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CARAVANA MIGRANTE

Caravana Migrante: ¿quiénes son los que se van de Centroamérica?

La Caravana Migrante evidencia que, mientras este sistema profundiza y apoya el libre tránsito de mercancías y dinero, prohíbe y castiga a los seres humanos que exigen libre tránsito como condición necesaria para garantizar su derecho a la vida.

Lunes 19 de noviembre de 2018 | 13:06

Fotos: Santiago Concheiro Carmona

El incontenible éxodo migrante centroamericano, que atraviesa territorio mexicano para llegar a la frontera norte con los Estados Unidos, expone las terribles condiciones que implica el tránsito por México: frío, hambre, hostigamiento, xenofobia, racismo, persecución, trata, desapariciones, agresiones sexuales, detenciones, deportaciones y la sistemática violación a los derechos humanos.

Aunque parecieran obvias las precarias y violentas condiciones de Centroamérica y en específico de Honduras, es necesario detenernos a hacer una reflexión más profunda.

Lo más escuchado y leído cuando se habla de las razones o los factores de expulsión de migrantes de países como Honduras, es la violencia generada por los maras y los grupos delictivos. Sin embargo, es necesario pensar en cuáles son las condiciones y contextos que generaron tal deterioro en el tejido social, así como conocer las realidades que viven los hermanos hondureños y que los obligan a salir de su país de origen. Para esto es necesario entender los fenómenos migratorios de manera mucho más compleja y comprender que las razones para migrar pueden ser varias y suelen estar íntimamente interrelacionadas, pues es un fenómeno que se sustenta en bases históricas, sociales, políticas y económicas.

Leer:Caravana migrante: la incontenible diáspora centroamericana en México

En este sentido, haremos un breve recorrido por varios factores importantes para comprender la magnitud del flujo migratorio hondureño, ahora concentrado en la masiva Caravana Migrante que, según estimaciones, suma alrededor de 15 mil centroamericanos en el territorio mexicano.

Los ajustes estructurales en Honduras en los años 90, dejaron como resultado la devaluación de la moneda, la eliminación de la reforma agraria y, entre otras cosas, la disminución del gasto público en salud y educación, para darle paso a la agroindustria a manos de grandes trasnacionales.

Desastres naturales como el Huracán Mitch en 1998, dejaron una enorme devastación en la infraestructura del país, además de incontables pérdidas en la producción y que conllevó a crisis económicas y sociales, empujando las cifras de los flujos migratorios.

Tratados de Libre Comercio como el CAFTA , firmado en 2004 y que tienen como objetivo garantizar la libre inversión extranjera directa para la expoliación de los recursos naturales, la profundización del modelo extractivista y mano de obra barata, dejaron como resultado el avasallamiento de derechos laborales y sociales, inestabilidad laboral, inseguridad, desigualdad y precarización.

Las guerras civiles centroamericanas en los 70s y 80s, así como el golpe de Estado en Honduras en el año 2009, que desplazó al presidente Zelaya, fue financiado por el imperialismo Norteamericano, para poder imponer su política, así como nuevos paquetes de ajuste y el pretexto perfecto para abrir paso a una mayor intervención estadounidense.

En Honduras es muy fácil estar armado, el gobierno lo fomenta. Cualquier ciudadano mayor de edad que no tenga antecedentes penales, puede tener hasta cinco armas registradas, lo cual lo vuelve un país inserto en una dinámica de guerra, promovida por el Estado que actúa en asociación con los grupos delictivos y paramilitares. Los más beneficiados son las empresas de la industria bélica. También el Estado Israelí que firmó un convenio con Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras, proporcionando armas y equipo de inteligencia que fue utilizado para reprimir las protestas contra su gobierno.

Todos estos factores, sin profundizar mucho más en cada uno, son de las razones que nos permiten explicar más la violencia estructural que se vive en el triángulo del norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) y en especial en Honduras. Es decir, que aunque las maras y los grupos criminales son sin lugar a dudas una de las razones fundamentales que arroja a muchas personas a tomar una decisión desesperada de migrar y transitar México rumbo a los Estados Unidos, los problemas principales son las contradicciones estructurales del sistema capitalista que se expresan en Centroamérica de forma más brutal por la subordinación a EEUU, y que impactan en los sectores más vulnerables y, desde luego, en la juventud.

Sin caer en una perspectiva simplista, en una persona pueden convivir las principales razones para migrar: la violencia estructural y concreta que viven día a día, el desempleo, la pobreza, la desigualdad y otras razones económicas y la reunificación familiar, pues para muchos jóvenes hay más futuro en atravesar el país e intentar llegar a Estados Unidos con algún familiar, que vivir huyendo de las balas y el hambre.

El problema no es sólo la crisis económica, es la desigualdad social: los salarios en Honduras son bajísimos; las y los trabajadores no logran cubrir las necesidades básicas de sus familias, mientras que las empresas nacionales y trasnacionales se enriquecen a costa de su trabajo. Los campesinos son despojados de sus tierras y tienen que vender su fuerza de trabajo a la industria de los agrobusiness con jornadas extenuantes y salarios de miseria. Una gran parte de la población ensancha las filas del ejército industrial de reserva.

La migración forzada es responsabilidad del Estado hondureño que, subordinado a los intereses capitalistas e imperialistas, no garantiza los derechos de los hondureños, por el contrario está coludido con grupos delictivos y de choque. ¿Quién podría vivir tranquilo y libre si por el simple hecho de ser de cierta colonia o barrio eres perseguido por estos grupos con total impunidad? El gobierno no busca apoyar los intereses del pueblo, sino de los grandes capitalistas y burgueses millonarios. Las leyes y la fuerza pública solo sirven para reprimir al pueblo y perseguir políticamente a quienes protestan, cómo es el caso de Bertha Cáceres. El gobierno gasta todo en armas, bombas y gas lacrimógeno, en lugar de pensar cómo dar salud, vivienda, educación, alimentación y cultura a los y las hondureñas.

Una caravana migrante que desafía las fronteras

La Caravana Migrante evidencia que, mientras este sistema profundiza y apoya el libre tránsito de mercancías y dinero, prohíbe y castiga a los seres humanos que exigen libre tránsito como condición necesaria para garantizar su derecho a la vida.

La caravana migrante cambió la dinámica establecida de la migración. Decidió salir de sus hogares, pero ésta vez no como seres solitarios o sólo con sus familias en busca del sueño americano. Salieron en unidad, en caravana, desafiando colectivamente a los gobiernos centroamericanos subordinados a EEUU que los han llamado "traidores de la patria", demostrando que las fronteras deben caer, que ningún ser humano es ilegal y que son trabajadores internacionales.

Esta caravana desafió el negocio y las ganancias millonarias que se generan para llegar a Los EEUU. En un sentido, y a pesar de los agravios del camino, le puso un alto al crimen organizado que actúa en asociación con las fuerzas armadas, para evitar que las y los migrantes fueran extorsionados, secuestrados, asesinados, desaparecidos, víctimas de la redes de trata o prostitución. Visibilizó el rol del INM (Instituto Nacional de Migración) y logró que los detenidos en sus centros ilegales fueran liberados.

Es una caravana que toma sus decisiones en asamblea para garantizar la seguridad de todos y todas las integrantes, para decidir las rutas más seguras, para revisar las necesidades que tienen y para seguir avanzando en colectivo. Su criterio fundamental es la unidad para avanzar en conjunto y que nadie se quede atrás.

Nosotros, mexicanos y hondureños, sostenemos que la historia de la humanidad es la historia de grandes migraciones y que hoy en día la migración que se criminaliza y ataca, es la migración del pueblo pobre que huye de la miseria y la pobreza.

Ante la xenofobia, el racismo, clasismo, la criminalización de la pobreza y la violencia, la respuesta es la solidaridad internacionalista de los trabajadores, las mujeres, la juventud y los sectores más oprimidos de este sistema capitalista y voraz.

¡Todos somos migrantes!
¡Ningún ser humano es ilegal!
¡Plenos derechos para los migrantes!






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