Sociedad

Medio ambiente

Día mundial del medio ambiente en lucha y defensa de la tierra y el agua

Diferentes colectivos de todo Uruguay se encontraron en la Intendencia de Montevideo para luchar contra el saqueo de los bienes naturales y proponer alternativas que cuiden la tierra y el agua.

Lunes 8 de junio de 2020 | 22:15

En el mundo todos los 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente (por resolución de la Organización de Naciones Unidas desde 1973), un día en el que se promueve la protección al medio ambiente, mostrando la preocupación por
la contaminación al Planeta Tierra. Todo esto sin problematizar las causas por las cuales la tierra y el agua no aguantan más, el aire que está repleto de polución, omitiendo los intereses de las empresas y gobiernos que son los responsables del actual estado de destrucción.

En Montevideo diferentes colectivos que comparten la defensa de la tierra y el agua decidieron que sea un 5 de junio diferente, juntándose en la Intendencia de Montevideo para realizar una actividad cuestionando la crisis ambiental, sus causantes y sus cómplices, la contaminación y saqueo que implica.

Participaron de la actividad numerosos colectivos ambientales de diferentes rincones del país, grupos artísticos, estudiantiles y de comunicación alternativa. Algunos grupos nuevos y otros que desde hace varios años de dedican a luchar contra un modelo de agronegocio y saqueo de los bienes comunes de la naturaleza, proponiendo diferentes alternativas en el que prime la agroecología y el cuidado de la naturaleza, no en una mercancía.

En la explanada de la intendencia fue un espacio destinado a numerosas intervenciones artísticas, audiovisuales a cargo del colectivo Globale, junto a la exposición de las diversas organizaciones participantes y de denuncia. La contaminación no es solamante la del aire producto del consumismo desaforado: la ley de riego está vigente, UPM 2 va avanzando a pasos agigantados, el arroyo Solís Chico se ve amenazado por un mega basurero promovido por la Intendencia de Canelones, siguen los monocultivos forestales y sojeros en lo largo y ancho del país, continúa la fumigación con agrotóxicos a comunidades enteras y las cianobacterias contaminan el agua potable que ahora resulta imposible tomar. Este modelo extractivista fue punta de lanza en la era progresista y el gobierno de la coalición multicolor no representa un cambio que busque frenar todo esto.
Basta ver el mapa del saqueo realizado por compañeros vinculado a colectivos para comprender la magnitud y el alcance de este modelo en Uruguay:

https://drive.google.com/file/d/123NdF_Jk6UFX7skVAUWwsuHhz-k23f2C/view

Compartimos la proclama realizada por los grupos convocantes.

“Nos encontramos hoy aquí porque resulta urgente la defensa de la tierra, del agua y la vida, puesto que se han afectado profundamente las bases materiales que la sostienen.

Estamos hoy ante una situación de crisis, de emergencia, de pandemia que no ha llegado por casualidad.

Las organizaciones, colectivos y personas aquí presentes, hace tiempo venimos anunciando que hay una crisis socioambiental. Hoy ante la acuciante pandemia mundial instalada, es mucho más evidente que la crisis y la enfermedad tienen que ver con un modelo productivo que ve a la naturaleza como una mera mercancía, abusando de ella y llegando a niveles de contaminación y saqueo alarmantes. El modelo agroindustrial imperante y las ansias de ganancias ilimitadas de unos pocos nos han puesto en esta situación.

En nuestro país, como en otros territorios de América Latina, la agroindustria promociona un modelo de producción que implica monocultivos a gran escala con el falso cuento de facilitar alimentos y artículos para un mundo en constante crecimiento. Sin embargo este modelo de producción, ha expulsado a productores de su tierra, nos ha privado de alimentos sanos, ha contaminado la tierra, el agua y el aire instalando miles de hectáreas de cultivos simétricos de soja y maíz transgénicos y eucaliptus clonados, entre otros. Además, se aplican grandes cantidades de agrotóxicos que traen serios problemas de salud.

El coronavirus ha puesto en evidencia la enorme desigualdad que ha generado este sistema extractivista. Mientras miles de personas se quedan sin trabajo, con pocas posibilidades de sustentar la vida, una multinacional como UPM que gana 1 millón de dólares por día, recibe la confirmación de que el pueblo uruguayo aportará a sus arcas más de 4000 millones de dólares. La empresa podrá así contar con una nueva vía férrea y otras obras de infraestructura pagadas por el país, acrecentar la contaminación de los cursos de agua, la apropiación de tierra cada vez mayor para sus monocultivos y contribuir a la debacle climática que también se aproxima. La segunda planta de UPM y su Tren nos impone y refuerza el modelo patriarcal y precarizador del trabajo, que reafirma la trata de mujeres, de adolescentes y de niños, marginando a los sectores más vulnerables de la población.

Como toda crisis nos abre una oportunidad:
Necesitamos cambios radicales que hasta ayer fueron considerados imposibles o invisibilizados, pero que hoy resultan claramente viables por significar una alternativa para el sostén de la vida, que sean un verdadero cambio en el uso del suelo, del agua y del territorio.

Necesitamos promover y apoyar la agroecología con fondos y políticas genuinas asegurando los canales de distribución. Se hace fundamental el acceso a la tierra para la producción de alimentos sanos.

Necesitamos evitar el consumo excesivo.

Necesitamos disminuir el uso de energía, imprescindible para la solución del cambio climático.

Necesitamos frenar los megaproyectos extractivos, causantes de la devastación social-ambiental en los territorios que habitamos.

No queremos la “nueva normalidad” ni volver a la “vieja” normalidad, queremos cambiar la forma en que vivimos, en que nos relacionamos, en que producimos los alimentos, para preservar la vida de todos los seres. Queremos cuidar la tierra, el agua, la vida porque aquí estamos y aquí es donde vivimos.”

En definitiva los diferentes colectivos salieron a luchar para denunciar la destrucción de la naturaleza, esta no es casualidad ni es un efecto colateral del “desarrollo del país”; en un capitalismo depredador de la tierra y el agua indispensables para la vida, en el que se benefician grandes corporaciones y el Estado promueve su instalación mediantes leyes especiales, contratos de inversión, exoneraciones fiscales, dinero en obra pública, armas y represión contra la protesta social.

También fue un espacio de muestra de que alternativas posibles, mediante la promoción de la agroecología, en la producción de alimentos y no de commodities, y del respeto de la tierra y el agua.






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