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Medio Oriente

El candidato de "línea dura" llega al poder en Irán

Las elecciones presidenciales en Irán del 18 de junio marcarán tanto el escenario nacional iraní como el regional del Medio Oriente para los próximos años. La baja participación fue una muestra de rechazo de amplias franjas de la población al sistema político.

Santiago Montag

@SalvadorSoler10

Lunes 21 de junio | 18:29

El mandato del nuevo presidente de “línea dura” establecerá la política tanto en las relaciones exteriores, incluida la diplomacia sobre el programa nuclear de Irán, como en los asuntos internos en un momento de crisis debido a las sanciones económicas y la pandemia de covid-19.

El jefe judicial conservador de “línea dura”, Ebrahim Raisi de 60 años de edad, fue electo octavo presidente de Irán. Ganó con el arrasador 61,95 % de los votos con una participación electoral del 48,8 %, la participación más baja para una elección presidencial desde la revolución de 1979. Raisi obtuvo 28,933,004 votos. De manera insólita, el segundo lugar se lo llevaron los votos nulos con 3.726.870, un número histórico desde el establecimiento de la República Islámica.

El ex comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohsen Rezaei terminó tercero en las elecciones del viernes con 3.412.712 votos y fue seguido por el candidato moderado Abdolnasswer Hemmati con 2.427.201 votos y el conservador Amir Hossein Ghazizadeh Hashemi con 999.718 votos.

En estas elecciones en las que, además de presidente, se eligió a los integrantes de los consejos locales y del Consejo de Expertos, un comité de 85 clérigos musulmanes chiítas al que los iraníes dan poca importancia, pero que tiene la responsabilidad de elegir al sucesor del ayatolá Ali Khamenei cuando fallezca.

¿Qué significa el triunfo de Raisi? Irán atraviesa una compleja situación económica y social vinculada principalmente a las sanciones económicas del imperialismo norteamericano. El ahogo hacia el pueblo trabajador iraní que ha sufrido el aumento de los productos básicos para la vida en los últimos años ha impulsado el estallido de protestas y expresiones contra el régimen desde el 2019 reprimidas con sangre.

La elección de Raisi marca una consolidación del poder por parte del campo conservador de línea dura (los “hardliners”), que ya controlan el parlamento desde el 2020 y probablemente también tendrá un reemplazo para el poder judicial. El ala de “línea dura” del régimen generalmente se adhiere al rígido dogma islámico de la revolución de 1979, argumentan que el líder supremo y la ley de Dios son el poder supremo. Esto los ha llevado a confrontar fuertemente con el imperialismo estadounidense, opinando que no hay que tener ningún tipo de acuerdo con ellos, por ejemplo como vemos alrededor del Programa Nuclear. Aunque por supuesto puede cambiar en la práctica.

Tanto los porcentajes de las elecciones del medio término, como las actuales no tienen tanto que ver con un deseo público como con el fortalecimiento autoritario del líder supremo Khamenei, que a través del Consejo de Guardianes (compuesto por 12 miembros) allanaron el camino a Raisi eliminando a todos los candidatos que sean moderados y reformistas. De los 592 candidatos que arrojaron sus sombreros, turbantes y pañuelos a la carrera electoral de este mes, el Consejo de Guardianes aprobó solo a siete. Sólo aquellos afines al pensamiento del líder sobrevivieron a la “purga” electoral, aunque este haya llamado a la moderación al Consejo.

Como para hacernos una idea de quién es el nuevo presidente, debemos tener en cuenta que es un erudito musulmán que usa turbante negro, un símbolo para significar que es descendiente del profeta Mahoma del Islam. A Raisi se lo considera como el próximo líder supremo del país cuando fallezca Khamenei, un puesto que ocuparía toda su vida. Esto grafica una mayor concentración del poder en pocas figuras, eliminando cada vez más el sistema psudo-democrático instaurado en 1979. Raisi es un político de tradición desde la instauración de la República Islámica, se ha vinculado tanto a la Guardia Revolucionaria como al Poder Judicial – caracterizado por perseguir a opositores al régimen-, y se destaca por su enorme oportunismo político desde entonces. Esto lo convierte en una figura compleja que desde los puestos institucionales judiciales que ocupó llegó a reducir la severidad de los castigos, aumentando el número de indulgencias y convertió los ahorcamientos públicos en una rareza. Esto lo aleja de ser visto como un simple fanático conservador y religioso, pero tampoco lo vuelve un reformista.

Gracias a una importante ayuda del Consejo de Guardianes es que Raisi alcanzó esta presidencia, tanto por eliminar a sus rivales como por desmotivar a la población a participar. Aunque por otro lado, también es una figura muy conocida con una importante base social dentro de Irán, consolidad en 2017 cuando perdió las elecciones frente al Hassan Rouhani (el saliente presidente).

La realidad también dice otras cosas como se ve con la abstención histórica. Esta se explica en parte por el descrédito al régimen y el descontento de millones de iraníes que sufren una situación económica agobiante profundizada por la pandemia de coronavirus y las sanciones imperialistas. Pero también un sistema que profundiza su bonapartismo vinculado a las fuerzas represivas proscribiendo a la oposición política y con la represión brutal de líderes sindicales y sociales.

Es por esto que miles de madres de los asesinados en las protestas del 2019 y activistas del movimiento obrero han llamado al boicot de estas elecciones cuestionando todo el sistema político e institucional. Aunque al llamado se han plegado distintos sectores del arco político dentro y fuera de Irán, incluidos muchos que antes simpatizaban con el régimen, como el ex presidente conservador Mahmoud Ahmadinejad, el Sr. Mousavi y Faezeh Hashemi, la hija del ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani.

Además, Raisi se ha convertido en el primer presidente iraní en ser sancionado por Estados Unidos incluso antes de asumir el cargo como fue designado en 2019. Estados Unidos lo incluyó en la lista negra por su papel en la ejecución masiva de prisioneros políticos en 1988 luego de la Guerra Irak-Irán, su participación en la represión de las protestas del Movimiento Verde de 2009 y "la administración de supervisión de las ejecuciones de personas que eran menores de edad en el momento de cometer el delito".

Con respecto al Acuerdo Nuclear, sobre el cual han rondado las sanciones que impuso Trump y que aumentaron las tensiones desde el 2018, llegando límite de una posible guerra. Raisi si bien anteriormente se había opuesto al acuerdo, esta vez dijo que lo apoyaría como cualquier otro compromiso de Estado, pero que formará un gobierno "fuerte" que sea capaz de dirigirlo en la dirección correcta. El acuerdo, que, si tiene éxito, conducirá al levantamiento de las sanciones de Estados Unidos y a la reducción del programa nuclear iraní, ya que el país está enriqueciendo uranio hasta el 63 %, la tasa más alta de su historia cercana a la fabricación de una bomba atómica.

Este punto es central tanto para la economía iraní como la geopolítica del Medio Oriente. La población de 83 millones de habitantes de Irán sufre una inflación galopante y un elevado desempleo, mientras que el gobierno tiene un considerable déficit presupuestario y se enfrenta a dificultades para enfrentar crisis sanitaria de covid 19 más mortífera de Medio Oriente.

Raisi ha prometido atajar la inflación, crear al menos un millón de puestos de trabajo al año, construir nuevas viviendas y dedicar préstamos hipotecarios, además de inaugurar una nueva era de transparencia financiera y luchar contra la corrupción. Para esto será crucial la flexibilidad que pueda tener Raisi y sus diplomáticos en las rondas de negociaciones, además de cuánto apoyo pueda darle el líder Supremo que es quien digita fuertemente la gran estrategia iraní. Más allá de lo que se llegue a negociar, los iraníes han perdido toda esperanza en ver alguna mejora en su nivel de vida vinculada a estos acuerdos.

Desde el punto de vista geopolítico los tres países de la región menos interesados en los acuerdos son Israel, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, quienes han pedido participar de las negociaciones, pero son históricos saboteadores. Para ellos, mientras Estados Unidos e Irán se vean mutuamente como adversarios, Washington mantendrá su compromiso militar con estos países de Medio Oriente que proporciona un escudo protector del que dependen Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos e Israel. Además, mientras Estados Unidos trabaje para contener la influencia política de Irán y socavar su economía, el equilibrio de la región se inclinará virtualmente a favor de estos estados, una inclinación que su propio poder no puede sostener. Ambos polos de la región se enfrentan en distintos teatros de operaciones disputando la hegemonía regional, por eso es vital para los aliados de EE. UU. que Irán continúa bajo sanciones y cercado militarmente, sin embargo esto choca con los intereses estadounidenses de retirarse de la región.

Más allá de esto que aún está por verse, los que realmente sufren las consecuencias de la situación actual son los trabajadores y clases populares iraníes. El currículum de Raisi probablemente influirá en cómo responderá a los próximos levantamientos populares, es decir, con los instrumentos represivos que le son más familiares. En una muestra de qué esperar bajo su presidencia, activistas y periodistas fueron contactados recientemente por el poder judicial y advirtieron que no expresaran opiniones críticas sobre el favorito en las elecciones presidenciales. El destino de la vida de millones de iraníes está atada a las sanciones imperialistas, pero además a la política del régimen opresivo instaurado en 1979. La movilización y la huelgas contra el gobierno que hemos visto en los últimos tiempos pueden marcar un camino distinto.






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