SEMANARIO

El Partido Comunista, la policía y la revolución

Alejandra Decap

El Partido Comunista, la policía y la revolución

Alejandra Decap

Ideas de Izquierda

El odio a la policía se ha transformado en una bandera común entre quienes nos movilizamos en la rebelión popular de octubre. Los viejos partidos, como el Partido Comunista, proponen reformar esta institución, pero ¿puede democratizarse una institución creada para reprimir al pueblo?

Hugo Gutiérrez (PC) y las fuerzas de orden y seguridad

La polémica respecto al quehacer de las policías ha estado abierta desde hace años; en la época post-dictadura, primordialmente por el conflicto con el pueblo-nación mapuche, sin embargo, se termina de instalar con la revuelta de octubre en el territorio chileno. La institución policial cae en grados de desaprobación históricos, con una profunda crisis de deslegitimidad y siendo odiados por sectores importantes de la población. Fueron torturas, violencia político sexual y asesinatos efectuados por Carabineros de Chile lo que denunciaron a finales del año pasado diversos organismos internacionales de Derechos Humanos. Tanto desde el Frente Amplio -con sus diversas variantes- como desde el Partido Comunista han denunciado en varias ocasiones el “uso irracional” de la fuerza por parte de las policías, pero señalando que es posible reformar estas instituciones. Resulta necesario entonces, debatir desde la izquierda y el feminismo socialista, qué hacer con la policía.

El diputado Hugo Gutiérrez del Partido Comunista no ha querido ni ha podido estar fuera del debate. Organizó a principios de agosto en su programa “Barba Roja” un especial con la temática del rol de las fuerzas armadas y de orden en democracia. Para sorpresa de muchas personas, el panel de invitados consistió en Néstor Tobar Pérez, fundador de la Asociación Nacional de Excarabineros de Chile y el Sargento Primero Nazario Zúñiga, Presidente del Sindicato “Chile Te Cuida” de ex FFAAs, carabineros y PDI.

Recientemente, el diputado fue provocado por las Fuerzas Armadas, trenzándose en una trifulca donde finalmente saca provecho la derecha, con un parlamentario de su bancada llamando a la comisión de ética de la Cámara a Gutiérrez, a raíz de dicho altercado. Unos días después, reconoce en diálogo con el periodista Patricio Mery que habría recibido amenazas de autogolpe por parte de Fuerzas Armadas posterior al paro nacional del 12 de noviembre, poco antes del “Acuerdo por la Paz”. No solamente resultan chocantes las amenazas de golpe por parte de las FFAA; es la confirmación de su rol en este sistema: resguardar al Estado capitalista chileno.

Además, cerca de la figura de Gutiérrez ronda el poder antidemocrático del Tribunal Constitucional, que por estos días evalúa las acusaciones de la derecha contra el diputado comunista, incluso con la potestad de destituirlo. Si bien ya es extremadamente cuestionable que el Diputado no haya denunciado antes el grave hecho de las amenazas de golpe, de todas formas rechazamos la persecución política de la cual es objeto y lo tomaremos como punto de partida para cuestionar el carácter del programa gestionado por Gutiérrez, donde más allá de que se expresen opiniones individuales, expuso la propuesta política del PC sobre las policías que no deja lugar a dudas; deben existir, pero reformarse:
«“(...) Queremos tener Fuerzas Armadas y de orden y de seguridad que tengan adoctrinamiento en el respeto a los DDHH, respeto a su pueblo, que se basen en la soberanía popular”.»
Para discutir con esta propuesta utilizaremos la afirmación de uno de los invitados de Gutiérrez a su programa Barba Roja, Nazario Zúñiga, que señaló que las policías y los militares son “trabajadores del Estado, uniformados”.

Las policías ¿Trabajadores del Estado?

El Partido Comunista considera a los policías trabajadores en uniforme, un tipo de empleado público. Niegan el hecho de que la condición material del agente policial es la de ser integrantes de una fuerza especial permanente que ejerce el monopolio de la violencia contra los trabajadores y el pueblo pobre. Olvidan el carácter de la policía y su función; reemplaza una posición socialista para sumarse a las posiciones garantistas que buscan legitimar la idea de que es posible una policía “buena” atada a la ley.

Sumado a las declaraciones de Nazario Zúñiga, en varias ocasiones del programa Barba Roja anteriormente mencionado, se hace alusión a la “CUT Militar” que serían estas asociaciones de ex uniformados que defienden un programa de reformas a las instituciones con foco en la democratización. Se denomina en la conversación “sindicato” a la asociación, pese a que militares y policías en ejercicio no tienen derecho a sindicalización, puesto que es contrario a su lógica jerárquica de funcionamiento. Esto abre una pregunta interesante: ¿son parte de la clase trabajadora las policías?

Es cierto que los miembros del cuerpo de policía reciben un salario, pero esto no es condición suficiente para ser considerados “clase trabajadora”. Los gerentes también son asalariados. Pero ganan lo suficiente como para acumular capital, además de ser gestores del capitalismo. Por eso no son “clase obrera”.
El papel de las policías, como parte del aparato represivo del Estado capitalista y patriarcal, está por encima de su condición de asalariados. Ellos cobran un salario por, entre otras funciones, abusar de mujeres y personas LGTBIQ+ en las comisarías, botar la mercadería de vendedores ambulantes migrantes o golpear y gasear manifestantes. La institución a la que pertenecen tiene como fin la defensa de este orden, en el cual un grupo privilegiado de capitalistas vive de la explotación de la mayoría trabajadora, pobre. Los policías son entrenados y formados en una ideología y una disciplina que justifica el empleo de la fuerza contra quienes se rebelan.

Aunque se reforme la policía, una reforma no cambia el contenido esencial. No podemos pensar que esas instituciones serán un apoyo en la conquista de nuestros derechos, que podrán servir para echar abajo este orden. De lo que se trata es de reemplazarlas, sustituirlas. Para ello hay que derrotarlas.

La policía no puede estar en las organizaciones de la clase trabajadora

En Estados Unidos al calor del movimiento “Black Lives Matter” (“las vidas negras importan”) ha surgido en sectores la consigna de “Abolir la policía” y ha generado todo un debate sobre cómo generar comunidades seguras y protegidas sin la necesidad de fuerza represiva. Junto con ello, se exigía la salida de los sindicatos de policía de las organizaciones de trabajadores.

Esto resulta altamente relevante para la discusión, puesto que la idea de confiar en los sindicatos de policía del Partido Comunista Chileno es tener la confianza en la posibilidad de reformar el Estado capitalista. Supone la posibilidad de convivencia pacífica de la clase trabajadora con las instituciones de represión, cuyos miembros son profesionales y cumplen la función de defender las desigualdades de clase de la sociedad capitalista a sangre y fuego, cuando está amenazada la propiedad privada de los medios de producción y el orden social que la sustenta.

La policía y los policías no son integrantes de la clase obrera, sino del aparato de dominación de la clase dominante. Hoy la centroizquierda, y hasta sectores de izquierda, alientan la idea de que gendarmes y policías tienen intereses comunes con la clase trabajadora. Se trata de una idea de colaboración de clases -es decir, como si no tuviéramos intereses antagónicos- por un lado, y de reformar el Estado enemigo por el otro: aunque parte del cuerpo de policía sea reclutado entre los sectores populares o tengan reclamos salariales parecidos a los nuestros, son desclasados (separados de su clase de origen) que ingresan por su propia voluntad a esa institución creada para servir a los intereses de las clases dominantes.

No son, como se pretende presentarlos, “trabajadores con uniforme”. Su carácter social, enemigo de las y los explotados y oprimidos, está determinado por la función represiva que asumen al momento de integrar la fuerza. Ni esos guardianes del capital a sueldo son “trabajadores” ni su sindicalización favorecerá en nada al movimiento obrero y popular.

La rebelión popular y la autodefensa

Es necesario situar el debate. Estamos discutiendo posterior a una revuelta en Chile, donde amplios sectores identificaron a los aparatos represivos como parte de nuestros enemigos irreconciliables. El Partido Comunista acepta el Estado tal cual está planteado por los poderosos; y educan en la lógica de apoyar la policía. La principal función de estas es, incluso en los términos que propone el diputado Gutiérrez, sostener el Estado de Derecho capitalista, un Estado basado en la dominación de una minoría (capitalista) por sobre una mayoría (proletaria). Pese a que el Estado se presenta en la ficción democrática como el garante de las relaciones igualitarias entre las personas, lo cierto es que en lugar de actuar de esa manera, constituye el garante de la desigualdad, puesto que está diseñado ante todo para resguardar la permanencia en el poder de la clase dominante.

Resulta especialmente crítico el planteo de reformar las fuerzas policiales por el carácter mismo de la policía chilena, fundada en la dictadura de Carlos Ibañez del Campo, y que durante la historia reciente ha cumplido un rol claramente desarticulador de la protesta social, con montajes a comuneros mapuche o jóvenes del movimiento estudiantil, con persecución política a dirigentes de movimientos. Sus ataques han evidenciado la necesidad de generar una respuesta propia de la clase trabajadora y los sectores populares: la necesidad de la autodefensa.

Ejemplos de autodefensa recientes tenemos montones: desde las ocupaciones estudiantiles en la lucha del 2011, pasando por huelgas obreras como en la que asesinaron a Nelson Quichillao, hasta la formación de la “Primera Línea” durante la revuelta, que defendían el derecho a manifestación y son acusadas de “delincuencia” hasta el hartazgo por los poderosos. Sin embargo, no ha logrado calar en la población su discurso represivo; tienen la “pequeña” complicación de que están desprestigiados a ojos de las masas, tanto los políticos empresariales como el aparato policial, y la Primera Línea adquirió un apoyo popular que se expresó incluso hasta en el Festival de Viña del Mar por parte de conocidos artistas.

Desde el movimiento de mujeres y la revuelta aprendimos que quienes reprimen no pueden ser jamás nuestros aliados, aunque sean mujeres o de origen popular. Aprendimos que quien tiene el control de las armas tiene el poder, por eso debemos romper con la visión de que es posible la transformación radical de forma pacifista. Lejos de una expresión de deseos, la posibilidad eventual de un compromiso efectivo de una parte de la policía para no reprimir a las y los trabajadores; mujeres, migrantes; mapuche, e incluso rebelarse ante esa orden, sólo es posible en una situación de lucha de clases aguda (es decir, revolucionaria) que produzca el quiebre y descomposición del Estado capitalista y de sus instituciones coercitivas, junto a la radicalización política y social de las grandes masas. La única forma en la cual la policía pueda plantearse romper con sus mandatos y jerarquías es en el enfrentamiento directo con la fuerza organizada de la clase trabajadora y los sectores populares.

La potencialidad del desarrollo de la autodefensa es una herramienta fundamental en la lucha contra este sistema; si se liga al movimiento obrero y a sus batallones estratégicos como la minería, el transporte, las forestales, a todos los sindicatos, uniendo a la clase trabajadora con la juventud, las poblaciones, el pueblo mapuche, migrantes, se abre una perspectiva para derrotar a la policía. Debemos generar una fuerza política y social que enfrente a este Estado y pueda constituir las bases de un “nuevo Estado” basado en la autoorganización de las y los trabajadores y sectores populares. Es un problema político y un problema militar: sólo es posible pensar alianzas sobre la base de la movilización revolucionaria de las grandes masas, lo que presupone la auto organización y el armamento obrero y popular: un gran factor de “persuasión” sobre las fuerzas represivas.

En Chile ya tuvimos la triste experiencia de confiar la defensa de la lucha popular a las instituciones represivas, durante el gobierno de la Unidad Popular: consistió en uno de los principales puntos de apoyo para la intervención imperialista y la arremetida contra revolucionaria que significó el golpe cívico militar de Pinochet y las Fuerzas Armadas. No hay forma de "desmontar el aparato represivo" o de volverlo nuestro aliado vía medidas democratizantes. La única alternativa para no fortalecer a este Estado criminal es disolver las fuerzas represivas, atacando ese foco real de delincuencia, narcotráfico, redes de trata y represión.

La principal tarea de la izquierda anticapitalista de las y los trabajadores no es mejorar el Estado capitalista sino terminar por medios revolucionarios con este régimen político y social y reemplazarlo por un gobierno de trabajadores basado en organismos de autodeterminación de la clase obrera y el pueblo explotado y sus milicias. Por eso hoy planteamos la necesidad de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, para pelear por un programa anticapitalista. Además proponemos la desmilitarización del Wallmapu y las poblaciones, y por la libertad a las y los presos políticos. Pensar “otro Estado” implica transformar las formas en las cuales se estructura la sociedad, y desplegar creativamente maneras en las cuales resguardar un nuevo orden pensado y compartido por todas las personas que hoy vivimos la explotación y la opresión, con las que queremos acabar.


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