Internacional

REBELIÓN POPULAR EN CHILE

El Partido Comunista y el proceso constituyente en Chile: ayudantes de cocina

Cuando el PC habla de Asamblea Constituyente soberana, en realidad dice reformar la Convención Constitucional de la cocina. Cuando dice que Piñera se debe ir, en realidad es para llamar a nuevas elecciones y “dotar de legitimidad” a las actuales instituciones. Las distintas caras del PC o cómo los discursos se los lleva el viento.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Jueves 6 de febrero | 20:54

El Partido Comunista de Chile impulsó el comando “Apruebo Chile Digno” junto con el Partido Progresista de Marco Enríquez Ominami, Federación Regionalista Verde Social, Partido Igualdad, Izquierda Libertaria y el movimiento Walmapuwen. Según su manifiesto, la causa que los une es una “Asamblea Constituyente Soberana para una nueva Constitución”.

El comando dirigido por el PC, hizo un llamado a votar por la aprobación a una nueva constitución, votar por la Convención Constitucional y marcar AC [por Asamblea Constituyente] en el voto, con el objetivo de, según ellos, “dejar expresado que nosotros queremos una Asamblea Constituyente originaria”.

¿Pero qué significa la lucha por una Asamblea Constituyente “soberana y originaria” para el PC? Guillermo Teillier aclaró que lo que buscan realmente es “acercar lo más posible la convención a lo que es una Asamblea Constituyente”, y para eso la clave pasa por la aprobación de los escaños reservados y la paridad de género. En su momento el PC había dicho que condicionaba su participación en el plebiscito si se aprobaban estas medidas, y “si eso no se aprueba, sería un proceso amañado”. ¿Y si eso se aprueba, la Convención no sería amañada?

Es un ultimátum muy exigente... Si hasta el derechista Chile Vamos acordó un mecanismo de paridad y cupos indígenas y lo anunció con bombos y platillos. “Acercar la Convención a una Asamblea Constituyente”, centrándose sólo en los aspectos más aberrantes del acuerdo de la cocina, es como irle quitando los gusanos a un plato podrido y venderlo como nuevo.

Una soberanía amarrada

Alguien podría objetar que esto es la posición táctica ante un debate que sí o sí se va a dar en el Congreso este año, pero que no agota la lucha por una Asamblea Constituyente soberana como objetivo. Veamos. La otra propuesta del PC fue adelantar las elecciones presidenciales y parlamentarias para octubre, para buscar “fórmulas que permitan dotar de legitimidad a las instituciones democráticas”.

¿Pero cómo una Asamblea Constituyente va a ser realmente soberana si va a estar sujeta a un nuevo parlamento y un nuevo presidente? ¿Quién dijo que una Asamblea Constituyente mantendría la institución presidencial, figura casi monárquica, y un Senado donde 43 oligarcas deciden sobre el destino de millones de chilenos?

Y acá entramos a un punto de fondo. La mayoría de los partidos e ideólogos, tanto los de derecha como los progresistas, limitan de entrada la soberanía de la Asamblea Constituyente únicamente a la redacción de una nueva Constitución. Si aceptamos este punto, entonces es cierto lo que dijo Fernando Atria que “en el sentido políticamente relevante, la convención constitucional es una Asamblea Constituyente”. Si limitamos la soberanía a ese punto, entonces toda la discusión entre Convención y Asamblea sería una disputa absurda de nombres.

Si tiene sentido hablar de Asamblea Constituyente soberana, es porque la verdadera soberanía originaria no tiene por qué aceptar el ordenamiento instituido. La rebelión en Chile explotó contra todas las instituciones, no sólo contra sus representantes ni pidiendo una renovación de rostros. Es lo que todos palpamos en la calle y lo que dicen todas las encuestas. Una Asamblea Constituyente soberana debiese estar por encima de todas esas instituciones, no sólo ser una Convención sin trampas o sin el veto que otorga el quorum de 2/3. Si dijimos “no son 30 pesos, son 30 años”, es porque exigimos soluciones urgentes para las jubilaciones, la salud, la carestía de la vida, las condiciones laborales, la educación. Una Asamblea Constituyente debiese tener el poder de tomar medidas urgentes para responder a estas demandas. En la calle nos siguen matando. Por eso la Asamblea debiese tomar medidas urgentes para acabar con la impunidad y la represión.

La propuesta del PC de adelantar las elecciones es la comprobación de que no luchan por una Asamblea Constituyente realmente soberana, sino un proceso constituyente circunscrito a la institucionalidad de la derecha y la Concertación. Así las cosas, eso de “rebelarse contra el modelo político, económico, social y cultural heredado de la dictadura” son sólo frases que se las lleva el viento.

Lejos de la huelga general, cerca de los partidos de la cocina

Lo que han mostrado estos meses de rebelión popular, es que no hay forma de triunfar si no es con la fuerza de movilización. Una verdadera Asamblea Constituyente seberana sólo será fruto de la lucha y la fuerza de la huelga general. Y el PC lo sabe. Guillermo Teillier dijo que el “Acuerdo por la Paz” sólo busca sostener al gobierno durante estos dos años que le queda de período. Dice esto, para luego afirmar que “cuando el bloque sindical participó con paros y huelgas, puso en jaque al gobierno”.

¿Y entonces por qué desde la CUT no le dieron continuidad a esa fuerza? Tellier lo aclara: “se ha querido decir que el PC, está promoviendo el derrocamiento del gobierno de Piñera, lo que no es efectivo. Nos hemos mantenido dentro de los márgenes de la CPR y de la institucionalidad”. A confesión de parte, relevo de prueba.

El acuerdo de la cocina que el PC tanto denuncia no se hubiese sostenido si la CUT y el bloque sindical de Unidad Social no le hubiesen dado una tregua al gobierno, al no convocar ninguna acción seria luego de la huelga del 12 de noviembre. Sus esfuerzos están en otra parte y así quedó demostrado en el último congreso de la CUT. Una de sus resoluciones estrellas fue la conformación del comando “26 de abril” y comenzar una ronda de reuniones con los partidos. Los dirigentes de la CUT ya están “con los pies en el barro”, recorriendo las sedes de partidos como la Democracia Cristiana, el Partido Radical y todos los partidos de la oposición, tanto los que firmaron la cocina como los que no.

No hay que engañarse. Cuando el PC aparecía como el que realmente quería sacar a Piñera, en realidad hacía lo posible porque las calles no lo barrieran e impulsaba una acusación constitucional que, sabían, no tenía los votos ni en la cámara ni en el Senado. Cuando dice Asamblea Constituyente Soberana, en realidad nos dice que harán algunos cambios menores para poder decir que la Convención es una verdadera Asamblea Constituyente.

El debate que debemos dar todos quienes rechazamos la cocina y apostamos por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, es cómo abordaremos el proceso constituyente amañado y la posible participación en el plebiscito y la Convención Constitucional, para denunciar la trampa y ayudar a fortalecer la lucha por conquistar una verdadera Asamblea Constituyente soberana que sólo podrá conquistarse con la huelga general. Esta Asamblea deberá tomar libremente todas las medidas para responder a las demandas del pueblo, educación y salud gratuita, fin de la AFP y la precarizaciòn laboral, nacionalización del cobre y de los grandes monopolios y empresas de servicios esenciales, entre todos.

Para una lucha de este tipo los trabajadores y el pueblo deberemos avanzar en la organización y métodos de lucha ya que la burguesía como hemos visto histórica y trágicamente, no aceptará nunca perder sus privilegios sin apelar a sus peores armas. Es mediante esta lucha que daremos pasos en la pelea por una sociedad sin explotación donde el gobierno quede en manos de los y las trabajadoras.

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