Como enfrentar a la derecha

Frente Amplio: ¿Es la oposición que necesitamos?

En medio de una grave crisis social y económica las recientes declaraciones de referentes del Frente Amplio muestran el intento de “tender puentes con el gobierno” y buscar el dialogo. Se trata de una estrategia opuesta a la que precisan los trabajadores para enfrentar el ajuste; esta no es la oposición que necesitamos.

Domingo 15 de agosto | 19:30

El país atraviesa una importante crisis social, con un fuerte aumento de la pobreza y deterioro de las condiciones de vida. Esta situación es resultado de la emergencia sanitaria del Covid, pero también de la política que se dio el gobierno de Lacalle Pou para enfrentarla y de los propios avances del proyecto de ajuste que vino a implementar la derecha.

No podemos olvidar que Uruguay es el país de América Latina que menos gasto social efectuó en el marco de la pandemia y que por ejemplo la serie de aumentos de los combustibles, con su impacto en el precio de otros productos, es consecuencia directa de la Ley de Urgente Consideración (LUC) que votó el gobierno.

En este contexto político vale detenerse a analizar las declaraciones de importantes referentes del Frente Amplio para ver como se posiciona esta fuerza política frente al avance de la derecha.

Tendiendo puentes

Tanto el intendente de Canelones, Yamandú Orsi, como el coordinador transitorio del Frente Amplio, Ricardo Ehrlich han planteado en estas últimas semanas la necesidad de diálogos y acuerdos con el gobierno. Se trata de referentes actuales del Frente Amplio; en tanto Orsi se perfila como uno de los principales candidatos para las próximas elecciones nacionales y Ehrlich es el portavoz y vocero del FA luego que Javier Miranda dejara la presidencia del partido.

Ehrlich fue recibido hace dos semanas por Lacalle Pou en la Torre Ejecutiva, y a la salida de un encuentro al que calificó como “muy cordial” señaló que "El tema central fue evitar las grietas, evitar crispar el ambiente”. “Se inicia una etapa de diálogos” agregó Ehrlich.

En el mismo sentido, unos días antes, se había expresado el intendente de Canelones Yamandú Orsi. En el contexto de la negativa del gobierno a otorgar el fideicomiso para obras en el departamento, Orsi manifestó que “Cada vez más convencido de que este país se construye con puentes…en mi cabeza y en mi vocación republicana no está eso de la triquiñuela tratando de complicar, no, porque soy de los que piensan que cuanto mejor, mejor”

Semanas atrás en una entrevista con el semanario Búsqueda el ex presidente del Frente Amplio Javier Miranda había expresado que el “gobierno nos debe una” porque el Frente Amplio había canalizado el descontento popular de manera “civilizada” y evitaba que en Uruguay pasara lo que en Chile o Colombia

El rol del Frente Amplio frente al ajuste del gobierno

Aunque es evidente que el que lleva adelante el ajuste antipopular es la coalición multicolor encabezada por Lacalle Pou, la oposición del Frente Amplio no juega un rol eficaz para enfrentar esa ofensiva, por el contrario sus posiciones terminan siendo funcionales al proyecto del gobierno. Las palabras de los referentes frenteamplistas, con sus apuestas al diálogo y los acuerdos se inscriben en esta lógica.

Evitar la grieta como dice Ehrlich apunta a consolidar el régimen político de conjunto y marca los límites del Frente Amplio. El propio Miranda lo ha dicho cuando se alegra que los conflictos sociales no se expresen como en Chile o Colombia, es decir con la irrupción de las masas en las calles enfrentando las políticas de los gobiernos de turno. A esto apuesta el FA, y en eso no se diferencia de los partidos tradicionales.

Gobierno y oposición buscan el consenso “por arriba” asegurando la paz social y turnándose para administrar el capitalismo con las reglas de juego que se impusieron a partir de la dictadura y luego del periodo neoliberal de los 90.

Por algo el Frente Amplio fue incapaz de desandar las reformas que se implementaron en esos años y que incluyen privatizaciones y precarización laboral e incluso mantuvo figuras militares relacionadas con la dictadura en distintos cargos (el ejemplo de Daniel Castellá, vinculado al asesinato con torturas de Vladimir Roslik y ascendido durante los gobiernos del FA es uno de los últimos casos). Sus aspiraciones, con un electoralismo febril que solo piensa en 2024, no va más allá de ser la opción del mal menor frente a la derecha tradicional.

La reforma jubilatoria que se está preparando, de contenido regresivo, contra los trabajadores y en función de aumentar el lucro de sectores capitalistas, une a la derecha y al Frente Amplio, como lo atestiguan diferentes declaraciones de varios de sus voceros.

La lucha contra la ley de Urgente Consideración (LUC) ha quedado acotada a 135 artículos y en el marco limitado de las vías institucionales. El referéndum no es una herramienta que puede ser usada para alentar y amplificar la movilización contra el proyecto del gobierno sino que es un fin en si mismo. Más allá de su resultado el FA quiere reafirmar que es un socio confiable en administrar el régimen capitalista y que toda resistencia queda acotada al parlamento y los caminos institucionales. Dicho sea de paso no está mal recordar que los aumentos de los combustibles de estos meses son posibles por la LUC y estos artículos fueron votados por el propio Frente Amplio.

Al mismo tiempo que los dirigentes de la coalición de izquierdas se esfuerzan por tender puentes con el gobierno, las propias bases (las mismas que se pusieron al hombro la juntada de firmas) buscan un camino más confrontativo.

El pasado fin de semana sesionó el Plenario del Frente Amplio y parte de su diagnóstico del programa de gobierno fue señalar que:
"También enfrentamos un nuevo capítulo del recorte de nuestras libertades, del presupuesto para la atención de emergencias en salud, educación, vivienda y atención social" en medio de una "nueva ola de privatizaciones y desmantelamiento de las empresas públicas, la destrucción del aparato productivo y la hipoteca de nuestras posibilidades de desarrollo futuro como país".

Ante tamaño ajuste, que el propio FA percibe, es evidente que el dialogo y tener buena relación con el gobierno no lleva a nada.

En este mismo plenario se señala que se sufre el peor deterioro en las condiciones de vida en mucho tiempo, porque aumentó 40% la pobreza y se incrementó la pobreza extrema.

El diagnóstico es contradictorio con la estrategia que promueven los dirigentes, los mismos que hace un año hablaban de unidad nacional o que quieren hacerle homenajes a Alejandro Atchugarry.

Este ministro de Jorge Batlle en el 2003 fue el que ideó el plan para salir de la crisis del 2002 y que llevó a una miseria y pobreza nunca vista a importantes sectores de la población. La propuesta de Orsi de que un paseo costero de Canelones lleve el nombre del exministro es otro símbolo de la integración del FA al sistema político y cuál es el rol que espera cumplir Orsi, ya sea en la oposición o en el gobierno.

¿Que izquierda necesitan los trabajadores y las trabajadoras?

Para enfrentar y frenar los planes del gobierno (LUC, rendición de cuentas, ajustes tarifarios, recortes presupuestales, reformas de la seguridad social) hay que desarrollar una estrategia opuesta a la que promueven los dirigentes frenteamplistas o los dirigentes del PIT-CNT.

La central sindical ha dejado de lado la independencia política y se ha subordinado a la política del Frente Amplio. En este camino se ha perdido la democracia obrera, no son las bases quienes definen la política sino que sus dirigentes son los que resuelven de manera inconsulta.

Cuando el Frente Amplio definió impulsar la derogación parcial de la LUC (luego de titubeos y sectores que planteaban no juntar firmas por el referéndum) el PIT-CNT hizo suyo este planteo y presionó al conjunto de las organizaciones sociales para no tomar el camino de la derogación total; más allá de que era una ley que de conjunto y de manera integral es parte del programa de gobierno de la coalición multicolor.

La lucha contra la derecha no puede basarse en diálogos y “puentes”, la grieta que Ehrlich dice querer evitar es producto de una sociedad dividida en clases donde los sectores dominantes impulsan a través del gobierno un ajuste antipopular para que el costo de la crisis recaiga sobre los trabajadores y sectores populares.

El camino que puede enfrentar estos planes está basado en la movilización en las calles y la organización popular, discutiendo democráticamente un plan de lucha que de una salida obrera a esta crisis.






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