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Red Internacional

A los 95 años.Falleció Mercedes Colás de Meroño, vicepresidenta de la Fundación Madres de Plaza de Mayo

"Porota", como la llamaban sus compañeras, murió en su casa del barrio porteño de Villa Devoto. Su única hija, Alicia Meroño, fue secuestrada y desaparecida por la dictadura el 5 de enero de 1978 en una vivienda de la calle Benito Juárez cuando tenía 31 años. Desde ese momento comenzó su lucha junto a otras mujeres por encontrarla.

Jueves 22 de abril | Edición del día

La triste noticia del fallecimiento de Mercedes Colás de Meroño se conoció hace unas horas. Nació en Argentina en 1925 pero emigró a España en 1931, con su padre José María Colás, quien era albañil y anarquista, su madre y su hermano. Durante la Guerra Civil española, José fue fusilado por grupos fascistas en el pueblo de Tudela, Navarra.

En ese momento Mercedes tenía 11 años, pero a pesar de ser una niña, eso no impidió que los fascistas la raparan a la fuerza en escarmiento por ser la hija de un “fusilado por rojo”. Ella recordó con precisión ese día a pesar del paso de los años: “Lo fusilaron un jueves a las tres y media de la tarde”.

Tras el asesinato de su padre, “Porota” y su familia regresaron a Argentina y cuando tenía 14, conoció a Francisco Meroño, trabajador textil en la empresa Grafa, con quien luego se casaría y tendría a su hija Alicia.

La lucha colectiva

Mercedes contó en varias oportunidades como fue la primera vez que llegó a Plaza de Mayo en plena dictadura, para sumarse a las otras mujeres que reclamaban por la aparición de sus hijos e hijas. En ese momento compró “un pañuelo de los que se usan para bailar”, se lo puso en la cabeza y se sentó en un banco.

En ese momento se acercó una mujer que participaba de la manifestación y le preguntó: “¿A vos quién te falta?”. “Yo lloraba y le contesté ‘mi hija’” y ella me dijo ‘acá no se viene a llorar, se viene a luchar, así que levántate y vamos. Nunca más la vi ni supe quién era”.

Su historia, como la de tantas otras mujeres que salieron a luchar por encontrar a sus hijos e hijas y a los de sus compañeras emociona enormemente, pero sobre todo compromete a continuarla en forma independiente del Estado, exigiendo el juico y castigo en cárcel común para todos los genocidas.




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