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El bidenismo es imperialismo

El Che Guevara solía decir que "no se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así", sin embargo, es un consejo que ciertos sectores de la progresía criolla han olvidado.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Miércoles 20 de enero | 21:18

Joe Biden sostuvo en su discurso de asunción que: "Celebramos el triunfo de una causa, la causa de la democracia. La democracia es preciada. La democracia es frágil. Y en este momento, mis amigos, ¡la democracia ha prevalecido! (...) Es un día histórico y de esperanza, de renovación y resolución (...) La historia, la fe y la razón nos muestran el camino, que es el de la unidad. Debemos ver al otro no como adversario, debemos verlo como vecino”.

Para los pueblos oprimidos del mundo y en particular de América Latina, los valores de la democracia norteamericana han sido utilizados a lo largo de la historia como punta de lanza de la política imperialista y excusa para la violación de su soberanía, el sometimiento nacional, la expoliación de sus recursos y la realización de golpes de estado genocidas. En ese sentido rechazar la asonada ultraderechista del trumpismo, no puede ir de la mano de defender las instituciones de la democracia imperialista ni al gobierno de Biden como expresión de la misma, como se han tentado desde la progresía criolla.

Biden ha jurado sobre una pesada Biblia perteneciente a su familia desde 1893. todo un símbolo de sumisión de la democracia norteamericana al oscurantismo religioso. Recordemos que, en América Latina, la golpista Janet Añez juramento sobre una Biblia similar, luego del golpe contra Evo Morales impulsado por la embajada norteamericana, y que dicho golpe fue perpetrado en nombre de los valores de la democracia imperialista. No hay que olvidar lo que escribió el gran escritor norteamericano Mark Twain a finales del siglo XIX: “bandera de los Estados Unidos debería ser con las rayas blancas pintadas de negro, y las estrellas sustituidas por un cráneo y dos huesos cruzados”.

Confiar en un gobierno demócrata es un error colosal. Pueden cambiar las formas y ciertas tácticas, pero la imposición del sometimiento a los pueblos oprimidos continuará. Eso no cambia por más que haya nombrado un gabinete diverso. Que otra cosa podía hacer después de la extraordinaria rebelión del Black Live Matters. El nombramiento de Lloyd Austin al frente del Pentágono, es una muestra de que la misma está en el centro de la política bidenista. Austin, presentado como el primer afroamericano en ocupar el puesto, ha sido el director del Comando Central, que lideraba las tropas imperialistas en Irak, Afganistan, Yemen y Siria del 2013 al 2016, encabezando la guerra contra el ISIS, que había sido creado por EE.UU. para derrocar al régimen sirio de Bashar Al Assad y luego se le dio vuelta.

El nombramiento de Alejandro Mayorkas como Secretario de Seguridad abre expectativas en que se reanude el dialogo con Cuba, a quien Donald Trump volvió a agregar dentro de la lista de los diez estados promotores del terrorismo. Mayorka fue uno de los negociadores de los acuerdos históricos entre Raúl Castro y Obama, que, sin embargo, dejo en pie el criminal bloqueo imperialista contra la Isla que lleva casi 60 años de vigencia. Otra de las nombradas es Gina Raimondo como secretaria de comercio y representante de los fondos de capitales de riesgo de Walt Street, poniendo en duda cualquier ilusión progresista de que la administración Biden sea un bálsamo que ponga límites a las apetencias de los fondos buitres sobre la deuda externa de nuestros países.

El gobierno de Alberto Fernández y los medios de la burguesía argentina son parte de esta alegre expectativa en que la nueva administración que ocupa la Casa Blanca será benéfica. Claro está que su mirada positiva se encuentra atada a la necesidad de pactar las condiciones de la dominación del régimen del FMI. El objetivo, negociar un estatuto de coloniaje, ya habla de la incapacidad de las representaciones políticas y sociales del capitalismo nativo de defender la soberanía nacional y las condiciones de vida del pueblo pobre y trabajador.

En el pasado, los defensores por izquierda del peronismo llamaban a apoyarlo e incluso integrarse a él para formar un campo de resistencia nacional frente al imperialismo. Contra ese pensamiento el Che Guevara llamaba a derrocar a esas burguesías criollas por ser sus furgones de cola. Hoy la progresía se contenta con hacer causa común con Biden para ablandar al FMI. Incluso la resistencia, aunque sea tibia, ante el imperialismo, ha quedado definitivamente fuera de su horizonte.






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