Política Uruguay

El consenso empresario, la coalición gobernante y la izquierda*

Caída en picada de los índices económicos y una profundización de la miseria social, son las consecuencias del manejo de la crisis por parte del gobierno de derecha. Un recorrido por las políticas gubernamentales desde la emergencia sanitaria y el debate sobre qué izquierda construir.

Martes 2 de junio | 09:21

El alto acatamiento de la sociedad a los exhortos de aislamiento voluntario por parte del gobierno contribuyó de manera decisiva (hasta antes de los nuevos casos en Rivera) para aplanar la curva epidemiológica. Pero la economía se detuvo y se dispararon las otras curvas, las de la inflación en los alimentos de primera necesidad y el seguro de paro. Se disparó la curva de las ollas populares y las miles de personas que viven de trabajos informales se hicieron visibles por primera vez en mucho tiempo, poniendo en cuestión la calidad del trabajo creado en los últimos 15 años.

Condiciones para una extorsión

Esta situación de extrema necesidad a la que está siendo sometido un sector importante del pueblo trabajador, constituye un problema para el gobierno, pero también puede significar una ventaja para comenzar a imponer una de las discusiones importantes entre el empresariado: el salario.

Existe un gran consenso entre los empresarios y analistas económicos que radica en acelerar los pasos hacia la “nueva normalidad” y buscar salir de la crisis con un abaratamiento en el costo de la fuerza de trabajo. Son varias ya las declaraciones de prensa y artículos en distintos medios que plantean la gran disyuntiva en términos del liberalismo económico: ¿empleo o salario? El ex Ministro de Economía de Lacalle Herrera, Ignacio de Posadas fue uno de los primeros en plantear el problema desde las páginas de El País con una nota titulada Es tiempo del empleo. Por su parte, la directora de Política Económica del MEF, Marcela Bensión (e hija de Alberto Bensión) señaló hace algunas semanas en El Observador que “Tenemos que ser todos muy maduros: empresarios, trabajadores y Poder Ejecutivo en buscar la mejor solución para la sociedad en conjunto. En particular, el tema que nos preocupa y nos desvela y en el que estamos enfocados es el empleo. Confío en que en esa negociación haya sensatez de todas las partes para poner sobre la mesa el tema que hoy es más urgente y acuciante, que es mantener el empleo (…)”. Así, se plantea la discusión en términos de “más salario, menos empleo”, echando mano al factor de la desocupación como elemento de presión sobre los que aún conservan su empleo.

La propuesta del Ministerio de Trabajo está a tono con los reclamos empresarios, es decir, bajo el pretexto de la pandemia se busca un acuerdo de postergación de la ronda salarial hasta 2021. ¿Irá el gobierno hacia un ajuste del salario con aumentos por debajo de la inflación o su congelamiento? En cualquiera de estas dos opciones, el ajuste se dará mediante la pérdida de salario real por vía inflacionaria.

Tras días de homenajes y evocaciones al economista británico John Maynard Keynes, el equipo económico volvió sobre sus pasos y Lacalle Pou colocó a Isaac Alfie a comandar la salida hacia la “nueva normalidad”. El director de la OPP encarna el ala liberal más ortodoxa dentro del gobierno y las restricciones en el gasto público son su principal preocupación.

Después de los primeros momentos de demagogia y de decir que “el gobierno gastará lo que deba para cuidar la salud de los uruguayos” (cuestión que tuvo más de discurso que de realidad), el gobierno retoma de lleno su agenda de recuperación de la rentabilidad para el capital. La metáfora sobre los “malla de oro” no podría haber sido una mejor explicación del pensamiento del presidente y de todo el ejecutivo, ya que un recorte impositivo para que los grandes capitales “pedaleen” más rápido, no mejora la condición del pelotón, sino que agranda la distancia, es decir, la desigualdad social.

Bajo la explicación de querer mantener la liquidez en la economía, el gobierno habilitó medidas que favorecieron a los empresarios. Una muestra de eso fue la flexibilización y generalización de las condiciones para el envío al seguro de paro especial. La contrapartida por el lado de los trabajadores informales fue el otorgamiento de una canasta de $1200, una suma vergonzante con la que una persona no puede alimentarse más allá de unos pocos días.

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Las batallas que ganó el gobierno y la oposición del Frente Amplio

Desde que se declaró la emergencia sanitaria el 13 de marzo el gobierno pasó por distintos momentos de incertidumbre y afirmamiento. Desde el punto de vista político se anotó algunos triunfos en las batallas que se planteó. En lo que refiere a la situación sanitaria, primariamente el gobierno contra buena parte de la opinión pública y del mismo Frente Amplio y el Sindicato Médico, decidió no decretar la cuarentena general e ir por el camino del aislamiento social voluntario. “Hacer buen uso de las libertades” fue el eje estructurante de un discurso liberal que funciona en situaciones como la actual, pero tiene problemas para tratar con la disidencia política y la protesta social.

El cierre de fronteras y el anuncio temprano del estado de emergencia sanitaria, junto a la ampliación de la capacidad de testeo - gracias a los científicos del Instituto Pasteur - decantó en un control sobre los focos infecciosos que hizo que el virus no se propagara. Evidentemente Lacalle tuvo un toque de suerte, ya que la situación podría haberse descontrolado, siendo que el cierre de fronteras fue tarde y no aumentó el presupuesto para la salud. Ahora, la aparición de al menos tres focos en Rivera, pone sobre la mesa de nuevo el problema sanitario y el peligro latente de propagación, que tiene relación directa con la situación política brasileña y la crisis política y sanitaria de ese país.

El video de Manini marcó un perfil y un discurso al interior de la coalición, planteándose como alternativa en lo económico a Alfie o Arbeleche, haciendo uso de la retórica artiguista de “protector de los débiles”, contra la especulación con los precios y pidiendo al gobierno mayor “sensibilidad social” con respecto al reclamo por la suba de las tarifas públicas. Sin embargo, fue una intervención que no pateó el tablero, ya que una salida de Salinas hubiera impactado sobre la coalición de gobierno, y sobre todo sobre la figura de Manini Ríos, que se plantea como candidato en la coalición de derechas hacia 2024.

El impuesto a los trabajadores públicos con salarios líquidos mayores a 80 mil pesos fue también una hábil jugada para plantear una serie de divisiones entre los trabajadores estatales y los privados en seguro de paro, o entre estatales e informales que quedaron sin ingresos. Poniendo la cuña entre los trabajadores y no entre capital y trabajo.

El #QuedaEnCasa como eslogan repetido hasta el hartazgo, junto a medidas que fueron bien tomadas por las capas medias de la sociedad (impuesto a los públicos) y armonizaron con su sentir, y la sensación generalizada abonada por el gobierno y los grandes medios de comunicación de estar “cuidando de la salud de los uruguayos”, así mismo como los shows de Ernesto Talvi en el aeropuerto recibiendo repatriados o atendiendo a los varados dentro del crucero Greg Mortimer; generó altos niveles de aceptación del gobierno del 65% a mediados de abril. El gobierno fue afirmándose entre sus votantes y durante algún tiempo amplió sus bases de sustentación hacia sectores sociales medios que habían votado por el Frente Amplio.

Uno de sus logros más importantes en materia política quizás haya sido neutralizar al Frente Amplio como oposición. En el ex oficialismo, desde el comienzo de la crisis sanitaria ha seguido operando una lógica de “disputa del centro”, lo que termina siendo un facilitador de la “unidad nacional”, que marcó la situación política desde comienzos de la crisis sanitaria hasta, al menos, la introducción de la LUC.

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Mientras el gobierno iba aumentando su popularidad con la pandemia y aislaba al PIT-CNT, el FA quedó desorbitado. Fue a la Torre Ejecutiva a aconsejarle al gobierno que hiciera uso de líneas de crédito de los organismos multilaterales. En medio de la pandemia, el cacerolazo extendido organizado por la Intersocial y el PIT-CNT ante el aumento de las tarifas públicas fue contundente, aunque insuficiente para enfrentar el ataque al salario y al empleo.

Pero cuanto más se siente el daño económico en el bolsillo de los que viven de su salario, y cuanto más lejos queda la percepción del peligro pandémico, el gobierno comienza a replegarse sobre las bases sociales de la coalición multicolor y, aquí, el papel de los aliados adquiere su peso específico. La entrada de la LUC al parlamento recompuso parcialmente la polarización entre frenteamplistas y multicolores, y a su vez, las modificaciones de la LUC en comisión marca algunos de los límites en los acuerdos de los partidos que componen la coalición. Quizás haya sido este uno de los factores que Lacalle estimó para enviar la ley al parlamento, haciendo un equilibrio entre los costos políticos en la opinión pública y los tiempos de vida que le queden a la coalición.

Una movilización, dos izquierdas

La movilización del pasado jueves 14 de mayo contra la Ley de urgente Consideración demostró que frente a la izquierda que tiene como centro de su accionar político a la negociación parlamentaria, surge otra izquierda que gana nuevamente las calles.

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Vuelve con más vigencia el debate acerca de cuál debe ser la estrategia de las fuerzas de izquierda para enfrentar esta brutal transferencia de recursos a los sectores empresariales: una izquierda de la negociación parlamentaria, de oposición parcial y discursiva a la LUC, o una izquierda que plantee que la lucha contra la LUC es ahora y ponga el centro de gravedad de su política en la movilización.

Desde las páginas de La Izquierda Diario bregamos por la conformación de una izquierda política y social que luche por organizar a la clase trabajadora democráticamente, apuntando a sus métodos de lucha para imponer una salida propia en esta debacle económica, sanitaria y social. Una izquierda que se plante contra las medidas pro empresariales del gobierno, y que se proponga cuestionar al capitalismo, el verdadero virus que mata y que merece perecer.

* Aclaración: El presente artículo fue elaborado antes de los sucesos acontecidos con el asesinato de los tres miembros de la Armada Nacional.






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