Política Uruguay

Debate ¿Cómo enfrentar al neoliberalismo y el avance de la derecha continental?

En un año electoral, se ha abierto en Uruguay el debate político. Hay temor a la vuelta del neoliberalismo. ¿Cómo enfrentar sus consecuencias más nefastas? ¿Qué herramientas necesitamos los trabajadores, las mujeres y la juventud?

Karina Rojas

Pan y Rosas Uruguay

Lunes 18 de febrero | 11:18

Foto: Montevideo Portal

El año electoral en nuestro país se desarrolla en un escenario continental de avance de la derecha. Bolsonaro en Brasil y Macri en Argentina – más allá de sus características particulares -son expresiones de la derecha neoliberal que pretende descargar la crisis sobre las espaldas del pueblo trabajador pasando por encima de las conquistas conseguidas. Vienen a reforzar los lazos de dependencia económica y basados en el principio de liberalización de la economía.

Está por verse aún cuánto podrán avanzar en la concreción de su programa, ya que para que esto suceda deberán haber quebrado la resistencia de los pueblos, cuestión que está lejos de haber sucedido.

En Uruguay, esta corriente es expresada por los referentes del Partido Nacional, del Partido Colorado y del Partido de la Gente (Luis Lacalle Pou, Verónica Alonso, Ernesto Talvi, Jorge Larrañaga, Juan Sartori, Edgardo, Novick, etc.).

¿Otra vez el neoliberalismo?

Tanto los exponentes orientales como sus pares continentales presentan – algunos más abiertamente que otros – una propuesta para gestionar el estado capitalista en favor de los intereses de las potencias imperialistas en la región - en especial los Estados Unidos - y beneficiar a los sectores más concentrados de la economía local a partir de un modelo económico aperturista y liberalizado, con un Estado desligado de la provisión de bienes y servicios – es decir, avanzar en la privatización de las empresas públicas –, la incorporación de empresas privadas a la administración del Estado, y la liberalización de la fuerza de trabajo, que no es otra cosa que la flexibilización laboral.

El neoliberalismo, modelo impuesto a fines del siglo XX, constituyó una derrota histórica frente a la lucha de los trabajadores y el conjunto de los sectores populares que vieron perder muchas de sus conquistas logradas con años de lucha (y que han costado inclusive vidas humanas). Fue un modelo perverso que se expandió a nivel internacional a partir de Reagan en EEUU y Tatcher en Gran Bretaña, presidentes que garantizaron una ganancia exponencial del capital imperialista, y que inauguraron todo un período de retroceso de conquistas y derechos, a la par del ascenso de un triunfalismo burgués con la caída del Muro de Berlín y la imposición de la ideología capitalista del individualismo, el consumismo, el pensamiento único y el “fin del comunismo”.

El neoliberalismo es un modelo de dominación del capital por sobre el trabajo, es decir, es una de las formas de mantener la explotación de una minoría por sobre la mayoría de la población mundial.

Las derechas del siglo XXI y los gobiernos progresistas de la región

En sintonía con los mentores del neoliberalismo regional – Carlos Menem, Luis Alberto Lacalle, Eduardo Frei, Fernando Henrique Cardozo, Julio María Sanguinetti – los neoliberales actuales pretenden ajustar el gasto público, quitar servicios sociales y políticas redistributivas, achicar las funciones estatales, abrir la economía a la inversión extranjera, garantizar la fuga de capitales y pisotear las conquistas obreras.

Estas ideas parecen haber calado en sectores de la población continental como alternativa frente a la debacle de los gobiernos progresistas de la región, asociados en muchos casos a hechos de corrupción estatal y privada, a clientelismo político y derroche de las arcas públicas.

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En otras notas en este diario hemos desarrollado la idea de que también en Uruguay ha sucedido que, por no resolver los problemas de raíz y por tomar muchas veces la “agenda” de la derecha, el Frente Amplio ha contribuido a minar las bases de su propia gobernabilidad, dando paso al crecimiento – renovación – resurgimiento - de la derecha tradicional.

El Frente Amplio y el programa neoliberal

El Frente Amplio se autodefine como una coalición de izquierda anti-neoliberal. En términos políticos, se identifica con el modelo batllista. Sin embargo, ¿qué tanto revirtió durante sus períodos de gobierno, las nefastas consecuencias de la aplicación de la receta neoliberal en nuestro país? Veamos.

1) Mantuvo la precarización laboral y la flexibilización de la fuerza de trabajo: expresada en los contratos eventuales y el trabajo tercerizado tanto en el sector público como en el privado. Persiste el vaciamiento empresarial, los cierres de fábrica y el desprecio por las fuentes laborales. Inclusive en los últimos años ha proliferado el trabajo precario como los delivery’s donde ni siquiera se respeta el pago del salario mínimo.

2) Mantuvo la estructura económica profundamente dependiente y primarizadora: no se ha frenado el proceso de desindustrialización – proceso iniciado a fines de los ´60 y seguido por la última dictadura -, nunca concretó su slogan de campaña de transformar “la matriz productiva”. Además: ha profundizado el modelo agro-exportador dando paso al negocio sojero, mantiene una estructura de país basada en la provisión de servicios financieros y en la dependencia de la inversión extranjera privada. Paga puntualmente la deuda externa y se jacta de haber logrado “buenas” calificaciones de parte de los grandes grupos inversores.

3) Mantuvo y profundizó como nunca la extranjerización de la tierra y la venta de los recursos naturales: el impulso a la forestación, la sanción de la ley de riego, los intentos de instalación de proyectos de megaminería y las plantas de celulosa, con el nefasto contrato para la planta de UPM II.

4) Preservó, sin ninguna contradicción, el régimen de las AFAPs, verdaderos negocios capitalistas basados en el lucro de los aportes jubilatorios de las y los trabajadores.

¿Quién puede enfrentar el avance de la derecha?

Hoy, casi terminando el tercer período de gobierno frenteamplista, asistimos a una realidad bastante desoladora: existen unos 200.000 trabajadoras y trabajadores que cobran $ 15.000 y no llegan ni a la mitad de la canasta básica de alimentos. La juventud que quiere trabajar solo consigue de delivery en las cadenas ligadas a las aplicaciones del celular y los call centers. Como perspectiva económica para el 2020, se deberá pagar unos 20.000 millones de dólares de deuda externa. Hoy la deuda pública trepa a un 75% del PBI. El Estado presenta un déficit fiscal de un 4%, que será cubierto por nuevas colocaciones de deuda por parte del gobierno. Frente a este panorama, el programa del FA propone seguir gestionando el Estado – “administrando la pobreza” – y pateando las contradicciones hacia adelante.

En tal sentido, la verdadera política de rechazo a todas las variantes neoliberales, a los Novick, a los Larrañaga, a los Lacalle, vendrá de la mano de las y los trabajadores y de los sectores populares, de su organización y de su lucha consecuente en los lugares de trabajo y estudio, y también en las calles.

Son las y los trabajadores quienes deberán levantar un programa para solucionar los bajos salarios, para acabar con la precarización laboral, para preservar nuestros recursos naturales dándoles una utilización coherente, sustentable y al servicio de las necesidades de las mayorías y no guiadas por la sed de ganancia capitalista.

Será la suma de estas fuerzas sociales, que debe incluir al movimiento estudiantil, al movimiento de las mujeres, a las organizaciones de derechos humanos, a los pobres de la ciudad y del campo, la que podrá dar respuesta al conjunto de las necesidades sociales, organizándose democráticamente – y para ello será necesario recuperar las organizaciones gremiales (obreras y estudiantiles) para que representen nuestros intereses. Una fuerza que rompa con la dependencia de los grandes centros imperiales, que imponga impuestos progresivos a las grandes fortunas, que controle el comercio exterior, que brinde facilidades a los pequeños productores arruinados por el agrobusiness, que garantice los servicios básicos a la población trabajadora como la salud pública, la educación y el acceso a la vivienda.

Y para esto, es necesario construir una herramienta verdaderamente de izquierda, una izquierda que no se arrodille ante el capital, una izquierda anticapitalista que pelee por que la crisis la paguen quienes la generaron, los capitalistas. Una izquierda que prepare los combates por venir, cuestión que no hace el Frente Amplio, que desarma a las y los trabajadores frente a la derecha.

Esta es la única vía para enfrentar consecuentemente el avance de la derecha neoliberal en la región.






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