Política Uruguay

Tribuna Abierta

El Partido Colorado y su agonía: Pasado y presente de un partido del régimen

En el último sondeo de la encuestadora Cifra el Partido Colorado tan sólo representaría el 4% de la intención de voto del electorado, rumbo a las elecciones nacionales del año que viene; la significación de este hecho nos interpela al marxismo revolucionario, a la hora de un abordaje crítico de la historia nacional que arroje luz sobre esta realidad que atraviesa el partido fundado por el genocida Fructuoso Rivera.

Viernes 17 de agosto de 2018

Los dictadores: el uruguayo Juan María Bordaberry y el chileno Augusto Pinochet

Concebido por el sentido común; y presente en el imaginario colectivo como el Partido del "Estado", lo cierto es que el Partido Colorado ha sido la expresión más orgánica y constante de una fracción de la clases dominantes que construyó y configuró en definitiva el Estado capitalista uruguayo desde mediados del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX; y que administró el gobierno representativo burgués por más de noventa años en forma ininterrumpida.

El partido de Rivera y su devenir en el siglo XIX

Partido de estado y partido de régimen, nació como expresión de una ala de las clases dominantes más conciliadora con el imperialismo británico y como eslabón clave en la conformación de estado "tapón" al servicio de los intereses de la rapiña imperialista.

En esta etapa tuvo como infamia política más terrible, la participación en el triunvirato junto al Imperio del Brasil y la República Argentina, en la guerra de la Triple Alianza, que implicó el genocidio y el aniquilamiento del pueblo paraguayo, cuyo proyecto burgués "molestaba" la hegemonía del Imperio británico y sus empréstitos que endeudaron desde el comienzo de su vida "independiente" a los restantes estados latinoamericanos.

El primer battllismo: el impulso y su freno

Así lo caracterizó Carlos Real de Azúa en un famoso ensayo El impulso y su freno: tres décadas de batllismo y las raíces de la crisis uruguaya.

José Batlle y Ordóñez

Luego del llamado período "militarista", el partido colorado protagonizaría con el primer batllismo una etapa de reformas progresivas y democráticas sobre la base de la derrota política y militar en la "guerra civil" de la fracción latifundista y católica del Partido Nacional; astutamente Batlle y Ordoñez supo maniobrar a la incipiente pero enérgica clase obrera, que fruto de su composición basada en la inmigración europea (predominantemente italiana y española), se convirtió en la principal base social del batllismo.

La hegemonía batllista en el Partido Colorado y en el gobierno burgués se rompió con el golpe de Gabriel Terra en 1933, producto de la crisis económica generada por la crisis capitalista del 29 y del agotamiento del primer ciclo reformista por contradicciones internas e incapacidad por realizar las tareas estructurales y estratégicas del proyecto burgués hasta el final, a saber las tareas de la reforma agraria y la estatización de la banca.

Neobatllismo y derechización

El segundo batllismo, denominado "neobatllismo", fue el canto del cisne de la primera gran mediación reformista en el país y el naufragio definitivo del batllismo como proyecto histórico, su bancarrota terminó con casi un siglo del Partido Colorado en el gobierno y dio paso a partir de 1958 a los gobiernos herreristas del Partido Nacional, que empezaron por "liberalizar" la economía nacional supeditándola a una mayor injerencia por parte del imperialismo y firmando la primera carta de intención con el Fondo Monetario Internacional.

Debemos que reconocer que ambos períodos batllistas no estuvieron exentos de confrontaciones con el movimiento sindical: huelgas generales atacadas, represiones estatales a luchas obreras, e incluso en el neobatllismo la aplicación de medidas prontas de seguridad como las utilizadas para derrotar la huelga general de 1952 en solidaridad con los trabajadores y el sindicato de Ancap.

Luis Batlle Berres

Posteriormente, hacia fines de los años sesenta con el ascenso de masas que protagonizaría el movimiento popular, el Partido Colorado con el pachecato, pasa de ser el partido de la contención y la colaboración de clases a "desenmascararse" como inocultable partido del orden: intensificando la represión a la protesta social, aplicando la doctrina de la seguridad nacional y "medidas" prontas de seguridad en forma sistemática, en una evidente orientación anti-obrera, que significó la confiscación de libertades democráticas, sociales y sindicales, arrancadas por el pueblo trabajador con lucha a través de todo el siglo XX.

Ante este escenario político, una ala izquierda rompe con el partido colorado (Zelmar Michellini y Alba Roballo: sus principales dirigentes) y fundan en 1971 junto al PCU, el PS y el Partido Demócrata Cristiano el Frente Amplio; coalición de centro izquierda de orientación estratégico-programática de conciliación de clases.

A su vez hacia fines de los años sesenta y principios de los setenta, empieza a operar el Partido militar con relativa autonomía política, influyendo cada vez más en la orientación represiva y anti-obrera primero del gobierno de Pacheco y luego del dictador Juan María Bordaberry que pactando con el partido militar da el golpe cívico-militar el 27 de Junio de 1973, disolviendo las cámaras del poder legislativo, y proscribiendo la CNT y los partidos de izquierda.

El partido de la impunidad

A la salida de la dictadura será el Partido Colorado en general (y Sanguinetti en particular), el garante de la impunidad de la casta militar genocida; y principalmente el gran organizador del Pacto del Club Naval (1984), mesa de "negociación" entre el Partido militar y el Partido Colorado, a la que se sentó el Frente Amplio para negociar una salida casi a la chilena, garantizando la impunidad en los crímenes de lesa humanidad cometidos por los represores.

Julio María Sanguinetti

A pesar de la profunda derrota de la dictadura en el plebiscito (convocada por el Partido militar) de 1980 donde un contundente y mayoritario "No" se expresó en contra del régimen autoritario; y a pesar del histórico y masivo acto de 1ero de Mayo de 1983; el Frente Amplio se subordinó a la salida por derecha de Sanguinetti: "el cambio en paz"; con la excepción del Partido Nacional y el wilsonismo que aunque en primera instancia no se sentó a la mesa de los torturadores, luego demostró su "espíritu" de "gobernabilidad", votando la ley de impunidad: de caducidad de la pretensión punitiva del estado; que amparó a genocidas, torturadores y violadores hasta la actualidad.

El gobierno de Batlle y la crisis del 2002

Ante la crisis económica más importante en la historia del país, el Partido Colorado protagonizó una acelerada y precipitada caída en respaldo popular, cayendo además nuevamente en procedimientos de corrupción-fraude (como el "clientelismo" en el período neobatllista) para mantener el poder y ser capaz de pilotear un clima de bronca popular e impugnación en las calles.

Nuevamente, uno de los aliados fundamentales del Partido Colorado en esta oportunidad como a la salida de la dictadura, fue el Frente Amplio que solidariamente prestó "gobernabilidad" al gobierno, con la ambición política de ganar las elecciones del 2004 en "paz", apostando tan sólo al desgaste del partido gobernante; y con la habilidad para saber contener en sus límites a la movilización popular y el movimiento obrero, conducido por la burocracia sindical del PCU, que impulsó la Concertación Nacional para el desarrollo; que no fue otra cosa que la mesa de negociación donde la crisis capitalista la terminaron pagando los trabajadores.

2005-2015: Resiliencia de un partido burgués

Las elecciones del 2004 por un lado fueron ganadas en primera vuelta por el Frente Amplio, y estrepitosamente perdidas por el Partido Colorado, que siendo el partido del "estado", obtuvo el peor resultado electoral de su historia: 10 %.

Luego vendría la "mejoría de la muerte", de la mano del hundimiento total de cualquier espacio batllista. Pedro Bordaberry, el hijo del dictador, hegemonizó y lideró por derecha la formación política con su sector "Vamos Uruguay", aplastando a sus respectivos adversarios "batllistas" (Hierro y Amorín) en las internas, obteniendo un leve recuperación en las elecciones nacionales del 2009, alcanzando el 17 % del electorado en las elecciones nacionales.

Más adelante en las últimas elecciones nacionales del 2014, Bordaberry profundizó su discurso programático reaccionario y conservador, impulsando junto a su candidatura a la presidencia el plebiscito para bajar la edad de imputabilidad; iniciativa de criminalización de la juventud, y la juventud pobre en particular; que fue derrotada por una mayoría popular, fruto de la campaña del movimiento "No a la baja" integrado y apoyado por el PIT-CNT y la FEUU y diversas organizaciones de derechos humanos.

Sin embargo la demagogia punitivista de Bordaberry como candidato colorado tuvo malos resultados electorales: el partido obtuvo el 13 % en las elecciones nacionales, y perdió la intendencia de Salto que había conquistado en las elecciones departamentales del 2010.

Fragmentación en el campo de la burguesía y horizontes para la clase obrera

La emergencia de un nuevo partido de la derecha, por fuera de las formaciones políticas orgánicas de las clases dominantes, como el Partido de la Gente, liderado por el empresario Edgardo Novick, emplazó por primera vez a los partidos tradicionales; siendo la primera vez en la historia nacional que un outsider incomoda el campo político de la burguesía y el espacio de sus partidos históricos.

Sin embargo y regresando luego de un largo periplo histórico a la última encuesta de Cifra; es que podemos constatar con evidente nitidez que el partido patronal que más sufre la disputa del Partido de la Gente, es el Partido Colorado.

En los últimos meses, al calor del "baile" de las candidaturas en el Frente Amplio, pero también en el Partido Nacional de cara al próximo año electoral, el Partido Colorado vive en la incertidumbre de dirección y candidaturas: claros síntomas de los últimos estertores de un partido del régimen que se hunde en el fango de la historia.

Las últimas apariciones públicas del ex presidente Julio María Sanguinetti en la vida política de su partido, representan nada más que manotazos de ahogado por intentar salvar lo poco que queda de un viejo y podrido reducto de la política burguesa nacional.

La muerte de un partido patronal y la fragmentación del campo político burgués es una buena noticia para el movimiento obrero y popular, y puede ser uno de los ingredientes del inicio de un proceso de crisis orgánica en el país si se combina con la crisis del Frente Amplio como mediación de colaboración de clases.

En todo caso, entre las hipotéticas variantes de un crisis orgánica en el país se encuentra la posibilidad de la emergencia de un polo político del proletariado, que luche por la independencia de clase, por el gobierno de los trabajadores y por una superación obrera y socialista a la bancarrota nacional.






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