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Red Internacional

MILLENIALS. Crisis de los 30 años ¿fin de la juventud? La apatía y la alienación del capitalismo es la respuesta

La crisis de los 30 años puede sonar a un tópico de la gente adulta joven. Pero lo cierto es que forma parte de la realidad cotidiana para muchos y muchas de los que hemos cruzado la tercera década.

Marc FerrerBarcelona

Jueves 23 de diciembre de 2021 | Edición del día

Una relativa apatía sobre el sentido de la vida, fruto de que las metas aspiracionales -muchas veces transmitidas por la generación anterior, nuestros padres, confiada de que segaríamos “progresando” - se convierten en irrealizables o pierden significación. Comprar un piso, lograr una estabilidad laboral, formar una familia, sentirse realizado... se tornan imposibles, y un sentimiento de pérdida de rumbo llena nuestras vidas.

Un reciente estudio de la Universidad de Greenwich (Londres), revela como síntomas como la inseguridad, la depresión o la soledad, se instalan en los jóvenes adultos ante la "presión de triunfar antes de cumplir los 35". El estrés en el trabajo, las relaciones de pareja y de amistad y las expectativas truncadas son los principales factores que desencadenan este estado de ánimo.

Los millennials no vamos al paraíso

Los sujetos más vulnerables son adultos con educación superior, con fuertes deseos de tener éxito y con un concepto idealista con respecto a cómo debería ser su vida. Sin embargo no es este sector el que peores condiciones laborales y vitales padece, las posibilidades de sufrir un empleo precario o caer por debajo de la línea de la pobreza se multiplican para aquellos con niveles educativos inferiores y una procedencia social más baja, variables que por otra parte tienen a coincidir.

La generación millennial ha sido presentada como la generación mejor formada de la historia. En el caso del Estado español es también la que contó con tasas de abandono escolar más altas de Europa, por encima del 30%, fruto de un sistema educativo orientado a suministrar un enorme ejército de mano de obra no cualificada para la construcción y la hostelería.

Antes de la crisis de 2008 ambos mundos convivían, los estudiantes que acumulaban masters e idiomas y los que dejaban los estudios a los 16 para trabajar de camarero o peón. Dos mundos que, sin embargo, la crisis de 2008, de la que vivimos ahora un segundo round fruto de la pandemia sin habernos recuperado del primero, tendió a unificar en forma de desempleo juvenil masivo y unos niveles de precariedad nunca vistos.

Esta generación ya ha entrado a los 30 años. Los sueños de ascenso social y entrada en la clase media se han evaporado. Los números hablan por sí solos y convierten la vida adulta en una experiencia de vértigo por unas metas incapaces de asumir o incluso deseables.

El Estado español registró en el 2020 la segunda mayor tasa de desempleo, solo superada por Grecia, de toda la UE. El porcentaje de desempleo juvenil ascendió al 39,9% con 588.000 jóvenes en paro. Además los que tenemos entre 18 y 34 años, es decir la generación Z y los Millennial, ganamos hasta un 53% menos que la generación que nos precede. Todo esto explica que nos encontremos 3 años por encima de la media europea respecto a la salida del hogar paterno. Mientras en el resto de Europa esto sucede a los 26 años, aquí la media está en los 29,3 años, según datos publicados por Eurostat.

Detrás de estos datos hay nombres propios. Como Natalia, una joven graduada en Biología y máster en Biología Marina, con 27 años que actualmente trabaja en un bar a media jornada por un miserable sueldo de 550 euros y paga un alquiler compartido de 350. Carolina, de 32, que estudió un módulo de Peluquería y lleva desde marzo en un ERTE del que solo ha visto 4 mensualidades y ha vuelto con su hijo a casa de los padres de su compañero. O David, historiador y máster de Profesorado, que combina sustituciones con el reparto de comida a domicilio y a sus 28 años continúa viviendo en casa de sus padres.

En el 2021 salió el dato que refleja la sangría demográfica: España tiene más hogares con perros que con niños. Queda demostrado con los datos anteriores que No podemos llevar a cabo planes vitales. Un gran ejemplo es la maternidad en las personas jóvenes. Es fácil de comprender que con semejante panorama al borde de una gran segunda crisis económica, nadie quiere abocar a sus hijos a la precariedad. La crianza de los hijos y la poca conciliación familiar de los puestos de trabajo son incompatibles con la vida misma.




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