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Red Internacional

#CORONAVIRUS. Call centers envían al seguro a su plantilla mientras aumentan las ventas telefónicas

El gobierno ha permitido que las patronales envíen a miles de trabajadores al seguro de paro, pero no para cuidar la salud de la plantilla, sino para mantener sus ganancias. Los call centers ofrecen salarios bajísimos y precarización laboral.

Lunes 6 de abril de 2020 | 21:46

En las últimas semanas, el país se ha visto envuelto en un aire de incertidumbre a causa de la situación de emergencia sanitaria en la que estamos transitando. Y aunque es cierto que la misma fue consecuencia de una realidad a nivel global de la que no podemos escapar, se ha hecho claro también que las decisiones - o falta de las mismas - por parte de los actores del gobierno es lo que marca la clara diferencia entre un país con un control y recuperación clara y eficaz; y un país que está en estos momentos pasando por la peor situación sanitaria en siglos, como lo es Italia o España.

Además del claro momento de vulnerabilidad por el que pasa el país, y dentro del cual el gobierno de turno ha decidido tomar medidas que únicamente salvaguardan a las empresas, dejando que los trabajadores y trabajadoras, y las personas en situaciones más vulnerables tengan que sustentar la crisis económica que se avecina de forma inminente. Este momento de pánico ha dado pie para que los empleadores que tienen bajo su cargo a individuos en las condiciones más precarias, hayan podido aprovechar el momento aún en pleno desconcierto, y hayan dejado a decenas de miles de uruguayos en condiciones aún peores.

Es el caso como ya sabemos, de más de ochenta mil trabajadores y trabajadoras, que al día de hoy están en el seguro de paro, sustentado mayoritariamente - o de forma absoluta en casi todos los casos - por el BPS.

Las empresas privadas encuentran una salida fácil proporcionada por el estado, dejando de pagarle su sueldo a cuantos empleados dispongan, sin tener que remitir a ninguna repercusión o compensación en absoluto. Además de negarse a negociar con los sindicatos por lo que puede ser un pequeño porcentaje adicional de sueldo en dicho seguro, lo que para estos empleadores no significaría más que una molestia, en cambio para miles de nosotros es la diferencia entre comer todos los días o no.

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Específicamente en el caso de los operadores telefónicos, vendedores de “call center” y los sectores de atención al personal, o atención al socio, se puede ver esta realidad reflejada de forma clara. Las empresas que más han sabido utilizar estos tiempos para su propio beneficio, como lo son las de telecompras, de seguros, o de salud privada; han optado por quitarse de encima a gran parte de sus trabajadores y trabajadoras mediante el seguro de paro, y a cambio han renovado sus oficinas con nuevos empleados, estos en condiciones muy vulnerables, con sueldos menos que dignos y sin seguridad alguna para cuando finalmente la situación de sanidad del país comience a recuperarse.

La jugada es clara, dejar de abonar sueldos a muchos empleados que están desde hace años, dejar que el BPS se haga cargo como pueda, y comenzar a “exprimir” a los trabajadores restantes. De esta forma estarían aprovechando la situación de complicidad brindada por los actores del gobierno, que astutamente ayudan a empresas a tomar este tipo de medidas, mientras convencen al pueblo por otra parte de no tener herramientas necesarias para tomar resoluciones a favor de los más carenciados.

Nuevamente vemos en el horizonte próximo una crisis económica muy fuerte avecinarse, quizás la más grande de la historia del país hasta ahora; y el estado en lugar de intentar amortiguar la crisis o proteger a la mayor cantidad de gente posible, o a las personas más vulnerables, ha decidido explotar aún más al que menos tiene, para así cuidar el bolsillo de unos pocos, que claramente saldrán menos perjudicados en los próximos meses. Y de nuevo, somos nosotros, la clase trabajadora la que tiene que sustentar esos bolsillos con la comida que sacan de nuestra propia boca.

Y por si fuera poco, el estado de emergencia por el que transitamos deja a los empresarios tranquilos de que no habrá medidas algunas que se puedan tomar por parte de sus empleados, puesto que cualquier tipo de asamblea o huelga está más que fuera de consideración por lo pronto y hasta que todo el asunto quede “resuelto”.

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Hay gente que aún habla de prevención, y de responsabilidad individual. No pretendo negar, ni mucho menos, la responsabilidad de los individuos en tiempos de gran incertidumbre como lo es el actual. En cambio utilizar el discurso de la responsabilidad individual para evadir la responsabilidad que el gobierno ha estado quitándose de encima, es insultante.

El tiempo de prevención era un mes atrás, cuando deberían haber controlado los vuelos entrantes, realizado tests a todos los que hayan tenido contacto con infectados, y comenzar con cuarentena preventiva para cualquier caso sospechoso. Estamos ya en pleno apogeo de contagio, y aún así en el informativo se siguen dando números falsos. Se siguen cubriendo los fallecidos por el virus bajo el lema de “tenía varias enfermedades preexistentes” y sigue sin tomarse ninguna decisión contundente que ampare a los sectores que realmente van a recibir el mayor impacto.

Sin un plan de contención del gobierno que busque proteger a la gente en situación de calle, a los trabajadores independientes, a cada uruguayo al que le va a faltar el pan en la mesa por consecuencia de la inoperancia de los verdaderos responsables; tampoco se puede siquiera considerar un estado de cuarentena obligatoria, pues sería condenar a miles de personas a sufrir condiciones inhumanas.

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Habiendo dicho esto, pareciera que las prioridades actuales del Estado son posponer la toma de cualquier tipo de resolución de este estilo, para cuando efectivamente llegue el momento en que declaren la cuarentena obligatoria, poder cubrirse las espaldas hablando de falta de tiempo y necesidad de medidas inmediatas.

La necesidad de medidas inmediatas es evidente, y lo ha sido desde hace ya semanas; sin embargo a ojos de los que nos gobiernan, los millones de dólares invertidos en salvavidas a empresarios no existían ni existirán si se pretende utilizarlos para contener a miles de familias que se ven encerradas en un callejón sin salida.

El mensaje es claro: para el gobierno de turno, el bienestar económico de las empresas es más importante que el bienestar económico, físico, mental y emocional del pueblo. Ya no es momento de prevención, es tarde para eso. Ahora es momento de unirse más que nunca, de ayudarnos mutuamente, puesto que los de “arriba” no lo van a hacer. Y por sobre todo, es momento de luchar contra la opresión sistemática que no deja de pisarnos las cabezas con tal de mantenerse a flote.




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