra.

A diferencia del PC, planteó una política frente al imperialismo que contemplaba nacionalizar las estancias de propiedad inglesa, los bienes de las compañías británicas y no pagar la deuda externa con Gran Bretaña. [6] También para el maoísmo, la URSS se encuadraba dentro del bando imperialista y denunció al PC como quinta columna “prorusa” que bloqueaba la organización del pueblo para enfrentar al agresor extranjero.

Tanto en las posiciones del PC como del PCR el que debe enfrentar al imperialismo es el pueblo organizado como parte de la “unidad nacional”. En el caso del primero abonando al pacifismo que predicaba la política exterior de la URSS y en el segundo la subordinación de los militares y realzando el supuesto patriotismo de los genocidas. Esta es la gran diferencia con las corrientes trotskistas que veremos a continuación, en las cuales el rol de los trabajadores tiene mayor preponderancia. [7]

Las corrientes trotskistas frente a la guerra y la “transición a la democracia”

En este apartado analizaremos las posiciones políticas de la principal corriente trotskista de aquel momento organizada en torno al Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y de Política Obrera (organización antecesora del actual Partido Obrero) sobre la Guerra de Malvinas.

En primer lugar, podemos decir que el PST define correctamente el carácter de la guerra como antiimperialista progresiva, más allá de los regímenes enfrentados: una dictadura de un país dependiente con rasgos semicoloniales contra una “democracia” imperialista. Se pronuncia por la derrota del imperialismo angloyanqui ubicándose en el campo militar de Argentina, pero a diferencia del Partido Comunista, sin darle apoyo político a la dictadura, mientras que denuncia la mediación y negociación de EEUU planteando la ruptura de relaciones diplomáticas, la expropiación de las empresas imperialistas (sobre todo las británicas y estadounidenses), el no pago de la deuda externa. También llama a una unidad de acción antiimperialista que sería encabezada por la CGT, la búsqueda de unidad latinoamericana y a impulsar acciones de solidaridad, particularmente en Gran Bretaña.

Las acciones nombradas anteriormente y la victoria de argentina en la guerra suponían superar a la dirección militar de la Junta ya que, ante el hecho consumado de la guerra, los militares no dejaron de retroceder sobre sí mismos con tal de que las masas no la sobrepasan. Para esta corriente, aunque no se suspende la lucha contra la dictadura: el eje ahora pasa por levantar el programa y criticar las “debilidades” y “vacilaciones de la Junta”, “sin renunciar al objetivo de derribarla”. En consecuencia, se postergaba la lucha por derribar la junta dado que, en caso de ganar la guerra, sería más fácil derrotarla. [8]

A pesar de que se diferenció de los sectores pacifistas, el morenismo terminó cediendo al patriotismo que se expresó en el apoyo de la CGT Brasil en ese momento dirigida por Saul Ubaldini que había declarado “Primero la patria” subordinado al movimiento obrero a la política de la Dictadura. A la CGT se la llamó con comisiones de lucha y movilización contra la agresión imperialista, organizar la solidaridad y colectas y reclutar voluntarios, con el objetivo de garantizar y vigilar que se cumplan las medidas y a “reclamar” al régimen militar plenas libertades democráticas y la defensa del nivel de vida de los trabajadores con aumentos y contra los despidos. [9] Esta política luego se dejará de lado y se llamará a la CGT a reorganizar al movimiento obrero a través de cuerpos de delegados y comisiones internas para apoyar la lucha.

Si bien la política del PST en el momento de la guerra se puede considerar en general principista, la falta de una política para que el movimiento obrero dirija al conjunto de la nación y forme organizaciones independientes, demostró que su estrategia no era transformar la “maniobra de guerra” de la junta militar en una verdadera guerra antiimperialista que abriera paso a la revolución proletaria.

Luego de la guerra, Moreno definió que con esta se abrió una situación revolucionaria, sin embargo, la clase obrera interviene en ella de forma diluida, retrocediendo del rol que había comenzado a tomar antes de la guerra. En la capitulación del ejército argentino en Malvinas el 15 de junio y la caída de Galtieri, Moreno ve un nuevo salto en la crisis general del sistema y del régimen. El resultado de esa “crisis revolucionaria” fue la destrucción de un viejo régimen, represivo, por el nacimiento de uno nuevo con más amplitud democrática. Por esta supuesta crisis revolucionaria que reemplazó el viejo régimen por uno que se encontraría en sus antípodas.

De esta forma Moreno, más allá de la caracterización, devaluó la repercusión en la conciencia de las masas tras ser derrotados por el imperialismo y el rol jugado por la Multipartidaria (PJ, UCR, PI, PC) que le dio un año de vida a un genocida como Bignone hasta realizar las elecciones (dándole una cara democrática a un régimen que tuvo 4 muertos por la represión, entre ellos una militante del PST) y caracterizando que en argentina hubo una revolución democrática triunfante. [10]

La posición de Política Obrera (PO), frente a la conflagración, similar a la del PST se posiciona del bando de Argentina (país oprimido), sin dar apoyo político a la dictadura argentina. Junto a esto, propone un programa de lucha donde denuncia el intento de capitular ante el imperialismo mediante una negociación entreguista, por eso, propone intervenir la propiedad de todo capital extranjero. A su vez reclama por la satisfacción inmediata de los reclamos del movimiento de Familiares y Madres sobre los desaparecidos y la formación de un frente único antiimperialista que ponga en práctica este programa. [11] Sin embargo, la formulación del Frente Único Antiimperialista (FUA) presupone la alianza con sectores de clases no proletarias. En lugar de plantear el Frente Unico Obrero, para llevar adelante un programa de independencia de clase frente al conflicto bélico, PO cedió a las presiones patrióticas del momento creyendo que hay sectores burgueses que pueden enfrentar al imperialismo. (http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/frente-antiimperialista-y-frente-unico-de-masas/)

A su vez, PO fue cediendo en cada línea de negociación de la dictadura. En Política Obrera N˚ 330, del 12/6/1982 se puede ver como llama a movilizar a las misas dadas por el Papa Juan Pablo II (entre el 10 y el 13 de junio), a la que asistieron los militares cuatro días antes de su rendición, para “cambiar su contenido”. Mientras que el PST denunció claramente el rol “pacificador” del Papa en la semicolonial Argentina al mismo tiempo que apoyaba a la monarquía inglesa. La Multipartidaria (PJ, UCR, MID, PDC y PI) junto al Partido Comunista, así como las dos CGTs (Brasil y Azopardo) llamaron a concurrir a estos actos masivamente.

Otro ejemplo de esto lo podemos ver en una movilización organizada por la multipartidaria el 16 de diciembre de 1982. Llamada “Marcha de la Multipartidaria” y convocada con el fin de que se lleven adelante las elecciones en octubre del año siguiente, PO llamó a marchar [12] y nuevamente proponían cambiar el contenido con el “Fuera la dictadura ya”. [13]

Los intelectuales y la claudicación frente al imperialismo

Ya vimos las posiciones de los partidos con más peso de la izquierda durante la guerra. A continuación, proponemos debatir con algunas de las posturas de diferentes intelectuales que no solo se pronunciaron sobre la guerra de Malvinas sino también con las posiciones que tuvo la izquierda de otros países, particularmente de Gran Bretaña, frente a la guerra. Por eso, nos parece relevante incorporarlas a la reflexión sobre qué posición tener frente a contiendas de estas características. Sus escritos son posteriores a la guerra y se caracterizan por tener una mirada crítica al apoyo dado por la izquierda argentina al bando argentino durante la guerra de Malvinas. Estos son Adolfo Gilly intelectual nacido en Argentina que hizo su carrera política y académica en México, su derrotero lo llevo a apoyar al PRD mexicano y formar parte del gobierno municipal de la Ciudad de México. Alan Woods, militante de la corriente The Militant del Reino Unido hasta 1992 cuando junto a Ted Grant son expulsados y fundan la Corriente Marxista Internacional y Alberto Bonnet Licenciado en Filosofía y Doctor en Ciencias Sociales.

El primero a diferencia de los otros dos, reconoce que el capitalismo se encuentra en su fase superior, el imperialismo. Para Gilly Argentina es un país subordinado en la organización internacional del trabajo. El gobierno surgido en 1976 es una alianza de la burguesía nativa entrelazada con el capital imperialista y la operación Malvinas no encerraba ningún conflicto contra el capital extranjero o contra la dominación imperialista, sino una búsqueda de legitimación de la dictadura militar que representa ese entrelazamiento. [14]

Otro debate al respecto es acerca de si Malvinas representa una cuestión nacional. Para Gilly la soberanía sobre las islas es secundaria y marginal, ya que la cuestión nacional pasa por la lucha contra la alianza y la interrelación entre el capital nacional y el capital imperialista que dominan al país.

Sin embargo, los archipiélagos del atlántico sur cumplen un rol fundamental en la geopolítica a nivel mundial y regional. La clase obrera está en peores condiciones de liberarse de las cadenas del imperialismo si tiene una base británica o yanki a menos de 600 km de distancia. Además, por su ubicación estratégica cercana a la Antártida, al paso bioceánico y a la conexión de bases de la OTAN en el atlántico sur, refuerza al imperialismo.

La interpretación de Alan Woods y su corriente es más problemática si tenemos en cuenta que se reivindican trotskistas. Formando parte de la corriente The Militant, que hizo del entrismo en el partido laborista su fin más que su táctica, en 1992 se alejó junto a Ted Grant formando la Corriente Marxista Internacional. La posición de esta corriente niega el carácter dependiente de Argentina y por lo tanto de guerra imperialista.

Ya en 1982 trataba a todo trotskista que se posicione del bando argentino de ultraizquierdista. Para el Grantismo como Argentina era una de las naciones más desarrolladas de América Latina, eso la convertía en una nación imperialista. Y por lo tanto era una guerra entre dos naciones imperialistas y lo que había que militar era el derrotismo revolucionario. Esta fue la política de los revolucionarios agrupados en Zimmerwald entre los que se encontraban Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, entre otros rechazando lo que fue la Primera Guerra Mundial. El planteo que hicieron los revolucionarios frente al escenario bélico fue que la contienda mundial se vuelva una guerra civil continuando la lucha de clases en el propio país aunque esto implique la derrota de la propia burguesía. Sin embargo, Ted Grant además de la derrota de ambos bandos, cedía a su propio imperialismo llamando a elecciones de manera urgente lo que era una salida a la crisis del thatcherismo.

Otra posición que cede al imperialismo es la de Alberto Bonnet. Para el docente e investigador el mejor desenlace posible hubiese sido que la izquierda, desde una perspectiva “clasista e internacionalista” proponga una política que fuerce la retirada de los militares argentinos de las islas, generando una humillación tal que profundice la crisis del régimen y acelere la caída de la dictadura evitando el fortalecimiento del gobierno conservador de Thatcher con la victoria militar de Gran Bretaña. Una posición que parece un “derrotismo revolucionario proimperialista”. Esta posición cuestiona el carácter que la izquierda le dio de país dependiente negando la categoría de imperialismo.

Todos estos argumentos, que parten de análisis tanto de coyuntura como estructurales de Argentina pierden de vista por completo el hecho de que en la guerra había que apostar a la derrota del imperialismo y lo más progresivo que podía salir de la guerra era la derrota de la potencia imperialista.

Conclusiones

A lo largo del artículo vimos las diferentes posiciones que tuvieron los partidos en el momento de la guerra como también aquellas que se mantienen hoy de diferentes intelectuales. Los análisis que hicieron Lenin y Trotski a comienzos del siglo pueden ayudar a esclarecer una posición correcta frente al imperialismo. Lenin en la conferencia titulada La Guerra y la Revolución [15] plantea cómo se debe analizar cada acontecimiento bélico y pronunciándose claramente contra el pacifismo:

Desde el punto de vista del marxismo, es decir, del socialismo científico contemporáneo, lo fundamental, para los socialistas que discuten cómo juzgar la guerra y cómo enfocarla, consiste en aclarar los fines de esta guerra, qué clases la han preparado y la dirigen. Nosotros, los marxistas, no pertenecemos al número de los enemigos incondicionales de toda guerra. […] Hay guerras y guerras. Es necesario discernir de qué condiciones históricas surge la guerra, qué clases la sostienen y en nombre de qué. [16]

A partir de estas palabras podemos decir que desde el punto de vista de los revolucionarios lo correcto en la Guerra de Malvinas, una vez desatada la agresión imperialista, era ubicarse militarmente en el campo de la nación oprimida, en este caso Argentina, pero levantando una política independiente de Galtieri y la junta militar. Por su propio carácter de clase, nunca iban a tomar todas las medidas necesarias para lograr un triunfo contra el imperialismo. Y esto se vio en que la dictadura no tocó, en ningún momento los intereses ingleses en el país. No se expropiaron las propiedades inglesas y menos se tocaron sus ganancias. Días antes del comienzo del conflicto, las empresas inglesas retiraron 2000 millones de dólares y lo enviaron fuera del país para evitar una posible confiscación por parte de Argentina. Junto a estas medidas tampoco se suspendió el pago de la deuda externa.

Además de estas medidas económicas, otra de las medidas básicas era incentivar el alistamiento masivo del conjunto de la población trabajadora. Garantizar el entrenamiento militar y la entrega de armas al conjunto de trabajadores. Esto no lo iba a hacer la cobarde dictadura genocida, mas proclive a torturar conscriptos destinados en las islas que enfrentar al imperialismo. Que todo hombre y mujer pudiera recibir una adecuada instrucción militar lo tenían que imponer los trabajadores a través de sus organizaciones, los únicos verdaderamente interesados en derrotar al imperialismo.

La guerra mostró que si no es una dirección obrera revolucionaria la que se pone al frente para llevar adelante las medidas necesarias para triunfar contra los intereses colonialistas se termina en aventuras militares que hicieron que en nuestro país se fortalecieron las cadenas que nos atan al imperialismo. Había un enfrentamiento militar, y lo más progresivo que podía salir de la guerra era la derrota de la potencia imperialista. El sentido común que se impuso luego de la derrota fue que contra el imperialismo no se puede luchar.

La derrota argentina en Malvinas, llevo a un aceleramiento del desprestigio de los militares, que ya venía en los últimos meses deslegitimado y desafiado en las calles por la clase trabajadora. Esto posibilitó el avance y presión de la Multipartidaria (coalición de los principales partidos burgueses y democráticos) que buscó una transición ordenada que le de un final a la dictadura y el llamado a elecciones. Esta transición, parte de la política del imperialismo para evitar la emergencia de la revolución proletaria, que habilitó la impunidad a los militares genocidas e instaló la idea de que era imposible derrotar a Inglaterra, imponiendo el pacifismo en la clase obrera.

Con la victoria de Gran Bretaña, Thatcher aumentó su popularidad detrás de una política de unidad nacional. Con el fortalecimiento de su gobierno logró aplastar la huelga minera contra la privatización de las minas en los años 1984-85. Por lo tanto, el resultado de la guerra fue un golpe contra los trabajadores de ambos países, permitiendo una mayor ofensiva imperialista sobre la región, en el marco de una serie de derrotas de la clase obrera a nivel mundial que comenzaba a ser sometida en lo que luego se conocería como neoliberalismo.

Para los partidos de izquierda, en particular los trotskistas que reivindicaban una política independiente de la clase trabajadora, la Guerra de Malvinas fue parte de la intervención y el rol que tuvieron en la etapa previa. Su incapacidad para rever sus posiciones y hacer un balance luego de más de cinco años de una derrota de la clase obrera con el golpe genocida, arrastraron un análisis equivocado de la situación nacional e internacional. La teorización, sobre todo del PST-MAS de lo que sucedía en ese momento era una revolución democrática triunfante, en lugar de una contrarrevolución democrática implementada como política del imperialismo, se mantiene hasta el día de hoy por aquellas organizaciones que se reclaman sucesoras del morenismo.

A 39 años de la guerra, se mantiene vigente la necesidad de comprender para todos aquellos que se reclaman antiimperialistas, la posición de los socialistas revolucionarios y los debates que se encuentran al interior de la izquierda.


[1Casola, N. (2014). De la “convergencia cívico militar” al “viraje revolucionario”. La crisis del Partido Comunista durante los años 80. Archivos De Historia Del Movimiento Obrero Y La Izquierda, (5), 51-70. https://doi.org/10.46688/ahmoi.n5.114

[2ver Casola, N. (2013). “¡Los comunistas no somos subversivos!”. El PC y la dictadura militar argentina (1976-1983). Archivos De Historia Del Movimiento Obrero Y La Izquierda, (2), p.133 https://doi.org/10.46688/ahmoi.n2.89

[3Atos Fava, Comité Central del Partido Comunista (Junio de 1982). Malvinas: Batalla por una nueva Argentina. Versión reducida del Informe de Athos Fava en la reunión del Comité Central del 5 de Junio de 1982

[4Casola, Natalia Formas de militancia en el Partido Comunista argentino durante la última dictadura militar (1976-1983) Antíteses, vol. 8, núm. 15, noviembre, 2015, pp. 203-220 Universidade Estadual de Londrina Londrina, Brasil

[5Comité Central del Partido Comunista (Junio de 1982). Malvinas: Batalla por una nueva Argentina. Versión reducida del Informe de Athos Fava en la reunión del Comité Central del 5 de Junio de 1982, p. 6.)

[6Para profundizar en la posición del PCR ver https://pcr.org.ar/nota/la-guerra-de-malvinas-4/

[7Op. cit.

[8Gabriela Liszt, Historia y Balance del MAS argentino Parte I, Revista LUCHA DE CLASES, Nro. 6, junio de 2006, p. 195

[9Op. cit. 196

[10Nahuel Moreno, 1983, "1982: Comienza la Revolucion", p.7

[11Política Obrera N° 330, 12/6/1982.

[12En esa movilización fue asesinado desde un Falcón Dalmiro Flores, un joven de la UOM .

[13PO N° 1, 14/12/82

[14Adolfo Gilly, Las Malvinas, una guerra del capital Cuadernos Políticos, número 35, ediciones era, México, D.F., enero-marzo 1983, pp.15-51.

[15Lenin, Obras Selectas, 2013, Ediciones IPS, p66-83

[16Op. cit, p66





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