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Red Internacional

Declaración. Contra la ofensiva imperialista en el Mar Negro ¡Retirada de todas las tropas españolas y de la OTAN!

Reproducimos la declaración de la Corriente Revolucionaria de Trabajadoras y Trabajadores del Estado español frente a la escalada belicista en el Mar Negro.

CRT Estado EspañolCorriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras | @CRTorg

Lunes 24 de enero | Edición del día

Contra la ofensiva imperialista en el Mar Negro ¡Retirada de todas las tropas españolas y de la OTAN!

Los tambores de guerra de la OTAN aumentan su intensidad en las últimas horas y el gobierno de coalición PSOE- Unidas Podemos mantiene su predisposición a ser el socio preferente del belicismo de Biden entre las grandes potencias de la UE.

En las últimas horas, EEUU ha iniciado la evacuación de su personal diplomático de Ucrania, la OTAN ha puesto en “estado de alerta” a sus fuerzas y se ha reforzado el envío de tropas, buques y aviones hacia el este de Europa, en particular a Bulgaria y el Mar Negro. El suministro de armas y equipamiento militar para el gobierno ucraniano sigue también a buen ritmo. Entre estas fuerzas está la fragata española, Blas de Lezzo, que saldrá en las próximas horas de la base naval de Rota. Ya hace unos días zarpó hacia allí la embarcación española cazaminas Meteoro.

El imperialismo estadounidense y sus aliados europeos son los principales responsables de la escalada belicista

La escalada de tensión en la región es fruto de la ofensiva de EEUU y los países de la UE contra Rusia en el último tiempo. El gobierno afín a la UE de Zelinsky viene recibiendo en los dos últimos años una cuantiosa ayuda financiera y militar de la UE y las administraciones estadounidenses, tanto de Trump como de Biden. En los últimos meses esto se ha visto reforzado con el envío directo de tropas marítimas al Mar Negro.

El cerco del imperialismo norteamericano y europeo sobre Rusia es parte de la expansión de la influencia de la OTAN por todo el espacio exsoviético. La ampliación de la OTAN de 16 a 30 Estados, incluyendo algunos fronterizos como los países bálticos, y de la UE hacia el centro y este europeo, han sido hasta ahora las principales herramientas de esta orientación geopolítica.

Una ofensiva que está detrás de conflictos recientes como el de Georgia en 2008, el que partió la misma Ucrania tras el movimiento reaccionario de la plaza Maidan en 2014 o la actual escalada de tensión que puede desembocar en una guerra reaccionaria.

Una política de la UE imperialista para Rusia tampoco es alternativa

En el seno de la UE la escalada belicista está generando disensos entre los países más fervientemente atlantistas del este de Europa, gobiernos como el español que se han sumado entusiastas a las tesis de EEUU y la Francia de Macron, que se ha manifestado a favor de una política europea propia para la relación con Rusia. En el caso de Alemania, por ahora ha rechazado medidas como la posible exclusión de Rusia del sistema de pago internacional Swift o la paralización del proyecto germano-ruso del gasoducto NordStream2 ante el temor de que se resientan las importaciones de gas ruso, vitales para la economía alemana. Berlín también viene negándose y dificultando el envío de armamento a Ucrania por su territorio.

En este mismo sentido, Pablo Iglesias de Podemos ha salido públicamente a sumarse a las tesis esbozadas por Macron. Pero lejos de representar una alternativa “democrática, progresista o pacífica”, la posición de las potencias europeas menos beligerantes no puede ocultar su complicidad con la ofensiva imperialista de los últimos años en la región y obedece, simplemente, a tratar de fortalecer sus propias posiciones en la región y en las relaciones comerciales con Rusia.

La única política exterior progresista es la que se funda, no en la defensa de intereses nacionales imperialistas como pretende justificar Iglesias, sino en el internacionalismo. Esa bandera que fue la primera pisoteada por los reformistas socialdemócratas y estalinistas en el siglo XX y a los que los del siglo XXI rinden hoy tributo. Una política internacionalista pasa por oponerse a toda injerencia del imperialismo, empezando por el propio, es decir el español y europeo, en la región. Ya sea esta militar, como propone Biden y la OTAN, o económica, mediante sanciones comerciales y expolio, como lleva años practicando la UE.

El gobierno bonapartista de Putin y sus gobiernos amigos no son una alternativa para sus pueblos

La respuesta de Rusia y el régimen de Putin a esta ofensiva imperialista ha sido igualmente reaccionaria. Con la invasión territorial de países limítrofes, como la propia región del Donbas, y el apoyo a gobiernos reaccionarios e impopulares prorrusos como los de Bielorrusia o Kazajstán, donde recientemente se reprimía a sangre y fuego un levantamiento popular contra la subida del precio del gas (¡y el gobierno ruso ofreció enviar a su ejército para colaborar con la represión!).

Por eso hace falta una posición independiente en este conflicto. Ya que no hay salida progresiva ni a favor de los pueblos de la región de la mano de los imperialismos norteamericano y europeo, ni por parte de sus gobiernos títeres como el ucraniano. Pero tampoco por parte del gobierno de Putin y el resto de los gobiernos reaccionarios prorrusos. Solamente una salida independiente, encabezada por la clase trabajadora, en la perspectiva de conquistar repúblicas obreras y socialistas, podría garantizar el respeto a todos los derechos democráticos y nacionales y el fin del expolio sistemático a manos de empresas extranjeras y de las oligarquías locales.

El “progresismo” imperialista del Gobierno del PSOE y Unidas Podemos

El compromiso del gobierno Sánchez con la línea Biden recuerda al tradicional atlantismo del imperialismo español. Tanto con los gobiernos de Felipe González como con los de Aznar, el compromiso con las intervenciones militares norteamericanas y de la OTAN ha sido una constante. Incluso Zapatero, del que el relato “progresista” recuerda su retirada de Iraq, lo hizo a cambio de enviar todo el contingente militar a Afganistán.

El imperialismo español tiene en EEUU un socio preferente, tanto por los acuerdos que le han permitido su expansión por regiones como América Latina o la búsqueda de su apoyo para la defensa de sus intereses en el Magreb, como para mantener una posición propia que le permita ganar peso y negociar en el seno de una UE donde el eje francoalemán es hegemónico.

Esta agenda de Estado ha sido asumida, como no podía ser de otra manera, por el gobierno de coalición. Este es ahora el abogado de turno de las multinacionales españolas en todas estas regiones y, aunque aparentemente “nada se le ha perdido en Ucrania”, el respaldo a EEUU y la OTAN busca obtener compensaciones, por ejemplo, en su ayuda para la normalización de relaciones con la dictadura marroquí.

Parece que los dirigentes de Unidas Podemos no se han dado cuenta de que son parte de un gobierno de la OTAN hasta el envío de las embarcaciones militares al mar negro. Cuando la ministra de Defensa Margarita Robles anunció su despliegue en los próximos días, salieron a manifestar su oposición a tal decisión. Sin embargo, el despliegue de tropas marítimas y aéreas españolas en el Mar Negro fue aprobado ya en el Consejo de ministros y ministras del pasado 21 de diciembre. En ese momento con el apoyo unánime de todos los partidos en el gobierno, incluido Podemos y el PCE. La llegada de la Blas de Lezo a la región solamente se estaría adelantando 3 semanas a la fecha prevista y aprobada por el gobierno español antes de acabar el año.

Este lunes, han bastado unas declaraciones de Sánchez y del ministro de Exteriores, en favor de una salida dialogada –aunque sin descartar salidas más duras–, para que desde Podemos se hayan felicitado de la “recapacitación” del gobierno y se hayan olvidado de su campaña en Twitter del “No a la guerra”. Mientras tanto en la base militar de Rota, la tropa se hacía PCR para iniciar su viaje en las próximas horas.

No a la guerra: por la retirada de todas las tropas y el cierre de las bases de la OTAN

La vuelta de la consigna de “No a la guerra” tras la que millones llenamos las calles hace casi 20 años contra la guerra de Iraq demuestra que es muy fuerte el rechazo a este tipo de intervenciones imperialistas disfrazadas de misiones humanitarias o de “lucha contra el terrorismo”. Esto le pone difícil a Unidas Podemos y el PCE poder sostener su actual impostura. Pero no es imposible que lo hagan, como vienen haciendo desde que entraron en el gobierno y recientemente con su (no) reforma laboral o el rescate a la banca del Sareb.

Retomar esta consigna ante la actual escalada guerrerista de la OTAN en Ucrania pasa por denunciar en primer lugar el compromiso de nuestro propio gobierno con ella. Rechazar y exigir la retirada de todas las tropas y equipamientos enviados a la región, así como el resto de las misiones militares en el extranjero que cumplen la misma función imperialista.

Al mismo tiempo, la histórica demanda de la izquierda por la salida del Estado español de la OTAN y el cierre de todas sus bases militares en la península –otro de los temas a los que renunció la “izquierda” hoy en la Moncloa como peaje para entrar al gobierno– debemos retomarla y luchar porque ninguna de estas operaciones cuente aquí con un respaldo logístico o militar.

Es hora de que la izquierda que mantiene posiciones de independencia frente al gobierno, junto a los sindicatos y movimientos sociales, llamemos a movilizaciones por estas demandas elementales para poner freno a la actual escalada belicista y retomar las banderas antiimperialistas e internacionalistas. Esas banderas tan olvidadas y pisoteadas por aquellos representantes de la “izquierda institucional” que decidieron convertirse en ministros y ministras de la OTAN. La movilización y el rechazo enérgico contra la 40ª Cumbre de la OTAN, que a pedido del “progresista” Pedro Sánchez tendrá lugar en Madrid el 29 y 30 de junio, debe ser un gran eje para retomarlas.




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