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Red Internacional

Panorama político. El fantástico mundo de la rosca electoral

Un nuevo cruce en Juntos por el Cambio levantó temperatura y crecen las dudas sobre el futuro de la coalición. Jujuy y lo que hay detrás de los discursos de "gobernabilidad". Desconcierto y mar de dudas en el Frente de Todos: cuenta regresiva para definiciones electorales a la espera de la lapicera de Washington. Un mundo paralelo a la fractura social: ¿cuánto perdimos en los últimos 9 años?

Martes 6 de junio | Edición del día
Otra disputa entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta: ¿puede haber ruptura? l Foto: Telam
Otra disputa entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta: ¿puede haber ruptura? l Foto: Telam

En regresión

Todavía no sabemos de cuánto fue la inflación de mayo, y junio ya arrancó con nuevos aumentos. Transporte público, combustibles, telefonía e internet son algunos de los rubros, aplicados o autorizados por el propio gobierno. A eso hay que sumar el impacto del aumento de tarifas de luz y gas, que se harán sentir con más rigor con la llegada del frío, y fue una de las medidas clave del ministro Massa para cumplir las metas del FMI por la vía de eliminar subsidios.

Recién el 14 de junio el INDEC publicará los datos oficiales, pero se sabe que acaba de terminar otro mes de castigo a los bolsillos populares. Las consultoras pronostican que el índice puede estar entre el 8% y el 9% mensual. A 10 meses de la llegada de Sergio Massa al frente del Ministerio de Economía, los problemas para las mayorías se agravaron.

Uno de los problemas más acuciantes son los alimentos, como mostró el nuevo informe de Isepci que hace un relevamiento en comercios de cercanía de barrios populares de 20 distritos de la provincia de Buenos Aires. Las comparaciones de los 5 meses que vamos del 2023 son lapidarias: las jubilaciones aumentaron 20,5% y el salario 36,41%, mientras que la Canasta Básica Total escaló 46,35% ¡y los alimentos básicos subieron casi 50%!

Es lo que explica que el impacto de la inflación es mucho mayor para los sectores de menores recursos, porque son quienes destinan mayor proporción de sus ingresos al consumo de alimentos y bebidas. En la última entrega del newsletter “Del otro lado” de Fernando Rosso repasó un informe de Ecolatina que muestra que el proceso inflacionario del 2023 se tornó aún más regresivo: “la inflación de los hogares más pobres es mayor que la de aquellos con ingresos más altos producto principalmente de una dinámica de aumento relativo superior en el precio de los alimentos”. Quienes se embanderan con la “distribución del ingreso” en el Frente de Todos tendrían que estar rindiendo cuentas por el plan económico en curso que se sostiene por la sociedad Massa-Cristina. Sin embargo todas sus energías están puestas en la definición de candidaturas, y hay que recordarles que todavía son el gobierno.

La dinámica de pérdida del poder adquisitivo está entrando en su noveno año consecutivo: es una marca registrada tanto del gobierno de Juntos por el Cambio como del Frente de Todos. El Mirador de Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) graficó lo que significa esta caída para los ingresos: desde el 2015 hasta mayo de 2023, cada trabajador/a perdió el equivalente a un auto 0km (casi 5 millones de pesos).

La agenda pública está absorbida por una rosca interminable en las dos coaliciones mayoritarias, que debaten mucho sobre armado electoral, liderazgos, candidaturas, sondeos de opinión y encuestas, mientras la fractura social avanza sin que puedan ofrecer soluciones a los problemas más urgentes de las mayorías.

En esa dinámica, Javier Milei encuentra allanado el terreno para promover sus medidas económicas de shock como la dolarización, que resultarían en un mazazo mayor a los ya caídos ingresos de la clase trabajadora. Reformas regresivas que tienen el sello del poder económico más concentrado de nuestro país.

Solo el Frente de Izquierda está peleando por un programa alternativo de salida a la crisis y dando batalla a esa agenda de derecha. Myriam Bregman es la referencia de la propuesta para crear trabajo genuino con derechos y sin flexibilización reduciendo la jornada laboral a 6 horas y repartiendo las horas entre ocupados, formales e informales y desocupados. También es quien expresa un desafío: hay una disputa por cómo se canaliza el malestar social y en Jujuy se demostró que la izquierda es alternativa. Este lunes la docencia inundó las calles con una masiva protesta y paro: por sus salarios y en rechazo a la reforma constitucional que impulsa el radical Morales para ir contra el derecho al voto y a la protesta. El camino de la organización desde abajo, la lucha y la movilización y un programa opuesto al ajuste del FMI es por lo que está peleando la izquierda.

Juntos: ¿riesgo de ruptura?

A menos de 10 días de la fecha límite para inscribir alianzas electorales, sobrevuela la pregunta a la que nadie arriesga una respuesta certera. ¿Se rompe Juntos por el Cambio? Si no hay ruptura ¿pueden quedar heridas que le cuesten caro en las generales? Es que el llamado de Horacio Rodríguez Larreta a ampliar la coalición y sumar al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, generó un cimbronazo que no se sabe dónde puede terminar.

La jugada de buscar un acercamiento con el peronismo cordobés, la cocinó Larreta con sus aliados radicales Gerardo Morales y Martín Lousteau, y tiene el aval de Lilita Carrió de la Coalición Cívica y Miguel Angel Pichetto. Mauricio Macri y Patricia Bullrich pusieron el grito en el cielo, y aglutinaron distintas tropas para rechazar la propuesta: alfiles del PRO, Luis Juez -candidato a gobernador en Córdoba-, Ricardo López Murphy, y hasta la UCR de Córdoba salieron al cruce. En el bloque de rechazos se mezclaron los intereses de los cordobeses que podrían verse perjudicados teniendo la contienda electoral contra el espacio de Schiaretti el 25 de junio, y los denominados “halcones” del PRO que están en plena disputa por el liderazgo y la identidad del partido amarillo.

Este lunes las expectativas estaban puestas en la cumbre de Juntos por el Cambio, que supuestamente iba a definir el ingreso del ultraliberal José Luis Espert al espacio. El resultado que dejó fue una triste imagen que agregó más dinamita: la reunión duró 8 minutos, no definió nada, y alimentó la disputa con declaraciones polémicas.

Luis Juez llegó de prepo a la cumbre y dio declaraciones a la prensa, rodeado de unas pancartas poco espontáneas que decían “No queremos a SKiaretti”. Dijo que la posibilidad de que ingrese el gobernador cordobés al espacio “nos agravia, nos ofende, nos desorienta y confunde al electorado". Viajó para salir en la tele, de la cumbre no pudo participar. Gerardo Morales de la UCR hizo lo propio y fue de punta contra el PRO: “Juntos por el Cambio viene en picada hace tres meses por culpa de la interna del PRO". Sumó otro dardo: "Espero que Bullrich baje un cambio, no vamos a hacer lo que tenga que ver con sus intereses personales, tenemos que pensar en la gobernabilidad”. Lo que está haciendo Morales en estos momentos en la provincia de Jujuy da varias pautas de cuál es su idea de “gobernabilidad”. Está impulsando una reforma constitucional totalitaria que pretende eliminar el derecho al voto cada 2 años y que sea cada 4, que el poder legislativo provincial sea un apéndice del poder ejecutivo (quien gane, no importa por cuánto, que se quede con la mitad más uno de la representación), y atacar el derecho a la protesta.

Larreta, aliado a este extraño republicanismo radical, también defiende la propuesta de sumar otras fuerzas desde “la gobernabilidad”: volvió con su lema de lograr un consenso con el 70% de las fuerzas políticas. La frase, que la dijo por primera vez frente a la creme empresarial, se completaba pidiendo que ese “gobierno de coalición” sea para poder hacer una reforma laboral y previsional, por supuesto regresiva para las y los trabajadores.

En el festival de mutuas acusaciones, no podía faltar Carrió. La líder de la Coalición Cívica fue contra el ex presidente: "Mauricio tiene un lado claro y otro oscuro. El lado oscuro está jugando para que pierda Juntos por el Cambio" dijo. Sugirió que Macri tiene un acuerdo con Javier Milei y recordó que fue el primero en proponer la incorporación de Schiaretti.

La dupla Macri-Bullrich se niega a aceptar estas incorporaciones por razones de poroteo de electoral hacia las PASO: si le habilitan la candidatura presidencial a Espert podría sacarle unos puntos decisivos a la ex ministra de seguridad, y también le quitarían caudal en una provincia clave como Córdoba si Schiaretti juega para Larreta o directamente va en su fórmula. Pero no son los únicos motivos. La afinidad de Macri y Bullrich con las ideas retrógradas del libreto ultraliberal de Javier Milei son vox populi, no las esconden. Esa es la identidad que quieren imprimirle al liderazgo del PRO y a la coalición opositora. Con el crecimiento de Miei como fenómeno electoral interpretan que hay más licencia para lo que siempre quisieron hacer: un ajuste más duro y más rápido contra el pueblo trabajador.

A todo esto, Schiaretti dijo cuáles son sus condiciones para avanzar en un acuerdo con Juntos por el Cambio. Ignacio Zuleta en Clarín sostiene que “no solo quiere rendición en Córdoba, sino que JxC cambie de nombre”. El gobernador lo formula diciendo que hay que hacer un “frente de frentes”.

Lo único que ha mantenido unido a Juntos por el Cambio hasta acá, es la posibilidad de volver a la Casa Rosada. Pero en ese camino de ambiciones, las disputas se acrecentaron a un nivel del que quizás ya no hay vuelta atrás. Con o sin ruptura inmediata, el futuro de la coalición es cada vez más sombrío. Y la idea de “gobernabilidad” y “consensos” parece renga de antemano: sus propios partidos están rotos, divididos y enfrentados.

Peronismo para (des)armar

De regreso de China, Sergio Massa se anotó el anuncio de la ampliación del swap de 5.000 millones a 10.000 millones de dólares, inversiones en obras enérgicas y ferroviarias (que no serán inmediatas), y la promesa de que en agosto se debata el ingreso de Argentina al banco de los BRICS como miembro.

Si bien la ampliación del swap puede quitar presión a la sangría de dólares del Banco Central, la noticia no fue recibida con mucha confianza. Es que la parada más importante que tendrá Massa es con el FMI en Washington: en pocos días se sabrá si el organismo acepta adelantar todos los desembolsos del 2023 para surfear la campaña electoral y la transición con el próximo gobierno. El 22 de junio vence un nuevo compromiso con el organismo producto del acuerdo que firmó el gobierno y votó el Congreso. La negociación que busca Massa debería cerrarse antes de esa fecha, muy pegada con la presentación de candidatos (24 de junio). El FMI va a poner sus condiciones si acepta hacer los adelantos. Un salvavidas de plomo que le va a costar caro al país: Massa ya adelantó que pretende usar buena parte de esos dólares para intervenir en el mercado cambiario.

Es la última carta que le queda al ministro para pelear su candidatura presidencial que todavía mantiene en pie. Desde China dejó trascender que sigue en carrera, y se espera que el 10 de junio cuando cierre el congreso nacional del Frente Renovador de algunas pistas.

Con Máximo Kirchner como parte de la comitiva que viajó, fue una nueva señal de la sociedad entre Massa y el cristinismo. Mientras tanto Wado de Pedro se mueve como presidenciable, y Axel Kicillof se ubica disputando la reelección en la provincia de Buenos Aires. Pero los movimientos no despejan las dudas e incertidumbres que siguen reinando en el Frente de Todos.

Martín Rodríguez Yebra lo graficó en La Nación en boca de un funcionario que habla con todas las tribus: “Hoy está todo en el aire. El que diga que sabe quién va a ser el candidato presidencial miente. Incluso si fuera ella quien lo dijera”.

Alberto Fernández está preocupado por tener un lugar en la mesa de decisiones del peronismo que venga, y juega a dos puntas con el dúo Scioli-Tolosa Paz, y con la candidatura de Rossi. La mayoría de los gobernadores todavía tienen que afrontar sus propias elecciones provinciales, con los fallos de la Corte pisando algunos talones. El peronismo no sabe si prepararse para una elección que apueste a ganador o a mantenerse como una oposición lo más “digna” posible. El cristinismo duda si jugar lo que tiene en la presidencial o refugiarse en la provincia de Buenos Aires, si el riesgo de quedar mal parados en las PASO es más negocio que no jugar con un candidato propio.

A menos de 20 días del deadline del cierre de candidaturas sigue la niebla en la coalición oficial. Las decisiones se postergan, como si no pudieran desprenderse de esa marca registrada de un gobierno que es de todos y de nadie.

Las expectativas están puestas en “la conducción de Cristina” para que ordene el peronismo. Esa fue la imagen calculada que quiso dar en el palco de la plaza el pasado 25 de mayo. Lo que es difícil de explicar es que la movida para hacer demostraciones de poder con gobernadores, intendentes, ministros, dirigentes sindicales y sociales, convocatorias a la plaza aparecen ahora para la disputa electoral. Pero no estuvieron nunca para intentar torcer en algo el rumbo del gobierno que decían criticar en estos casi 4 años de experimento del Frente de Todos.

Sin “programa que vuelva a enamorar” a la vista, lo que le faltaba a este peronismo era entrar en la cuenta regresiva de definiciones electorales esperando la decisión del FMI sobre los desembolsos.


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