Política

HASTA SIEMPRE, AURORA

Falleció Aurora Morea, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora

Aurora fue una férrea luchadora por los derechos humanos, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora desde que el 20 de agosto de 1976, su hija, Susana Pedrini, su yerno, José Daniel Bronzel, y su consuegra Cecilia Podolsky fueron asesinados por grupos de tareas de la dictadura en el hecho conocido como Masacre de Fátima, en el partido de Pilar.

Viernes 12 de febrero | 09:29

Foto: Abuelas de Plaza de Mayo

El pasado miércoles nos dejó físicamente Aurora Morea, una luchadora imprescindible por el juicio y castigo para todos los genocidas.

Aurora fue parte de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora desde que su hija, su yerno y la madre de éste fueron asesinados por la dictadura.

“Mi hija Susana se recibió de Arquitecta a los 23 años. Ella y su esposo, José Daniel Bronzel, trabajaban como docentes en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. Estaba embarazada. Los secuestraron junto con su suegra, Cecilia Podolsky de Bronzel. Todos desaparecidos. Los antropólogos encontraron en el año 2000 a mi hija y, un año más tarde, a José, en lo que se conoce como la Masacre de Fátima. Su cuñado Antonio Juan Lucas Mosquera, esposo de Noemí, también está detenido – desaparecido desde el 17 de diciembre de 1976”, contó Aurora en un testimonio.

En 2000, gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, el cuerpo de Susana fue reconocido como uno de los 30 que habían sido masacrados y dinamitados en Fátima. Desde aquel momento, una calle de Pilar lleva su nombre.

La Masacre de Fátima

El 20 de agosto de 1976, veinte hombres y diez mujeres fueron secuestrados por fuerzas militares y policiales dependientes del Cuerpo I de Ejército. Fueron ejecutados en un camino vecinal cercano a la localidad de Fátima. Susana, hija de Aurora, estaba embarazada de dos meses y medio cuando fue asesinada.

La lucha con Madres Línea Fundadora

“En 1976, cuando desaparece mi hija, mi yerno y mi consuegra, yo no sabía lo que estaba pasando en el país. Me llaman y me dicen que habían entrado en el departamento de mi hija y se los habían llevado. Me dijeron que eran como 5 ó 6 coches Falcon que pararon y que cuando bajaron del edificio estaban esposados con las manos atrás y encapuchados. Cuando fui al departamento vi que les habían revuelto todo y les habían robado un montón de cosas. Yo no sabía qué decir ni hacer. Empecé a buscar a dónde podía ir. Yo estaba sola completamente, mi hija Noemí ya estaba casada y no vivía conmigo. Por fin, se me ocurrió ir al Buenos Aires Herald. Me recibieron muy bien, les conté la historia. Al día siguiente, lo primero que hago es comprar el diario y veo que estaba en la tapa pero estaba en inglés y yo de inglés no sé una palabra. Entonces ese mismo día me fui desesperada a preguntar por qué había salido en inglés y me explicaron que no podían sacarlo de otra forma”.

“Así continuó la lucha, mi vida y mi desesperación. En una oportunidad habían 20 o 25 Madres en Plaza de Mayo y Chela Mignone me dijo “¿Aurora, no querés ir a la Plaza que las Madres se reúnen?”. Yo no sabía nada de las Madres, pero como era jueves fui por primera vez a la Plaza y me dijeron que no me acercara a nadie que teníamos que caminar y hacer que mirábamos cualquier cosa. Entonces yo caminaba, miraba, daba la vuelta, no hablaba con nadie y hubo un momento en que me quedé mirando una estatua y se me acercan dos policías y me dicen que tome asiento. Yo en ese entonces no era muy tranquila y les digo: “No, no tengo ganas de sentarme. Yo estoy paseando”. “Bueno, usted tiene que sentarse o salir de la Plaza”, me contestaron. Y yo con mi carácter fuerte les dije: “si ustedes quieren que yo salga de la Plaza, saquen a toda esa gente que está sentada, - que era mucha gente mayor – y entonces yo voy a salir. Pero yo no me voy a mover ni me voy a sentar”.

"Entonces, me agarraron del brazo y me llevaron a un coche de policía. Yo estaba contenta, no tenía miedo porque pensaba que quizás podía ver a Susana. En eso, me acompaña una Madre, que quiso venir conmigo, Marta Vásquez, y me dijo: “Yo voy con vos, Aurora”. Nos tuvieron ahí horas, nos tomaron las huellas digitales, no nos decían nada. Yo les decía que lo único que quería saber era por qué se habían llevado a mi hija. Ellos se reían entre ellos”.

La lucha de Aurora, de Marta, de Nora, de Mirta y tantas otras se transformó en lucha colectiva, por sus hijos e hijas y por los de las demás.

Hasta siempre Aurora, tu lucha sigue en quienes no vamos a parar hasta encontrar a todos y todas los que faltan, exigiendo el juicio y castigo para todos los responsables del genocidio.

Como dicen en cada Ronda de los jueves las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora: ¡No olvidamos, No perdonamos, No nos reconciliamos!.






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