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Red Internacional

Tras haber la fiscalía anticorrupción archivado su causa, el emérito regresará al Estado español en impunidad. Irá a Sanxenxo y pasará por Madrid para verse con su familia. Demos la bienvenida que merece con una movilización en las calles.

Lunes 16 de mayo | Edición del día

Desde que la Corona Real sacrificó la presencia del rey emérito Juan Carlos de Borbón ante todos los casos de corrupción que pesaban sobre él, las instituciones y fuerzas parlamentarias españolas han ido preparando su paulatino progreso.

Este 12 de mayo la Fiscalía Anticorrupción archivaba la investigación por el pago de 80 millones en comisiones que el emérito cobró siendo mediador para la construcción del AVE a la Meca, ayudando a que se adjudicara esta construcción a empresas españolas. Esta resolución era evidente si consideramos que la comisión encargada de investigar los millones que movió Juan Carlos de Borbón (junto con su amante Corinna Larsen) lo hacían sólo en relación a los contratos, y no al antiguo rey, pues este es inviolable. ¿Para que servía la comisión? Para aclarar indirectamente lo que todos sabíamos: que la justicia protege a la Corona y que no iba a abrir inculpaciones reales contra el rey Juan Carlos.

Sobre esta inviolabilidad, desde que saltarán los escándalos de rey, se ha hablado mucho y hecho muy poco. Cierto que Podemos en algún momento alzó la voz para eliminar esta inviolabilidad que permitiría a la Casa Real trapichear contra el Estado sin posible imputación. No obstante, estos intentos timoratos cayeron por su propio peso: de las no pocas cosas que concuerdan derechas e izquierdas parlamentarias es que la monarquía debe ser intocable, como buen pilar de Régimen del 78. Carmen Calvo hacía alusión a que esto fue discutido por el PSOE, los dirigentes del PP y el jefe de la Casa Real, llegando todo al acuerdo de que este «no era el momento».

Desde entonces, la campaña de blanqueamiento de la corrupción de la monarquía no ha tenido parangón. Desde España, el Felipe VI trataba de poner distancia entre él y su padre. Se mostraba más democrático y fresco, un hombre de familia. Ello a pesar de la represión a los catalanes el 1-O, de haber encarcelado raperos por haber dicho la realidad, que la monarquía es una corrupción corrupta y reaccionaria, etc.
Sin embargo, también llegaba el momento de los nietos. Las hijas del rey comienzan a ofrecer ese halo de preparación y confianza que la Casa Real quiere vender para generaciones posteriores. Hasta Victoria Federica está vendiendo a su modo el relato de una monarquía adaptada a los nuevos tiempos.

En este tiempo, se comenzó a tantear la posibilidad de que el emérito volviese. La prensa burguesa se ha encargado de ir preparando este camino. Se nos ha bombardeado con fotos con sus nietos en Abu Dhabi, con noticias del rey Felipe VI sobre sus conversaciones con su padre, en las que él dice echar de menos su país y su gente. El Mundo sacó un artículo en el que afirmaba que Juan Carlos quiere volver con su «leal Sofía».

Los medios nos están vendiendo a un entrañable abuelo que añora el hogar y la familia frente a la imagen de corrupto, metido en escándalos, cazador de elefantes, evasor fiscal o amigo de monarquías autoritarias que no respetan los derechos humanos. Una imagen que parece un poco más acorde con la realidad.

Este camino tiene un nuevo paso este 21 de mayo. El rey emérito estará dos días en Sanxenxo, en Pontevedra. Su hijo, que lo telefoneo en su visita a los E. A. con motivo de la muerte de su presidente, concertó con él verse en Madrid. Es de suponer que este gesto será un nuevo intento de vendernos una monarquía familiar y legitima, que ha dejado su historial delictivo en el pasado.

Será así a menos que aquellos que no nos creemos este nuevo relato nos organicemos contra esa institución corrupta y heredera del franquismo que es la monarquía. Este pasado domingo se realizó una consulta en la que participaron 81.000 personas, más del 90% de apoyo a un modelo republicano. Se hace necesario abandonar las pretensiones parlamentarias. Es patente que, lejos de construir una alternaiva, Podemos y PCE sólo tienen una estrategia: integrarse al Régimen del 78 siendo el ala izquierda de un partido ya del orden burgués como es el PSOE.

Se ha demostrado que la «conquista» de las instituciones no ha valido para conquistar nuevos derechos ni acabar con instituciones como la monarquía (sólo hay que pensar en el retroceso que supone la nueva reforma laboral o como no tocan ni un solo concierto con la Iglesia). Se acabó declararse republicano y seguir defendiendo la inviolabilidad del rey. Sólo desde abajo, con lucha, puede imponerse el fin de la monarquía. Hace falta organizar un movimiento republicano dispuestos a combatir en las calles y a desarrollar un proceso constituyente en base a asambleas populares que decida de una vez por todas todos los derechos democráticos que niega este régimen.

Todos los esfuerzos –que están dando resultados muy frágiles- por blanquear a la monarquía española, y concretamente al actual rey Felipe VI, no hacen más sino confirmar tanto la conciliación que tiene “el gobierno más progresista de la historia” con una institución impuesta por el franquismo que es corrupta y reaccionaria, como el hecho de que este gobierno continúa siendo otro pilar más de un régimen podrido y decadente.




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