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Red Internacional

Reseña. Alemania sigue siendo dirigida por multimillonarios nazis

Nazi Billionaires, un nuevo libro del periodista de Bloomberg David de Jong nos recuerda quiénes dirigen Alemania: los nietos de criminales de guerra.

Viernes 26 de agosto | Edición del día
Imagen: Heinrich Hoffmann/Getty Images

Publicado originalmente en Exberliner.

La teoría del capitalismo, si la estoy entendiendo bien, es algo así: las personas con más talento, innovadoras y trabajadoras tendrán éxito en el mercado y así acumularán riqueza. Los recursos fluyen hacia las personas que pueden hacer el mejor uso de ellos.

Sin embargo, los defensores del capitalismo, mirando a la Alemania actual, tienen que responder a una pregunta incómoda. ¿Por qué muchas de las personas más ricas son hijos, nietos y bisnietos de criminales de guerra nazis? Algunas de las personas más ricas de Alemania, por ejemplo, incluyen a los nietos gemelos del despiadado magnate nazi Friedrich Flick, que se hicieron multimillonarios por primera vez cuando tenían siete años. ¿Estaban esos niños en edad escolar realmente trabajando mucho más que los demás?

En realidad, por supuesto, las historias de "miseria a riqueza" existen principalmente en la propaganda. La mayoría de los capitalistas nacieron siendo capitalistas. Ningún capitalista tiene las manos limpias, pero los árboles genealógicos de los industriales alemanes conducen inevitablemente a un pantano marrón. Hace sólo dos generaciones, más de 20 millones de personas fueron esclavizadas por el Tercer Reich para trabajar en la industria alemana.

El periodista de Bloomberg David de Jong dedicó cuatro años a investigar las historias de cinco de las mayores dinastías alemanas: los Quandt, los Flick, los Von Finck, los Porsche-Piëch y los Oetker. Sus patriarcas eran las personas más ricas de la Alemania nazi. Tras la desnazificación, estos antiguos nazis siguieron siendo los alemanes más ricos. En el siglo XXI, sus descendientes siguen estando entre los clanes más poderosos del país. El autor publicó un resumen de su trabajo en la página de opinión del New York Times.

Yo pensaba que estaba familiarizado con los innumerables vínculos entre los capitalistas y los fascistas de Alemania -consultar el excelente libro de Daniel Guerin Fascism and Big Business, por ejemplo-. Pero no me había dado cuenta de que Günther Quandt, cuyos herederos controlan hoy BMW, era el ex marido de Magda Goebbels. Sí, dos de las personas más ricas de Alemania tienen un parentesco no tan lejano con el ministro de propaganda nazi.

De Jong escribe con un estilo periodístico ágil; a la mayoría de los historiadores les vendría bien escribir en un periódico. Un problema, sin embargo, es que el libro carece de notas a pie de página, y las extensas fuentes sólo se enumeran al final. Con vívido detalle, explica cómo estas cinco dinastías se construyeron con el sudor de los prisioneros de los campos de concentración. Pero, por desgracia, el libro no plantea la gran pregunta: ¿Por qué los capitalistas alemanes apoyaron a Hitler? ¿Eran simplemente malvados, el producto de un Sonderweg alemán [1], o había algo más?

Decisiones empresariales

Para los capitalistas alemanes, el fascismo era sólo una decisión empresarial. Tras la crisis de 1929, la clase dirigente alemana vio con desesperación cómo se erosionaban los pilares tradicionales del capitalismo. El desempleo carcomió a los sindicatos y al Partido Socialdemócrata, y los trabajadores se volvieron bruscamente hacia la izquierda; la crisis también arruinó a la pequeña burguesía, que abandonó sus partidos conservadores tradicionales y se volvió bruscamente hacia la derecha. Desde el punto de vista de los ricos, las tropas de asalto nazis eran una última línea de defensa contra la revolución.

La burguesía alemana no quería necesariamente entregar las riendas del Estado a un antiguo cabo como Hitler. Pero como escribió León Trotsky, a la burguesía le desagrada el fascismo "tanto como a un hombre con la mandíbula hinchada le desagrada que le saquen los dientes". No es agradable, pero en una crisis puede ser la opción menos mala.

Cuando sus partidos tradicionales se desmoronaron, los capitalistas empezaron a financiar a Hitler con millones de reichsmarks (al igual que los capitalistas estadounidenses). Hitler tenía un argumento inteligente para estos magnates: estaban convencidos de que sus negocios requerían un liderazgo férreo. Entonces, ¿por qué el Estado debería ser dirigido según los principios democráticos? Como dijo Hitler en un discurso a los industriales: "La empresa privada no puede mantenerse en la era de la democracia". La gente de su audiencia -incluyendo a Quandt, Flick, von Finck y otros capitalistas- estuvo de acuerdo, y dio al NSDAP millones para unas elecciones que Hitler dijo muy abiertamente que serían las últimas.

Esta decisión fue extremadamente rentable. En el transcurso de la guerra, los magnates se unieron al Partido Nazi. Se beneficiaron de la "arianización" (obligando a los propietarios judíos a vender sus activos a precios reducidos), de los contratos estatales de armamento y de la mano de obra esclava de los campos de concentración. Todos ellos se enriquecieron fabulosamente suministrando la maquinaria de guerra nazi.

Herederos Pardos

Hoy en día, los "herederos pardos" (título en alemán del libro de De Jong) siguen estando entre las personas más ricas de Alemania. ¿Son responsables de los crímenes de sus antepasados, cometidos antes de que la mayoría de ellos naciera?

Después de dedicar 400 páginas a detallar los crímenes más horribles de la historia, las propuestas de restitución de De Jong son sorprendentemente moderadas. Escribe que el heredero debería "comprometerse plenamente con la transparencia histórica y la responsabilidad moral, y ... esforzarse, incondicionalmente, por devolver a la sociedad las enormes deudas que contrajeron sus padres". Concretamente, lo único que pide es que las fundaciones que llevan el nombre de criminales de guerra nazis cambien de nombre, o al menos reconozcan su historia.

Hace un guiño a la Fundación Fritz Thyssen por ser "transparente" sobre los crímenes de guerra cometidos por su homónimo -su biografía se titulaba en realidad Yo pagué a Hitler-. Y hay más elogios para el clan Reimann, que produjo el famoso titular cuando compró Einstein Bros: "Esto es vergonzoso, pero resulta que nuestra falsa cadena de panecillos judíos fue financiada por nazis".

Dos generaciones después de la guerra, algunas de estas empresas han empezado a pagar a los historiadores unos cuantos millones de euros para que investiguen su pasado. Y oye, ¡estoy a favor de subvencionar a los historiadores! Pero si se supone que esto es justicia histórica, el paso parece casi cómicamente pequeño. Imagínese que yo asesinara a alguien para robarle 5.000 euros. ¿Se haría justicia si mis nietos donaran 5 euros para imprimir un folleto que diga que el asesinato está mal? Esas son las proporciones de las que hablamos cuando un multimillonario paga 7.000 euros a un puñado de trabajadores esclavos supervivientes, ni siquiera el salario mínimo retroactivo.

Solución sencilla

Una solución más sencilla es obvia: la expropiación. Si alguien roba un banco, el botín es confiscado por el Estado. Este principio debería aplicarse a los mayores crímenes de la historia de la humanidad. ¿Por qué los hermanos Quandt, nietos de un criminal de guerra, deberían dirigir BMW? Ninguno de ellos es diseñador de coches, ni gestor, ni contable. Su "trabajo", si es que puede llamarse así, es poseer mucho capital. ¿No podrían los 100.000 empleados de BMW realizar ese "trabajo" igual de bien? ¿No podríamos hacerlo todos juntos, democráticamente?

1933 nos recuerda los peligros extremos de concentrar tanta riqueza en pocas manos. Hoy, los multimillonarios de todo el mundo tienden a ser ultraconservadores. Mientras que los multimillonarios nazis originales ayudaron a poner a Hitler en el poder, sus hijos y nietos siguieron financiando causas de extrema derecha. A finales de la década de 1960, los Flick y los Oetkers hacían donaciones al neofascista NPD. En la década de 1980, Friedrich Karl Flick se vio involucrado en el mayor escándalo de corrupción de la historia alemana de posguerra. Y más recientemente, August von Finck hizo donaciones ilegales a la semifascista AfD. Alemania podría incluso no tener hoy un partido de extrema derecha en el parlamento si no fuera por el respaldo secreto de multimillonarios de derecha.

El comportamiento criminal forma un patrón. Los actuales Quandts, Porsche-Piëchs y los demás magnates del automóvil son responsables del "Dieselgate", un fraude deliberado contra el medio ambiente que duró años. Francamente, parece que estos herederos del nazismo son las últimas personas que deberían tomar grandes decisiones económicas. Nos están obligando a seguir con el transporte individual en coche y los monocultivos de bosques, incluso cuando esto contribuye a la catástrofe climática.

Me gustaría escuchar el argumento contrario: ¿Por qué la riqueza de Alemania debe estar en manos de los herederos de los criminales de guerra nazis? Estoy seguro de que algún ideólogo capitalista estará encantado de intentar justificar esto. Pero no se me ocurre cuál sería su razonamiento.

David de Jong, Nazi Billionaires: The Dark History of Germany’s Wealthiest Dynasties (New York: Harper Collins, 2022), 400 páginas

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traducción RR


[1ndt una traducción posible sería “excepcionalidad alemana”





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