Internacional

IV Congreso del MRT

Brasil y las tareas de los revolucionarios en la crisis actual

El Congreso del Movimiento Revolucionario de los Trabajadores, perteneciente a la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional, se realizó entre 23 al 25 de abril. Con la crisis económica y política con Bolsonaro a la cabeza y un giro a derecha en el país, como contexto, e inestabilidad política y social a nivel regional que proponen nuevos desafíos para construcción de partidos revolucionarios en América Latina.

Martes 4 de mayo | 09:41

El congreso comenzó con un debate sobre la situación internacional. Allí André Barbieri marcó la enorme crisis económica y pandémica que ha estado azotando al mundo, además de analizar algunos de los principales fenómenos de la lucha de clases del último período (entre ellos destacando la experiencia que vivó Francia o Argentina) para reflejar las perspectivas de que la clase obrera emerja como un sujeto político que puede asestar un golpe mortal al capitalismo mundial. El debate completo se puede leer en Esquerda Diário

Durante la segunda jornada de debate del IV Congreso se realizó un análisis profundo de la situación nacional. Se trata de una situación dramática para la clase trabajadora donde la mayoría de las organizaciones de izquierda buscan soluciones institucionales a problemas que no se resolverán de esa manera.

Durante los meses previos al IV Congreso, la situación política tomó nuevas formas. La gravedad de la pandemia, junto a la enorme crisis económica, ha generado grandes movimientos en el gobierno y el régimen, destacando la restitución de los derechos políticos del ex presidente Lula, el juicio en la segunda sala del Supremo Tribunal Federal (STF) por la sospecha del juez Sergio Moro y, recientemente, la dimisión del ministro de Defensa y la renuncia de los mandos militares de las Fuerzas Armadas.

Los números de la pandemia son asombrosos. El mes de mayo debe poner fin a la trágica marca de más de 400 mil muertes en el país. La administración de Bolsonaro y las instituciones que conforman el régimen golpista, (llamado bonapartismo institucional), crearon una catástrofe sanitaria que ha atestado hospitales, dejado a la población sin camas ni oxígeno en todo el país y están los casos más agudos de la crisis de Manaos. Brasil, un país con problemas estructurales en una economía dependiente y semicolonial, de por si ya tendría dificultades para enfrentar esta situación sin el agravante del bolsonarismo.

Los gobiernos y sectores de la burguesía se han cobrado vidas de otras formas: luego de los peores momentos del neoliberalismo de los años 90, el hambre vuelve a ser un problema a escala nacional y afecta a gran parte de la población (20 millones de personas). Los trabajadores que no sufren la desocupación, sufren las contra reformas y ajustes económicos que, contra la promesa liberal de generar empleo y atraer inversiones, generaron mayores niveles de desigualdad en el país, precarizando el trabajo y manteniendo una gran proporción de informalidad.

Entre las definiciones más importantes del debate podemos encontrar que hay dos importantes expresiones bonapartistas de la descomposición del régimen democrático, lo que mantiene una fuerte influencia en el escenario del próximo período.

Desde el punto de vista de Bolsonaro y su gobierno, podemos decir que viene de una crisis importante, con pérdida de popularidad, fisuras con un sector militar, desgaste con la pandemia, presión del gobierno de Biden. Esto significa que, por un lado, se ponen límites para un golpe o acción ofensiva con su base de extrema derecha (aunque Bolsonaro siempre se está preparando estratégicamente para tales escenarios), pero de momento se encuentra en una posición más débil para eso.

Por otro lado, esto no indica que no pueda haber un escenario de recuperación de la popularidad, ya que ha cambiado un aspecto del negacionismo de Bolsonaro a partir de la vacuna. Lo que no pudo hacer y que no puede hacer frente a la gran recesión económica del año pasado, en 2021, puede haber un escenario de progreso en la vacunación y una ligera recuperación económica. Esto puede ir dando base para que Bolsonaro recupere algo de popularidad y busque llegar de manera competitiva a la disputa electoral.

Sobre la posibilidad de la elección de Lula, se destacó que está bastante condicionado luego de la votación sobre su elegibilidad en el pleno del Congreso en 2018 y la fuerte crisis del Lava Jato, al mismo tiempo sin cambiar la relación de fuerzas que los militares y el STF han tenido en el régimen. Además viene dando fuertes señales tanto al capital financiero, al Tribunal Supremo y al ejército, que en la práctica llevaría a un gobierno tutelado que se limitaría a tomar precarias medidas reformistas más allá de la demagogia, pero en el marco de aceptar y legitimar toda la obra económica del golpe.

Brasil y la relación con el imperialismo

También se abordó la lucha geopolítica entre Estados Unidos y China que ha sido uno de los principales impulsores de las disputas geopolíticas internacionales. Aunque América Latina no es el centro político de ninguno de estos países, estas disputas atraviesan la política brasileña a diario.

Para Brasil la elección de Joe Biden en Estados Unidos es un enorme cambio dentro de la política nacional. Por un lado, significa que no habrá un personaje de extrema derecha como Donald Trump apoyando a Bolsonaro. Esto no significa que haya diferencias en torno a los ataques que se están produciendo en el interior del país (el golpe institucional, los ajustes y reformas). El principal eje que Biden no tolera son los aspectos ideológicos y políticos que caracterizan al gobierno de Bolsonaro, es decir, el enfoque negacionista, el medio ambiente, entre otros.

Así, la orientación de Biden hacia Bolsonaro es de “guerra de desgaste”, sin hacer movimientos bruscos. Apuestan a un escenario de un Bolsonaro menos ideológico y más institucionalizado, pero con cierto poder para condicionar a Lula en el caso de ser electo.

Biden tampoco quiere hacer un movimiento que conduzca a una ruptura con los generales brasileños, ya que luego de su elección hubo una cierta reorientación del gobierno en relación a China. Detrás de estos movimientos operan fuertes intereses económicos, a saber: el 5G y la venta de granos a China; a Estados Unidos le conviene debilitar las exportaciones de granos de Brasil a China, ya que es uno de sus principales competidores en este campo.

El cambio de presidencia en EE. UU es uno de los principales determinantes de impacto en el escenario nacional. Pero el gobierno de Biden está condicionado por razones internas ya que debe evitar fortalecer a Lula como al candidato opositor, y por razones externas para no fortalecer las posiciones de China en el país.

Tensiones con militares: la principal crisis del gobierno de Bolsonaro

La crisis de gobierno se profundizó en marzo al afrontar el inicio de un nuevo pico de covid, aumentando exponencialmente las muertes, llevando a todo el país a una situación de falta de camas y desesperación ante la pandemia. En este contexto, la presión del bonapartismo institucional aumentó enormemente, la línea de instaurar cuarentenas y las críticas al manejo pandémico de Bolsonaro crecieron, y esto se evidenció en las tensiones internas del gobierno.

Lo que estaba en juego era la forma de tutela de los militares en el gobierno, ya que se exacerbaron las diferencias entre generales que presionaban por un cambio en relación a las acciones del gobierno contra la pandemia, que incluyera una línea de vacunación mejor orientada y medidas parciales para restringir el tránsito de personas, el comercio. Se intentaba condicionar la política de Bolsonaro de administrar lentamente el proceso de vacunación, alentando el uso del "kit covídico" como la mayor política sanitaria del gobierno y chocando contra cualquier restricción que afecte a los empresarios y el flujo de la economía.

El resultado de estas disputas fue la salida del general Azevedo del Ministerio de Defensa y cambios en otros seis ministerios, además del cambio de mando de todas las Fuerzas Armadas, sin que ello signifique mayor poder para Bolsonaro, ya que el propio Paulo Sérgio ingresó como comandante del alto mando. Además, Bolsonaro se reubicó en el tema de la vacunación, ahora defendiendo este punto e incluso con un nuevo ministro de Salud, un médico civil, aunque en la solución de compromiso manteniendo parcialmente su discurso anti-restricciones. Entonces, desde el punto de vista del régimen, otro efecto fue un aumento de la fuerza del “centrão” (centro político).

Además de los fundamentos anteriores hay que tener en cuenta los procesos de luchas de clases que se vienen manifestando en el mundo y en América Latina, especialmente lo que sucedió en Paraguay por el manejo de la pandemia. La burguesía brasileña aprobó ataques estratégicos como la reforma laboral, la reforma previsional, pretende avanzar lo más posible en privatizaciones, entre otros. Con esto en mente, una explosión social descontrolada y la repetición de un escenario como el de Paraguay en Brasil pondría en riesgo el trabajo económico del golpe. Lula aparece así como el último garante del régimen político brasileño. Con su libertad política, entregan los anillos para no perder los dedos.

La situación de la clase trabajadora y las batallas de los revolucionarios

En primer lugar, es necesario partir de la desmoralización y el sentimiento de derrota en la situación actual ante los profundos ataques ocurridos tras el golpe institucional en 2016. Esto quiere decir que, por ahora, el escenario es que las luchas que surgen todavía se están dando de forma aislada, sin trascendencia nacional y por motivos defensivos, contra la crisis sanitaria o el mantenimiento de condiciones mínimas, como ayudas de emergencia, empleo.

La burguesía intenta constantemente jugar con la división entre los trabajadores ocupados y desocupados, precarios y efectivos. Comprender la dinámica del trabajo precario en el país es fundamental, al mismo tiempo sin perder de vista a los sectores tradicionales de la clase trabajadora (hay 9,7 millones de trabajadores en la industria) para construir alianzas frente a la división burguesa.

Entre los que están trabajando, ya sea en los sectores de servicios más precarios o en los sectores tradicionales (como transporte, salud, fábricas), hemos visto luchas defensivas y embrionarias en diferentes partes del país: luchas del sector salud (donde el MRT tuvo una participación activa), una serie de pequeñas movilizaciones de repartidores de aplicaciones en varias partes del país, conflictos obreros industriales como la huelga de Ford y recientemente la de otras empresas como LG, Suntech, Bluetech y 3G; y huelgas y acciones en el sector transporte o metro (como Transurb en Porto Alegre). Además se dieron conflictos en sectores y movimientos sociales más precarios, con muchas luchas por la vivienda.

Se trata de luchas de resistencia que no son lo suficientemente fuertes como para marcar la coyuntura o alcanzar un impacto en la política nacional, pero muestran la indignación en algunos sectores se van activando. La empatía de la población con los trabajadores de primera línea en la pandemia es algo que tendremos que observar. Por ejemplo, los sectores sanitarios se han ganado un gran respeto en la sociedad por su papel esencial, pensando en los efectos que pueden tener luchas más fuertes en el futuro.

La burocracia sindical de la Central Única de los Trabajadores (CUT) con estrechos vínculos con el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, aunque más debilitada durante el régimen golpista, sigue mostrando fortaleza para contener y desviar procesos, como el caso de los trabajadores del metro y carreteras de São Paulo que podría haber encendido otras luchas y haber desarrollado unidad con otras ramas.

Se reafirma el papel de bloqueo burocrático y, en ese momento, con el timón apuntando a las elecciones del 2022, se busca llegar a con un fuerte control de las posibilidades de lucha, señalando a la clase dominante su papel en el régimen e incluso abogando un papel un poco más destacado que el actual frente a un gobierno de Lula (como parte del acuerdo de conciliación del PT).

Por ello, la importancia de la batalla por la autoorganización y concentración de los trabajadores que está teniendo el MRT para desarrollar las luchas en curso, como la de LG, en el transporte, pero también la solidaridad con las luchas de los movimientos sociales y la batalla por el unificación de sectores de la clase trabajadora. La disyuntiva actual es que prevalecen luchas defensivas y aún embrionarias, pero la situación de crisis económica, ajustes y desempleo, plantea la posibilidad de que huelgas más fuertes puedan canalizar el descontento social y vincular a sectores de trabajadores, precarios y desocupados en grandes procesos de lucha.

En este marco es que además de la lucha política con la burocracia sindical y el PT, es fundamental la batalla con las otras organizaciones de izquierda en la perspectiva de organizar a la vanguardia y construir un partido revolucionario. Esto lo abordaremos en otro artículo.

Así, la única posibilidad de poner en jaque todos los rasgos de descomposición bonapartista del régimen actual - o el nuevo intento de reconciliar las clases con el golpismo - es decir, una salida que cuestione el conjunto del régimen, es con el surgimiento de la clase obrera en procesos de lucha de clases, huelgas a gran escala, revueltas o incluso rebeliones que pueden ser confrontadas contra la estructura golpista ya establecida. Y aunque parezca que hay mucha desmoralización y crisis en la vanguardia de la clase obrera y la juventud, incluso las agencias imperialistas internacionales advierten del peligro de las movilizaciones de masas. La dirigente Diana Assunção dijo “en relación a esto que “nuestra estrategia y programa deben orientar y luchar con todas las energías por esta respuesta de la clase obrera”.

Este es un resumen de los artículos publicados en Esquerda Diário
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